Модесто Басадре-и-Чокано. Перуанские богатства. Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas
Uncategorized November 23rd, 2005
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Tarapacá existe el azufre. En efecto, en toda la cordillera, desde el
pueblo de Huatacondo, a los altos del volcán Isluga, existen grandes
depósitos de azufre natural. Este mineral es traído de los depósitos, y
visto a la distancia, parece un trozo de pizarra color plomo: examinado
con detención, se halla lleno de cristales diminutos y como venas de
azufre puro. He quemado un trozo de ese mineral, con peso de diez onzas,
prendiéndole fuego al aire libre: ha quemado sin llama, expidiendo muchos
vapores blanquiscos; el residuo de ceniza han sido cuatro onzas, lo que da
un sesenta por cielito de azufre puro, y otras materias volatizadas por
[61] el fuego. Según informes de algunos vecinos de Pica, el azufre en
esas cordilleras se halla en inmensas cantidades. Su valor en las oficinas
variaba de 2 a 3 soles quintal.
Antes de concluir este asunto del yodo, no será demás indicar que,
como ya he dicho, esta sustancia de tantísima aplicación en la medicina y
en las artes, tenía un valor como el oro en polvo. En efecto, antes de las
grandes producciones de yodo en las salitreras de Tarapacá, la onza de
yodo tenía el valor mercantil de cuatro libras esterlinas; hoy, debido a
la enorme producción que he indicado, vale como un chelín la misma onza.
La provincia de Tarapacá, bendecida por la Providencia con abundantes
producciones naturales, sería poderosísima sin existir el salitre. En el
vasto territorio de la pampa del Tamarugal, existe el Borax, en ilimitadas
cantidades. En el terreno entre el antiguo pueblo de la Rinconada; y el
nuevo de la Cabrería, he hallado el Borax en grandes cantidades, y en
trozos del tamaño de un garbanzo al de un huevo de paloma. Mi primo don
Gaspar Cornejo, en Iquique, me ha demostrado trozos de Borax, extraídos al
Este de la laguna Huasco, del tamaño de un huevo de gallina, asegurándome
existir ilimitados depósitos de esa antes tan valiosa sustancia mineral,
en todos esos terrenos entre la laguna Huasco y la Cordillera. Minerales
de cobre abundan en toda la provincia.
En la misma pampa de Iquique, el finado don Juan Williamson, dio
principio a varias labores de cobre: en Cavancha existe una vena recién
abierta.
Al extremo Sur de la provincia existe una gran bahía llamada Chipana:
unas diez o doce leguas al Este, existe la laguna de Chipana, de agua
salobre. Desde el Sur de esa al río Loa existen los cerros conocidos con
el nombre de Paquica. En todos [62] esos cerros se han trabajado
antiguamente vetas de oro, con más o menos provecho.
Un señor Tejada, Cónsul Argentino en Iquique, me ha demostrado trozos
de cuarzo aurífero de los cerros esos, con oro nativo a la vista; el
cuarzo, contrario al cuarzo aurífero de Huayllura, era completamente
saturado de fierro oxidado. En los altos de Iquique existen, hacia el
Norte, vetas de oro en cuarzo de poco producto, a la superficie, pero que
podrían dar grandes resultados, quizás, a la profundidad.
El ya citado señor Tejada, me ha dicho, que en esos trabajos
auríferos de Paquica, se encuentran aún casas techadas, y también una
Iglesia, con su campana de bronce; que en las casas encontró libros y
papeles, por los cuales constaba que esas labores fueron sostenidas hasta
el año de 1816, en que los cruceros de los chilenos, recién formada su
Escuadra, frecuentaban esos mares; y obligaron a los mineros a suspender
sus trabajos.
Deseo dar a usted algunos informes, respecto al Cóndor, y terciar,
como dicen, en la controversia que se suscitó entre el célebre Audubon, el
sabio francés Ornitologista de los Estados Unidos, y Waterton, el
renombrado viajero inglés de las Guayanas. Sostiene Andubon, que el Cóndor
descubre la carroña, que constituye su alimento, exclusivamente por el
ejercicio de la vista; Waterton sostiene, que la efluvia de la carroña,
esparcida por la atmósfera, es la que conduce al Cóndor al punto donde se
halla depositada.
El Cóndor (Sarcorhamphos), nombre que le han designado los
naturalistas (4), es el mayor de los pájaros conocidos, y sobre él se han
escrito las más [63] increíbles relaciones. Algunos han asegurado que los
han visto de más de veinte pies de extensión, de la punta de una ala a la
punta de la otra, y de una fuerza tal, que con sus garras podrán levantar
al aire una vaca. Yo no he visto estas maravillas. El Cóndor más grande
que he visto, ha medido diez a once pies de largo, de la punta de una ala
a la punta de la otra, y jamás los he visto levantar en sus garras, ni un
carnero siquiera. Parado el Cóndor, tendrá una altura, cuando más, de
cuatro pies, de la punta de la cabeza erguida al suelo. El macho es de
plumaje negro, con plumas de color plomo en las alas; tiene una gran
golilla de plumón blanco, alrededor del pescuezo, y toda la parte del pico
se halla cubierta de carúnculas carnosas, que le dan cierto aspecto feroz.
La hembra es de menor tamaño y de color plomo las alas y espalda, con
mezcla de plomo y negro en el pecho; no tiene golilla blanca y las
carúnculas son poco pronunciadas; pone dos huevos más grandes que los del
pavo, color blanquisco, con pintas cafés y amarillas, sobre unos pocos
palitos o yerbas secas, en lugar muy apartado. Los pichones se hallan
cubiertos de un abundante plumón color café con leche.
El naturalista José Monlan, en su obra sobre Zoología, publicada en
Barcelona, en 1874, y en la librería de Juan Bastinos e Hijos, asegura,
página 370, que el Cóndor sólo habita en las cordilleras más elevadas, y
que jamás baja a los llanos. El señor Monlan se ha equivocado
completamente: el Cóndor cabalmente es escaso en las cordilleras, y muy
abundante en las costas, como en las pampas de Tarapacá, Lomas de la
Costa, y, en especial, en nuestras playas, y en los puntos donde se hallan
situadas las Loberías marítimas. En las Cordilleras de los Andes, y que
corren a lo largo de nuestras costas, se hallan a veces, en los Andes del
Illampu e Illimani, [64] jamás los he visto. Contrayéndome ahora a la
controversia entre Anduvon y Waterton, diré lo siguiente, y creo que mis
palabras serán ratificadas por el testimonio de todos los que han manejado
oficinas salitreras en Tarapacá. En todas esas oficinas mueren muchas
mulas, ya sean de las oficinas mismas, o ya de los arrieros que conducen
el salitre elaborado en ellas, a los puertos de la costa. Esas oficinas,
como he tenido ocasión de exponer, son fabricadas en hoyadas; en ellas son
arrojadas, a alguna distancia, las mulas muertas, para que el olor de la
carroña no cause daño a la peonada. El excesivo calor en esos campos, muy
pronto produce rápida putrefacción en el animal muerto; y antes de
veinticuatro horas acuden al festín muchos Cóndores. El animal muerto no
ha podido ser distinguido ni desde el borde de la hoyada; en el espacio no
se distingue ni un solo Cóndor, cuando se ha arrojado el animal muerto al
campo, y, sin embargo, en pocas horas, acuden los Cóndores al festejo.
Para cerciorarme más, he hecho el ensayo siguiente: he hecho arrojar
a una angosta hoyada, de donde se había sacado caliche, una mula muerta,
cuya carola quedaba casi cubierta con los trozos de costra que la
rodeaban, y, sin embargo, han acudido los Cóndores a saciar su voracidad.
Era imposible distinguir la mula muerta a pequeña distancia; sólo la
excesiva efluvia de la carroña, diseminada por la atmósfera, ha podido
guiar al Cóndor al punto conveniente. El Cóndor se atraganta de carroña
hasta casi no poder volar; los peones argentinos, en la Soledad, los
atropellaban a caballo, y como para emprender el vuelo tenían que correr a
volapié a alguna distancia, los laceaban con facilidad. A mi juicio, pues,
Waterton ha tenido razón en sus asertos. [65]
Harán algo más de mil años, históricamente hablando, como si
dijésemos ayer, que los valerosos hijos de Suecia, Noruega y Dinamarca,
con sus bajeles infectaban y saqueaban las costas de las hoy pudientes
naciones de Europa. La Inglaterra fue conquistada por el rey Danés Canuto;
los Normandos (hombres del norte) se posesionaron del Norte de Francia o
Normandía; y más tarde la batalla de Hastings (1066) les dio la posesión
de esa Inglaterra, hoy tan poderosa nación. A mediados del siglo IX, ya
habían establecido colonias en Islandia, y en 986 Erie Rauda (el Rojo)
colonizó la tierra Sur de la Groenlandia, llamando su nueva posesión
Battalid. Siguieron nuevas colonias: se establecieron poblaciones en
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