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costra; y es operación delicada, pues mucha pólvora haría volar a
demasiada distancia los trozos de costra, y poca, rompería la costra sin
removerla lo suficiente. Según el número de barreteros, y según el grosor
de la costra, se preparan tantos tiros, y como cada tiro tiene su guía
especial, a las cinco de la tarde se prenden las guías, y en rápida
sucesión revientan las cargas de pólvora, rompiendo las costras y
removiendo sus destrozados pedazos. Al día siguiente, los mismos
barreteros, con gran cantidad de palancas de fierro, mueven los trozos de
costra y descubren el caliche, que muchas veces rompen con sus barretas,
pero que en otras tienen que emplear la pólvora, por hallarse muy
cristalizado el caliche, circunstancia que lo endurece mucho. El
Administrador de la Oficina, en atención a la dureza y grosor de la
costra, abona a los barreteros a tanto la carretada de caliche que
extrajeran; sistema racional, pues se abona al peón según su empeño y
contracción al trabajo. Cada cuadrilla de barreteros recibe de la Oficina
las herramientas y la pólvora necesarias para su diario trabajo, y con sus
esfuerzos y buena suerte, gana competente jornal. La pólvora cuesta en las
oficinas donde se elabora, como S. 2.80 centavos plata el quintal. El
caliche, en muchos casos, se halla en mantos, es decir, en grandes capas
tendidas sobre las rocas; en otros, se halla el caliche en trozos más o
menos grandes, pero aislados. En algunos puntos los depósitos de caliche
se parecen a anchas vetas perpendiculares de metal, pero lo general es que
sean mantos. Los barreteros, al caliche con color amarillo o anaranjado,
lo llaman «azufrado», otro con pintas [48] más o menos pronunciadas, color
chocolate, lo llaman achancacado y otro color blanco y liviano, muy
quebradizo, lo llaman fofo. Estos nombres o clasificaciones son muy
generales en las oficinas todas.
El caliche sacado de su depósito, es roto con combas en pedazos del
tamaño de una cabeza. En todas las oficinas hay un mayordomo, que a
caballo recorre las labores de los barreteros, y que con el mayor esmero
inspecciona los trabajos, e impide que los peones se lancen a extraer el
caliche, antes de haber removido o afianzado bien los trozos de costra,
que algunas veces quedan pendientes, pues los barreteros se dedican a
extraer el caliche, debajo de esos trozos de costra, sin las debidas
precauciones, y quedan aplastados debajo de los escombros. En la Soledad
tenía un chileno mayordomo de esas labores, hombre inteligente y muy
digno, y no faltaron desgracias por la excesiva incuria, y falta de
obedecer órdenes por parte de la peonada chilena, que es la que casi
exclusivamente hace el trabajo de la Pampa, por su mayor fuerza y denuedo.
Algunas oficinas contratan el caliche con cuadrillas particulares de
tres o cuatro barreteros y otros tantos peones. En algunos casos la
oficina da las herramientas, pólvora, etc., a la cuadrilla, a señalados
precios: en otros pocos, las cuadrillas se proporcionan todo, a mi ver, es
más ventajoso a las oficinas el trabajo por cuadrillas particulares, aún
cuando la explotación del terreno no se hace de un modo sistemático, sino
que trabajan sólo el territorio muy abundante de caliche, según los
ensayos que hacen, dejando lo demás abandonado.
El caliche se beneficia por paradas, o por oficinas de máquinas de
vapor. En las oficinas de paradas, el caliche es roto con combas de
fierro, en pedazos pequeños, del tamaño, poco más o menos, de un huevo de
gallina: es hervido en fondos de fierro de [49] diversos tamaños, según la
fortuna del industrial, de 4 a 5 pies de diámetro, por otros tantos de
profundidad, y se hace hervir con carbón de piedra, hasta que tenga el
cocimiento conveniente, es decir, hasta que el agua caliente haya disuelto
el salitre contenido en el caliche. El agua así saturada con salitre, se
hace correr a unas bateas donde se enfría, cristalizándose el salitre al
fondo de dichas bateas. Se dice que una oficina tiene tantas paradas,
cuantos fondos de fierro emplee en elaborar salitre, por el sistema que le
indico. La producción de cada fondo, siendo el caliche de una riqueza
salitrera media, es de cincuenta quintales de salitre al día.
Parece que como tres cuartas partes del salitre que se exporta de
Tarapacá, es elaborado por máquinas de vapor. Los ferrocarriles de Pisagua
a Negreiros, hasta donde se ha trabajado antes, y el de Iquique a la Palma
y Alto de la Soledad, han dado inmenso ensanche a la explotación del
salitre, proporcionando medios convenientes de trasporte, para las grandes
máquinas que se han plantificado. Hay máquinas que pueden elaborar hasta
2500 quintales al día como La Limeña: otras hasta 1500 quintales o 2000
quintales como San Jaan, Soledad, Solferino, etc. Sólo con máquinas tan
poderosas ha podido elevarse la explotación hasta 8000000 de quintales, en
un solo año. Esas máquinas son todas movidas por vapor; este poderoso
vapor elabora el salitre, mueve grandes bombas, que extraen de profundos
pozos el agua tan esencial, distribuyéndola en todas partes de la Oficina,
según sus necesidades; y produce la fuerza necesaria para los trabajos de
carpintería, herrería, fundiciones, etc., que existen y son tan necesarias
en cada Oficina.
El caliche extraído de las minas, es conducido en trozos a la
Oficina, y el punto de ella donde se halla situada la acendradera
(crusher). Algunas oficinas [50] no emplean la acendradera: hacen
desmenuzar los trozos de caliche con combas de fierro. La acendradera es
la mismo máquina que hemos visto, movida por vapor, rompiendo piedras en
esta plaza de Lima, y también en el camino del Callao. Los peones lanzan
en el hueco de la acendradera los trozos grandes de caliche: la
acendradera los tritura, y por medio de una especie de buzón cae el
caliche destrozado, en pequeños pedazos, a los carros que se hallan
colocados abajo. Llenados los carros convenientes, según la capacidad del
cachucho, el caliche destrozado es conducido por línea férrea, al costado
del citado cachucho, donde se deposita el caliche obtenido, por medio de
unas llaves, en el fondo de cada carro. Los cachuchos son fondos de
fierro, más o menos largos y profundos, según las ideas del propietario.
Los cachuchos de la Soledad tenían las dimensiones siguientes, y eran
formados de planchas de fierro de la mejor calidad:
30 pies de largo.
6 ídem de ancho.
6 ídem de profundidad.

En cada cachucho se depositan de 500 a 600 quintales de caliche
triturado, según su calidad, pues el caliche macizo tiene mucho más peso,
en menos volumen, que el llamado fofo. El cachucho tiene un piso falso,
formado de planchas de fierro, y cubierto dicho piso de agujeritos de
menos de dos líneas de diámetro. Por debajo de este piso falso, pasan
cañerías de fierro, que conducen el vapor caliente de los calderos a los
cachuchos: estas cañerías también están llenas de agujeritos más pequeños
que los del piso falso; estando del todo vacío el cachucho, se llena su
fondo de agua vieja hasta llegar al nivel del piso falso, el cual se halla
dividido por la mitad, en [51] toda su longitud. Sobre la sustancia
llamada agua vieja, después escribiré.
Encima del piso falso, se pone el caliche triturado en la forma que
ha indicado; se abren las llaves que conducen el vapor de los calderos, y
se da principio a la elaboración química, digamos, del caliche. Según los
grados de calor que tenga el vapor, hierve el agua vieja al fondo del
cachucho, con más o menos rapidez, deshaciendo el caliche, cuya masa
penetra violentamente: este hervor extrae el salitre contenido en el
caliche. Este hervor dura de una a dos horas, según el grado de calor del
vapor. El sobrestante de los cachuchos tiene un salímetro que es una
especie de tubo de fierro, que llenan del líquido; si en el salímetro se
grados 108 ó 110, paran la elaboración o el cocimiento, abren las
llaves convenientes, que tienen los cachuchos, y hacen correr el líquido
por medio de cañerías de fierro, a los chuyadores. Sobre el residuo de
caliche que queda en los cachuchos, se echa otra cantidad de agua vieja, y
se hace hervir nuevamente, removiendo el residuo del caliche con grandes
palancas de fierro, para que el agua vieja penetre al total de dicho
residuo. Esta nueva mezcla se hace hervir hasta que el salímetro señale 90
ó 92 grados; conseguido esto, se hace correr este líquido, como el

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