pertenecen al departamento del Cuzco.
En Chia, pueblecito más abajo de Ollachea, y como 5 leguas distante,
se hallan grandes ruinas de un pueblo, al parecer muy anterior a la
conquista. Más abajo se halla el vallecito de Quitón-quitón, lugar
famosísimo por una especie de ají que produce, sobremanera fragante y
gustoso; sirve de especial objeto de obsequio en todo el departamento de
Puno. Este ají es pequeño y delgado, de un color blanquizco, con tintes
verde y amarillo, y parece hecho de cristal por su transparencia. He
plantado semillas en Tacna, y no han tenido buen resultado.
No muy lejos de la embocadura del río de San Gabán, se halla situada
la hacienda de San José de Bellavista, propia del señor don Agustín
Aragón. Esta hacienda la ha formado el señor Aragón, a costa de inmensos
gastos y no pequeños peligros, por su inmediación a los terrenos
recorridos por los indios chunchos, que varias veces han salido de sus
montañas pasando el río Inambari. Bellavista produce un café muy superior,
por su gusto y especialmente por su gran fragancia, a todos los conocidos.
Muestras han sido enviadas a París, donde los aficionados lo han declarado
superior al Moka. La falta de brazos, pues los peones rehúsan trabajar en
la hacienda por temor a los chunchos, no permiten al señor Aragón aumentar
tan valioso producto.
Ya he dicho que la quebrada de Marcapata, departamento del Cuzco,
colinda con la de San Gabán, [133] departamento de Puno; y ya que se ha
traído a la memoria esa quebrada de Marcapata, anotaré que, como todas las
quebradas al Este de la gran Cordillera, esa tiene lavaderos de oro, en
toda la extensión de los innumerables riachuelos que forman su río; y que
en el mismo territorio se halla situado el cerro de Camanti, famosísimo
desde la conquista por la gran cantidad de oro que producía, hasta que los
chunchos atacaron y destruyeron las labores. Creo que fue por el año de
1848, que un joven inglés de apellido Backhouse, vecino algún tiempo en
Tacna, se dirigió a Marcapata con el doble objeto de explorar las minas y
lavaderos de oro, y establecer una explotación de cascarilla. Llevó gran
cantidad de bagatelas, propias, según informes, para el tráfico con los
indios salvajes; y creo que por medio de un fraile Franciscano italiano,
Bobo de Ravello, logró cierta introducción con el Curaca del lugar. Los
regalos de Backhouse produjeron, al parecer, la buena amistad del Curaca;
y Backhouse escribió a sus amigos detallando sus entusiastas esperanzas.
Un día, y sin motivo alguno para ello, al salir Backhouse de su
habitación, le lanzaron los chunchos repentinamente, tal cantidad de
flechas, que el cuerpo ya cadáver quedó como parado, sostenido por las
cañas de las flechas; tal fue el desgraciado fin de tan estimable amigo.
El finado don Juan Sanz de Santo Domingo, trató de formar una compañía
para explotar los veneros, vetas y lavaderos de oro del Camanti; y se
suspendió esa organización, por consecuencia de su imprevista muerte. Lo
primero que hay que organizar, es una fuerza competente, que ahuyente de
ese riquísimo territorio a los indómitos chunchos; ellos no solo han
destruido esos opulentos trabajos, sino han llevado la ruina y la
devastación a más de cien haciendas, en un tiempo ricas y productivas de
los valles de Paucartambo, etc. [134]
El señor don Agustín Aragón, ha hecho muchas e infructuosas
diligencias para descubrir la antigua y afamada población de San Gabán, y
el sitio de sus renombrados lavaderos de oro; según tradición, esos
lavaderos eran de gran producción, y los trabajaban gran número de
notables vecinos, cuando sobrevino la rebelión de Juan Santos, que se
tituló Inca Atahualpa en 1742; y fueron los establecimientos tan
completamente destruidos, y se ha perdido de tal manera todo documento de
su referencia, que hoy es muy difícil, si no imposible, con próxima
certeza, señalar la parte del territorio de Carabaya, donde se hallaban
fundados. Vivo interés he tenido en reunir los documentos y noticias
referentes a la rebelión de dicho Juan Santos: mis empeños han sido hasta
ahora infructuosos. Sólo se sabe que en dicho año de 1742, el referido
Juan Santos, indio educado por los Misioneros, en las misiones del Cerro
de la Sal, cerca de Chanchamayo, y provincia de Tarma, se hizo proclamar
Inca en el pueblo de Quisopongo, tomando el nombre de Inca Atahualpa; que
su rebelión se extendió sobre casi todo el territorio que cuidaban los
Misioneros, que aun fuera de ese territorio, como en Camanti y Carabaya,
la indiada sublevada atacó y destruyó los establecimientos de los
Españoles; y que después de algún tiempo desapareció el tal Inca, sin que
se sepa cosa alguna sobre la fecha y punto en que murió. Últimamente el
coronel don Francisco La-Rosa, con un fuerte destacamento de tropa de
línea, logró penetrar a la montaña, y descubrir el cerro afamado de la
Sal. En esas inmediaciones sorprendió una fragua de herrero, donde los
chunchos elaboraban herramientas de fierro, restos de la civilización, que
destruyó Juan Santos. En poder del señor Raimondi, he visto algunas
herramientas fabricadas por los chunchos, y recogidas en esas montañas. De
desear sería que algún compilador [135] pudiese recoger los documentos
históricos referentes a tan desconocida revolución, y los publicase.
He hablado antes de los lavaderos de oro de Poto; en sus
inmediaciones existe, hacia el interior de la Cordillera, las vetas
auríferas de Ananea, rodeadas de constantes capas de hielo y nieve. Según
aparece, Ananea es el punto más elevado donde han vivido seres humanos; su
altura, se asegura, es de diez y ocho mil pies. El señor don Juan Santos
Villamil, vecino de La Paz, me ha asegurado, que en ningún punto del
globo, y en varios viajes por Rusia, Siberia, etc., ha experimentado un
frío tan intenso como el de Ananea, cuando marchó allí a reconocer esas
labores.
Cuatro leguas al Sur de Poto, y en las cabeceras de la gran pampa de
Umabamba, de la cual me he ocupado al hablar de los indios Calaguayas,
también hay lavaderos de oro, de más o menos riqueza, según su proximidad
a la Serranía. Se llaman Suches.
En Chuquiaguillo, como dos leguas al Este de La Paz, Bolivia, hay un
antiguo y renombrado lavadero perteneciente a la familia Sáenz. De este
lavadero se ha sacado, poco después de la conquista, una pepita de oro de
62 libras de peso, y de figura de una quijada grande de caballo: fue
remitida a España. Este lavadero, muy estudiado y reconocido por mí, por
circunstancias especiales, es muy notable por los hechos siguientes: En
este lavadero, el oro, como en todos los lavaderos casi que he conocido,
se halla en tierra de aluvión, y en la parte donde el oro existe, ese
aluvión se halla impregnado de un tinte color de orín de fierro; este
terreno es el que allí se llama el venero. Los indios, desde antes de la
conquista, han trabajado ese venero, y sus galerías o corridas se hallan
actualmente con frecuencia en los frontones de las presentes labores; en
algunas de esas galerías se han hallado cadáveres de indios, que al seguir
[186] el venero para extraer el oro, han quedado aplastados en las
labores. Una acequia de agua se halla constantemente corriendo en esas
labores subterráneas; agua que no se sabe aun de dónde viene, ni cómo ha
sido conducida subterráneamente, a esos sitios. A pocas cuadras arriba de
las actuales labores, se halla una hoyada llamada la Lancha: sitio muy
saturado de agua, y en cuyo fondo, a mi juicio, debe existir un gran
depósito de oro, por ser el punto a donde han caído los rodados de la
Serranía; muy alta, que domina ese local, y de donde ha rodado el oro.
Formando casi bordo de la Lancha, se hallan varias vetas de cuarzo
aurífero, que corren cerro arriba, y que, a mi juicio, son ramales de la
Gran Veta Aurífera, que se halla embebida en ese cerro alto que domina las
labores, y cuyas crestas se hallan destrozadas, o por los rayos
eléctricos, o por la acción del clima, y cuyos enormes escombros han
cubierto las faldas de esos cerros. Eu Chuquiaguillo, pues, a mi juicio,
los empresarios debían implantar las labores siguientes:
1.ª Buscar la base del terreno de La Lancha, secando las aguas que
hoy lo empapan. 2.ª Correr un socavón a las vetas auríferas que se dirigen
de La Lancha cerro arriba. 3.ª Hacer un reconocimiento científico de los
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