Модесто Басадре-и-Чокано. Перуанские богатства. Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas
Uncategorized November 23rd, 2005
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guardaron algunas presas, para llevar sin duda a sus esposas, muestras de
la amistad del Subprefecto. Uno de los segundos era un indio pudiente y
muy formal; tenía entre la indiada, y entre todos los vecinos altísima
reputación, su nombre era Gregorio León, y vivía cerca de un punto llamado
Moroorco (cerro negro.) Ese indio me profesaba gran cariño; raro era el
día de fiesta, que después de la misa, no me hiciera su visita, y como
hablaba bastante bien el castellano tenía conmigo grandes conversaciones.
Sus conocimientos geográficos consistían en saber que había un país muy
grande llamado España, y otro llamado Portugal; hablarle a él de
Inglaterra, Francia etc., era peor que hablarle en hebreo. Este Segunda me
ha dicho que las grandes riquezas de Andrés Tupac Amaru y de Vilcapasa, no
están ocultas en los subterráneos del mismo Azángaro, sino en la lagunita
de Botijlaca (boca de botija.)
De Azángaro a Muñani hay 9 leguas de distancia: de Azángaro a
Puscallani hay seis leguas de distancia, Puscallani es una hacienda, antes
de los Choqueguancas; [109] hoy de la familia de aquel comandante Rosello,
que murió en 1879 en la batalla de San Francisco. De Puscallani a Muñani
hay cinco leguas de distancia, y para ir del primer punto a esta
población, se pasa por la quebrada de Ticani. En esta quebrada de Ticani
se halla situado, casi al medio, un cerrito que al transeúnte no llama en
manera alguna la atención, pero que es digno de un serio estudio. Ese
cerrito se llama Botijlaca: es una obra artificial; tiene como treinta
varas de alto, es de figura cónica, y su cúspide es una lagunita o pozo,
perfectamente redondo, con un borde sobre la superficie del agua de cinco
a seis pies de diámetro; y el agua, que jamás sube ni baja de su nivel, es
de un color blanquizco muy notable. He visto en persona el cerrito y
lagunita; los apuntes que hice en el trascurso de los años se me han
extraviado, y escribo hoy de memoria. La circunstancia de haber de ado a
Azángaro poco después, para encargarme del mando de las provincias de
Huancané y Puno, y mis consiguientes peregrinaciones no me han permitido
volver a esos lugares. A una compañía, organizada con poco capital, le
será fácil llevar adelante, en Azángaro, las dos grandes exploraciones: 1ª
recorrer los caminos subterráneos de Azángaro, comprobando si son obra de
la antigüedad, como algunos aseguran, aumentadas por Andrés Tupac Amaru y
Vilcapasa, para ocultar sus tesoros; o son obras de estos últimos, como
decía Evia, y 2.º correr a un costado de la lagunita de Botijlaca un
canal, que permita la extracción del agua que ella contiene, y por
consecuencia el prolijo examen de su fondo, y medios empleados en su
construcción. Esta última obra la considero de mucha importancia;
fundándome para ello en lo que paso a publicar.
Harán como ciento veinte años vivía en Lampa, provincia de Puno, una
mestiza que ganaba su vida [110] con los rendimientos de una no muy bien
provista pulpería. Uno de sus parroquianos era un indio, quien ella
compraba carbón, y el que siempre lo compraba algunas arrobas de
aguardiente. Un día el indio no le trajo carbón; había estado enfermo, y
no lo había podido beneficiar; pero al carbonero le era urgente llevar el
aguardiente, que acostumbraba conducir en cada viaje, y a falta de carbón
y de dinero, ofreció dar a la mestiza en prenda varias piezas de oro,
obras a la vista de los tiempos anteriores a la conquista. La mestiza
aceptó el contrato, y el carbonero se marchó, llevando el aguardiente, que
necesitaba, ofreciendo a la vez volver dentro de los ocho días,
acostumbrados anteriormente. El carbonero no volvió al plazo señalado, y
necesitando la mestiza del dinero para sus compras, llevó las prendas de
oro al Padre Catalán, ayudante de la Iglesia de Lampa, suplicándole le
proporcionase una suma sobre ellas, y relatándole a la vez el modo como
dichas prendas habían llegado a su poder. El Padre Catalán, fraile
dominico de Arequipa, accedió al podido de la mestiza; dio el dinero y
recibió las prendas, comunicando los hechos al doctor Gamboa, Cura de la
Parroquia de Lampa, Gamboa era cuzqueño, hombre de cierta ilustración, y
la calidad y cantidad de las prendas, le hicieron comprender, que tal
carbonero era algún indio, que conocía un notable depósito de tan valiosos
objetos. El Cura Gamboa comunicó el secreto a la Subdelegación; y a la
mestiza se le dieron las instrucciones convenientes. La codicia de las
autoridades, sin embargo, no fue tan prontamente satisfecha; mucho tiempo
se pasó sin que apareciese el carbonero; al fin se presentó a pagar su
deuda y a reclamar sus prendas. La mestiza con el pretexto de tenerlas
depositadas en otro lugar, dejó al carbonero en su casa, y se marchó a dar
el parte correspondiente a las autoridades, según las [111] órdenes dadas.
El carbonero fue apresado, amonestado, cruelmente flagelado y maltratado:
nada confesó. Seguían los tormentos del carbonero, cuando un indio viejo
se presentó a las autoridades: declaró ser suyas las prendas, y ofreció
aun señalar el sitio donde se hallaban depositadas abundantes cantidades
de ese metal hoy llamado Rey del mundo. El anciano fue apresado; se formó
una Sociedad bajo la dirección de don Pedro Araníbar, vecino notable de
Arequipa, quien se marchó a Lima a pedir al Virrey la licencia
correspondiente para emprender las labores necesarias. El Virrey otorgó
las licencias solicitadas, nombrando al señor don Simón de la Llosa, para
que vigilase los trabajos, y recibiese los derechos reales. Constituidos
Araníbar y Llosa en Lampa, fue por ellos conducido el anciano (cuyo nombre
no aparece en las relaciones) a la Hacienda de Urcunimuni, antes propiedad
de los señores Basagoitia, hoy de la familia de Moya, en esa Hacienda, y
en la parte llamada Chilimihani, señaló el anciano el local, donde, según
tradiciones suyas, 20000 indios habían enterrado en varias profundidades,
los caudales conducidos por 10000 llamas; esos caudales eran las herencias
y tributos del Inca Huascar. Se emprendieron las labores, y se sacaron,
según aparecen de los libros antiguos de las Cajas Reales de Chuquito, hoy
de Puno, más de dos y medio millones de pesos, en tejos de oro. Sacadas
esas ingentes sumas, se siguieron con notable empeño las labores, para
encontrar los demás caudales ofrecidos por el anciano, cuando, al remover
unas losas, resultaron grandes corrientes de agua, que anegaron todas las
labores. En vano, y en muchas y diferentes épocas, se han intentado serios
trabajos para sacar esas labores; a proporción que se sacan las aguas, se
reponen estas por medio de ocultos acueductos; y como Chilimihani se halla
situado en una pampa, no es posible correr un socavón, [112] a las
labores. En Botijlaca no puede suceder lo mismo, por la altura del perro y
declive de la quebrada en la cual se halla levantado. Quizás algún día, no
muy lejano, se emprenda la obra que indico.
Lavaderos de oro
La muy extensa Provincia de Carabaya ha sido dividida, después de los
años de mis viajes a ella, en dos: la una ha quedado con el nombre antiguo
de Carabaya, y con su nueva capital el pueblo del Macusani; la otra ha
sido denominada Provincia de Sandia, y su capital es el pueblo de este
nombre. La Provincia de Carabaya consta de los distritos del Crucero,
Ituata-Usicayos, Ajoyani, Coasa, Ollachea, Corani, Ayapata y Macusani. La
de Sandia consta de los distritos de Sandia, Cuyocuyo, Patambuco, Phara,
Quiaca y Sina. El Crucero se halla situado sobre la alta planicie de la
cordillera -de él radian los caminos a cada uno de los pueblos indicados,
como las varillas de un abanico radian de un centro a las puntas. El clima
del Crucero es sobremanera frío; todas las mañanas los sirvientes de las
casas recogen el hielo de las acequias, que surte de agua a la población,
y lo conducen en canastas a las cocinas, para derretirlo, y emplear
después el agua en usos domésticos; de allí ha provenido el dicho, de que
en el Crucero se carga el agua en canasta. Macusani y Ajoyani también se
hallan sobre la altiplanicie, pero su [114] clima es mucho más templado:
la primera población era la residencia de aquel cura Cabrera de quien me
he ocupado ya, como el que formó la cría de los, Paco-vicuñas, raza de
animales perdida por la incuria de sus herederos. Los demás pueblos de
ambas provincias se hallan situados al comenzar las quebradas, que forman
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