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sirve para remitir de él, todos los víveres y especies que necesiten los
cortadores en la montaña. Un administrador, tres o cuatro baqueanos
subalternos, que sean diestros en el corte y diestros también en los
rumbos de la montaña; seis u ocho cortadores más, y cuarenta apiris, creo
que formarían una partida competente. El administrador y peones irán
vestidos como más les convenga: llevan muy poca ropa, pero tienen sus dos
ollas grandes de fierro, sus bien templadas hachas y cuchillos
puntiagudos, de hoja ancha en común. Su yesquero y mecha de azufre, pues
el fósforo allí es perdido en el acto, por la humedad.
Vamos a exponer el sistema que yo establecí, y que creo que podrá
servir de base para futuros especuladores, variándolo según sean las
circunstancias.
El almacén central se pone en el Crucero (Carabaya), en Pelechucos o
Apolobamba (.) De ese almacén central, del Crucero, por ejemplo, se
manda la gente a Poto, 14 leguas, a Coasa 9, a Saqui 5, llevando hasta
este último punto, en llamas [161] o burros, las herramientas, víveres,
etc. Como últimamente, el movimiento de los cascarilleros ha hecho que se
compongan los caminos, las llamas o burros pueden, según me dicen, entrar
hasta Yanamayo (Carabaya), que son como veinte leguas más adelante de
Saqui. En , mi peonada ha logrado entrar con burros y diestras
mulitas, criadas en las haciendas de Azángaro y Huancané, hasta Apolobamba
y Eten, con la mayor facilidad. De Yanamayo, donde se hace un almacén de
depósito, parten los peones, río abajo, en busca de cascarilla. Los
baqueanos se suben a los árboles más altos, a las lomas o alturas, donde
no exista espesa arboleda, y dirigen la vista en todas direcciones si
logran distinguir, a más o menos distancia, algunos árboles cuyas hojas
relumbran al moverse, bajan al momento y se dirigen hacia el punto donde
hayan sido vistas esas hojas relumbrantes, que precisamente son de árboles
de cascarilla calisaya.
A veces las direcciones dadas por el baqueano no son del todo
exactas, y hay que hacer nuevos rumbeos hasta hallar la mancha, es decir,
la agrupación de varios árboles de cascarilla, de diferentes edades y
tamaños. Hallada la mancha, se busca un lugar, el más inmediato, que no
esté cubierto de arboleda, se prefiere la playa más o menos ancha de un
riachuelo; y sobre ese terreno o playa se asienta el campamento: así se
evita el que el yaguar (tigre), se arrastre por los matorrales y encubra
sus alevosos ataques. El administrador, hallada la mancha, destaca la
gente inmediatamente, unos al corte de la cascarilla, otros al
establecimiento del campamento, y a recoger leña. Si el árbol es grande,
se le señalan dos hacheros; si es delgado, uno es bastante. Los cortadores
hachan el árbol lo más inmediato a tierra; tumbado el árbol, pican la
corteza hasta penetrar a la parte leñosa o tronco, y a la distancia de
[162] ocho a quince pulgadas, según lo permita la ramazón. Picada la
corteza, la rayan en líneas paralelas de dos a tres pulgadas de ancho;
introducen las puntas de sus cuchillos de hoja ancha, en las rayas, y
levantan la cabeza de un trozo de corteza; levantada la corteza, la toman
con la mano, la desprenden del tronco del árbol, y sobre él mismo le dan
un fuerte golpe, con el cual, en el acto, se desprende la corteza
interior, que es de un color blanquizco, y expide una especie de leche de
la corteza exterior, que es por afuera gris y se halla cubierta, en los
árboles viejos, de líquenes en abundancia.
Sacado así un trozo de la corteza, se sigue la misma operación con
todo el resto de la corteza del tronco del árbol, y de las ramas gruesas:
las ramas delgadas también se pelan, y la corteza se suelta al lado de los
árboles, donde al secarse se encanuta, como los trozos de canela. La
corteza interior es la cascarilla tabla; la corteza encanutada es la
cascarilla canuto; la corteza exterior se usa para quemar. En el
campamento se aplana bien un trecho del terreno; sobre ese terreno
aplanado se extienden los trozos de la cascarilla tabla en hileras, unas
al través de las otras, hasta la altura de una vara, la cual permite la
circulación del aire por enmedio de los trozos de corteza, y la seca; y
esos montones se cubren con paja u hojas de palma, para evitar el agua de
la lluvia, en cuanto sea posible. Beneficiados todos los árboles de esa
manera, se busca otra mancha, y así sucesivamente, se van mudando
campamentos, según los puntos donde se hallen los árboles; y la buena o
mala suerte de los cortadores, que son interesados en el mayor producto,
por la mayor gratificación que reciben.
De la cascarilla, en cierto estado de seca, se forman tercios de más
o menos setenta libras; esos tercios son conducidos al punto donde se ha
establecido [163] el segundo depósito, por los apirís o cargadores a
hombros. Cada tercio es forrado en bayeta del país al sacarlo, tanto para
favorecerlo del aguacero, cuanto para evitar en lo posible la quebrazón y
merma. De ese segundo depósito, la cascarilla es conducida en burros o
llamas, al depósito número 1, donde se enchurla, en la forma que después
explicaré. Ínter los cortadores benefician la cascarilla, otros, como he
dicho, preparan el campamento y recogen leña, que en todos esos puntos se
halla en abundancia, ya sea de las ramas secas de los árboles, ya de los
árboles o arbustos, arrastrados por los torrentes de los ríos. En el
centro del terreno señalado como campamento, se depositan los víveres y la
cascarilla, según se va explotando; ese campamento de noche es rodeado de
grandes fogatas, para alejar al tigre, que constantemente ronda esos
campamentos. En el campamento se hace el servicio, constante, de noche, de
montar guardia, tanto para despertar a los peones, si se vislumbra en la
oscuridad las dos candelitas, que son los relumbrantes ojos del tigre,
cuanto para sostener las fogatas, agregando leña a ellas. El olor de la
chalona asada (carnero helado) es muy atractivo al tigre. Los víveres, que
por lo común se hacen conducir los cascarilleros, son los siguientes:
chalona, chuño, papa helada, maíz tostado; sin tostar brota en el acto
-quina tostada y molida, que es un excelente alimento en la montaña; coca
del Cuzco o del mismo Carabaya, etc., etc. Es preciso tener muy bien
distribuido el servicio de los apiris de víveres-. La demora en la
introducción de víveres, sea por desertarse los apiris, como acontece a
veces, sea por violentas crecientes de los ríos, que impiden el paso, o
cualquiera otra causa, produce fatales resultados. Existía en Tacna un
argentino, señor Castellanos, que estableció en Carabaya una labor de oro,
arreglando con sus corresponsales [164] en el Crucero y Coasa, las
convenientes remesas de víveres.
Los apiris se desertaron del Crucero a Coasa, y de esta última
población no le remitieron tampoco los víveres acordados. En la labor se
comenzó a experimentar escasez, y Castellanos mandó la mitad de su gente a
Coasa, a buscar víveres. Los ríos crecieron; esta parte de la gente no
pudo llegar a la labor. A Castellanos se le huyeron los peones restantes,
tomando las alturas, y abandonándolo por completo. Castellanos, con un
hijito suyo de seis años de edad, al fin abandonaron la labor y se
dirigieron hacia Coasa, llegan a un río con extraordinaria corriente, no
le pueden pasar; a un lado se halla Castellanos con su niño, al otro, los
peones con víveres, de vuelta de Coasa; es imposible pasar por las
terribles corrientes, algunos peones, al fin, se resuelven a rodear las
alturas y buscar algún vado a gran distancia, y llegan a la choza que con
ramas de árboles había construido Castellanos, y lo encuentran cadáver con
su hijo casi muerto a su lado -ese niño milagrosamente salvado vivía en
Tacna hace poco; su madre es una señora Vildoso de esa ciudad. En casos
parecidos los cascarilleros han tenido mucho que sufrir. A veces se han
alimentado con el cogollo de la palma que es una comida muy exquisita. En
la montaña hay una palma que en su punta produce una especie de vaina, de
largo de casi dos varas; para recoger esa vaina acostumbran hachar el
árbol, y dentro de esa vaina se halla una sustancia parecida a hojas
largas de palma, de un color blanquizco, y que son excelente comida; el
gusto es lechoso, como de leche cuajada.
A veces los cascarilleros tienen la buena suerte de encontrar una
chacra de achira silvestre; la raíz es abundante y harinosa, parecida al

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