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Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание. Fray Reginaldo de Lizárraga. Descripción colonial (libro primero)


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De Tapacari hay dos jornadas al gran valle y ancho llamado Cochabamba, que quiere decir tanto como valle cenagoso, porque todo está lleno de ciénagas, si no son a las faldas de los cerros, que por la una parte son muy altos y nevados; en estas faldas se da mucho maíz y trigo y aun algunas parras, frutas de las nuestras todas, y árboles, y en medio dél hay algunos altozanillos donde se da lo mismo. Es este valle, el sustento de Potosí, de trigo, maíz, tocinos, manteca, habrá 34 años se pobló un pueblo de españoles en él que va en mucho augmento, cuyos vecinos, algunos son ricos de plata, pero de ganados nuestros, casi todos. Hay en este valle dos repartimientos de indios y muy buenos. Aquí tenía su repartimiento el licenciado Polo, con una cría de famosos caballos caminadores y aun corredores: ya se ha perdido después que murió; su hijo no tiene tanto cuidado como su padre. Es templado el valle, pero tiene una plaga irremediable, ya la hay desde Tapacari en toda esta provincia de Los Charcas, que desde Taquiri comienza y no cesa en todo Tucumán, y llega hasta los primeros pueblos de , y es unas cucarachas llamadas acá hitas, tan grandes como las medianas de los navíos de la mar del Norte, de aquella color, con alas; mas diferéncianse, que, éstas tienen un agujón casi invisible con que pican, y tan delicadamente que no se siente, de noche después de apagada la lumbre; empero dende a dos días se levanta una roncha como una haba, con tanta comezón, que no se puede sufrir, hasta que una poquita de agua que allí se cría la echamos fuera, y luego se descansa; mas al que no tiene buena encarnadura se le hace una llaga que da pesadumbre; tienen miedo a la lumbre, mas apagada o bajan por las paredes o del techo se dejan caer a peso sobre el rostro o cabeza del que duerme. Las que bajan, pican en las piernas; las que se dejan caer, en la cabeza y rostro. No pican a ninguna persona que de suyo sea melancólica, o que tenga mal olor de cuerpo, o pies, con ser ellas de muy mal olor; helo visto por experiencia; son torpes de pies por los tener largos y delgados, y llena la barriga con la sangre que han chupado, no pueden andar. También se crían chinches pequeñas como las de España. Críanse en todos estos valles muchas víboras de las de cascabel, de que habemos tratado, y en los altos, con otras pequeñas como las de España, y otras que se abalanzan tanto como una lanza a picar; en las montañas y árboles se suben otras, y de allí se arrojan a picar a los caminantes; estas dicen ser áspides. Todas las picaduras destas víboras son irremediables si luego no se les acude con el remedio que ya dijimos y enseñamos; otro se me olvidó poner allí: cúrase con una raicilla de que hay abundancia en esta provincia, junto a la ciudad de La Plata; ésta es delgada como el dedo, negrilla, huele como higuera; dase en polvos poca cantidad, súdase con ella, y hase de tener dieta; llamámosla en estas partes contrayerba.

Capítulo XCIII
De los valles y pueblos desde Cliza a Misque

De Cochabamba a Pocona ponen quince leguas, en medio del cual cae el valle de Cliza, muy ancho, de más de cuatro leguas, y de largo más de ocho; vice aquí Eolo con todos los vientos (si nos es lícito hablar como los poetas), porque al verano son incomportables, por cuya razón el trigo deste valle es bonísimo y de lo mejor del mundo, y el maíz es lo mismo; no tiene agua, que si tuviera abundancia della era suficiente él sólo a dar trigo e maíz a Potosí, de donde dista más de cuatro leguas, y aun a todo el Collao.
El río que sale de Cochabamba, y divide estos dos valles, no es provechoso para sacar acequias, porque corre casi al fin dél. Diré lo que hay por muy cierto, que sucedió en este río a un soldado (así llamamos a los solteros que no tienen casa conocida): el pobre había jugado y perdido lo poco que tenía en una chácara deste valle, e ya que anochecía, medio desesperado, tomó su camino para Cochabamba; llegando a este rió ya a media noche, hallole de avenida; no tiene puente; no se atrevió a vadearle, y apeándose del caballo buscaba por donde pasar; no hallando, dijo: ¿No hobiera algún diablo que me pasara? No lo dijo a sordas, y Nuestro Señor, que le quiso castigar, arrebátanle y pásanle de la otra parte por medio del agua, y tórnanle a pasar; desta manera lo llevaban y traían de una parte a otra, hasta que finalmente lo dejaron bien mojado de la otra parte del río, donde halló su caballo. El miserable, medio muerto y no poco temeroso, tomó su caballo y siguió su camino hasta Cochabamba, una legua poco más, donde contó en una posada lo sucedido; otro día confesó, y después vivió pocos días. Esto oí a personas que conocieron a este soldado, y lo nombraban; cuando lo oí dijo tenía intención de escrebir esto y así no encomendé a la memoria el nombre. A la ribera de un arroyo que tiene este espacioso valle viven algunos españoles en sus chácaras, donde fuera de las sementeras tienen algunas viñuelas, más para uvas que para vino, con algunos árboles de los nuestros, membrillos, manzanas y duraznos. Cuando descubrimos el valle parece estar lleno de indios que lo labran, y son unos hormigueros tan altos casi como un estado. Críase en él mucho ganado ovejuno, muy sabroso por la que nace en tierra salitral, y el agua es salobre.
No faltan aquí víboras de toda suerte, y en las casas muchas hitas. El temple del pueblo Pocona, siete leguas más adelante, es muy frío, por estar más alto. Hay en él 3000 indios tributarios; doctrínanlos padres de San Francisco y es guardianato; son indios trasplantados deste valle de Jauja; trasplantolos el Inga; a los cuales llamamos mitimas; son indios muy ricos, así por los ganados como por la coca que sacan de tierra caliente, llamada los Andes de Pocona, y aunque es enferma, no tanto como los Andes del Cuzco. Es fértil de las sabandijas que dijimos haber en los demás Andes. Críanse allí osos muy grandes, que trastornan las mujeres, y ellas viéndoles, ninguna resistencia hacen; hay terribles tigres, y ha sucedido llegar un tigre a la casa donde dormían muchos indios, y de enmedio dellos, si había alguno no baptizado, llevárselo en las uñas sin hacer daño a los baptizados; esto no es fábula.
A ocho leguas de aquí entramos en el valle de Mizque, antes de llegar a él pasamos por dos vallecillos pequeños, pero de muchos cedros finísimos, donde hay algunas chácaras de españoles; hay viñas en las cuales se coge bonísimo vino, y el agua donde se dan los cedros es tal; parece que no sufre el cedro regarse con agua gruesa.
Mizque es valle ancho, con dos ríos, uno mayor que otro; el mayor lleva sábalos grandes y buenos; en él hay un pueblo de indios; es abundante este valle de viñas y vino muy bueno, y frutas de las nuestras y hortaliza; pero lo que mejor se da son cardos, que por no espantar los oídos de los que leyeren estos borrones, no quiero decir cuán grandes los he visto; es abundante de víboras como los demás, y de hormigas a los pies de las cepas, que les roen las raíces y luego se secan; el remedio es en el hormiguero echar agua hirviente; mátalas y salen arriba huyendo, donde a escobazos las matan.
Todos estos valles, con toda la provincia de los Charcas, tienen al cielo por contrario, por los grandes pedriscos que sobre ellos vienen y descargan; la causa natural es ser esta provincia llena de minerales, y como los vapores que dellos saca el Sol sean gruesos, fácilmente se convierten en pedriscos, y si alguno dellos es combatido, es este valle de Mizque, y a la viña que da, o árbol frutal, en tres años no vuelve en sí. Tiene otra plaga, y es que se crían, así en los indios como en los españoles, papos, que acá llamamos cotos, en las gargantas; yo he visto hijos de españoles nacer con ellos; el remedio experimentado es atarse a la garganta una o dos cabezas de víboras, y con esto se resuelven.
Conocí a un hombre llamado Simón Albertos, con uno muy grande; y sabiendo este remedio, se echó dos cabezas de víboras al cuello, y le vi sano, como si no hobiera tenido tal en toda su vida. Pues ¿no hay remedio para apocar las víboras? Sí hay, y son los puercos; estos las apocan; pero en el tiempo de las aguas se crían muchas por la costelación del cielo y por la humedad y fertilidad de la tierra. Es cosa de admiración ver pelear un puerco con una víbora. En viéndola, eriza todas las cerdas del cerro; la víbora, en viéndole, levanta la cabeza cuanto naturalmente puede y estáse queda. El puerco rodéala hozando y guardando con la tierra el hocico, no le pique en él; si le pica, como un gamo vase al agua y pone el hocico en ella, hasta que se siente sano; vuelve con la misma velocidad a la batalla; la víbora no se aparta de su lugar; el puerco vásele llegando hozando, y cuando ve la suya, es prestísimo, con la una mano pónela encima de la cabeza de la víbora, y dando con ella en el suelo la aprieta tan fuertemente con la tierra que no la deja volver a picar, y con la boca hácela dos pedazos y luego se la come. He dicho esto para alivio del prudente lector.

Capítulo XCIV
De la provincia de Santa Cruz de la Sierra

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