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ede;
en una palabra, el Derecho es la Fuerza… El Derecho es un puñado de oro,
la punta de una espada, el resultado feliz de una intriga hábil, de una
infamia triunfante, de una iniquidad victoriosa; es, en fin, una
combinación irresistible de la Fuerza y de la Fortuna. El Derecho es una
palabra cuyo sentido es…, ÉXITO…
¿Qué cosa es Razón?
La Razón no puede ser, en sustancia, más que la mitad más uno: la
Razón es la cantidad; el número, la masa.
¿De quién es la Razón?
De los más: esto es, de quien no ha sido nunca… de quien no será
jamás. Una votación es el último paso de la Razón humana. Es Derecho lo
que se puede, es Razón lo que se quiere. ¿Quién me tose con una mayoría
cualquiera? ¿quién se atreve a mi Derecho, teniendo yo un ejército
formidable?… El Derecho será del que venza; la Razón del que triunfe.
Convencer es un verbo que se ríe de sí mismo; vencer es la gran palabra,
la guerra es la gran demostración; no se ha hallado otra… Por eso,
¿quién piensa en la fuerza del Derecho? ¿Quién no piensa en la fuerza de
los cañones rayados, o de los fusiles de aguja? Todo lo que se acerca a la
guerra, se puede decir, se le ocurrió hace ya mucho tiempo a las bien
templadas hojas de las espadas de Toledo. Como en aquellos tiempos éramos
tan bárbaros, debió considerarse como cosa indispensable, que el Derecho y
el Deber fueran escritos sobre la fuerza misma. Aquellas hojas brillantes
de aquellas nobles espadas, decían por una parte, en letras talladas sobre
el acero: «No me saques la Razón»… «No me envaines [90] sin honor» Lo
cual, traducido, quiere decir: Ante todo: «No seas bruto».
Después: «No seas cobarde».
Se han borrado los artículos; y, sin duda alguna, por eso tenemos
esas espadas de esa noble ley que la deshonra vende, el éxito compra, y la
infamia alquila. [91]

Botijlaca
Hace treinta y tres años que yo desempeñaba el puesto de Subprefecto
de la provincia de Azángaro, departamento de Puno. En esa época, dicha
provincia la constituían los distritos de Azángaro, Acillo, San José, San
Antonio, Potoní, Poto, Muñani, Putina, Santiago de Pupuja, Caminaca,
Achayá, Saman, Taraco, Arapa y Chupa. Posteriormente, le ha sido según
creo, segregados los de Taraco, agregado como era muy conveniente a la
provincia de Huancané; y le han sido agregados los pueblos de Nicasio y
Calapuja, que formaban parte del territorio de la provincia de Lampa, del
mismo departamento.
Sobre esa alta planicie, cuyas pampas varían de 12500 pies de
elevación sobre el nivel del mar, no son muy elevados los cerros; y
solamente en las alturas de Ayuni y Picotani, es de alguna permanencia la
nieve en los meses de mayo a agosto, época de los fríos.
Tres ríos de alguna importancia cruzan esas comarcas. El primero es
formado por las corrientes que bajan de las serranías de Ucuviri,
Huarochirí y Ayaviri; pasa al este del pueblo de Pucará, y se une [92] al
gran río, llamado Ramis, un poco al norte de Achaya. El pueblo de Pucará,
de la provincia de Lampa es muy notable por el gran Peñón, parecido al de
Gibraltar, que se halla a sus inmediaciones por la muy notable abundancia
de una cría especial de Halcones, allí llamados Huaman, que domicilian
sobre dicho peñón, y por sus establecimientos de alfarería.
El río Ramis tiene su origen en las lagunillas inmediatas a los
grandes lavaderos de oro, llamados Poto, de las cuales corre al este a los
inmensos ventisqueros de hielo, llamados Aricoma, por una distancia como
de quince leguas. Esos ventisqueros en algunas superficies tienen un tinte
rosado, proveniente de la microscopia planta, llamada prolocucus nivalis,
tan notable sobre los nevados Alpes. De Aricoma corre el río Ramis por
frente del pueblo del Crucero, capital de la antigua provincia de
Carabaya, y de allí corre del norte al sur, pasando por frente de los
pueblos de Potoní, San Antón, Azángaro y Achaya. De este punto se dirige
al Este ya unido, al de Húmachiri, por frente de los pueblos de Caminaca y
Achaya; pasa al Este de Saman y Taraco, y entra en la Gran Laguna del
Titicaca en la rinconada de Sonuco. Este río Ramis, es vadeable en casi
toda su extensión, en los meses desde abril a diciembre. Desde diciembre a
abril hay necesidad de emplear balsas para pasarlo desde Ayaviri y Pucara,
en un ramal; y desde San Antonio en otro, hasta su embocadura. En todo el
año es impasable a vado, desde frente de Saman a su embocadura. En esta
última distancia tiene un ancho de 30 a 100 varas, y una profundidad de 20
a 25 pies. Las balsas que se emplean son de la totora (typhia) que crece
en tanta abundancia a las orillas de la laguna. La totora es unida por
medio de cordeles, tejidos de una paja especial, larga y tenaz, que crece
en abundancia [93] en esos campos. Las balsas, en las partes altas del
curso del río, son pequeñas, cuando más de 10 a 12 pies de largo, y 4 a 5
de ancho. Cada una de estas balsas es manejada por un solo remero, que
emplea para moverlas un palo largo y muy fuerte, madera de la familia
Kageneckia. Desde frente a Samán para abajo, las balsas del río son
grandes; tienen de largo como 20 pies, y de ancho como 12, y las manejan
tres o cuatro balseros. He visto pasar el río, en esos puntos, con cuatro
mulas cargadas sobre una sola balsa.
Los balseros son muy diestros: gozan ciertos privilegios, y forman un
gremio especial.
El tercer río notable de la provincia de Azángaro, es formado por las
aguas que bajan de las alturas, que dividen la hoyada de Potoní y San
Antón, a las llanuras de Guasacona, Muñani y Putina: y de los torrentes
que bajan de las serranías de Ayuni y Nequeneque. Este río pasa por frente
de Muñani hacia el Sur a Putina, a cuyas inmediaciones corre como tres
leguas más abajo de Putina, y no muy distante de la hacienda de
Quilloquillo, de la familia Torres, entra al territorio de la provincia de
Huancané, pasa no muy lejos de la población de este nombre, y se une al
gran río Ramis, como dos leguas más arriba de su embocadura. En la
provincia existen tres lagunas de alguna importancia. La primera es
llamada Arapa: casi a sus orillas se hallan las poblaciones, cabeza de
distrito, llamadas Arapa y Chupa; es una bellísima laguna como de cinco
leguas en contorno; en los meses de aguas, tiene mucha más extensión y sus
aguas corren por un canal muy recto, de quince varas, más o menos de
ancho, a la Laguna del Titicaca: en esos meses ese canal sólo se puede
pasar por balsas. Otra laguna, inmediata a Azángaro se llama Quequerana:
tendrá como dos leguas en contorno; en los meses de aguas, [94] rebalsan
sus aguas al río Ramis, por frente de Pucará. La otra laguna es llamada de
Salinas; debió dar el título de marqués de las Salinas a la familia
Choqueguanca, indios nobles, muy partidarios del gobierno español. En los
meses de aguas esta laguna se extiende mucho sobre sus orillas.
Evaporizando sus aguas en gran parte en los meses de abril a octubre,
queda sobre sus orillas un gran depósito de sal de buena calidad; de allí
el nombre de Salinas. Todos los pueblos de esos contornos se abastecen de
sal de esos depósitos.
En la provincia de Azángaro, no escasea la Puma y el Zorro: son los
únicos animales destructores del ganado. En los cerros que rodean la
Laguna de Arapa, se halla una especie de feliz [gato] más grande que el
gato doméstico, es de color pardo, con fajas café subido, distribuidas
como las del tigre real; y es destructor de las aves, y en especial de las
que frecuentan en gran número las orillas de la laguna. El Taruc (venado)
abunda, y es cazado por medio de la cacería llamada chaco, de quien
después me ocuparé. Es muy abundante la cría de ganado vacuno y lanar; no
sólo en las muchas haciendas que existen en la provincia, sino también en
las Comunidades, donde existen muchos indígenas, que tienen notables
tropas de ovejas y no pocas vacas. En algunas haciendas, aunque en
limitado número, existe la cría de pequeñas, pero vigorosas mulas; en
otras no falta la cría de yeguas. En la hacienda de Picotaní, y en sus
crudas Serranías, se hallan caballos silvestres, que trepan esas alturas y
rocas escarpadas con la velocidad de las gamuzas; los bellos, altivos y
briosos bridones de Andulucía, en Picotaní se hallan trasforma

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