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Модесто Басадре-и-Чокано. Перуанские богатства. Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas


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inmensamente ricos, y si en ellos se emplease el sistema de Mnngueras, que
se usa en California, sus rendimientos serían asombrosos; la gran carga de
tierra, y cascajo que cubre los veneros, hace hoy costosa su explotación.
El señor don Félix Rodríguez, vecino de Puno en 1849, trabajaba esos
lavaderos de Aporoma, pagando un arrendamiento acordado a los señores
Astetes, cuando sus peones descubrieron casualmente los lavaderos de oro
del río de Challuma, habiendo pasado en balsas el río de Huari-huari,
Aporoma dista como 25 leguas del Crucero.
En la pampa de Umabamba, cerca de Phara, a [128] 11 leguas del
Crucero, se hallan muchas vetas de cuarzo (llamado allí cachi) con oro. En
tiempos anteriores esas vetas han sido trabajadas. La región en que se
hallan, se llama la Apacheta de Buenavista, y es temperamento frío, por
hallarse fuera de las quebradas.
Más adelante he anotado las distancias entre el Crucero y Versalles,
en el punto por donde se pasaba el Gran Río Huari-huari, que toma desde
allí para abajo el nombre de Inambari, y que desde la confluencia con la
multitud de ríos que se le unen, antes del supuesto punto de los lavaderos
de oro de San Gabán, es conocido con el nombre de Río de la Madre de Dios.
Al principio de los descubrimientos del río de Challuma, se pasaba el río
Huari-huari, en balsas de palos, construidas en el mismo local. Después se
puso una Oroya de cables hechos de la corteza de una palmera, que creo se
llama Chilina, y aumentado grandemente el tráfico, ¡¡¡se construyó un
puente colgante!!! La Empresa entusiasta de Capac Orco, contrató con el
ingeniero saboyano Gontheret, la verdaderamente asombrosa construcción de
dicho puente; y digo asombrosa, porque es preciso tener en cuenta el local
en que se construía, y los materiales de construcción de tal puente. Vamos
a dar una descripción de él.
En Versalles, el río Huari-huari, en épocas normales, tiene de ancho
como setenta varas, y de profundidad, en ese punto, como veinte pies.
Gontheret escogió ese punto para la construcción, por ser lenta la
corriente. A ambos lados del río se cortaron grandes árboles, los que con
indecible trabajo, y a brazos de peones, fueron conducidos a orillas del
río. Con esos grandes árboles se construyeron dos altos castillos, uno a
cada lado del río, bien reforzados con atravesaños de madera, y ligados
con sendas barras de fierro. Por encima de los castillos se pasaron cuatro
[129] cables bien retorcidos, dos a cada lado, los cuales se hallaban
amarrados a grandes troncos, enterrados a cada orilla convenientemente. De
estos cuatro cables, bajaban otros más delgados, que sostenían como en
todos los puentes colgantes, un piso que tenía allí más de dos varas de
ancho. Ese piso de tablas era de la Palmera, allí llamada chonta, que es
muy dura: aquí hay muchos bastones de esa Palmera. Los cables eran
formados de la corteza de la especie de Palmera, allí llamada Chilina;
esta palmera después de cortada era puesta a remojar en un riachuelo, por
cierto, número de días. La corteza se ablanda y despega; en este estado se
le separa del árbol, y se martaja con masas de madera hasta separar la
parte dura, quedando una especie de estopa color canela, tan flexible y
dura como el mejor cáñamo. El puente llenó por completo los deseos de sus
promotores, sirviendo de fácil y constante tránsito a los apiris,
cargadores de víveres, etc., para los lavaderos de oro de los nuevos
descubrimientos de Challuma. Desgraciadamente, un jefe del ejército, de
cuyo nombre, como Cervantes, no me quiero acordar, se empeñó, en mala
hora, en hacer pasar, arrastradas sobre el puente, unas vacas. El peso de
éstas y de los soldados, y la constante resistencia de los animales,
estiraron los cables, haciendo bajar muchísimo el piso del puente. En esos
días sobrevino una creciente; un gran árbol arrastrado por la corriente
del río, enredó sus ramas con el piso del puente; a ese árbol se agregaron
otros, hasta que se formó un montón de ramazones, contra la cual combatía
la fuerte corriente del agua. En menos de media hora, el río arrastró a su
seno todo el armazón: el trabajo de más de seis meses, y las ingentes
sumas empleadas en la construcción del puente, quedaron sepultados, en el
cauce del Huari-huari.
Enfrente de Versalles se abrió por la tropa del [130] batallón
«Yungay», en 1851, un camino que debía conducir a los transeúntes de ese
punto a las minas de Capac Orco. El camino fue mal delineado y peor
construido, siendo la consecuencia que los transeúntes preferían andar por
el cauce del río, pasar los Mollocas (malos pasos) de que ya he hablado, y
mojarse cuarenta y tantas veces, a seguir la senda abierta con tan mala
voluntad por los soldados del citado batallón.
A poca distancia de Versalles, hacia el Norte, se une al Huari-huari
el río de Challuma; desde la unión de este a su origen, se hallan
lavaderos de oro de más o menos riqueza. En esa época, los principalmente
trabajados eran los nombrados San Simón, Cangali, Cementerio, Alta Gracia,
Quinsamayo, etc., etc. En el río de Pucamayo, que se une al Challuma al
lado izquierdo, y en la labor Mercedes, del ya citado señor Rodríguez,
éste sacó una pepita de oro muy grande, cuya merece anotarse. Esa
pepita fue vendida al canónigo Macedo, de Puno, quien la obsequió al señor
Mendoza, Obispo del Cuzco; de este la heredó su sobrino el señor General
La Puerta, de cuyo poder pasó por un movimiento de flanco, a manos del
General Castilla; éste la obsequió a un Almirante inglés, cuando la
fragata Perla apresó al Tumbes y Loa en Casma, en 1857, debe, pues,
existir aún en algún museo de la Gran Bretaña.
Subiendo la quebrada de Challuma, se llega al Puerto Libre donde se
hallaban situados los quimbaletes o grandes morteros, que molían los
metales cuarzosos del cerro de Capac-Orco; los pulverizaban, y enseguida
ese polvo era beneficiado con azogue para reunir el oro. Las vetas
cuarzosas de Capac-Orco contienen oro en gran cantidad y a la simple
vista; sin embargo, esa empresa sucumbió por las razones que al final
anotaré. En ninguna parte del mundo hay vetas como esas de oro. Todos los
riachuelos, [131] que desembocan en el Challuma y Pucamayo, tienen oro en
sus playas; en algunos puntos se hallan grandes Rebozaderos, que son
lugares donde el terreno aurífero se halla cubierto con superviniente,
tierra y piedras, que es preciso remover para hallar el codiciado metal.
Igualmente en los ríos Huaynatacoma y Machitacoma, que corren
paralelos al Challuma, se hallan lavaderos de oro, en todos sus
respectivos cursos; estos aún no han sido explotados.
Del Crucero a Sisicaya hay siete leguas, y cinco más a Coasa. En las
inmediaciones de esta población hay lavaderos de oro en gran abundancia;
sobre uno de ellos, conocido con el nombre de Matacaballo, existen las más
extraordinarias tradiciones, respecto a su riqueza. Ese terreno de
Matacaballo es muy movedizo, y la empresa que intente su laboreo, tendrá
que comenzar con asegurarse contra los constantes derrumbes. En Coasa
vivía un cura muy rico, el señor Garaycochea; su fortuna la debía en parte
notable, al constante rescate de oro a doce pesos onza, tal era su
abundancia. De Coasa a Esequiñia, hay cuatro leguas, a Sachapata seis, a
Sajuana seis, a Patarán cinco. Desde Patarán para abajo, el río
Huari-huari es conocido con el nombre del Inambari, hasta que con su unión
con otros, toma el nombre del Río Madre de Dios.
De Coasa a Upino hay 5 leguas, a Itisata 7, y a Ayapata como 5 más.
Las quebradas de Ayapata tienen oro en todos sus ríos y riachuelos. De
Ayapata a Esquilaya, hay 7 leguas, y como 10 a la unión del río Ayapata al
Inambari.
El río conocido con el nombre de San Gabán, y cuya fama ha sido tan
grande, es formado de varios ríos. Su principal ramal parece tener su
origen en la gran cordillera de Vilcanota, que tiene una altura de más de
17500 pies. Otro ramal es formado por las [132] aguas que bajan de los
altos de Corani, pueblo 9 leguas distantes de Macusani, distando éste 7 de
Ajoyani y éste 7 del Crucero. Cerca de Ollachea, pueblo 7 leguas distante
de Corani, se reúnen esos ríos; el caudal de agua más abajo se agranda
inmensamente con los riachuelos y ríos que bajan de las alturas que
separan la quebrada de San Gabán, de los territorios de Marcapata, que ya

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