Los milagros han sido muchos y notables, de los cuales escrebiré dos aquí, que oí al mismo bachiller Montoro: el uno fue que habiendo falta de aguas para las comidas, los indios determinaron hacer una procesión a instancia deste sacerdote, sacando la imagen de Nuestra Señora, y para esto la parcialidad que llaman Hañan saya31, que es la más principal, tractolo con la menos principal, llamada Urin saya32, ésta no quiso venir en ellos; los Hañan sayas hacen su procesión; fue Nuestro Señor servido, para confundir a estos indios de poca fe, que, con tener las chácaras juntos, parten linderos, lloviese en la de los Hañan sayas y no en las de los Urin sayas. El otro fue: dos indios, marido y mujer, trujeron de más de cuarenta leguas un hijo solo que tenían contrecho, a Nuestra Señora que se lo curase; en abriendo la puerta de la iglesia por la mañana, tomaban su hijo, que ya sabía hablar, tenía de siete a ocho años, y ponían delante del altar de Nuestra Señora; desta suerte le ponían por espacio de diez o doce días; sucedió que el niño un día comenzó a hablar con la imagen de Nuestra Señora y decirla: Señora, ya ha muchos días que mis padres me ponen aquí delante Vos, para que me sanéis, y no me sanáis; la comida ya se les ha acabado, y están lejos de nuestra tierra; sáname ya, Señora, y si no, volverémonos a nuestra tierra; dicho esto se levantó el niño sano y salvo, como si no hobiera padecido lesión alguna, y salió a buscar a sus padres que fuera de la iglesia en el patio o cementerio della estaban.
Volviéronse con su hijo a sus tierras. Las palabras del niño, los demás que allí se hallaron las refirieron. A la fama desta imagen y milagros concurrían en romerías desde el Cuzco, que son más de cien leguas, y desde Potosí, que hay otras tantas, muchas personas, y las que no enviaban sus limosnas aventajadas; de suerte que si se hobiera tenido un poco más de cuidado fuera riquísima la capilla. Arden delante del altar tres lámparas muy grandes y muy bien labradas, que personas particulares han enviado para el culto de Nuestra Señora; coronas tiene muchas; anillos con piedras riquísimas; quitose la doctrina al clérigo poco antes que muriese, y diose por orden de Su Majestad e buena diligencia que se dieron, a los padres de San Augustín, donde tienen un priorato. Ya los milagros no son tan frecuentes, por nuestros pecados, y aún no han cesado los que con las medidas de la imagen se han hecho: el contador Garnica, quebrado, ciñéndose la medida sanó. Los hechos no es de mío escrebirlos, porque piden un libro entero. Los Padres Augustinos ternán cuidado dello.
Fue Nuestro Señor servido, para confusión del demonio y para alumbrar a estos miserables, que cerca de aquel lugar donde con tanta reverencia el demonio era adorado, allí se hiciesen muchos milagros por Nuestra Señora a gloria de Su Majestad y de su Madre sacrosanta.
No creo hay cibdad, en lo que he visto de la de Los Reyes y Potosí, donde no haya capilla de Nuestra Señora de Copacabana, y en pueblos de indios hay no pocas desta advocación, y en algunos se dice se han hecho milagros, como es en Pucarani, ocho leguas de la ciudad de la Paz; el indio que hizo esta imagen, aunque ha hecho otras, ninguna ha sacado como ella; ha sido llamado a muchas partes y las ha hecho33, y estando en la ciudad de La Plata le llamó el presidente de la Audiencia para conocerle, el licenciado Cepeda, y diole silla, diciendo: Quien hace imagen de Nuestra Señora que obra milagros, merece se le dé silla delante de un Presidente.
Capítulo LXXXVII
Del pueblo [de] Cepita y [De]s[a]guadero
De Copacabana volvemos al camino Real, sobre mano derecha, en demanda del último pueblo de la laguna de Chucuito, ocho leguas tiradas.
Es pueblo frío y destemplado como los demás, y ninguno tanto como éste en toda esta provincia, del cual dista el Desaguadero desta laguna dos leguas y media. El Desaguadero es tan ancho como un tiro de piedra; el agua tiene muy poca corriente, parece como embalsada. Comúnmente se trata en este reino que no se le halla fondo, y que el agua por abajo corre con tanta velocidad que, por mucho que pese una piedra, si con ella la quieren sondar, se la lleva el agua.
La primera vez que pasé por este Desaguadero llevaba intención de sondarlo y averiguar esta verdad; llegando con más de cincuenta brazas de sogas que saqué, de Cepita, me puse en medio de la puente con una piedra como medio adobe; echela al agua y luego se fue la piedra derecha al fondo como si no hobiera corriente alguna; sompesela y sacándola hallé cuatro brazas y media de agua, de suerte que lo que se dice es fábula; también decían que cayendo alguna cosa en el agua era imposible salir; también lancé un perro y fácilmente salió nadando; y que por abajo no haya corriente es fácil de persuadir, aunque no lo hobiera experimentado con la sonda, porque como toda aquel agua sea un solo cuerpo, si por abajo fuera tan raudo y corriente, por el medio y por arriba había de correr de la misma suerte.
Tiene este Desaguadero una puente, la mejor, más fácil y segura del mundo; es llana y de totora asentada sobre tres o cuatro maromas de icho, muy estiradas; hacen los indios unas balsas fuertemente, atadas desta totora, a manera de media luna cuando se muestra después de la conjunción; el convexo, que es el lomo, asientan sobre las maromas muy bien atados, luego junto a esta otra, y así las multiplican desde el principio al fin y las unas con las otra las atan. El vacío que hay entre una y otra, porque estas balsas son redondas, hínchenlo con enea o totora suelta, que es lo mismo, de suerte que la puncta queda llana y rema de ancho tres varas largas; es segurísima y puédese pasar a caballo, aunque yo muchas veces que la he pasado me apeo, llevando la cabalgadura de diestro. Hay aquí indios con pescado, los cuales tienen cuidado a su tiempo de renovarla, y son tan diestros en ello, y en saber, por la experiencia que tienen, cuándo conviene hacerlo, que no pierden puncto, porque ya saben cuándo han de renovar las maromas y las balsas.
Deste Desaguadero se hace otra laguna que llaman de Paria, o de Challacollo por otro nombre, no tan grande, ni con mucho, como ésta; desagua contra la mar del Sur, sumiéndose sin que responda a alguna parte; por ventura por las entrañas de la tierra va a dar a la mar.
Capítulo LXXXVIII
Del pueblo Tiaguanaco
Seis o siete leguas delante del Desaguadero llegamos al pueblo de Tiaguanaco, donde hay apartado un poco del camino Real, sobre mano derecha, unos edificios antiguos de piedra recia de labrar, que parecen labradas con escuadra, y entre ellas piedras grandísimas; casi no pasa por aquel pueblo hombre curioso que no las vaya a ver.
La primera vez que por allí pasé con otros dos compañeros las fuimos a ver, donde vimos unas figuras de hombres de sola una piedra, tan grandes como gigantes, y junto a ellas de muchachos, la cintura ceñida con un talabarte labrado en la misma piedra, sin tiros, como usan los que traen tahelíes. Paredes no había altas, ni casa cubierta; ocuparía este edificio más que cuatro cuadras entorno. No saben los indios quién lo edificó, ni de dónde se trujeron aquellas piedras, porque en muchas leguas a la redonda no se halla tal cantera. Es fama haber allí gran suma de tesoro enterrado; hase buscado con diligencia, mas como andan a ciegas los buscadores, no han dado con ello, sólo dan con la plata que sacan de la bolsa para el gasto. Agora se aprovechan de aquellas piedras para el edificio de la iglesia deste pueblo. De aquí a Calamarca, otro pueblo de indios, hay dos jornadas largas, donde se junta el otro camino de Omasuyo, que corre por la otra parte de la laguna; por lo cual es necesario volver a tractar dél.
Capítulo LXXXIX
Del camino de Omasuyo
Desde el pueblo de Ayaviri, que dijimos ser el primero del Collao, tomando sobre mano izquierda, comienza el camino y se sigue la provincia llamada Omasuyo, que corre por la otra parte de la laguna de Chucuito; esta provincia es muy poblada, y por la mayor parte son Poquinas; son recios de ganados de la tierra, y participan de más maíz e trigo que los de la otra parte, por tener sobre mano izquierda la provincia de Larecaja, abundante de lo uno y de lo otro.
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