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Модесто Басадре-и-Чокано. Перуанские богатства. Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas


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Saliendo de la Noria (Tarapacá), rumbo Sureste, se pasa por la
oficina Sacramento; luego se pasa una pampa, y se baja al abandonado
pueblecito de la Rinconada, que, como he dicho, tuvo su importancia en la
época de la boya de las minas de plata de Huantajaya y Santa Rosa. Pasando
la Rinconada, a la izquierda, se halla el villorrio llamado la Cabrería;
de la Noria a la Cabrería habrá sus cinco o seis leguas de distancia.
Siguiendo la marcha por la Pampa del Tamarugal, hacia el Este, se
halla el camino a la Tirana, que se separa a la izquierda.
Siguiendo la marcha rumbo a Pica, se llega al punto llamado Callas,
donde han formado sus canchones don Mariano Barreda y el francés Digoy;
estas propiedades encontré en ruinas. De Callas a Cuminalla, habrá como
tres o cuatro leguas de distancia; el camino pasa por una pampa
blanquizca, con terrenos saturados de materias salinas, y donde sólo se
hallan algunos algarrobos, algunas diminutas chilcas (beccaris), y corta y
escasa grama. Cuminalla [177] es un punto donde tienen sus canchones de
labranza varios vecinos, siendo uno de los principales don Juan Bautista
Gallegos.
Los terrenos se hallan, en muchas partes, cubiertos de costras
salinas y gruesas, que por la ardiente acción del sol, se han quebrado en
pedazos de menos de una vara en cuadro. Escogido un terreno con el objeto
de elaborar un canchón de sembrío, la primera operación es levantar esos
trozos de costra, y con ellos formar cercos; estos cercos, por lo general,
tienen una altura desde tres y medio pies a cinco, y tienen de ancho como
una vara. Algunos han formado verdaderas paredes, uniendo las costras con
barro, pero esto es una excepción. Limpiado así el terreno de esos trozos
de costra, se divide su superficie en una serie de canchones, paralelos
los unos con los otros. Cada canchón tiene de largo una cordelada, que son
cien varas; son pocos los de más extensión. El ancho de los canchones
varía desde 3 varas a 25; los canchones del ancho de 5 varas son los más
comunes. Entre canchón y canchón se deja sin remover un espacio que varía
también de 3 a 5 varas, pocos tienen hasta 8 ó 10. Sobre este espacio
intermediario, se arroja la tierra aún salobre, que se saca de los dos
canchones a los dos lados, formando con esa tierra arrojada una especie de
loma. La tierra se arroja de los canchones a esa loma, hasta encontrar las
primeras humedades. Halladas éstas a la profundidad de una a una y media
varas, se remueve bien el terreno, se guanea con el estiércol de los
animales domésticos; los más acomodados emplean el guano de Pabellón de
Pica o Huanillos, y se siembran los terrenos. Las plantas que más
progresan son el algarrobo, la alfalfa, los melones y sandías; los árboles
frutales no progresan; esto se atribuye al agua que corre subterránea y
que es algo salobre. A mi juicio, proviene esto, en gran [178] parte, por
el excesivo frío de las noches y del intolerable calor del medio día;
diferencia que destruye la vitalidad de las plantas.
Como he dicho, las humedades se hallan de 3 a 5 pies; pero por lo
general, se hallan a 3 pies de profundidad. El alfalfa da hasta cuatro
cortes por año y es de la mejor calidad; se asegura que cada cordelada
(100 por 5) de quinientas varas cuadradas, da cuatro quintales de alfalfa
seca en cada corte, o sean diez y seis quintales al año, que allí mismo se
vende de 12 a 14 reales plata el quintal. Del mes de Abril al de Agosto,
sólo se da un corte, por ser estación de frío; en los otros siete meses,
los de agua en la cordillera y de calor, se dan tres cortes. Algunos
preguntarán: ¿qué influjo tienen las aguas de la Cordillera, sobre los
terrenos de los canchones? La contestación es muy sencilla, pues se reduce
a asegurar, sin temor de equivocarse, que todas las aguas que circulan por
la pampa del Tamarugal, provienen de filtraciones de esa cordillera, y que
en dicha pampa son más o menos abundantes las aguas según hayan sido más o
menos abundantes los aguaceros o nevadas en la cordillera, en los meses de
aguas, que son desde Noviembre a Abril.
Recogida el alfalfa, cuidan los propietarios de limpiar bien el
terreno de toda mala yerba, y algunos lo barren para evitar que las yerbas
secas no ahoguen los nuevos brotes. Se ha notado últimamente que las
humedades de la pampa se van profundizando notablemente; esto se atribuye
a varias causas; la verdadera, a mi juicio, es la menor cantidad de agua
que en muchos años atrás a la época presente, cae sobre las cordilleras,
ya sea como lluvia o nevada.
Desde Cuminalla, mirando hacia la cordillera, se pueden distinguir
los cortos sembríos de la Calera, en la loma hacia la izquierda; y en la
loma hacia la derecha, el pueblo y sembríos de la Matilla. [179]
Cuminalla es el cantón en que existen los canchones del señor
Lecaros, en los que se ha encontrado la osamenta de ese gran animal, del
que ya he hablado. Hoy existe en Berlín.
Matilla daba el título de Marqués a la familia Loaiza, en un tiempo
opulentos mineros de Huantajaya y Santa Rosa.
La Calera se halla situada sobre el camino real de a la
Tirana, pueblo del cual me ocuparé después.
Se asegura que los señores Hart, Hermanos, tratan de conducir las
aguas de la Calera, por medio de cañerías de fierro, al puerto de Iquique,
en virtud de un contrato celebrado antes entre el Gobierno del Perú y el
señor don Federico Torrico, y hoy traspasado a dichos señores Hart. A la
derecha de Cuminalla se hallan muchos canchones abandonados por falta de
humedad; los llaman Challac-poso.
De Cuminalla a Matilla, hay cinco leguas de distancia; el camino pasa
por una pampa llana, en la antigüedad cubierta, de espesos bosques de
algarrobales. Existen muchos medanos en la pampa, formados por las finas
arenas, que los vientos del Sur han arrojado de esas grandes pampas, que
se extienden hasta las orillas del río Loa. Los médanos y arenas cubren
grandes cantidades de leña seca y destrozada.
Matilla es una población pequeña, con una iglesia; es viceparroquia
de Pica, se halla situada sobre la loma derecha de la quebrada o valle de
Quisma. Matilla tiene chacras de alfalfa y maíz; pero lo principal de su
agricultura consiste en sus bien cuidados viñedos.
La uva se produce en parrales, y bien atendidas cepas. Las bodegas se
hallan en gran parte maltratadas por el terremoto del 13 de Agosto de
1868.
Matilla es regada por agua de socavones, y por [180] la de unas
pequeñas vertientes del valle de Quisme.
Al tratar de Pica, describiré los socavones llamados por los
naturales Puquios, palabra en Aimará, que significa vertiente de agua.
De Matilla a Pica hay una legua de distancia, por un camino llano
aunque algo arenoso. Pica tiene una iglesia con dos naves, y una torre
separada del cuerpo del templo: cosa igual sucede en Lampa, pueblo del
departamento de Puno.
Desde Agosto de 1868, Pica se halla con muchas casas derrumbadas. En
esta población existen muchos parrales y viñedos, muchos árboles frutales
y buena alfalfa; los vinos de Pica tienen gran nombradía.
Las chacras y viñedos han ascendido allí a la categoría de haciendas,
y se hallan cercados de ese árbol espinoso, especial al territorio Sur de
la República, y que se conoce con el nombre de chañal.
En tiempo de la conquista, Pica era pueblo más habitado, y existían y
aún existen campos o terrenos llamados de comunidad, pertenecientes a los
indios puros originarios. Los conquistadores tomaron en cuenta el sistema
empleado por los indígenas para regar sus campos, y empleando sistemas y
elementos más aventajados, corrieron al cuerpo de los cerros areniscos,
que circundan a Pica, sendos socavones con los cuales lograron cortar las
filtraciones de agua que subterráneamente por ellos corrían, consiguiendo
así sacar parciales cantidades de agua, para sus proyectadas haciendas.
Los socavones son obra de mucho mérito, y a la vez, de notable costo.
Han corrido a tajo abierto una distancia de cincuenta a cien varas, sobre
la superficie del terreno, enseguida una corrida subterránea de dos a tres
varas de elevación, dos a tres de ancho, y de largo hasta de mil
quinientas varas, hasta encontrar el agua; a la vez, sobre la [181] línea
de rumbo del socavón subterráneo, han tenido que correr lumbreras, que
comunicasen con la labor abajo, para dar aire a los trabajadores. Así han
recorrido con socavones subterráneos, y piques o pozos perpendiculares, a

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