Prosiguiendo el camino adelante, del Inga, a 35 ó 40 leguas entramos en el valle donde la ciudad de Loja se fundó, llamado en la lengua del Inga Cusipampa, que es tanto como decir: valle de placer, y así lo es realmente; es alegrísimo, de grata arboleda, por medio del cual corre un río de saludable agua; casi en todo el año se siembra y cógese el trigo y maíz; uno en un mismo tiempo está en berza, otro se riega; en otras partes aran para sembrar; no es muy ancho el valle, pero bastante para sustentar la ciudad, que no es muy pequeña; tiene muchos indios de encomienda, la comarca fértil e más templada, que la de Quito, y más lluviosa; en su distrito caen las minas de oro que llaman de Caruma; sustenta tres monasterios de las Órdenes mendicantes, aunque no de muchos religiosos; el nuestro es el más antiguo.
Desta ciudad, declinando al Oriente la tierra adentro, se camina a la ciudad de Zamora, y gobernación que llamamos de Salinas, donde hay tres o cuatro pueblos de españoles, algunos dellos ricos de oro; particularmente lo fue, y agora no le falta a Zamora, en cuyas minas se hallaron dos granos, uno que pesaba 1.600 pesos, y otro la mitad, 800.
Para ir a esta gobernación se pasan uno o dos páramos despoblados y muy fríos; los cuales pasados, lo demás es tierra muy cálida, montuosa y de muchas aguas del cielo, llena de sabandijas ponzoñosas.
A esta provincia no he visto, por eso trato brevemente della.
Capítulo LXXIII
De la provincia de Cajamarca
Saliendo desta ciudad y valle por el camino real del Inga, de la Sierra, hasta llegar a la provincia de Cajamarca, no sé las leguas que hay, ni las particularidades del camino; no lo he visto; la ciudad de Loja, sí vi, porque viniendo de Quito para la ciudad de Los Reyes, desde la de Loja bajamos a Tumbez, por un camino, mejor diré sin camino, íbamoslo abriendo; haría dieciséis años no se caminaba por él, y desde entonces no se ha caminado, ni bajado a Tumbez otra vez, y porque a nuestro intento hace poco, no tractaré dél. Lo que he oído desta ciudad a Cajamarca, que quiere decir tierra o provincia de espinas o cardones espinosos, es que por la mayor parte el camino es áspero, de muchas piedras, cuestas y de algunos despoblados, hasta llegar a esta provincia, donde fue preso Atabalipa, señor de todos estos larguísimos reinos, desde Pasto, 40 leguas más abajo de Quito, hasta la ciudad de Santiago de Chile y aún 18 leguas más adelante y todo el reino de Tucumán; en esta provincia se enseña (no lo he visto) el lienzo ancho y largo de pared con quien dieron los indios del ejército de Atabalipa en el suelo, huyendo de un caballo y caballero, empujándoselos unos a los otros.
Es bien poblada esta provincia de indios y abundante de todo mantenimiento, porque aunque es por la mayor parte fría, tiene algunos valles templados donde se coge mucho maíz y trigo, y en los altos, abundante de papas, que son como turmas de tierra, empero, de mejor nutrimiento. Los padres de San Francisco la han doctrinado desde el principio y la doctrinan con mucho ejemplo de cristiandad y religión.
Capítulo LXXIV
De la ciudad de Chachapoyas
A las espaldas de Cajamarca, la tierra adentro, caminando hacia el Oriente, se fundó la ciudad llamada comúnmente Chachapoyas, a los principios rica de oro y poblada de gente más bien dispuesta que la del Perú, más gallarda y de mejor disposición, pero grandes ladrones. Es región más cálida que fría, los valles son cálidos, lluviosos y con abundancia de víboras y otros animales sucios y ponzoñosos; oí decir a un portugués que había residido en el Brasil y sabía un poco de la lengua de aquella tierra, que viviendo en un valle déstos salieron allí unos indios, y conociéndoles por el traje, y pareciéndole eran del Brasil, les habló en la lengua de aquella tierra, y le respondiendo en ella, preguntándoles de dónde eran y venían, le dijeron ser del Brasil y que acaso se habían entrado la tierra adentro huyendo de sus enemigos, y habían aportado allí no siguiendo camino, sino do la ventura les guiaba, que yo seguro anduvieron más de 900 leguas y pasaron ríos muy caudalosos, a los cuales no temen por ser grandes nadadores. En la provincia de Bracamoros, que está más hacia el Norte, se fundó otra ciudad llamada Jaén; no tiene mucho nombre, porque no es más que abundante de comida: es el paraíso de Mahoma; tiene las calidades la tierra que la de los Chachapoyas.
Capítulo LXXV
De la ciudad [de] Guánuco
Volviendo, pues, a nuestro camino por la sierra adelante desde Cajamarca, dejándolo a mano derecha llegamos a la ciudad de Guánuco, nombrada de los Caballeros porque se pobló de hombres muy nobles.
Esta ciudad tiene buena comarca, y muchos indios de repartimiento; no la he visto, pero sé lo que voy diciendo por relación y tracto de los que en ella han vivido; es fértil y abundante. En el mismo pueblo se da todo el año higos, naranjas, limas, unos están recién nacidos, otros un poco más gruesos, otros maduros; danse muy bien membrillos y manzanas, con las frutas de la tierra. Es el temple ni caluroso ni frío, y más declina al calor. Es abundante de muchas carnes, a causa de tener en su distrito muy buenos pastos. Los edificios buenos; de medio día para abajo, en el verano, son tan recios los vientos, que no se puede andar por las calles.
Sustenta monasterios de todas Órdenes bastantemente, no de muchos frailes. El que más tiene hasta doce. De aquí salieron el capitán Serna y Juan Tello, los cuales teniendo rendido a Francisco Hernández Girón, que fue tirano, llegó el capitán Juan de la Serna, echole mano y prendiole y llevose la honra de la prisión; con lo cual se acabó aquella rebelión, y desde entonces acá, que han pasado más de 42 años, no ha sucedido otra ni se espera sucederá, si Nuestro Señor por nuestros pecados no nos quiere castigar, porque las cosas ya están tan bien asentadas, y tanta justicia en el reino, que los españoles no quieren sino ganar de comer. Saliendo desta ciudad y volviendo al camino real, a 30 leguas andadas entramos en el valle de Jauja, donde al presente escribimos este breve compendio, uno de los mejores y más poblados deste Reino; es abundantísimo de trigo, maíz y otros mantenimientos de la tierra, y carnes. Pasa por medio dél un río grande y caudaloso, al tiempo de las aguas, pero el más desaprovechado del mundo, porque no se puede sacar dél una sola acequia para regar los sembrados; lleva pescado y bueno; susténtanse en él trece pueblos de indios, los siete por la una banda y los seis por la otra, poblados con sus cuadras, las iglesias de adobes y tejas, adornadas de razonables ornamentos. Vanse diminuyendo estos indios, a lo menos los varones, por estar tan cerca de Guancavilca; la causa diré en el capítulo siguiente. Cásanse en algunos pueblos pocas indias solteras, en particular en el que agora resido doctrinándolos, llamado Chongos, porque dicen que si, casados, los maridos las han de tractar mal, como lo hacen estando borrachos, que, más quieren su libertad y buen tractamiento, y es así, que como para los indios varones no hay castigo por las borracheras, ni por estos malos tractamientos, que a veces llegan a matar las mujeres, como soy testigo, no hay de qué maravillarnos. Tiene de largo este valle nueve leguas tiradas, y por lo más ancho dos; es falto de leña, que si la tuviera ya se hobiera poblado en él un pueblo de españoles; es templado, aunque no sufre naranjos ni limones; danse algunos membrillos y duraznos, y de las legumbres nuestras algunas.
Capítulo LXXVI
De la villa de Oropesa, llamada por otro nombre Guancavilca
Cuatro jornadas deste valle, no may grandes, se descubrieron, creo en tiempo que gobernaba el Marqués de Cañete, de buena memoria, o al fin deste gobierno y principio del Conde de Nieva, las minas que llaman del azogue, en un valle llamado Guancavilca, asaz fría, porque está en medio de la cordillera de las Sierras Nevadas que atraviesan todo este reino de Perú y Chile, hasta el estrecho de Magallanes, a donde se pobló un pueblo de españoles gobernando don Francisco de Toledo, por cuyo respecto se nombró Oropesa, con título de villa. Descubrieron estas minas unos indios de la encomienda de Amador de Cabrera, vecino de Guamanga, en cuyo distrito se hallaron, de donde sacó y se vio prosperísimo en riqueza; no murió con tanta, y su mujer y hijos agora padecen necesidad. Al principio repartiose el cerro en minas a hombres particulares, como si fueran minas de plata; ellos las labraban pagando su quinto al Rey; después acá, Su Majestad, y justísimamente, las quitó y aplicó para sí; sólo dejó con propiedad de su mina al descubridor, Amador de Cabrera, ya sus herederos.
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