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también con irresistible impulso, influían las súplicas, los ruegos, las
lágrimas de un ser muy querido, que [104] diariamente imploraba la
misericordia, en favor de los desgraciados de su raza y nación. Azángaro
tiene dos plazas públicas: una cuadrada, que es muy grande, al costado de
la Iglesia; otra oblonga más pequeña al frente de la puerta principal de
la Iglesia. En cada una de las esquinas de la Plaza grande se halla
levantado un arco, formado de adobes; uno de estos se halla caída a
consecuencia del gran número de amotinados indios, que en 1814 colgó de
él, el coronel González, natural de Huamanga, pero al servicio del Rey
Fernando VII.
En una esquina de dicha plaza, y en la casa donde hace poco ha vivido
la señora Ceferina de Macedo, existía en 1780 una señora hermana de
Vilcapasa y madrina de Angélica Sevilla. Esta niña hija de una
Choqueguanca, y de un español Sevilla, no tenía madre viva, y al emigrar
su padre de Azángaro para Arequipa, había tenido que quedar en aquella
población a consecuencia de una grave enfermedad; su padre, había creído
asegurar su salvación, su bienestar, confiándola a la vigilancia y
protección de la hermana del jefe verdadero de las fuerzas expedicionarias
sobre Azángaro. Asegura la tradición, que Angélica Sevilla, niña de diez y
ocho años, era bellísima, reuniendo en su persona todos esos encantos
conque los novelistas se complacen en adornar a sus heroínas.
Durante las expediciones de Vilcapasa, Andrés, como era natural,
frecuentaba la casa de la hermana de su general, y como había visto a
Angélica, como era también muy natural, comenzó a duplicar y triplicar las
visitas; y como era mucho más natural, Andrés se apasionó de Angélica, y
ésta como buena hija de Eva no se hizo tentar en vano. Pero para estos
castos amores habían inmensos obstáculos -los Choqueguancas eran Capuletos
y aborrecían de muerte a los Tupac Amaru, modernos Montescos- la unión
[105] de estos nuevos Julieta y Romero era imposible. ¿Cómo permitiría el
Emperador José 1.º el enlace de su sobrino con la hija de un odiado
español? ¿Cómo unirse dos familias que tanto se aborrecían? ¿Cómo detener
el carro triunfante de la Independencia con la cadena de la esclavitud? La
Vilcapasa reconoció muy tarde lo imprudente de su conducta, en permitir
las Visitas del joven . Este muy tarde desgraciadamente era y es muy
frecuente en la sociedad, y por lo general, las Vilcapasas llegan a tener
conocimiento de los sucesos cuando estos ya son irremediables. Esta
Sevilla era, pues, en Azángaro el Ángel de Misericordia, que quería
proteger, en cuanto estaba a su alcance, a las desgraciadas víctimas de
tan cruel e impía guerra.
Considerables remesas de oro y plata remitía Vilcapasa a Azángaro,
provenientes de sus exposiciones, a los lavaderos de oro que he indicado,
y acopiadas de todos los puntos donde llegaban sus huestes. De sólo Sorata
y Tipuaní es tradición que se sacaron dos mil llamas cargadas de metales
preciosos, conducidos todos a Azángaro. Los consejeros de Andrés
conocieron que era preciso poner a salvo tan ingentes valores; colocarlos
en tales puntos y de tal manera, que aun en el caso que sucumbiese la
causa de Gabriel Tupac Amaru, no sacasen provecho de esos codiciados
tesoros sus aborrecidos enemigos, sus antiguos y crueles opresores.
Vilcapasa volvió a Azángaro; y con sus compañeros idearon una obra
monumental. Formaron debajo de Azángaro un verdadero laberinto, Galerías
de piedra arenisca, bien labrada y cimentada, se cruzan en todas
direcciones por debajo de la población; sin que hasta hoy se sepa adónde
recalan, ni la verdadera extensión que tienen. Estas galerías o caminos
subterráneos, tienen como ocho o nueve pies de alto y como cuatro pies de
ancho; el techo es formado de [106] grandes lozas de piedra arenisca bien
labraba, y unidas de un modo tan compacto, que no entra la humedad por las
uniones. En varios puntos han levantado las lozas, pero no conozco persona
alguna que haya penetrado y recorrido todo esos inmensos caminos.
Un señor Enríquez me aseguró que, siendo joven, con otros amigos,
penetró en esos subterráneos, y que lograron llegar a una especie de
cancha de gallos, que en los bancos alrededor encontraron gran cantidad de
momias, y dentro de la cancha montones de medallas de cobre, que sacaron
muchas de éstas, pero que después no habían podido encontrar la citada
cancha. ¿Los caudales de Andrés se hallan enterrados en alguno de esos
subterráneos? ¿Acaso se hicieron esos trabajos con el objeto de engañar a
los españoles, y, cómo pretenden algunos, esos tesoros se hallan ocultos
en otros puntos? Los datos que tenemos sobre el particular los daremos
después.
Como he referido ya, en noviembre de 1780 verificó su revolución
Gabriel Tupac Amaru; en abril de 1781 fue apresado en Tungasuca; y
atrozmente descuartizado en la plaza del Cuzco en mayo de 1781; su
Gobierno, en esos puntos, tan solo existió por el corto término de cinco
meses.
Andrés Tupac Amaru sostuvo su autoridad en las provincias de
Azángaro, Carabaya, Huancané, Caupolican (Apolobamba), Larecaja, Muñecas y
Omasuyos, hasta fines de 1783. En este tiempo los Españoles se ocuparon
más en hacer levantar el sitio que Tupac Cantari había establecido contra
La Paz, en someter las indiadas de Oruro y Puno, en poner expeditos las
caminos de La Paz a Arequipa y Tacna, y en contener las invasiones, que en
varias veces pretendió renovar Vilcapasa, sobre las comarcas fronterizas,
que en someter a las huestes de Vilcapasa, que como ellas esperaban, y en
realidad sucedió, [107] cada día se iban disminuyendo en número, y cuyo
entusiasmo decaía, igualmente, como el de todas las masas.
A fines de 1788 dos frailes dominicos de Arequipa vinieron a Santiago
de Pupuja, pueblo de Azángaro, situado casi al frente de Pucara, y después
de varias entrevistas con Andrés y Vilcapasa, lograron persuadir a estos
que aceptasen las ofertas de perdón de la Audiencia del Cuzco, y que
dispersasen su gente. He tenido en mis manos, y leído con vivo interés, el
diario de uno de esos Reverendos Padres: en él están consignados los
argumentos de los Padres para comprometer a sus víctimas; los temores de
Andrés; la varonil y recelosa resistencia de Vilcapasa. Andrés creía y
aceptaba todo: Vilcapasa, recordando siempre en términos poco medidos los
hechos de la conquista desde Pizarro a esa fecha, no se prestaba a nada.
El Reverendo escritor asegura varias veces, que el tal Vilcapasa era
Satanás en persona; y lo anatemiza como tal. Tan pronto como Andrés y
Vilcapasa llegaron al Cuzco, a pesar de las solemnes promesas de perdón y
amnistía que se les hicieron, fueron apresados y ejecutados. La cabeza de
Vilcapasa fue colocada sobre un poste en la Plaza del Cuzco; unos
partidarios suyos la robaron y condujeron a Azángaro, donde fue enterrada
en la Iglesia. Años después, buscando en ese templo los tesoros que se
sabía existían ocultos, se encontró la cabeza de Vilcapasa, metida en un
cajón, y enterrada debajo del confesionario. A pesar que Vilcapasa fue
sometido a tormento jamás divulgó su secreto a los Agentes de la
Audiencia. Ese tesoro se halla pues oculto hasta el día de hoy.
Angélica Sevilla al saber la cruel suerte de su amado, murió de
pesar: ella había contribuido con sus ruegos a la capitulación de Andrés
Tupac Amaru. De ella puede decirle lo que algún poeta inglés escribió:
[108]
Ful many a flower is born to blush
unseen.
Anel waste it’s sweetness in the desert air!!!

Para la verdadera de estas líneas, consulten mis lectores
con mi amigo el Médico doctor Palma.
Siendo Subprefecto de Azángaro, reuní el día de Corpus de 1852, en mi
casa, a todos los indios Segundas e Ilacatas del distrito, y les di un
abundante almuerzo. Dichos Segundas e Ilacatas se presentaron vestidos de
gran parada; con sus grandes ponchos balandranes, sus buenos paños de
pescuezo de lana de Vicuña, sus grandes y alones sombreros negros, hechos
por ellos mismo como lo demás de sus vestidos, y sus varas largas y
negras, con puños de plata, símbolos de su autoridad.
Alegres y contentos estuvieron todos; algunos disimuladamente se

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