Модесто Басадре-и-Чокано. Перуанские богатства. Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas
Uncategorized November 23rd, 2005
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animalito casi desconocido en el mundo; demostrando así la negra
ingratitud de los hombres grandes para con sus antepasados los monos, y
sus antiguos progenitores, los citados desconocidos animalitos. Estas
bellas teorías o ideas no son nuevas: Paracelso hace muchos años, según
asegura Charlevoix, proclamaba que cada Nación había tenido su Adán
especial y su Eva precisa. ¿A quién creemos? Como mis padres creyeron en
el Adán y en la Eva de Moisés, opino que lo más seguro es seguir creyendo
lo mismo, hasta que sepamos algo mas fundado o racional.
¿Quién pobló las Américas? Este asunto también ha conmovido las
plumas de los sabios, desde el descubrimiento de estos vastos territorios.
Morton asegura que las poblaciones de la América del Norte, provienen de
treinta y dos familias: Gilddon asegura [71] fueron doscientas cincuenta,
las que vinieron a poblar estos vastos territorios. De Guignes, como si
hubiera sido testigo presencial, opina que esas familias sin indicar el
número exacto, como Morton o Gliddon, pasaron del cabo de Tchonhost hoy
(Kamskatcka) al cabo del Príncipe de Gales, [antes Rusia Americana] hoy
territorio de Alaska, de Estados Unidos, atravesando una distancia de
cuarenta millas; y que esas familias errantes eran oriundas de la China.
En comprobante de estos asertos, indica que los Botocudos, indios del
Brasil, tienen los hábitos y hablan una lengua muy parecida a la de los
chinos y sin cuidarse mucho de la inmensa distancia que existe entre
Alaska y el Brasil, ni las dificultades de tal emigración.
Humboldt cree que las Américas han sido pobladas por gente oriunda de
la Mongolia, la China y del Japón, y funda sus creencias en las
facilidades que a tales emigraciones prestan, no sólo el estrecho de
cuarenta millas, ya citado, sino también la cadena de Islas llamadas
Kouriles, etc.
Siebold afirma, que las poblaciones hasta el río Gila, son oriundas
todas de la China. Otros autores, con muy largos relatos y muy
convincentes razones, opinan de otro modo, asegurando que en la América
del Norte existen once diferentes familias, a las que llaman Esquimales,
Athabasca, etc., y que ellas son las primogenitoras de las populosas
tribus que cubrían con sus toldos esos inmensos campos. Los Esquimales, en
la actualidad, se extienden desde todo el Norte de Siberia (Asia) a la
Groenlandia, y son tribus del todo errantes: las demás familias, aseguran
esos sabios, poblaban la gran mayoría del territorio del Canadá, y el
inmenso territorio que hoy forma la República de Estados Unidos.
Volney dice, que a principios de este siglo, la raza indígena en
Estados Unidos, formaba un conjunto [72] de un millón de habitantes: en
1873, según memoria del Ministro del Interior, los indios apenas llegaban
a 320000 personas; dentro de muy pocos años no existirá uno solo. Las
tribus, que en tiempos muy antiguos poblaban el territorio de Estados
Unidos, no vivían en pueblos; sus mounds, vastos túmulos, cubren las
grandes regiones que riegan el Misisipí y sus tributarios.
En los periódicos de Estados Unidos, vemos que últimamente se han
hecho notables descubrimientos de restos de esos olvidados pobladores; sus
estancias son iguales a las Kjegken mendigs de los Daneses, y a las de los
pobladores de los Lagos de la Suiza, de los cuales últimamente se han
extraído tantísimos objetos de curiosidad.
Volviendo a la obra de d’Orbigny diré que este sabio asegura que los
Guaraníes han sido los pobladores de las Antillas, Venezuela y gran parte
de la Hoya del Amazonas, las Guayanas, parte del Brasil, Paraguay y parte
de la República Argentina; asegura que la familia Mojeña ha poblado
Bolivia y parte del Brasil; la Chiquiteña ha poblado parte de Bolivia; la
Charrua, el Uruguay; la Pampeña, la mayor parte de la República Argentina
hasta la Patagonia. La Araucania ha poblado Chile y la Tierra del Fuego;
la Quichua ha poblado el Perú, con mezcla de la más antigua llamada
Aimará. Pitofetta, Byron y Bouganville, aseguran que los Patagones tenían
más de dos metros de alto, como siete pies: d’Orbigny asegura que los
Patagones no tienen sino seis pies de alto, los más esbeltos: ¿a quién
creemos?
Todo lo que dicen este gran número de sabios, puede ser muy cierto;
pero yo creo que antes de todos, esos Guaraníes, Quichuas y Aymaras, han
existido en esta parte de la América del Sur, razas de hombres muy
superiores en inteligencia, etc., a los indios de la época de la
conquista. Las ruinas de Tiaguanaco -las de Chavin- las de Quecap en
chachapoyas, son, a mi juicio, comprobantes innegables de estas opiniones.
Sobre Tiahuanaco he escrito una memoria, que mandé a Tacna, sintiendo no
haberme quedado con copia. Las de Chavin las conoce usted bien. Sobre las
de Quecap diré, que en El Peruano número 28, se halla la descripción de
esas minas, hecha por el doctor Nieto en Enero 31 de 1843. Según el
informe de dicho Nieto, las ruinas consisten de un vasto edificio de 3600
pies de largo, 150 pies de ancho y 150 pies de alto. Sobre este edificio
se halla fabricado un segundo cuerpo de 600 pies de largo; 500 pies de
ancho y 150 pies de alto: ¿sería un templo o una fortaleza, o las dos
cosas a la vez?
Enmedio de tan diversos y contrariados pareceres, no es posible
formar una idea próximamente exacta. La momia antigua, que existe en mi
poder, extraída de las calicheras de la Victoria, ha sido hallada debajo
de una costra sólida de chuca; este hombre ha sido hallado completamente
desnudo, sin siquiera aquella histórica hoja de higuera, que usó nuestro
padre Adán: la raza a que pertenecía ese hombre, no conocía el uso de los
metales, pues los anzuelos que usaba no eran ni de fierro ni de cobre, ni
de hueso de animal terrestre, ni de pedernal, son de espinas de los mismos
pescados, y, sin embargo, ese hombre tan antiguo sabía beneficiar y tejer
el algodón, supuesto que la bolsa que contiene los anzuelos es tejida de
hebras gruosas de algodón; ese hombre usaba como alimento el maíz,
supuesto que a sus pies, según informes posteriores, se hallaron chala y
mazorcas desgranadas; ese hombre tenía consigo algún animal domesticado,
porque, según datos posteriores, al pie se encontró un animal pequeño, que
al tocarlo se hizo polvo. Todas esas comarcas son desiertos completos; en
ellas no existe hoy la más pequeña señal de vegetación; y, sin embargo
[73] en esa remota época, ese hombre usaba algodón, paja y maíz. Su casa,
de la más primitiva construcción, era un círculo de trozos de roca unidos
con barro, formando un recinto como de ocho pies de diámetro; esa casa no
tenía más techo que un grueso cordel de paja trenzada, que pasaba de una
parte de la cumbre a la otra, y después había sido cruzado, formando
cuadros encima y hallándose depositado, sobre ese cuadro de cordeles de
paja cruzados, un gran montón de paja suelta, que daba sombra siquiera a
su desvalido propietario. Ese hombre no tenía muebles de ninguna clase; su
asiento era un trozo de roca algo cuadrado; ese hombre no tenía compañero;
en las inmediaciones no se han hallado ni otras cabañas, ni otros
cadáveres. Ese hombre, ha sido, al parecer, repentinamente privado de la
vida: ha sido hallado sentado, con su mano apoyando su cabeza, con su
lengua alargada de la boca, como el hombre que se ahoga, que busca el
ambiente y no lo halla, como si fuera una victima de Pompeya o Herculano,
como la víctima, quizás, de materias mefíticas esparcidas por la
atmósfera, y que han podido sofocar, privar de la vida, a seres vivientes
en esos campos. Plinio y los historiadores contemporáneos, nos han
referido los cataclismos que arruinaron Pompeya y Herculano. Las Américas
no han tenido esos Plinios. Las razas de la momia antigua, y los
fabricantes de Tiahuanaco, etc., han desaparecido de la tierra sin dejar
historiadores de sus hazañas, de su pasajera existencia. Los hombres que
vivían en esos territorios, quizás idearon dejar recuerdos de su
existencia en los jeroglíficos de los cerros Pintados al Sur de la Noria,
gravados en las rocas en esa localidad: ¿quién los descifra? ¿Dónde está
ese Champollión moderno, que lea esos relatos, esas palabras, que dé
alguna luz sobre la oscuridad de esos tiempos? ¿Quién sabe de dónde
vinieron [75] esos pobladores de nuestra patria? Bellas teorías,
plausibles conjeturas, no son más que palabras vacías que nada prueban en
realidad.
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