El viento con que más cotidianamente fundían era con el Sur, que dijimos llamarse Tomahaví. Proveyó Dios en aquel tiempo deste viento, que casi no faltaba en todo el año, y cuando descansaba algunos días, luego se hacían procesiones por viento, como por falta de aguas cuando se detienen. Cesaron totalmente las guairas desde que se comenzó el beneficio del azogue, que fue en el segundo año del gobierno de don Francisco de Toledo.
Capítulo CII
Las vueltas que ha dado Potosí
Agora treinta años ya casi Potosí estaba para totalmente perder todo su crédito, si nuestro Señor no proveyera de que se acertase a sacar plata con azogue. Es así, que si en esta sazón llegara un hombre con 200000 pesos, comprara todas las minas del cerro; las costas muchas, los metales pobres, las minas muy hondas, no parecía se podía sustentar. Empero luego el año adelante se descubre el beneficio del azogue, y torna a revivir de tal manera, que en estos treinta años es casi innumerable la plata que dél ha salido, y pasó así: que muchos años antes, más de diez, llegaron allí unos extranjeros con azogue, desesperados de salir con su intento, y en este tiempo el que las tenía, como por cosa deshechada, las tornó a moler y fundir, y sacó plata de donde los otros no atinaron a sacar un grano, que parece prodigio. Después de hallado este beneficio, y usado muchos años, como los metales fuesen bajando en ley, ya los señores de las minas no se podían sustentar; el ingenio del hombre dando y tomando, vino un beneficiador a mezclar escoria de los herreros molida con el metal; fundiolo, saliole bien, donde infirió: si la escoria es provechosa, mejor lo será el hierro; da en deshacer el hierro, y con el agua del hierro deshecho incorporó el metal: saliole con más ley y sacó más plata. Pues para deshacer este hierro ¿qué remedio? Eran necesarias muelas de piedra como de barbero, más anchas que altas y de grano más grueso; provee Dios junto a los mismos ingenios tanta piedra désta, que algunos ingenios no a media legua, otros a una, y el que más lejos no la tiene a dos leguas; estas piedras andan con el movimiento del ingenio grande, en el cual debajo de la piedra ponen una artesa bien estanque, con agua, de donde la muela coja agua dando vuelta, y encima de la piedra se pone la plancha del hierro, la cual se va gastando como se gasta el cuchillo en la muela del barbero; de cuando en cuando se requiere verla para que siempre esté encima de la muela; con cada cajón de cincuenta quintales de metal molido y encorporado con azogue se mesclan diez libras de agua, y si a estos cincuenta quintales echan menos, no sacan nada, si más, pierden el agua más que echan, porque se saca más plata que si echasen las diez libras. Lo necesario a cincuenta quintales es diez libras de agua. En todos los ingenios tienen sus vasos de madera, en que al justo caben diez libras de agua; con estos las sacan de la artesa donde cae la agua en que se deshace el hierro. Este beneficio es el frecuentado y cierto; algunos han procurado descubrir otros, mas sáleles al revés, y si no al revés, no hay quien los siga. En todo este tiempo me hallé en la ciudad de La Plata, que es casi como vivir en Potosí, porque lo malo o bueno que sucede en aquella villa, luego se publica en La Plata, por la frecuencia de los que van y vienen.
Capítulo CIII
De la abundancia de que goza Potosí
Goza Potosí (a lo menos gozaba) de las mejores mercaderías, paños, sedas, lienzos, vinos y de las demás, de todo lo descubierto de las Indias, porque como en España se cargase lo mejor para la ciudad de Los Reyes, de allí la flor se llevaba a Potosí.
Agora no es así, porque como sea tierra de acarreto, y las mercaderías, que sean buenas que sean malas, se hayan de gastar, no se tiene tanta cuenta como los años pasados. Es pueblo muy abundante de mantenimientos, porque de Cochabamba, que dista dél cincuenta leguas, le llevan el trigo, harinas, tocinos, manteca, y de la ciudad de La Plata, todas las fructas nuestras y mucho trigo e maíz, y de la costa de más de cien leguas el pescado casi salpreso, porque agora cuatro años se obligaron tres o cuatro de dar pescado salpreso en Potosí, con condición que otro que ellos no lo pudiese meter, señalándoles la villa el precio, y salieron con ello; tenían en paradas caballos con que lo llevaban; si agora lo hacen, no lo sé. Finalmente, todos los pueblos que se han poblado y se pueblan de españoles en aquella provincia de los Charcas, podemos decir que Potosí los puebla, porque con la confianza de llevarle lo que tienen de labranza y crianza, anima a los españoles a meterse en las montañas de los chiriguanas, y fundar pueblos en valles calorosísimos, llenos de las plagas referidas, y todo lo allana Potosí.
El pueblo tiene sus plazas donde se venden las cosas necesarias, en cada plaza la suya; la plaza del maíz en grano, la de la harina, la de la leña, la del carbón, la del alcacer y la del metal, y plaza donde se vende el estiércol de los carneros de la tierra, el cual me certificaron se compraba y se vendía cada año en cantidad de 10000 pesos y más. Pues ¿qué diremos de la de la coca? La plaza principal es muy bien proveída, donde casi todo el año se hallan uvas, las demás fructas, camuesas, manzanas, membrillos, duraznos, melones, naranjas y limas, granadas a su tiempo en cantidad, y hase introducido que no pierde el más estirado nada de su opinión en entrar donde estas cosas se venden, que es una calle larga en la misma plaza junto a la iglesia mayor, hecha por los indios que traen estas cosas, y escoger el propio lo que más gusto le da y enviarlo a su casa; no se repara en la plata. Pues en el mismo cerro hay sus plazas con todas estas cosas, y vino y pan, hasta en la misma coronilla del cerro, que llevan los indios donde lo venden así a indios como a españoles.
Capítulo CIV
De las perroquias de Potosí
Si no me engaño, deben ser las perroquias de Potosí de ocho a diez, las cuales dividió don Francisco de Toledo, siendo Virrey, cada una con 500 indios tributarios para servicio del pueblo, mejor diré del cerro, que todos con hijos e mujeres llegan a 30000 indios, y ninguno hay, si quiere trabajar, que no gane plata; hasta los niños de seis a siete años, a mascar maíz para hacer levadura para chicha, la ganan; multiplícanse aquí los niños de los indios que es admiración; de los españoles, cual o cual nace, y esos contrechos y luego se mueren. Vanse las españolas a un valle caliente, doce leguas de Potosí, a donde se quedan con sus hijos tres y cuatro meses, hasta que ya el niño tiene un poco de fuerza, aunque como el temple se ha moderado un poco, ya comienzan a nacer y a criar, mas son raros.
La iglesia mayor es buena, de adobe y teja, y de una nave, rica de ornamentos y de servicio de plata para el altar, y de aquella suerte son las demás iglesias de los monasterios de todas Órdenes, ricos de ornamento y plata para el culto divino; susténtanse en cada convento dominicos e franciscos, augustinos, teatinos, de ocho a diez religiosos, unas veces más, otras menos, porque es temple desesperado, a lo menos, desde mayo hasta agosto, y no todos pueden vivir en él, sino los que son recios de complexión o temperamento; en el de la Merced es donde siempre hay menos.
Tiene buenas carnes y buen agua si la traen de una fuente que llaman de Castilla.
Es pueblo de mucha contractación, y una de las mayores es la coca, que del Cuzco le viene cada año al pie de 60000 cestos, y si hay logreros en el mundo, creo son los coqueros, porque según el tiempo a que fían, así acrecientan el precio, y puesto que se les predique, es cantar a los sordos.
Las Órdenes habían de tener aquí uno o dos de los más doctos dellas, por las muchas e malas contractaciones que se hacen. En esto han ganado mucha tierra con todas ellas los padres de la Compañía, que han tenido y tienen varones doctos que alumbren a los contractantes. Aquí se hacía una contractación que llamaban de los aseguros de los metales, aprobada por el Audiencia y por dos teólogos, uno augustino, otro teatino de la Compañía, tres coronistas y juristas, que era usura clara, sino que no se había entendido bien; fue Nuestro Señor servido que yendo yo a Chile, con su favor, contra todo el torrente del pueblo y letrados, se declaró la verdad della; costome mucho trabajo; animome mucho a tomarlo el Reverendísimo del Paraguay, que a la sazón allí estaba, fray Alonso Guerra, de nuestra Orden, que la tenía por mala; finalmente, de ocho años a esta parte no se ha tractado más della, como si no se hobiere hecho; a Nuestro Señor las gracias, de quien todo bien procede. Los religiosos de mi Orden no la aprobaron, ni los de San Francisco; uno de los juristas que la aprobó, convencido, dijo que ¡ojalá y cuando la firmé tuviera manca o quemada la mano!




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