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Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание. Fray Reginaldo de Lizárraga. Descripción colonial (libro primero)


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Perdíanse los hombres a remate; conocí quien en ella había perdido más de 100000 pesos; otros a 80000, otros a menos, conforme a las veces que la hacían, lo cual por ser largo de referir, y ser más de escuelas que de relaciones breves, no se tractará más dello. Solamente esto se ha dicho para comprobar que es necesario tener los provinciales en este pueblo hombres doctos, por las muchas contractaciones usurarias que en él se tractan y se inventan, con muy poco temor de Nuestro Señor y menos de sus conciencias, por las cuales debemos, conforme a nuestro estado, mirar y alumbrarlas.

Capítulo CV
De las cofradías

Las cofradías de Potosí son muchas y muy bien servidas, con mucha cera, y casi todas tienen sus veinticuatros, los cuales en las fiestas señaladas que cada una tiene se han de hallar, en vísperas y misa mayor, con un cirio que les da la cofradía, y aquel día confiesan y comulgan. La del Sanctísimo Sacramento es una de las bien servidas de cera del mundo, y la del Rosario y Juramentos, en nuestra casa, así lo son las demás, porque son ricas, y aunque la cera cuotidianamente vale a 150 pesos el quintal, y dende arriba, no se disminuye el servicio della.

Es pueblo donde se hacen muchas y grandes limosnas; yo me hallé una Cuaresma en él y me certificaron algunos mayordomos que, tractando entre sí lo que se habría juntado de limosna para ellas, pasaban de cinco mil pesos en la Semana Sancta. La procesión de la Soledad, fundada en nuestra Señora de la Merced, se celebra con tanta solemnidad que no llega la celebración de Los Reyes a ella, con ser solemnísima, pues la cera que sale en la procesión el día del Sanctísimo Sacramento parece increíble; los indios en sus cofradías van imitando a los españoles: tienen sus veinticuatros y gastan mucha cera.
Cuando algún veinticuatro muere, los demás le han de acompañar de todas cuantas cofradías fuere veinticuatro; acaesce ser de tres o cuatro, y todos le acompañan con sus hachas o cirios; suelen ser más de ciento, que es cosa de ver, porque aunque se llaman veinticuatros, el número no es sólo de veinticuatro, sino de cincuenta y más; finalmente, Potosí, podremos decir es España, , Francia, Flandes, Venecia, México, China, porque de todas estas partes le viene lo mejor de sus mercaderías. De las naciones extranjeras hay muchos hombres, que si no los hobiera no perdiera nada el reino, y quien no ha visto a Potosí no ha visto las Indias, por más que haya visto, como habemos dicho.

Capítulo CVI
De la destemplanza de Potosí

Con tener todo esto bueno, no deja de tener un alguacil y contrario, como las demás ciudades y provincias, porque al tiempo de las aguas, y en particular a la entrada y salida del ivierno, son muchas las tempestades de truenos, rayos, pedriscos y nieves, desde Diciembre hasta Abril, y en el verano el viento que decimos llamarse tomahavi, por venir de un cerro alto así llamado, suele venir con tanta furia, que en aquellos días que corre no hay sino cerrar puertas y ventanas y no salir a la plaza.
Este viento levanta (lo que no hacen los demás) cuantas plumas, lana, cabellos, pajas y otras cosas livianas que hay por las plazas y calles, y cubre el pueblo de una niebla que parece se puede palpar, y aquellos días está frío, que no se puede vivir sino tras los tizones. Oí decir allí a una señora discreta, que cuando corrían, estos tomahaviis, y salía de su casa a oír misa en los días forzosos, a la vuelta traía un fieltro dentro en el pecho, por el polvo, lana y cabellos que le hacía tragar Tomahavi, mal que le pesase; con todo esto, la cobdicia de la plata y diligencia para adquirirla y sacarle hace en estos días trabajar y pasear las calles a los hombres.

Capítulo CVII
De la provincia de los chichas y lipes

Desde este pueblo de Potosí, declinando un poco al Oriente, se entra en la provincia de los chichas, a dos jornadas andadas, los cuales son indios bien dispuestos, belicosos; su tierra, rica de oro y plata, sino que no la quieren descubrir. Llega esta provincia hasta el último pueblo dellos, y de la juridición del reino del Perú, llamado Talina, cincuenta leguas buenas de Potosí, el camino no malo, y los valles donde están los indios poblados, de moderado temple, con abundancia de mantenimientos y ganados, así de la tierra como de los nuestros; a cuya mano derecha queda la provincia de los lipes, no de muchos indios, muy fría y destemplada, donde no se da maíz; en lo demás de poca fama, si no es por las piedras medicinales que della se traen, que yo he visto y en todo el reino se usan: la una de color azul, con la cual se curan cualesquier llagas viejas con no poca mordacidad, con la cual las castra y en breve sanan; las otras son para la ijada aprobadas, unas de color de aceite y otras (estas son las mejores) de color de carne de membrillo; digo ser aprobadas porque yo comenzaba a ser enfermo della, y de cuatro años a esta parte, gracias a Nuestro Señor, que traigo dos conmigo cosidas en un jubón, una un lado y otra a otro de la ijada, la una de la una color y la otra de la otra, no he sentido cosa de pesadumbre; la de color de carne de membrillo dicen los lapidarios ser contra ijada, riñones y para estancar flujo de sangre. No dejan fraguar piedra; deshácenla, y deshecha se lanza por la orina; experiencia cierta.

Capítulo CVIII
Del valle Tarija

Quince leguas a la mano izquierda de Talina, declinando más al Oriente, entramos en el gran valle de Tarija (no le he visto, pero lo que dél dijere selo de hombres fidedignos que han vivido en él), ancho y espacioso, abundante de todas comidas nuestras y de la tierra, y de ganados de los nuestros, donde se dan viñas y buen vino con las demás fructas españolas; los años pasados, deben ser más de 45, fue poblado de estancias de ganados nuestros; la más principal era del capitán Juan Ortiz de Zárate, que después fue Adelantado, del Río de la Plata, de quien habemos de tractar en breve, donde tenía copia de ganado vacuno.
Los indios chiriguanas, creo en las guerras civiles contra el tirano Francisco Hernández, viendo la poca gente de los nuestros, y sin armas, dieron en ellos, mataron algunos, otros huyeron y se salvaron, de los cuales conocí dos o tres; los chiriguanas se apoderaron del valle, a lo menos quedaron libres de los nuestros que en aquella frontera vivían; dejose allí el ganado vacuno, que en grande abundancia se multiplicó, vuelto silvestre y bravo, y como acá llamamos cimarrón. Visitando este reino el Visorrey don Francisco de Toledo, y llegando a la ciudad de La Plata, sabida la calidad del valle, y la importancia de ser poblado, para el freno por aquella parte de los chiriguanas, que por allí hacían no poco daño a los chichas, y aún les pagaban tributo, nombró por corregidor para edificar allí un pueblo de españoles al capitán Luis de Fuentes, con el cual fue alguna gente con sus armas y caballos, y un religioso nuestro, llamado fray Francisco Sedeño, predicador y fraile esencial, por cura y vicario de los españoles, con licencia del padre fray García de Toledo, que a la sazón era provincial, y comisión de la sede vacante, porque clérigo ninguno quiso ir; llevaba también orden de nuestro provincial para edificar convento, lo cual hizo; llegaron sin dificultad, aunque entonces era un poco peligroso el camino, pero tuviéronla en la población, por tener a los chiriguanas muy cerca que los molestaban, mas fueron poca parte; hicieron sus casas fuertes en el lugar más cómodo que hallaron, y en menos de treinta años ha crecido tanto, que hay en él hombres cuyas haciendas valen más de 30000 pesos, y si tuviera indios de servicio, hobiera crecido más.
Fueles de mucha ayuda el ganado, porque como desamparado y sin dueño lo mataban y se sustentaban dél, y agora no hay poco, pero más arredrado, huyendo de las mechas de los arcabuces, que de muy lejos las huelen. Primero se mandó por pregones que los señores de aquel ganado lo sacasen dentro de tanto tiempo, so pena darlo por desamparado; mas como no hobiese, o no pareciese dueño, y aunque pareciera y trujera el ejército del Turco no lo pudiera sacar, declarose o diose por cimarrón desamparado; agora no hay vecino que no tenga, cual más, cual menos, manso y corralero, no de aquello, sino de otro manso que han llevado, y no les falta ovejuno y porcuno; de Potosí vienen a comprarles lo que tienen, y si no, ellos lo llevan; en el valle menor fundaron otro pueblo, de buenas aguas y sábalos con otros géneros de peces; es abundante de víboras y sabandijas ponzoñosas, como los demás valles de los Charcas, empero ellas huirán de los españoles o se acabarán. Cae en tierras de la provincia de los chichas. El Inga, cuando era señor desta tierra, tenía aquí guarnición de gente de guerra contra estos Chiriguanas, los cuales, entrando los nuestros en este reino, la dejaron y se volvieron a sus tierras.
Hállanse en este valle a la ribera y barrancas del río sepulturas de gigantes, muchos huesos, cabezas y muelas, que si no se ve, no se puede creer cuán grandes eran; cómo se acabasen ignórase, porque como estos indios no tengan escripturas, la memoria de cosas raras y notables fácilmente se pierde.

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