De la ciudad de Guamanga dista la del Cuzco sesenta leguas, si no son 70, divididas en doce jornadas; el camino es malo y destemplado, porque en algunas jornadas hay dos temples diferentes; salimos de uno templado y llegamos a dormir adonde hace un frío incomportable, como saliendo de Guamanga y parando en los Tambillos de Illaguaci; otras veces salíamos de lugares fríos y a tres leguas bajábamos a hornos encendidos, valles calidísimos, y luego subíamos a temple frío, cual es la jornada de Villcas a Uramarca, y desta suerte es casi todo el camino. En esta distancia encontramos con tres ríos grandes en valles calidísimos: el primero es el de Villcas, a 16 leguas de Guamanga; en tiempo de aguas, poderoso, pásase por puente de creznejas; en tiempo de seca se vadea, y esto como deja el vado, unas veces lo deja pedregoso, otras no con tantas piedras, y cada año se muda el vado, no se puede hacer en él puente de cal y canto por no haber cómodo para ello. El agua es gruesa y cálida como las demás de Guamanga al Cuzco, que la quel (sic) arroyo es de buena agua.
Pasado este río, dos jornadas adelante, entramos en el valle de Andaguailas, templado, donde se da maíz y trigo; es bien poblado de indios, abundante de ganados nuestros y de la tierra. También aquí se van apocando los indios, por dos vías, la una por Guancavilca y la otra porque de aquí sacan indios para labrar en los Andes del Cuzco las chácaras de coca, y dales allí una enfermedad en las narices que se les ponen como una trompa muy gruesa y colorada, de que algunos mueren, fuera de las enfermedades que allá les dan mortales, como diremos en su lugar. Más adelante se sigue el valle nombrado Amancay por unas flores olorosas blancas que en él nacen en abundancia, así llamadas. Este río nunca se vadea; tiene puente de cal y canto, mandada hacer por el buen marqués de Cañete, de felice recordación el primero.
Aquí hay, por ser templado, uno o dos trapiches donde se hacen buenas rosas de azúcar. Más adelante llegamos al río de Aporimac; éste también no se vadea; pásase por una puente de creznejas asaz larga y angosta, donde hay cantidad de mosquitos zancudos cantores, amicísimos de beber sangre humana, y no menos cantidad de los rodadores, tan sedientos como esotros; hay agua gruesa y muy cálida; todos estos tres ríos se juntan con el de Jauja y otro que pasa cuatro leguas del Cuzco, por el valle de Yucay, no menor que cualquiera déstos, y hacen aquel grande y famoso río del Marañón, que desemboca en la mar del Norte con 80 leguas de boca. Es el mayor río del orbe.
Prosiguiendo nuestro camino adelante, cuatro leguas antes de la ciudad del Cuzco entramos en el valle de Xaquixaguana, donde fue desbaratado el tirano Gonzalo Pizarro y sus valedores, sin rompimiento de batalla, por el gobernador licenciado Pedro de la Gasca y demás servidores de Su Majestad. Valle ancho y largo, donde hay dos o tres pueblos de indios, apartados un poco del camino real; es más frío que templado, aunque se da maíz en él y trigo; empero, si acierta a helar un poco temprano, arrebátase el hielo al maíz; el trigo sufre más, y por eso no le hace tanto daño.
Es abundante de ganado del nuestro, de todo género. Las aguas son malas, gruesas y salobres.
Capítulo LXXX
De la ciudad llamada el Cuzco
De aquí a la ciudad de El Cuzco ponen cuatro leguas buenas.
Era el asiento principal de los reyes destos larguísimos reinos, a quien llamaban Ingas. El sitio es malo y las aguas malas; fundaron aquí su ciudad los españoles en el mismo lugar donde la tenían fundada los indios, que es al principio del valle, el cual, en esta parte, es angosto, aunque más abajo, como va corriendo casi al Oriente, se ensancha un poco más. Siémbrase en él trigo e maíz de riego y dase bien si los hielos no acuden temprano. Parte desta ciudad está fundada en una ladera, y aun la mayor parte; no la dividieron los fundadores por cuadras, como las demás deste reino, ni tiene calle derecha ni proporcionada, porque no quisieron los españoles romper los edificios de piedra que en ella hallaron, no siendo muy aventajados; hállanse en ellas muchas calles muy angostas, que apenas pueden ir dos hombres de a caballo a las parejas, a cuya causa en ivierno es muy sucia y lodosa. Pasa por medio della un arroyo de poca agua al verano y aun al ivierno, si no es por alguna gran avenida que luego cesa, por tener su nacimiento muy cercano; este río es sucio y de mal olor; hanle hecho sus alcantarillas para pasar de unas calles a otras. El Inga le tenía tan bien acanalado y recogido con una muralla de piedra, por una parte y por otra, y por donde corría el agua, enlosado, que ni se divertía a otra parte, ni paraba cosa en él. Agora con el buen gobierno de los nuestros se derrama por muchas partes y anega no poca parte del valle, y la huerta de nuestra casa corre riesgo, porque rompiendo el río el reparo y no reparándolo, se le ha llegado mucho. Gobernando los Ingas, en cayéndose una piedra, se ponía luego otra o la misma en su lugar, porque el daño no pasase adelante.
Las casas de los españoles, por la mayor parte son sombrías, tristes, si no es la del capitán Diego de Silva, que la labró alegre. Es pueblo muy rico, por la gran cantidad que tiene de indios de encomienda.
Los vecinos antiguos todos lo fueron: sus hijos, agora, tienen abundancia de deudas y no les alcanza la sal al agua; gastan sin orden y sin discreción. Sustenta cinco monasterios religiosos y uno de monjas de Sancta Clara.
Nuestra casa es la que antiguamente se llamaba gobernando los Ingas, la Casa o Templo del Sol, a quien adoraban por principal de todos sus dioses falsos. Conforme a lo que los indios edificaban, es bueno el edificio; la piedra es parda y labrada, y tan juntas unas con otras, que parece no tener mescla alguna, y tiénela, y es de plata delgadísima, la cual no sale fuera de las junturas de las piedras.
La piedra, es durísima y el edificio fijísimo, que para romperlo se pasa mucho trabajo. Permanece en nuestro convento una pila grande desta piedra, ochavada por de fuera, que de hueco debe tener, por cualquiera parte que la midan, más de vara y media, y de fondo más de vara y cuarta. A esta pila hinchian con cantidad de chicha, escogida de la que el Inga bebía, para que bebiese el Sol, y lo que en ella se embebía creía esta gente bárbara que el Sol lo bebía; cubría la boca desta pila una lámina de oro, en la cual estaba el Sol esculpido. Cuando los españoles entraron en esta ciudad le cupo en suerte a uno de los conquistadores, que yo conocí, llamado Mansio Sierra, de nación vizcaíno y creo provinciano, gran jugador; jugó la lámina y perdiola: verificose en él que jugó el Sol.
Sustenta nuestro convento 25 religiosos, y dende arriba; vase poco a poco edificando como los demás; está casi fuera de la ciudad; los demás, dentro. La huerta de nuestra casa era la Huerta del Sol, y la tierra della dicen fue traída en hombros de indios del valle de Chincha, por muy buena; venían a su tiempo todos los indios a labrarla, vestidos de riquísimos vestidos, y aún permaneció por algunos años, e yo vi una vez que se juntaron los más de los ingas y por sus cuarteles la labraron y desmontaron con gran alegría, y ésta fue la última vez, porque se tenía por inconveniente y con mucha justicia se les vedó.
Lo que en esta huerta se sembraba eran unas cañas de maíz, todas de plata, las mazorcas de oro; éstas no han parecido, ni se sabe dónde están; será la huerta poco menos de media cuadra; tiene un pilar donde caen dos caños de agua, el uno un poco salobre, el otro algo mejor. No se sabía de dónde o por dónde venía el uno, hasta que el río, con una avenida grande se llevó dos o tres losas, a lo menos las sacó de su lugar, por debajo de las cuales venía encañada el agua a la Huerta del Sol.
Es fama haber en nuestra casa gran mina de oro enterrado, pero no se sabe dónde; unos dicen, y aún se tiene por lo más cierto, que en la capilla mayor; otros, que en la huerta; han cavado en muchos lugares, pero hasta hoy no se ha hallado cosa alguna. Don Carlos Inga salía a este partido: que le dejasen cavar debajo del altar mayor, y de lo que sacase daría tanta parte, y si no hallase cosa alguna, tornaría a reedificar lo derribado, a su costa, de la misma manera que antes estaba. No se le admitió el partido, y así quedó.
El monasterio más rico es el de Nuestra Señora de las Mercedes, y el que tiene mejor sitio, por ser en medio del pueblo y en una de tres plazas, aunque los padres Teatinos se pusieron en la plaza que está delante de la iglesia Mayor y bien junto a la Merced.
El de San Francisco tiene plaza y bien grande; sustenta más de treinta religiosos; ya está acabado. El de San Augustín se va edificando. Sustenta veinte religiosos.




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