Модесто Басадре-и-Чокано. Перуанские богатства. Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas


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Модесто Басадре-и-Чокано. "Перуанские богатства"
Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas

Модесто Басадре-и-Чокано. "Перуанские богатства"

Riquezas peruanas: colección de artículos descriptivos escritos para «La
Tribuna»
Modesto Basadre y Chocano

Prólogo
Las montañas del Perú, que tras de los Andes se dilatan en extensión
inmensa, son, por su abundante y variada riqueza, objeto de importantísimo
estudio, y a las que ha debido consagrarse una constante y particular
atención.
Las pampas de Tarapacá, emporios de cuantiosa riqueza, han debido,
también, atraer las miradas y el interés de nuestros compatriotas y de los
hombres de empresa.
Aquellas montañas y esas pampas serán, un día, fuentes copiosas en
donde irán a formarse ingentes fortunas: sólo se necesita, para que de una
vez comiencen a serlo, que el trabajo inteligente y perseverante se
acerque a ellas; sólo es preciso dar los primeros pasos, hacer los
primeros esfuerzos, para que los resultados sean tales que sucesivamente
vayan disminuyendo la fatiga, y haciendo más poderosa y fecunda la acción.
Dominados por estas ideas, y sabedores de que el señor don Modesto
Basadre había hecho estudios especiales en esas regiones, le pedimos su
importante cooperación, suministrándonos los datos que hubiese podido
reunir en sus penosas exploraciones por aquellas comarcas. Este caballero,
lejos de excusarse, ha correspondido espléndidamente a nuestro pedido,
redactando para La Tribuna los artículos que, después de publicados los
días sábados, reunimos hoy en un volumen, que damos en obsequio a aquellos
de los suscritores que la han favorecido desde que volvió a ver la luz
pública hasta el mes de octubre último.
En esos artículos traza el señor Basadre el camino que han de seguir
los que, con buena voluntad y constancia, se propongan [IV] explotar esos
grandes veneros de riqueza, los mismos que pueden aprovechar de la lección
que, adquirida por el autor de sus viajes, la ofrece en sus artículos, y
sacar la inmensa utilidad que de ella puede reportarse.
Desgraciados acontecimientos han cegado el manantial donde tomaban
entre nosotros origen la fortuna pública y la privada; pero publicaciones
como la que hemos coleccionado, demuestran que mucho tenemos en qué apoyar
gratas esperanzas; y, porque encontramos en esos datos los elementos del
porvenir del Perú, de un porvenir próximo y brillante, nos apresuramos a
presentarlos reunidos en un volumen, a nuestros compatriotas, y como
estímulo, también, al capital extranjero, para el que tiene el Perú, en
ese espléndido banquete de las grandes fortunas, un lugar de preferencia.
La colección que presentamos, no es un libro de aventuras, ni un
romance que halague la imaginación de un lector que busca sólo distraerse;
son relaciones de lugares en que la Naturaleza ostenta toda su belleza y
sus hermosas joyas, y que redactadas con una mira práctica, tienden a lo
real y positivo, a la adquisición de lo útil para todos. El autor no ha
tenido más propósito que narrar con exactitud y verdad, todo lo que ha
visto, tocado, examinado y estudiado; y al dar cuenta de sus
observaciones, las relata en el mismo orden y con la misma naturalidad con
que fueron hechas. No se ha cuidado de figuras retóricas, sino sólo de
exponer con claridad y sencillez los hechos y las cosas; circunstancias
que dan a su narración el mérito peculiar de esa clase de trabajos, a
saber: una expresión al alcance de todas las inteligencias, y un sello de
verdad, buena fe y patriotismo, que no puedo menos que producir en el
ánimo del lector, un profundo convencimiento de que lo que se relata es lo
que en efecto existe.
Si como es de esperar de la benevolencia y de la laboriosidad del
señor Basadre, La Tribuna sigue siendo favorecida por sus estudios, ella,
a su vez, hará, como ahora, cuanto esté a su alcance, para que duren más
que las pasajeras hojas de un diario. [1]

El hombre primitivo
El puerto de Ilo se hallaba situado en la embocadura del río, que
riega el fértil valle de Moquegua, con sus renombrados viñedos. La
hacienda de los Cornejos de Ite, se hallaba situada en la embocadura, al
lado Sur del río, que riega el valle de Locumba. Tanto el pueblo de Ilo,
cuanto la hacienda de Ite, fueron inundados por las impetuosas olas del
mar, el día 13 de Agosto de 1868, día memorable por el gran terremoto, que
arruinó todas las poblaciones del Sur de la República. Ambos territorios
no son hoy día, sino vastos y desolados campos cubiertos de arena y
cascajo. De Ilo a Ite, es decir, entre las embocaduras de ambos ríos,
habrá una distancia de catorce a quince leguas; camino carretero y llano,
antes frecuentado por millares de burros, que conducían los productos de
Arequipa y valle de Tambo a los convenientes mercados de Tacna y Arica.
Hoy ese camino se halla desierto y completamente abandonado. Los
comerciantes de Arequipa, los hacendados de Tambo, ya no llevan por esa
ruta sus harinas, alfeñiques, mieles, etc. Las harinas de Chile, los
azúcares del [2] norte del Perú, han destruido ese tráfico: los vapores
han reemplazado a los burros en el carguío de esas mercancías.
El camino del valle de Tambo desemboca a la costa sobre la Caleta de
Cocotea; y, desde esa caleta se extiende la vasta pampa que conduce a la
pampa de Silicate, lindante con el río de Locumba, llamado Ite en ese
punto. Esas pampas, viniendo del Norte al Sur, se hallan limitadas a la
derecha por las orillas del mar, a la izquierda por lomas, más o menos
elevadas. En un punto llamado Icuy, se eleva el majestuoso cerro conocido
en el país con el nombre de Puyte; desde el mar y a gran distancia se
puede distinguir ese cerro, tiene de alto más de tres mil pies. En su
mole, hacia la cumbre, se hallan gran número de vetas de cobre, antes
elaboradas, hoy abandonadas y casi desconocidas. La cumbre del cerro se
halla cubierta de escaso pasto, pero sí de muchísimas plantas del cactus
giganteus, algunos de la altura de diez y doce varas. Sobre sus abundantes
ramales, por siglos han anidado las águilas y halcones, muy abundantes en
ese punto. El arisco y veloz huanaco también abunda en esas alturas, y
muchas veces es perseguido por galgos, cuya velocidad de carrera es
conocida. En días más felices, cuando el valle de Locumba era habitado por
muchas familias de fortuna; cuando los Cornejos, Chocanos, Yañez, Vargas,
Zeballos, etc. eran propietarios pudientes y acomodados, salían de las
haciendas de Sitana, Locumba, Camiara, etc. partidas alegres y con
numeroso séquito, a la caza del huanaco o del venado: esos campos, esas
haciendas son hoy un desierto, una desolación. La guerra ha llevado allí
el incendio, la degollación de sus pacíficos moradores, su ruina, su
exterminio. Donde antes reinaba la alegría, donde se oía el canto y el
sonido de la guitarra y flauta, hoy no se oye sino el graznido del cuervo,
el lamento de la lechuza: [3] apartemos la vista de tan tristes cuadros.
Marchando de Ilo hacia el Sur, he dicho que a la izquierda se hallan las
pampas limitadas por las Lomas. Estas alturas, en los meses de Junio a
Diciembre, se hallan cubiertas de verde y abundante pasto, regadas por las
leves lluvias, llamadas garúas. Como en los campos de Piura, dos o tres
aguaceros abundantes, hacen brotar allí excelentes pastos e innumerables
flores de colores vivísimos, de especial fragancia. El año 1824 los pastos
eran más altos que un hombre a caballo: lo mismo sucedió en 1831; y el año
1846 sucedió lo mismo en los cerros de Talamolle. Los cerros de esas lomas
en varios puntos, se hallan cubiertos de plantas, allí casi de árboles, de
hielotropo, cuyas fragantes flores embalsaman gratamente la atmósfera. En
muchas de esas quebraditas corren límpidos arroyuelos, que más abajo
riegan los olivares, de que haré mención después. El temperamento, en esas
comarcas es de lo más delicioso y templado: allí no se conocen ni los
extremos del calor, ni los del frío. En las lomas nadie se enferma: todo
es vida y placer.
Siendo joven conocí en Tacna a don Mariano Dávila: este anciano
entonces me aseguró varias veces que mi tío abuelo don José Manuel
Cornejo, cuando Dávila era joven, es decir por el año de 1780, tenía la
costumbre de introducir sus ganados a las lomas de Talamolle, en el mes de
Mayo; hoy las circunstancias climatéricas, de las costas del Perú, han

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