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siete pies, se encontraron capas de tierra vegetal color de ladrillo
subido; enseguida, arenas con restos marinos, piedras redondeadas, es
decir, arrastradas por corrientes de agua, y aun rocas con depósitos de
sal común. Desde las sesenta varas se ha comenzado a hallar humedad, y
luego las aguas filtradas han sido ya en tanta abundancia, que ha sido
preciso armar un torno para extraerlas. En un pozo inmediato al de San
Juan, de la pertenencia de don Juan Diles (apodo), de Hidalgo, al romper
una roca arenisca, que entorpecía el trabajo, sobrevino un torrente de
agua tan fuerte, que con dificultad pudieron los peones escaparse de ser
ahogados. Formado el pozo, se procedía a establecer la oficina, y a
fabricar la casa y almacenes, con trozos de chuca cuadrados, unidos con
barro, como si fuesen trozos de piedra de cantería.
Todos los establecimientos para elaborar salitres en alguna notable
cantidad, tienen poderosas máquinas [43] de vapor, con las cuales sacan el
agua de los pozos, más o menos profundos, según he indicado, trituran el
caliche en pedazos de tamaño corriente, para entrar a los cachuchos, y ser
allí beneficiados con el mismo vapor, para elevar las aguas viejas, que
serán objeto de posterior explicación, a las alturas convenientes, para
que sirvan a los nuevos beneficios, etc., etc.
En algunas oficinas pequeñas no existen máquinas de vapor, porque su
plantificación demandaría grandes desembolsos. En esas pequeñas oficinas
se emplea el sistema llamado de paradas; y se dice que tal oficina tiene
tantas paradas, cuantos fondos tiene de fierro para hacer hervir el
caliche, y elaborar el salitre en la forma que después explicaré.
Existe en la gran mayoría de los habitantes de Tarapaca, la idea de
que las aguas que en más o menos cantidad, y a diversas profundidades, que
se hallan en el territorio de la Provincia, provienen de las aguas del Río
Desaguadero, y como usted sabe, este río tiene su origen en la Laguna
Titicaca; y al lado Sur o extremo de la más pequeña de las tres lagunas,
que forman un total llamado Titicaca. De allí corre con dirección Sur
Este, hasta vaciar sus aguas en la Laguna llamada Poopo y también el
Choro, en cuyo centro existe la Isla, conocida con el nombre de Pansa. En
las inmediaciones de la población llamada Pampa Aullagas, situada a
orillas de la Laguna Poopo, pasan las aguas, debajo de un puente natural
de gran extensión de largo, y vuelven a salir a la superficie en las
inmediaciones del pueblecito llamado Lusí; de allí corren las aguas rumbo
Oeste, hasta perderse en la lagunita llamada Copaiza; y allí se ve que
todas las aguas se sumergen en la tierra, para no salir más a la
superficie. La circunstancia, pues, de ser todo el territorio alrededor de
Poopo y Copaiza, esencialmente salino y salitroso, y de perderse [44] una
cantidad considerable de aguas en esos puntos, ha hecho concebir esa idea,
a mi juicio, completamente errónea o infundada. Yo creo que las aguas de
la Pampa del Tamarugal, y que en tanta abundancia se hallan en las
oficinas, tienen su origen en las lluvias de las cordilleras, que
comienzan, por lo general, en Noviembre, y siguen su estación, a veces,
hasta Abril.
En Enero de 1877 fueron tan copiosas las lluvias en la cordillera,
que por la Quebrada de Tarapacá y otras inmediatas, bajaron verdaderos
ríos a la Pampa del Tamarugal, cortaron las comunicaciones, y pusieron en
inminente peligro la existencia de algunas oficinas inmediatas a la Pampa,
como la Carolina del señor don Fernando López, y la Dolores del señor
Cobos.
En la Laguna de Copaiza no sólo entran las aguas del Desaguadero,
sino también las abundantes del Río Lauca, que corre de los altos del
Valle de Azapa (Valle de Arica); las del Río Cosapa y las del Río
Choquecota, en cuyas orillas han existido trabajos de minas de oro. Varias
veces se ha proyectado el conducir las aguas del Río Lauca al Valle de
Azapa, cuyos maravillosos terrenos son tan feraces. Algún día, gozando
esos pueblos de la bienhechora paz, podrán llevar adelante tan benéfica
empresa. ¿Quién sabe si la Sociedad Minera Lipez, que pretende llevar la
línea férrea de Arica a Oruro, acometa tan magna obra, llenando a esos
pueblos de inmensos bienes y llenando sus cajas de positivas y perdurables
riquezas?
Al recordar el Río Lauca, se me viene a la memoria un precioso
animalito que abunda en esos páramos; me refiero a la chinchilla, tan
buscada por su piel. En el Perú, desde las cabeceras del río Tambo,
Departamento de Arequipa, hasta los campos de Calama, la chinchilla es
abundante, y su piel es de la clase más fina. [45]
Más al Sur no escasea la chinchilla, pero es mucho menos fina. La
chinchilla es un animalito del tamaño de un conejo de Castilla, pero he
visto una que era mucho más grande que un gato.
El cuero de esta enorme chinchilla, la presenté a la señora Elvira
Derteano de Krüger. Es muy buscada por su piel y su carne, que es igual a
la de la gallina: blanca, tierna y sabrosa. Abunda en esas cordilleras, y
es perseguida en sus agujeros por el hurón, animal que se introduce por
las más pequeñas aberturas. El hurón, de la familia Mustela, se encuentra
en todas nuestras cordilleras: los indios han logrado domesticarlo; y les
sirve para la caza de la chinchilla, y también de la viscacha. Mi señor
padre tenía muchas relaciones con la indiada de las Provincias de Carangas
y Lipez; y era el gran exportador de cueros de chinchilla por el puerto de
Arica; hubo año en que exportó más de tres mil docenas de cueros. Hoy han
escaseado muchísimo las chinchillas, por la gran caza que de ellas han
hecho los naturales.
La chinchilla es de la familia muy rara conocida con el nombre de
Yerboidae, y división laniger. Por lo general tiene diez a doce pulgadas
de largo desde la punta de la nariz a la raíz de la cola: ésta se halla
cubierta de cerdas, y es de largo como de seis pulgadas. El color de la
chinchilla es plomo, con mucha lana blanca hacia la barriga. Son
consideradas como de mejor calidad las que tienen el lomo de color plomo
subido y aun negro. El pelo es tan fino como la seda. La chinchilla tiene
las orejas redondas como la O; se mantiene con yerbas de la cordillera, y
es muy viva y recelosa. Vive siempre en parajes muy fríos de los Andes.
Los terrenos calicheros, por lo general en estos campos, se hallan
cubiertos de chuca, que ya he dicho, los cubre con una capa, desde una
vara hasta [46] tres de espesor. Algunos creen que esa chuca o costra, ha
sobrevenido como mazamorra, arrojada por los volcanes, como en otros
puntos lo han sido las lavas y traquitas; otros creen, que en épocas en
que esos campos se han hallado sumergidos bajo el nivel de los mares, esa
sustancia (la chuca), ha sido lentamente depositada, en lo que era
entonces fondo del mar. La chuca contiene notables cantidades de cal,
yeso, arena, etc.; es de color ceniciento en la superficie, color blanco
en el interior, con muestras de formación cristalina como el mármol. Mi
opinión es que esas sustancias, en estado líquido, han corrido de las
altísimas Cordilleras en épocas muy lejanas, y en forma de mazamorra o
lloclla, y cuando en esos puntos llovía con gran violencia. Esta opinión,
derivada del examen prolijo que he hecho del terreno, se halla, en mi
humilde juicio, comprobada por la abundancia, de rocas redondeadas, de
conglomerado, de arena, etc., que se encuentran mezclados en la chuca o
costra. Esta opinión se halla corroborada por los restos de pájaros,
huano, sustancias marinas, conchas, y el hombre mismo, cuya momia existe
en mi poder, que han sido cubiertos por esas mazamorras líquidas, en esas
tan remotas épocas.
Descubierto el terreno con caliche, por los cateadores, establecida
la maquinaria, y puesto corriente el pozo de agua: establecidas las
oficinas convenientes, se da principio al trabajo rompiendo la costra, y
poniendo en estado de explotación el caliche. Sobre la costra se hacen,
con barretas bien acerados, agujeros redondos, como de veinticinco
pulgadas de diámetro, hasta perforar el total grosor de la costra, y
encontrar la tierra vegetal, que cubre el caliche en pequeñas cantidades.
Alcanzada la tierra, se hace bajar un muchacho, por el agujero, al fondo;
éste, por medio de capachos de cuero, hace sacar alguna cantidad [47] de
tierra, y en el hueco o taza, deposita tanta pólvora cuanta sea precisa,
según el grosor de la costra, para romperla y volarla. La cantidad de
pólvora la indica el capataz de la punta de barreteros, que han roto la

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