Модесто Басадре-и-Чокано. Перуанские богатства. Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas
Uncategorized November 23rd, 2005
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Esta gran araña se le adjudicó al general Sucre, a cuenta de los sueldos
devengados en Colombia; la honrada y digna conducta de Sucre, cuando
después se encargó del mando supremo de la República de Bolivia, borró por
completo la indignación de los vecinos por tal despojo de la araña.
Otro jefe, al servicio entonces de Colombia, también se hizo
adjudicar el riquísimo collar de bellas perlas, que adornaba el cuello de
la Virgen de Copacabana, también a cuenta de sueldos devengados en
Colombia.
La señora de ese jefe asistió a un baile en La Paz, ostentando sobre
su garganta, ese collar de perlas; [171] al día siguiente amaneció con una
fuerte angina, y quedó con la garganta tan cerrada, que jamás pudo pasar
después alimento, que no fuesen liquido: aquí tenemos un milagro que hará
callar la boca a los incrédulos mofadores.
La Iglesia ocupa un lado de la plaza; inmediato a ella se halla el
Hospicio, vasto tambo hospedería, donde se alojaban gratis los
innumerables devotos que, desde Buenos Aires y otras partes de la América
del Sur, acudían a las renombradas fiestas de Copacabana. Se asegura que
en algunos años, los devotos han ascendido hasta 30000.
El camarín se halla detrás del altar mayor, y hay necesidad de subir
como veinte y tantas aradas para llegar a él, y otras tantas para bajar.
Los devotos suben andando, puede decirse, sobre sus rodillas, dichas
gradas, y del mismo modo las bajan al otro lado. Un amigo mío de Puno,
después de muchos años de casado, tuvo una niñita; ésta se le enfermó
gravemente, e hizo un voto de ir a pie de Puno a Copacabana, en romería;
subir las citadas gradas sobre sus rodillas, hacer decir tantas misas,
etc.; verificó el viaje, gastó mucho dinero, y a la vuelta encontró a la
niñita muerta; sin duda, le faltó la fe bastante, y por eso tuvo mal
resultado su viaje.
El camarín tendrá como doce varas de largo, y como ocho o nueve de
ancho: no lo pude medir. Escasa luz penetra en él, y su oscuro empapelado,
más oscuro aún, por el constante humo del incienso, hacen que sea difícil
distinguir bien los objetos allí contenidos. Las paredes se hallan
cubiertas, puede decirse, de cuadros de poco valor artístico, y de
innumerables piernas, brazos, ojos, etc. de oro y plata, votos de enfermos
o estropeados. En la testera del Camarín, se halla la renombrada imagen de
la Virgen de Copacabana; tendrá, cuando más, como cuatro pies de altura,
lujosísimamente vestida, y con una [172] corona de oro sobre la cabeza;
esta corona, al parecer, se halla cubierta de preciosas joyas; y digo el
parecer porque allí mismo se me dijo que no habían faltado sacerdotes, que
faltando a su sagrado deber, habían cambiado diamantes por cristales; esto
podrá haber sucedido en épocas lejanas, pero no es de creerse suceda,
cuando después, según se me ha dicho, se han encargado los Padres
Recoletos de La Paz, de la custodia y conservación del Santuario.
A la derecha del Camarín, se halla un organito, remitido desde París
por el general Santa Cruz, muy devoto de esa imagen de Copacabana. Yo
mismo lo remití de Arica a Copacabana, por orden de Santa Cruz.
La Virgen está guardada en una especie de alcoba, y por delante se
halla puesta una hilera de balaustres, que se dice ser de plata maciza.
Los Melgarejos y Dazas, a pesar de sus patrióticos instintos, no se han
atrevido a inventariar esos valiosos depósitos de la ardiente fe de los
millares de devotos que frecuentan Copacabana. El inventario les hubiera
costado muy caro.
El Santuario de Copacabana, según tradición, tuvo su origen en una
imagen de la Virgen, que se dice encontró en ese punto el indio
Titu-Yupanqui, descendiente de los Incas, en el año de 1582. Los Jesuitas
aceptaron el hallazgo como un milagro del Cielo; y ayudados por la
constante y ardiente fe de esos pobladores, en pocos años levantaron ese
suntuoso Templo, el Hospicio y las capillas, que se hallan en las cuatro
esquinas de la plaza mayor. Con la expulsión de los Jesuitas, decayó en
gran parte el lujoso culto de la imagen milagrosa; y llegaron a arruinarse
el Hospicio y demás edificios. Durante la administración del general Santa
Cruz en Bolivia, volvió a tomar incremento la romería; gran número de
devotos con valiosas ofrendas, acudían a las fiestas. [173] Posteriormente
volvió a decaer el Santuario, hasta que se hicieron cargo de él los Padres
Recoletos, según me dicen. Bajo su económica y digna administración, ha
vuelto a recuperar casi toda su grandeza antigua.
Hacen algunos años que era Prefecto de Puno, un general muy conocido,
y que en un lugar llamado Ayayacas, se apareció de repente una imagen que
el cura de ese territorio, provincia del Cercado, aseguraba ser muy
milagrosa. Hiciera milagros o no, el resultado es que en muy corto tiempo
se levantó en ese sitio, con dinero recolectado allí, una iglesia, a la
cual acudían con asombroso empeño, toda la indiada de los pueblos de
Achaya, Caminaca, Pupujá, etc., haciendo muchas fiestas, y dando no
pequeñas sumas de dinero, como ofrendas al citado cura. Los curas de todas
las parroquias alrededor comenzaron a sentir grandes atrasos; los dineros
que los indios o vecinos de sus parroquias gastaban en Ayavacas, eran
emolumentos que dejaban ellos de recibir. El referido señor Prefecto
comisionó al Subprefecto de Azángaro, para que se constituyese en
Ayavacas, tomase todos los datos convenientes a la milagrosa imagen, que
tantos perjuicios acarreaba a los párrocos, que en forma legal y con papel
sellado, reclamaban contra las romerías de Ayavacas, y expidiese el
informe correspondiente. Constituido el tal Subprefecto, mozo entonces de
poca fe, alegrón y vivaracho, en el Santuario de Ayavacas, no le fue muy
difícil averiguar la verdad, y encontrar al ignorante y chabacano pintor
de la imagen milagrosa, valiéndose para ello de ofertas, y nada más que
ofertas, de ciertos recetarios que Diego Portales, con asombroso buen
resultado, supo aplicar positivamente en Chile. Sin duda, que el informe
del tal Subprefecto, no sería muy favorable al cura mencionado, cuando el
Prefecto, que no entendía de encubrir milagros de [174] esa clase, y que
sabía cortar todo nudo gordiano, luego, luego, con su valiente y
retemplada espada, ordenó la inmediata demolición del Santuario, previa
traslación a una Iglesia conveniente de la imagen consabida. Este fin
trágico tuvo la romería de Ayavacas; y los arruinados restos de su Iglesia
aún atestiguan la enérgica y desinteresada protesta de los curas
inmediatos. Por lo dicho, se ve que no era milagrosa la aparición de la
imagen de Ayavacas, o que por el curso del tiempo, se había amortiguado
por completo la fe en los mandatarios modernos de esos pueblos.
Es tradición, que a las inmediaciones de Copacabana, o, según otros,
en el mismo punto donde se halla el actual Camarín de la Virgen, existía
en épocas remotas un templo, que contenía un ídolo adorado por los
antiguos gentiles. Sobre esto existen algunas historias extravagantes,
pero no he podido conseguir datos positivos y dignos de publicarse: parece
que era una especie de oráculo de Delfos. En las inmediaciones existen
edificios muy antiguos, anteriores, al parecer, a la época de la
conquista; pero en tal estado de ruina, que casi no se puede formar idea
de su forma, y de los objetos a que eran dedicados. La tradición asegura
eran habitaciones de los sacerdotes del ídolo citado.
En la punta Oeste de la península de Copacabana, existen los grandes
depósitos de carbón de piedra, que se explotan en la actualidad, y cuyo
producto sirve para el consumo de los dos vaporcitos, propiedad del
Gobierno del Perú que surcan las aguas de las lagunas. Ese punto se llama
Llampaputa, y será, a no dudarlo, andando los tiempos, centro de fábricas
y talleres, por la abundancia de ese combustible. Al frente de Llampaputa,
se hallan las islas Sagradas de Coati y Titicaca, cuna y residencia de
Manco Capac y de Mama Ocllo, los fundadores del [175] Gran Imperio de los
Incas. En esas islas se hallan las ruinas de sus templos y palacios.
Antiguos y modernos historiadores y viajeros, se han ocupado de ellas,
dando minuciosas relaciones y exactos planos. Inútil sería de mi parte
escribir cosa alguna sobre ellas, en vista de lo mucho que se ha publicado
ya sobre el particular. [176]
Pica y Canchones
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