Media legua de Porco, sobre mano derecha, pasa el camino Real de Potosí a Arica, que son cien leguas tiradas (como dijimos) llanas, muy frías y de algunos arenales no muy pesados para caballos, empero para carneros de la tierra, cuando van cargados, son lo mucho, y para las recuas de mulas, por lo cual las recuas de carneros que llevan el azogue a Potosí desde Arica, y las mercaderías, los que llamamos balumen, vino, hierro, jabón, etc., a las nueve del día han de tener su jornada hecha, que es de tres leguas, comenzando a caminar a las tres, antes que amanesca, y aun antes, porque en toda la Sierra, con ser en partes inhabitable por el mucho frío, y lo más deste camino lo es, desde las nueve del día hasta las cuatro de la tarde son los calores del sol muy crecidos, tanto y más abrasan que en los Llanos y valles calientes; es muy trabajoso este camino por la destemplanza del frío, y no haber en tres o cuatro jornadas tambos donde albergarse, sino unos paredones mal puestos; e ya que comenzamos a abajar para Arica lo es mucho, porque veinte leguas que hay desde donde se comienza a bajar por una quebrada abajo, llamada de Contreras, en quince leguas no hay gota de agua; aquí es donde los carneros de la tierra, de carga, corren riesgo y se quedan muchos muertos, y en echándose el carnero en esta quebrada, no hay sino descargarle y dejarle; allí se muere de hambre y sed; si comieran arena, y no bebieran en ocho días, muy gordos salieran; ver en toda esta quebrada tanta osamenta de carneros es lástima, por lo que pierden los señores de los carneros (y este es el mejor camino) por lo cual llevan para las cargas la mitad más de los necesarios; subidos a la sierra, no tienen ese riesgo, porque ni pastos ni agua les falta, y en llegando el carnero a la jornada suya, no le harán pasar adelante cuantos aran y cavan. Las recuas de mulas en mediodía y una noche concluyen con estas quince leguas. El subir a la Sierra a los unos y a los otros es más dificultoso, y por Potosí lo allana. A tres o cuatro jornadas de Potosí se toma el camino para las minas que llaman de las Salinas, que ha pocos años se descubrieron; mas como no hacen ruido, no hay que tractar dellas.
Capítulo CXII
De la calidad y costumbres de los indios destos reinos
Habiendo tractado con la brevedad que prometimos de las ciudades, caminos y otras cosas particulares tocantes a los españoles, ya es tiempo tractemos de las condiciones destos indios. Lo primero que tienen, y es el fundamento de las malas o buenas costumbres morales, es un ánimo el más vil y bajo que se ha visto ni hallado en nación alguna; parece realmente son de su naturaleza para servir; a los negros esclavos reconocen superioridad; llámanlos señores, con saber son comprados y vendidos, y lo que les mandan obedecen muy mejor que lo mandado por nosotros. Es gente cobarde, si la hay en el mundo, de donde les viene lo que a todos los cobardes, son cruelísimos cuando ven la suya o son vencedores. No quieren ser tractados sino con rigor y aspereza, porque en tractando bien a un indio, aunque se haya criado en casa desde niño como hijo, dicen que de puro miedo lo hacemos, y por eso no nos atrevemos a castigarlos.
En tractándolos mal sirven con gran diligencia. Cuando tienen necesidad de nosotros, en cualquiera que se vean, o de enfermedad, o de hambre, o de otras semejantes, con grandes humildades y subjectiones piden nuestro favor; pero si estamos en ella y con palabras mansas y amorosas les pedimos nos socorran, hacen burla de nosotros mofando y escarneciendo, y aunque sea su amo, que le haya criado, si se ve en peligro de muerte, en río, caída de caballo, o en otro peligro de muerte, se pone a mirarlo sin socorrerlo, pudiendo, y se ríe de buena gana; la gente más ingrata que hay en lo descubierto, al bien que se le ha hecho o hace; por lo cual sólo por amor de Dios les hacemos bien, que dellos esperar gratitud es en vano. La nación más sin honra que se ha visto; no la conoce ni sabe qué cosa es, pues es más mentirosa que se puede imaginar; de donde les viene no temer levantar falsos testimonios, que los levantan gravísimos, y como no se les castiga por ellos, quédanse en su mala costumbre; que unos indios a otros los levanten, no es tanto el daño, ni pierden honra (como dicen), ni casamiento; mas levántanlos a los religiosos, a clérigos, a españoles, tan sin asco, como si en ellos no fuese nada, y cuando se averigua la falsedad, los que los habían de castigar dicen son indios, y mientras no se averigua padece el pobre fraile o clérigo. Pero lo que más me admira es que todos cuantos vivimos en estas partes, conociendo la facilidad déstos en mentir y levantar falsos testimonios dígannos mal déste o de aquél, le creemos; esta falta es nuestra, y en los gobernadores nuestros la hay, porque confesando que es así, cuando vamos a volver delante dellos por la fama y honra del clérigo o religioso, dice el Virrey: conozco su facilidad en mentir; pero ya que dicen tantas cosas, en algo deben38 decir verdad; algo hay; háseme respondido así a mí propio por un Virrey destos reinos, haciéndole demostración de muchos y graves testimonios falsos que a un religioso nuestro habían levantado. Jurar falso no lo tienen en más de cuanto se les da una taza de vino, o un mate de chicha, y cuando los reprehendemos, ¿cómo juraste en falso? la excusa es, y responden: díjome un amigo, o mi vecino, o mi curaca (que es lo más común) que lo hiciese, sin más sentimiento; pues volver la fama, ni desdecirse, no se hable en eso.
Para mentir y en un instante forjar la mentira, los más fáciles son que hay hombres en el mando, grandes y pequeños, mayores y menores; es cosa admirable cuán en el pico de la lengua tienen las mentiras. No parece sino que muchos días han estudiado y imaginado: esto me han de preguntar y esta mentira tengo de responder, y tan sin vergüenza, como si dijesen mucha verdad; ellos no han de tractar verdad, y nosotros no les habemos de mentir, y ojalá en algunos acá nacidos de los nuestros no se hallase este vicio. No es afrenta entre ellos decirle mientes, ni ellos decir a otro lo mismo. Alábanse mucho que mintieron al padre que los doctrina, o engañaron, y lo propio es que mintieron al español con quien tractan, y hacen gran plato désto, y como no tienen color en el rostro, por lo cual, demudándose, conoscamos si mienten o engañan, mienten tan disimuladamente, que parece es todo verdad lo que afirman, y con unos ademanes o afectos que nos hacen creerlo; también se alaban si dejaron algún español (habiéndole pagado su trabajo) en medio de un despoblado o enmedio de la nieve, sin camino; hay muchas partes donde no se puede caminar sin guía, y en estos caminos dejan al pobre caminante a la luna de Paita; borrachos, es nunca acabar tractar desto.
Si han de comenzar viaje, aunque sea de pocas leguas, primero se han de emborrachar; si vuelven, lo primero es emborracharse; dicen que se emborrachan porque si se muriesen en el camino, o donde van, ya se morirán habiéndose emborrachado, y cuando vuelven se emborrachan porque no se murieron y volvieron con salud a sus tierras, o casas; así me lo han dicho; borrachos, tractan muy mal a sus mujeres, y son deshonestos con sus hermanas y aun madres, y cuando están borrachos entonces hablan nuestra legua, y se preguntan, ¿cuándo los cristianos nos habemos de volver a nuestra patria? y ¿por qué no nos echan de la tierra? pues son más que nosotros, y ¿cuándo se ha de acabar el Ave María? que es decir cuándo no les habemos de compeler a venir a la doctrina. Porque en la semana dos días juntamos al pueblo para enseñársela y predicarles, a lo cual vienen por fuerza los más; finalmente, su Dios es su vientre y la chicha, y no hay más mundo.




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