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Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание. Fray Reginaldo de Lizárraga. Descripción colonial (libro primero)


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Es pueblo de contratación, por ser el puerto para la ciudad de Quito, y por se hacer en él muchos y muy buenos navíos, y por las sierras de agua que tiene en las montañas el río arriba, de donde se lleva a la ciudad de Los Reyes mucha y muy buena madera. Tiene dos o tres excelencias notables: la primera, la carne de puerco es aquí saludable, las aves bonísimas, y sobre todo el agua del río, particularmente la que se trae de Guayaquil el Viejo, que es donde se pobló este pueblo; van por ella en balsas grandes, en una marea, y vuelven en otra; dicen esta agua corre por cima de la zarzaparrilla, yerba o bejuco notísimo en todo el mundo por sus buenos efectos para el mal francés, o bubas por otro nombre, las cuales se verán aquí mejor que en parte de todo el orbe, y sana muy en breve los pacientes, dejándoles la sangre purificada como si no hobieran sido tocados desta enfermedad, con sólo tomarla por el orden que allí se les manda guardar; empero si no se guardan por lo menos seis meses, tornan a recaer; yo vi un hombre gafo en un valle distrito de Quito, llamado Ríopampa, que no podía comer con sus manos, y lo pusieron en una hamaca para lo llevar a que se curase en este pueblo, y dentro de seis meses le vi en Los Reyes tan gordo y tan sano como si no hobiera tenido enfermedad alguna, y otros he visto volver sanísimos; suficiente excelencia para contrapeso de las plagas referidas. No se da trigo en este pueblo, mas dase maíz muy blanco, y el pan que dél se hace es mejor y más sabroso que el de nuestro trigo; danse muchas naranjas y limas, y frutas de la tierra en cantidad, buenas y sabrosas, y la mejor de todas ellas son las llamadas badeas por nosotros; son tan grandes como melones, la cáscara verde, la carne, digamos, blanca, no de mal sabor; por dentro tiene unos granillos poco menores que garbanzos, con un caldillo que lo uno y lo otro comido sabe a uvas moscateles las más finas; es regalada comida.
Por este río arriba se sube en balsas para ir a la ciudad de Quito, que dista deste pueblo sesenta leguas, en la sierra y tierra fría, las veinticinco por el río arriba, las demás por tierra.
Al verano se sube en cuatro o cinco días; al ivierno en ocho cuando en menos tiempo, porque se rodea mucho: déjase la madre del río y declinando sobre la mano derecha a las sábanas, que son unos llanos muy grandes llenos de carrizo, pero anegados del agua que sale de la madre del río, llévanse las balsas con botadores, porque el agua está embalsada y no corre; es cierto que si la tierra no fuera tan cálida y llena de mosquitos, causara mucha recreación navegar por estas sabanas.
En ellas hay algunos pedazos de tierras altas que son como islas, donde los indios tienen sus poblaciones con abundancia de comidas y mantenimientos de los que son naturales a sus tierras: mucha caza de venados y puercos de monte, que tienen el ombligo en el espinazo; pavas, que son unas aves negras grandes, crestas coloradas y no malas al gusto; hay también en estas islas tigres no poco dañosos a los indios, y es cosa de admiración: en estas sabanas hay muchas casas, o barbacoas, por mejor decir, puestas en cuatro cañas de las grandes, en cuadro, tan gruesas como un muslo y muy altas, hincadas en el suelo; tienen su escalera angosta, por donde suben a la barbacoa o cañizo donde tienen su cama y un toldillo para guarecerse de los mosquitos; aquí duermen por miedo de los tigres; muchos destos indios están toda la noche en peso sin dormir, tocando una flautilla, aunque la música, para nosotros a lo menos, no es muy suave; estas barbacoas no sustentan más que una persona.
Todo este río, a lo menos en la madre que yo vi, es abundante de caimanes o lagartos, que son los cocodrilos del río Nilo, muy grandes, de veinte y cinco pies en largo, y dende abajo, conforme a la edad que tienen; encima del agua no parecen sino vigas, y son tantos, que muchas veces vi a los indios que reinaban y guiaban las balsas darles de palos con los botadores para que los dejasen pasar.
Y pues habemos venido a tractar destos lagartos o caimanes, será justo decir sus propiedades, las cuales he yo visto. Tienen la misma figura que un lagarto, pero tan largos como acabo de decir; son velocísimos en el agua, duermen en tierra, y en ella son perezosísimos, y esto es necesario, por ser de cuerpos tan grandes y de barriga anchos; los pies y manos cortos; el sueño es pesadísimo, porque lo que subcedió con uno destos en Panamá, e yo lo vi muerto en la playa, pasó así: que una mañana de San Juan se salieron tres mujeres enamoradas, las cuales vi en aquella ciudad, con sus hombres a lavarse al río, que es pequeño, y cerca del pueblo; el tiempo es caluroso y de aguas, por ser el ivierno, aunque por San Juan suelen cesar por algunos días, y así se llama el veranillo de San Juan; llegaron al río y en una poza se entraron a bañar, en la cual se había, un caimán quedado, que con avenida se subió de la mar por el río arriba, y como cesó la avenida no pudo volverse a la mar, donde hay muchos; en este arroyo no se crían. El caimán estaba durmiendo en tierra; bañáronse estas mujeres, y saliendo una a enjugarse, pareciéndole peña el caimán dormido, sentose encima dél una, y saliendo la otra llamola convidándola con la peña tan blanda; salió la tercera y convidándola sentose más hacia la cola, donde los caimanes tienen unas conchas agudas, y como se espinase con ellas, dijo: ¡Oh! qué espinosa peña, y tentando con la mano, no era aún de día, levantola cola del caimán, y conosciéndolo dio voces: ¡caimán, caimán! las demás levántanse no poco alborotadas; llamaron a sus hombres, que se habían apartado un poco río abajo; a las voces acudieron y con sus espadas mataron al caimán antes que entrase en el agua.
El mismo día por la mañana, le trajeron negros arrastrando a la ciudad, y lo pusieron en la playa, donde todo el pueblo lo fue a ver; conoscí e traté a uno de los que iban con estas mujeres que se halló presente, llamado Bracamonte, de quien y de otros oí lo referido; tenía de largo 18 pies.
Vi también en esta misma ciudad otro caimán muerto en el portete della, a donde los navíos pequeños y fragatas con la marea entran y con ella salen, que unos negros de un vecino de aquella ciudad, llamado Cazalla, viniendo de una isla de su amo a este portete con la creciente de la marea, acaso le hallaron, que se había quedado en la menguante precedente en la lama (aquí en esta playa de Panamá crece y mengua la mar tres leguas, y todo este espacio es lama); echáronle un lazo y muerto le trujeron por la popa de la fragata; este caimán era muy grande: tenía de largo 22 pies; yo le vi medir, vile desollar, y del buche le sacaron muchas piedras, que me parece habría tres copas de sombrero de los comunes, unas mayores y otras menores, y las mayores tan grandes como huevo de gallina; es cierto comen piedras y con el calor del buche las digieren; estaban lisas, y por algunas partes gastadas; vi también que debajo de los brazos, séame lícito decir, del sobaco, le sacaron unas bolsillas llenas de un olor que no parecía sino almizcle; esto curan al sol y huele como el mismo almizcle; entonces llegó del Perú un hombre rico llamado Bozmediano, y la piel deste animal le dieron; decía lo había, de llevar a España y ponerlo en Santiago de Galicia.
No tienen lengua, sino una paletilla pequeña con que cubren y abren el tragadero, por lo cual debajo del agua no pueden comer; tienen los dientes por una parte acutísimos, por la otra encajan unos en otros; hecha presa no la sueltan hasta que la han despedazado.
Es cosa graciosa verlos cazar gaviotas, pájaros bobos y cuervos marinos y otras aves; cuando éstas se abaten de arriba abajo a pescar, velas venir el caimán, y por debajo del agua va a donde la pobre ave da consigo en el agua, y veniendo con tanta velocidad no puede declinar la caída, como el caballo en medio de la carrera; entonces el caimán antes que llegue al agua abre la boca, y pensando el ave dar en el agua, da en la boca del caimán, y pensando cazar la sardina o otro pece es cazada, y el caimán, la cabeza fuera del agua levantada, trágase la gaviota o cuervo marino. El buche desta bestia es calidísimo; aprovéchanse dél, bebido en polvos, contra el dolor de la ijada; son amicísimos de perros y caballos, y por esto la balsa donde van la siguen muchas leguas.
Cuando están cebados y encarnizados en carne humana son muy dañosos, y hacen el daño desta manera: para hacer la presa en el indio o negro que lava en el río, o coge agua, vienen muy ocultamente por debajo della, y viéndola suya, vuelven con una velocidad extraña la cola, y dan con ella un zapatazo en el indio o negro; cae el indio en el agua, al cual al instante le echan mano con la boca, de donde pueden; llévanlo al río o mar adelante hasta que lo ahogan, y sacándolo a tierra se lo comen.
Destos caimanes hay mucha cantidad en otros ríos, así desta costa como de Tierra Firme y México, como el temple sea caluroso; en ésta del Pirú no pasan del gran río de Motape adelante.

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