Puestos en este paraje28 de Vilcanota luego comenzamos a bajar (aunque la bajada no es agra, que casi no se siente) hasta el tambo de Chungara, donde en todo el valle se apacienta copia de ganado vacuno, y a la mano derecha no poco ovejuno y ganado de la tierra. Este tambo es muy frío, y desde aquí a la provincia de los Charcas ya no se da maíz, sino papas y quinua, y ha de ser muy buen año, porque si los yelos se anticipan las papas corren riesgo; la quinoa mejor lo sufre. De aquí vamos al primer pueblo del Collao, llamado Ayavire, asaz ventoso y frío, pueblo grande y rico de ganado de la tierra, como lo son los demás desta provincia de Ayaviri. Siete leguas adelante llegamos al pueblo llamado Pucará, también pueblo grande, famoso porque aquí se desbarató el tirano Francisco Hernandes Girón; cegole Nuestro Señor, como andaba en deservicio suyo y de su Rey, porque si se tuviera diez días más, que no saliera del sitio y fuerte donde estaba, siendo señor de las comidas y teniendo agua y leña, no se les podía quitar, y el sitio suyo inexpugnable, y servicio de los indios, que le obedecían por ser de su encomienda; era imposible el real del Rey sustentarse, habíase de deshacer por falta de mantenimientos. Salió una noche a dar en el campo de Su Majestad, pero avisado por un soldado que aquella noche se vino al servicio de su Rey, levantose el campo de donde estaba, dejando las tiendas armadas, y púsose en escuadrón en una hoya donde el tirano no le pudo ver; llegó a las tiendas, desbaratose en ellas, y viéndose desbaratado, recogiose con hasta 160 soldados descontentos, y a pie y por tierra fragosa y frigidísima tomó la vuelta de Quito; pero llegando al valle de Jauja, o poco más adelante, salieron a él dos capitanes de la ciudad de Guánuco y lo prendieron, y a los pocos que con él iban, como dejamos dicho tractando del valle de Jauja; los demás ya se le habían quedado cansados y sin armas; trujéronle a la ciudad de Los Reyes, donde como a tirano y traidor a la Corona Real, le cortaron la cabeza y la pusieron en el rollo en medio de la plaza en una jaula de hierro a vista de todo el pueblo, con su letrero que decía: esta es la cabeza del tirano Francisco Hernández.
Capítulo LXXXIV
De la laguna de Chucuito
Pasando adelante por el camino Real, a pocas jornadas de aquí, no son ocho, damos en la laguna de Chucuito. Es la más famosa del mundo mayor, muy poblada por una parte e por otra. Tiene en torno, y si hablamos como marineros, de boj, ochenta leguas y cuarenta de travesía; casi a la playa della son las poblaciones; los vientos causan en ella tormentas como en la mar, y aún más ásperas, por no tener puerto fondable. Lo que sirve de puerto son totorales, que son una juncia gruesa como el dedo y más; aunque allá dentro (digamos en alta mar) se hunda con vientos y tempestades, en llegando a la totora la ola, cesa toda la tormenta; el agua es muy gruesa, nadie la bebe, con no ser tan salada como la de la mar; es abundante de peces por la una y otra costa. Algunas veces se mete la tierra adentro, pero porque el camino Real del Inga iba muy derecho no lo torcía, antes por medio de la ensenada, más o menos conforme a la derecera del camino, se proseguía, hechas a mano unas calzadas derechas como una vira, y a trecho sus ojos llanos, por los cuales corría el agua. Hay calzada de dos leguas y más, a lo menos, por el otro camino, llamado de Omasuyo; también las hay menores, conforme a como es la ensenada; pero ya muchas dellas por esta parte se han perdido por descuido de nuestras justicias, y se rodean en partes de más de dos leguas, en otras menos, y ver aquellas calzadas y caminos derechos perdidos es compasión.
El remedio al principio era fácil, agora es irremediable. Casi a la orilla, o costa, y un poco más adentro, a legua y más, tiene sus islas pequeñas en donde vivían indios pescadores llamados en ambas provincias Uros.
Estos no comían jamás maíz, lo cual de fuera parte se traía, ni otra cosa sino pescado, y la raíz desta totora, que es muy blanca, fría y desabrida; gente barbarísima, con lengua diferente de los demás de la tierra firme y la del Inga; muy raros la entendían, ni sabían, por lo cual dificultosamente recibían la fe; decían eran como puercos, pues comían totora como ellos; ya son un poco más políticos, después que los redujeron a pueblos sacándolos de las isletas de la laguna; van a Potosí a trabajar a sus tiempos, y hacen sus mitas en los tambos, que es decir sirven en ellos y dan recado, que es regularmente por noviembre, pero malo, porque son faltos de carneros para las cargas e para lo demás necesario, aunque se les paga conforme al arancel. Diré lo que me sucedió con uno déstos: yo bajaba de la ciudad de La Plata por orden de mi perlado a la de Los Reyes por este mismo mes, y venía a la ciudad de Arequipa; llegué a un tambo donde servían estos Uros, habiéndome de partir pedí uno o dos carneros de carga; diéronseme, y un indio que los llevase y volviese; llegando, al otro tambo, pagando su trabajo y de los carneros al Uro, díjome: Padre, cómprame un real de pan. Yo le respondí: ve tú a comprarlo. Respondió: no me lo dará el indio tambero, porque me conoce, soy Uro. Repliquele: Pues tú Uro, ¿ya sabes comer pan? Respondió: sí padre, después que servimos en los tambos. Hales aprovechado la reducción para que coman pan y beban vino, y para la doctrina ha sido lo principal. Pero verlos antes que amanesca en sus balsas de totora, casi desnudos y navegar y pescar y meterse tres y cuatro leguas y más, por una parte es para dar gracias a Dios, por otra se les tiene mucha lástima, porque caminamos por tierra muy arropados, no nos podemos valer de frío y estos, desnudos en el agua no lo sienten, o si lo sienten lo sufren no con tanta pesadumbre como nosotros. Lo que no vi en la mar del Norte, ni en esta del Sur, vi en esta laguna: fue una manga de agua, la cual vista me admiré mucho; no había visto otra; en la compañía caminábamos cuatro o cinco de conformidad; venía un piloto que huyendo de la mar quiso ver a Potosí, pero volviéndose a su inclinación natural, no le había parecido bien la tierra, y volviose; preguntele qué era aquello; entonces me dijo: aquella se llama manga de agua, y si cae en navío sin puente, sin remedio le anega, y de noche son muy peligrosas, porque no las vemos; de día huimos della como de la muerte; cae de lo alto de las nubes hasta el agua; al viso parecía tan gruesa como un mastil muy grueso de una carraca, y como va descargándose va adelgazando, a la cual, delgada, el viento la pone como un arco hasta que totalmente la nube se queda sin agua; todo esto vi entonces. He dicho esto para probar las tormentas que aquí se padecen; por lo cual, y porque no hay puertos, no se puede navegar con bergantines; uno se hizo e se comenzó a navegar en él, pero con una tormenta se perdió y nunca más se ha hecho otro, ni intentado hacerle. Los indios en sus balsas también usan y se aprovechan de velas conforme a como la balsa la sufre.
Capítulo LXXXV
De los pueblos que hay en esta provincia de Chicuito
Tomó la denominación esta29 laguna acerca de los españoles, llamándola la laguna de Chucuito, por razón de una provincia así llamada Chucuito, la más rica del Collao, cuya cabeza es un pueblo así llamado, fundado casi a la playa desta laguna por la una parte, y por la otra sobre un cerro no agrio de subir. Aquí reside, a lo menos tiene su casa, el curaca principal y la justicia, con título de gobernador. Los pueblos subjectos son: a dos leguas, Acora; a tres, Hilavi; a Juli, cuatro; otras tantas a Pomata, y cinco a Cepita, que todas son 18 leguas. Son grandes y ricos de ganados de la tierra, y de los nuestros no hay falta. Nuestra sagrada religión la tuvo a su cargo desde el principio que se redujeron a la Corona Real de Castilla, para la doctrinar, en cuya doctrina se ocupó muchos años augmentando siempre el número de los religiosos, conforme a como nos augmentábamos.
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