Модесто Басадре-и-Чокано. Перуанские богатства. Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas
Uncategorized November 23rd, 2005
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En las montañas esas, no he conocido otra enfermedad que la llamada
chiquimachi, la que exclusivamente ataca a los indígenas. El que se halla
atacado de esta enfermedad sólo desea estar echado; pierde el color y
mortal palidez cubre su rostro; se le hincha primeramente el vientre,
después las piernas y brazos; siente constantes calofríos y pierde por
completo el apetito. Un enfermo no tiene larga agonía: ocho o [146] diez
días son suficientes para acabar una constitución sana. En Palca, en una
salida de la montaña, encontré a un indígena joven, como de veinticinco
años, tendido delante de una gran fogata, y gravemente enfermo del
chiquimachi. Al día siguiente me empeñé en sacarlo conmigo a la
cordillera, único remedio para su gravísimo mal; se negó obstinadamente, y
conociendo yo que si lo dejaba en ese punto se moriría muy pronto, me
resolví a emplear con él los remedios recetados por don Primitivo
Callejas, y le hice aplicar ese medicamento con tanta eficacia y en tan
repetidas ocasiones, cuantas se arrojaba a tierra en la marcha, negándose
a andar; al fin logré llegase conmigo sano al Crucero; teniendo yo la
satisfacción de comunicar la receta a mis lectores para la cura
eficacísima del chiquimachi, y de muchísimos otros males, que experimenta
la humanidad en nuestra tierra.
Los mineros de oro para conseguir peones, tenían que dar grandes
gratificaciones a los gobernadores de los distritos de Carabaya y de
Azángaro, quienes contrataban a la gente.
Quiero poner un ejemplo. El minero necesitaba cien peones contando
con las acostumbradas pérdidas en tales casos, contrataba con los
gobernadores por ciento cincuenta; feliz era el minero si llegaban a sus
labores ochenta. Desde el primer día de la llegada de los peones, algunos
se fingían enfermos, otros estropeados, inventando varios pretextos para
no trabajar; resultado: entraban al trabajo cincuenta, o sea la tercera
parte de la gente que el minero contrató, o sea la mitad de la que
realmente le era precisa y necesaria. Aquí no quedaban sus angustias y
trabajos. Formaba su trazo, arreglaba su tajamar y labor, daba al fin con
la tierra venero de oro: amontonaba el producto de sus labores, iba a
lavar la tierra, a percibir el fruto de sus afanes y trabajos, al día
siguiente iba quizás a ser rico, etc. Amanecía el día -ni [147] un peón en
la labor- todos, aprovechando la noche, se habían fugado, algunos
llevándose las herramientas: he aquí un hecho que ha tenido lugar varias
veces en esas labores, dejando arruinado al empresario.
Las guerras civiles que han repercutido aún en esas lejanas comarcas,
ahuyentando a los peones, causan la imposibilidad de conducir herramientas
y víveres a esas comarcas.
No sólo hay en Carabaya minas y lavaderos de oro; también hay
poderosas vetas de metales de plata. Entre Ayapata y Corani, se hallan las
renombradas minas de Uccuntaya. Esta mina, según tradición, era
asombrosamente rica en metales; y un fuerte temblor derrumbó sus labores,
consecuencia de no dejar en pie los puentes que las ordenanzas
forzosamente prescriben. Como los metales eran tan ricos, las labores se
hacían sin dejar esos convenientes apoyos para la cumbre de ella.
Fenómeno muy curioso es la existencia en esas comarcas de los
temblores. En Setiembre 5 del año de 1864, se experimentó en Carabaya una
especie de terremoto, que causó graves daños y vastos derrumbes de las
alturas, casi siempre empapadas en agua. En todas esas cordilleras no
existe volcán alguno en actividad, ni hay tradición que haya existido. Yo
soy quizás el único que, como ya he expuesto, he podido distinguir a gran
distancia, al Este del alto de Ucos, en 18515 un elevado cerro cónico, con
nieve en la cúspide y con todos los caracteres de un volcán. Quizás de la
existencia de éste hayan provenido los temblores que han derrumbado
Uccuntaya, y causado tantos estragos en Setiembre de 1864. Un futuro
viajero quizás podrá dar más apuntes sobre la existencia de tales
volcanes.
Estas son, a mi juicio, algunas de las poderosas razones que han, por
ahora, causado el atraso o suspensión de esas tan productivas labores.
[148]
Cascarilla y cascarilleros
Don Luis Jerónimo Fernández Cabrera, Bobadilla, Cerda y Mendoza,
cuarto conde de Chinchón, salió de Cádiz en Agosto 14 de 1628, y vino a
Panamá, nombrado Vicerrey del Perú, etc. Dicho caballero de los tantos
apellidos, pasó de Panamá a Payta, y se embarcó en este último puerto para
el Callao, mandando por tierra a su esposa la señora doña Francisca
Enríquez de Rivera, hija del duque de Alcalá. Este Virrey será siempre más
recordado, por haberse dado su nombre a la Cascarilla, que por sus demás
servicios y hechos, buenos o malos. Se encargó del mando en Enero 14 de
1629, y gobernó hasta Diciembre 18 de 1638, o sean cerca de diez años.
Refiere la tradición, que habiéndose enfermado gravemente la virreina
con tercianas malignas, una india sirviente suya, secretamente le
suministró los polvos de la cascarilla -que sorprendida la india, se trató
de quemarla, por haber, según se creía, envenenado a la virreina; pero que
hallándose ya en el cadalso, se le salvó la vida, verificándose la
maravillosa curación de la enferma, y resultando el descubrimiento, el
único quizás efectivo, cuando es legítimo, [149] del específico contra las
fiebres malignas (10). De esta historia, verdadera o novelesca, resultó el
que el célebre botánico Linneo, nombrase a la cascarilla Chinchona, y
formase de sus clases una familia especial. Otros aseguran, que un indio
de Loja, muy afecto al corregidor de ese partido, don Juan López
Cañizares, participó a éste los benéficos resultados de la aplicación de
cierta corteza de árbol, para curar las fiebres perniciosas; que López
Cañizares comunicó el secreto a los Jesuitas, entusiastas y sabios
Misioneros de esas comarcas; que estos lo comunicaron a Europa, donde ha
sido muy conocida la corteza con el nombre Jesuits Bark, por muchos años.
Sea como fuere la verdad, parece indudable que desde 1630 se conocían en
Lima, como eficaz antídoto para las tercianas y demás fiebres, los polvos
de la cascarilla traídos entonces de Loja. Del Perú se remitieron a Europa
pequeñas cantidades de cascarilla; y en Roma, el Cardenal Lugo, (quien los
recibió de los Jesuitas), por medio de su médico Sebastián Baldo, hizo
usar y extender la fama del específico. A pesar de la fuerte oposición que
varios médicos y otros hicieron al uso de la cascarilla, los maravillosos
y benéficos resultados que su aplicación producía, fueron venciendo, poco
a poco, las resistencias que se levantaban, muchas veces por interesados
Sangredos. En 1671, Luis XIV, Rey de Francia, compró al médico inglés
Talbot, el secreto de las frecuentes y maravillosas curaciones de fiebres
que verificaba en París; ese secreto no era otra cosa que la conveniente
aplicación de los polvos de Jesuits Bark, o sea la cascarilla peruana.
Luis XIV cuidó de hacer conocer al público el específico. [150]
Solamente en 1738, o sean cien años después de la curación de la
virreina de Chinchón en Lima, se vino a publicar por La Condamine, la
descripción exacta del árbol de la cascarilla. La Condamine (11) había
sido mandado en 1735 con Godin, Bouguer y Jussien, a Quito, por el
gobierno francés, para medir el arco del Meridiano y determinar la
configuración exacta de la tierra.
El Rey de España Carlos III, en 1778, mandó a los naturalistas
Hipólito Luiz y José Pavón; y el Rey de Francia, a Dombey, a examinar,
recoger y especificar los árboles y plantas de sus vastos dominios en la
América. Estos naturalistas publicaron en 1794, la famosísima obra que
lleva su nombre. En dicha obra no se hace mención de la Chinchona
Calisaya, porque, según entiendo, aun no era conocida. En 1788 regresaron
a España estos comisionados, quienes en 1794, como he dicho, publicaron el
Prodomus, y en 1798 comenzaron a publicar la Flora Peruviana et Chilensis,
que se concluyó en 3 volúmenes, y que ha existido en nuestra Biblioteca,
como un monumento de una labor, que tanto honra a sus autores; los
grabados de ella son magníficos.
En 1790 Carlos III mandó otra expedición científica a las costas de
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