Volviendo al valle de Mizque, y prosiguiendo el camino, a diez leguas andadas llegamos al río Grande, que corre por un valle desaprovechadísimo, si no es para víboras, tigres y osos; caluroso y sombrío respeto de la mucha montaña de una parte y otra, y los árboles infructíferos, silvestres, los más espinosos. Aquí no habitan sino las creaturas dichas, y no pocos mosquitos. Al tiempo de las aguas, es el río muy grande; no se puede vadear, y al de la seca es necesario saber bien el vado. Por el riesgo de los que se ahogaban y por ser camino muy pasajero, el marqués de Cañete, de buena memoria, el viejo, mandó se hiciese una puente, y para ello se cortó mucha madera, juntose mucha piedra, hízose gran cantidad de cahices de cal, sogas, maromas, acequia para desaguar el río; todo se perdió, por respecto de un religioso, no de mi Orden, y así se quedó y se quedará por muchos años. La puente no puede ser más que de un ojo, y éste, según lo afirmaba el artífice, había de ser de más de sesenta pasos. Luego se siguen otros valles angostos, empero fértiles de maíz en las laderas, y en los altos de trigo, donde jamás entraron indios ni en ellos poblaron; era montaña cerrada, llena de los animales que habemos dicho. Los españoles, acabadas las guerras civiles, como no tenían en qué ocuparse, se metieron, desmontaron, araron y cavaron, hicieron sus chácaras, donde de Potosí les vienen a comprar las comidas; siémbrase aquí el maíz con ceniza; en haciendo el hoyo para echar los granos y echándose en él, luego otro indio anda con una taleguilla de ceniza derramándola a la redonda y dentro, por que las hormigas no coman el grano; llegando a la ceniza no pasan adelante, y nacido el maíz no llegan a la hoja. Así en este valle como en otros tres que hay de aquí a la ciudad de La Plata, las aguas son muy gruesas y salobres, y en todas hay las plagas referidas, con pedriscos a su tiempo; danse también en estos valles algunas viñas y fructas de las nuestras. A una parte dellos viven algunos indios llamados Moyos, barbarísimos en extremo, y holgazanes más bárbaros que los de la laguna de Chacuito; estos comen cuantas sabandijas hay; culebras, sapo, perros, aunque estén hediendo, y si pueden haber a las manos los potranquillos, no los perdonan, y como tengan un sapo para comer aquel día, luego se tienden de barriga en el suelo. No creo se ha descubierto, ni hay en este Perú, gente más bárbara. Críanse en estos valles cedros altísimos, gruesísimos.
Capítulo XCVI
De la ciudad de La Plata
La ciudad de La Plata fue uno de los ricos pueblos del Perú, y los vecinos della fueron de los más aventajados de todo este reino; aquí fue vecino el general Hinojosa, el general Diego Centeno, el general Lorenzo de Aldana, don Pedro de Portugal, Gómez de Solís, el general Pablo de Meneses, licenciado Polo y otros muchos capitanes y valerosos varones, de todos los cuales ya no hay memoria, si no es de cual o cual; fueron todos a una mano riquísimos por las minas que tomaron en Potosí, las cuales entonces acudían a muchos marcos por quintal; su población es en unas lomas llanas no mucho, pero como las requiere la tierra donde llueve. Es cabeza de obispado y muy rico. Agora cuatro años que estuve en ella, estaban los diezmos solamente del districto de la ciudad y algunos pueblos recién poblados de españoles hacia las montañas de los Chiriguanas, en 76000 pesos ensayados, y el año pasado en 82000 sin los diezmos de la ciudad de La Paz y provincia de Chucuito; los cuales todos juntos pasan de 100000 pesos; tiene el señor Obispo, de su cuarta de la mesa episcopal, 25000 pesos, sin lo que le viene de la cuarta funeral, que yo seguro no le falta mucho para 40000 pesos, que no es mal bocado para un pobre clérigo o fraile. Agora 28 años no llegaba la renta del obispo a 7000 pesos, siéndolo nuestro religioso el reverendísimo fray Domingo de Sancto Tomás, porque nunca tal cuarta pidió, ni las cosas se habían subido tanto; después vinieron clérigos a ser obispos, deseados por los clérigos del obispado, los cuales, cuando vino la nueva y poderes para tomar la posesión por el reverendísimo don Fernando de Santillán, haciendo grandes regocijos de noche a caballo y con hachas y repiques de campanas, decían: capillas fuera, capillas fuera; empero, sucedioles como a las ranas; entablaron estos señores obispos la cuarta episcopal, y agora lloran las capillas pasadas y reniegan de sus deseos, y más viéndolos cumplidos.
Es cosa de admiración ver lo presto que los prebendados hinchen las cajas de plata. La iglesia catedral es de bóveda y de una nave bien labrada; es rica de ornamentos, y bien servida en lo que toca a los oficios divinos, con mucha música. Sustenta seis monasterios: uno nuestro, otro de San Francisco, otro de San Augustín, otro de la Merced, otro de Teatinos y uno de monjas subjectas a los padres Augustinos; ninguno hay acabado; el nuestro estuviera en muy buen puesto si se hiciera en él una iglesia moderada, mas quisieron hacerla de tres naves, mayor que la nuestra de Los Reyes, y en hacer y deshacer han gastado priores poco discretos muchos millares de plata.
El monasterio de San Francisco es el que tiene más edificado; la iglesia es cómoda, de una nave, cubierta toda a dos aguas con madera de cedro. En entrando en ella huele muy bien. Los padres augustinos van edificando el convento; la iglesia dejan para la postre. Los materiales para cal son bonísimos, y la piedra para de mampuesto muy cerca del pueblo. Reside aquí Audiencia Real, necesarísima para los pleitos de Potosí, y más para la quietud de la tierra. No tiene río; tiene un manantial a la parte del Sur, de donde se trujo una fuente a la plaza, bien labrada, y para algunas casas se les repartió agua. El temple es bueno, porque en todo el año no hace tanto frío, que sea necesario llegarse al brasero, de donde se vino a decir que esta ciudad excedía a las demás deste reino en templo, temple, fuente y puente, y cascas, etc. La puente se hizo en un río, legua y media de la ciudad, camino de Potosí, muy bien labraba, de un solo un ojo. Está en altura de veinte grados; corren aquí casi todos los vientos; el más cuotidiano es el Oriente; cuando alcanza el Sur en junio y julio, a quien llamamos Tomahavi, se cubre la, tierra de una niebla, pero dura pocos días, cuando llega a ocho es lo sumo, y entonces es desabrido.
Temblores de tierra, por maravilla alcanzan en esta ciudad; viviendo yo en nuestro convento, en ella, pasó uno que en nuestra casa, y dende arriba, no se sintió, y el convento de San Francisco, tres cuadras más abajo, se sintió mucho; era hora de misa mayor, y había gente en la iglesia, y toda salió huyendo unos en otros tropezando. El año pasado de 60234 sucedió otro que hizo daño en toda la ciudad, particularmente en el convento de San Francisco derribó el campanario, el coro y en la iglesia mayor hizo mucho más daño. En la nuestra muy poco, y así en las casas que están de la plaza para arriba, los temblores han hecho poco; de la plaza para abajo se ha recebido mayor. He dicho esta particularidad porque muy de tarde en tarde suele suceder temblor alguno.
Empero, es toda esta provincia tan combatida, a la entrada de las aguas, y salida de truenos, rayos y pedriscos, que parece temblar los cielos, No sé si hay en el mundo provincia más combatida destas cosas. Diré un dicho discreto del gobernador Castro; visitando el Audiencia una noche (y en las noches son las tempestades mayores) sucedió una tormenta tal; el huésped de la casa donde posaba, a la mañana vínole a ver, y díjole: Poco habrá vuestra señoría dormido esta noche, por los muchos truenos; respondió: ¿Truenos? Uno he oído. El huésped dice: Bien ha dormido vuestra señoría, pues sólo uno oyó; respondió el presidente: No quiero decir eso, sino que toda esta noche ha sido un trueno; y dijo discretísimamente porque comienza uno, y al tercio otro, y luego otro, y así alcanzándose los unos a los otros no parece sino todo un trueno.
Los rayos son muy frecuentes que hacen daño y si no fuera por salir de mi intento dijera cosas raras que han sucedido en el tiempo que viví en ella. Llueve poco en toda esta provincia. Es grande y poco poblada de indios. Comienzan las aguas a mediado diciembre, y por abril han cesado. Si el cielo fuera más lluvioso se pudiera comparar con todas las provincias fértiles del mundo. En toda ella no hay casi cosa de riego, si no es en cual o cual valle a la redonda de la ciudad; juncto a las casas se siembra trigo, cebada, maíz.




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