El otro vicio en que es necesario poner remedio, así en los Llanos como en la Sierra y en los Llanos (y que verná tarde), es en las borracheras. Estas han consumido los indios de los valles, de los Llanos, y consumirán los pocos que han quedado, y los de la Sierra no menos se acabarán. Hacen los unos y los otros una chicha o bebida, llamada sora, de maíz talludo; echan al maíz en unas ollas grandes en remojo, y cuando comienza a entallecer sácanlo, pónenlo al sol, y después hacen su bebida. Es calidísima la bebida que deste maíz hacen en extremo, y muy fuerte; abrásales las entrañas, e para que más presto les emborrache, si tienen vino, mézclanlo con ella, añaden fuego a fuego, y mueren muchos. Esta chicha y el vino ha consumido los indios de los Llanos, en particular los de la ciudad de Los Reyes para arriba, y aun para abajo; testigo ocular es el valle de Chincha, donde tractando dél dijimos sustentaba 30000 indios tributarios; el día de hoy no tiene seiscientos. El de Ica va siguiendo los pasos de su vecino, y el de la Nasca los de ambos, y viendo las justicias el menoscabo de los indios no lo han querido remediar con castigarlo; este castigo es del gobierno de los Visorreyes, por lo cual Su Majestad ha perdido sus vasallos y tributos, y la tierra sus habitadores, sólo por gobernarlos como a nosotros; no digo se gobiernen con la crueldad del Inga, ¿qué cristiano, y menos qué religioso ha de decir tal? sino con castigo que temieran emborracharse, y se enmendaran; bien sé que don Francisco de Toledo, en sus Ordenanzas, pone castigo para los borrachos; faltan los ejecutores. El daño es evidente, porque si donde había 30000 indios tributarios no hay seiscientos, en tan breve tiempo, ¿por qué no se había de poner ley rigurosa contra este vicio? Bien sé que en Flandes y Alemaña, y en otros reinos, se emborrachan, y en nuestra España dicen se multiplican; pero no se mueren por las borracheras a manadas como estos, ni la tierra se despuebla. Si Flandes y Alemaña, por las borracheras, se despoblara, porque los borrachos se morían, el señor de aquellos reinos ¿no estaba obligado, so graves penas, prohibir y castigar las borracheras? ¿Quién dubda? Pues ¿por qué acá no se había de hacer lo mismo? Acuérdome que en la ciudad de La Plata, tractando esto con un Oidor de Su Majestad, me dijo: Mire, padre, no hay ley que al borracho castigue por solo borracho, si no es darle por infame. Es verdad, pero cuando un reino o provincia se despuebla por las borracheras, ¿por qué no se añidirán penas, para que se enmiende tan mal vicio de donde tantos proceden? Pues la tierra sin habitadores y el reino sin vasallos, ¿qué vale? Aquel rey y reino es más tenido que más poderoso es en vasallos, y la riqueza destos reinos, en que los naturales se conserven y augmenten consiste. De los demás vicios no quiero tractar, porque no es de mi intento; baste decir las calidades desta servil gente, para que conforme a ellas se les den las leyes que les convienen.
Capítulo CXV
El azogue consume muchos indios
El asiento de las minas de azogue de Guancavilca ha consumido y consume muchos indios tributarios; si no se me cree, véanse los repartimientos más cercanos de los Angareyes, y pregúntenselo a este valle de Jauja; la causa es labrar las minas por socavón, porque como no tenga respiradero el humo del metal, al que los quiebra lo azoga, asentándoseles en el pecho, y como no curan al pobre indio azogado, viene, cumplida su mita, a su tierra, donde ni tienen quien lo cure ni remedio; el azogue hásele asentado y arraigado en el pecho; con grandes dolores del cuerpo muere, y ninguno viene así enfermo que dentro de pocos meses no muera; unos viven más que otros, pero cual o cual llega a un año. Cuando se labraban (que fue al principio) sin socavón, ningún indio enfermaba, iban y venían los indios contentos; agora, como mueren tantos, dificultosamente quieren ir allá. Escrebimos y avisamos a los que lo pueden remediar; empero no se nos responde, y desto no más, porque, tractando de Guancavilca, no sé si dijimos más de lo que se querría oír.
Lo que he tractado de las calidades y condiciones de los indios es verdad, y es lo común; si alguno se hallare sin ellas, será cisne negro; por lo cual lo que dejamos escripto no puede padecer calumnia.
Capítulo CXVI
Cómo se crían los hijos de los españoles que nacen en este reino
Habiendo dicho la razón por qué los naturales se consumen, estamos obligados a decir si los hijos de los nuestros se multiplican, y cómo se crían; multiplicarse los hijos de los españoles no es necesario probarlo, porque las escuelas de los muchachos en todos los pueblos son bastantes testigos. Pero críanse o críanlos sus padres muy mal, con demasiado regalo, y no ha nacido el muchacho, cuando ya le tienen hechos los griguiescos, monteras, etc., y lo llevan a la iglesia, cuando lo van a baptizar, en fuentes de plata grandes; un abuso jamás oído, digno de ser prohibido. Nacido el pobre muchacho, lo entregan a una india o negra, borracha, que le críe, sucia, mentirosa, con las demás buenas inclinaciones que habemos dicho, y críase, ya grandecillo, con indiezuelos, ¿cuál ha de salir este muchacho? sacará las inclinaciones que mamó en la leche, y hará lo que hace aquel con quien pace, como cada día lo experimentamos41. El que mama leche mentirosa, mentiroso; el que borracha, borracho; el que ladrona, ladrón, etc., y si de Cayo Calígula vemos haber salido cruelísimo, porque su ama, cuando le criaba, untaba los pezones de la teta con sangre humana, ¿qué diremos en estas partes? Tito, hijo de Vespaciano, se crió enfermo porque su ama era enfermiza. Pues va que así los crían las amas negras, o indias, después de cinco años para adelante, ¿críanlos con el rigor que es justo para que lo malo que mamaron en la leche pierdan? No por cierto; con todas sus ruines inclinaciones los dejan salir, por lo cual, viendo el descuido de los padres en criar sus hijos he dicho a alguno: Señor, ¿por qué no crías a vuestros hijos con el rigor y disciplina que os criaron vuestros padres? ¿es mejor que vos? Pero en esto pueden tanto las madres, que no consienten castiguen a los hijos. Acuérdome que en los sermones que el Ilustrísimo de Los Reyes, fray Jerónimo de Loaisa, predicaba, cuotidianamente reprehendía a los vecinos de Lima la mala crianza de sus hijos, el regalo con que los criaban, y amas que les daban, los vestidos e compañías, ¿para qué buscan a los hijos de los príncipes y reyes, los médicos, amas de buenas costumbres y buena leche? Luego algo va en esto, y porque no quiero cansar al prudente lector, le ruego lea el segundo libro del Teatro del mundo, donde verá los inconvenientes irremediables que de las malas costumbres de las amas han subcedido, y ganado los niños, y cuánta ventaja en este particular hacen los animales a los hombres, porque no consienten otros que ellos críen sus hijos. Pues aunque me den con una higa en los ojos de las que dicen hay en Roma, si los que gobiernan este nuevo mundo mandasen, y con mucho rigor y pena, y la ejecutasen en los maridos, que a ningún mero español criase negra ni india, otras costumbres esperaríamos; y desto no más, no se conjure todo el reino contra nos. De las costumbres de los nacidos de españoles e indias (que llamamos mestizos) o por otro nombre montañeses, no hay para qué gastar tiempo en ello.
FIN DEL LIBRO PRIMERO
Descripción colonial (libro primero)
por Fr. Reginaldo de Lizárraga




(23 votes, average: 3.74 out of 5)














Post a Comment