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Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание. Fray Reginaldo de Lizárraga. Descripción colonial (libro primero)


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A la parte del sur desta ciudad demora la provincia llamada de los quijos, o por otro nombre de la Canela, por se hallar en ella y de allí se trae ya por estas partes tan buena y mejor que la que viene de la India, porque, como más fresca, pica y quema más. Hay en esta provincia tres ciudades de españoles; es tierra cálida y lluviosa, y en ella un río muy grande; los indios no son tan bien agestados como los de por acá; es gente pobre; los años pasados, gobernando don Francisco de Toledo, al fin de su gobierno se quisieron alzar y lo hicieron; mataron algunos españoles, y creo dos religiosos nuestros; estaban concertados con los de Quito, y si no se descubriera el alzamiento en Quito, fuera el daño muy mucho mayor, y cómo en Quito se descubrió fue desta manera: para el servicio de las ciudades hay señalados indios que se reparten finitos en número como jornaleros, porque sin esto no se podrían sustentar las ciudades; señálaseles por cada día un tanto por su trabajo, que se les paga infaliblemente; estos indios repártense por los repartimientos, rata por cantidad, y vienen a sus tiempos algunos curacas de los menos principales, a los cuales si algunos de los indios jornaleros faltan, o se huyen (no los pueden tener atados), les echan los corregidores o alcaldes en la cárcel, y veces azotan y trasquilan (si es bien hecho o mal esto, no me entremeto en ello); sucedió que a uno destos curacas le faltaron o se le huyeron parte de los que había de dar, la justicia enviole a llamar con un indio lengua; trújole; el pobre curaca veníase afligiendo, temiendo los azotes y cárcel el indio lengua, que le llevaba preso y sabía del alzamiento, consolole diciendo: No tengas pena, que para tal día nos habemos de alzar y matar todos estos españoles y quedaremos libres, y los quijos han de hacer lo mismo; sucedió (Nuestro Señor lo ordenó así) que iban en pos de los indios acaso dos españoles, a los cuales no vieron los indios; oyeron y entendieron lo que el indio lengua dijo; callaron su boca y fueron siguiendo los indios; llegados delante de la justicia, declararon lo que oyeron; la justicia prende al indio, pónele a cuestión de tormento, declaró la verdad, y los conjurados; hicieron26 justicia de algunos; a los quijos no pudieron avisar por ser corto el tiempo. Los quijos, no sabiendo lo que pasaba en Quito, y entendiendo que no faltarían, alzáronse al día señalado, y hicieron el daño que habemos dicho. Pero castigáronlos, y el día de hoy sirven pacíficos como antes.

Capítulo LXXI
De Ríobamba y Tumibamba

Saliendo de la ciudad de Quito, por el camino real del Inga, para venir por acá arriba, a 25 leguas desta ciudad llegamos al valle llamado Ríopampa, antes del cual hay cinco pueblos de indios, buenos. Este valle no tiene una legua de largo, poco más; de ancho no alcanza a media legua; no era poblado de indios, pero muy fértil de pastos para ganados; aquí comenzaron dos o tres españoles que conocí en él a hacer sus estancias de ganados; multiplicaban admirablemente, lo cual visto por otros, se metieron en él, y agora es un razonable pueblo de españoles, rico de todo género de ganados y de trigo; es falto de leña, y algún tanto destemplado, porque hace frío; en el mismo asiento del pueblo nacen unos caños de agua buena, que como sale debajo de tierra son templados.
En este valle y pueblo (creo gobernando don Francisco de Toledo) andaba un hereje luterano, extranjero, en hábito de pobre y sustentábase de limosnas que como a pobre le hacían, y en este estado vivió tres u cuatro años, que sin duda debía esperar algunos otros de su secta, y como se tardaron, un día de fiesta, estando la iglesia llena de gente oyendo misa, el impío luterano arriba, junto a la peana del altar mayor donde el cura decía misa, así como el sacerdote consagró la hostia y la levantó para que el pueblo, consagrada, la adorase, le levantó, y con un ánimo endemoniado la quitó con sus manos sacrílegas de las manos del sacerdote y la hizo pedazos; echando mano a un cuchillo carnicero que tenía escondido, creo hirió livianamente al sacerdote; el pueblo, viendo esta maldad sacrílega, admirado, los que se hallaron más cerca se levantaron, las espadas desnudas, y llegando al luterano le dieron de estocadas y mataron, sin advertir que fuera muy mejor coger lo vivo a manos y echalle en una cárcel a muy buen recaudo y dar aviso a los inquisidores que residen en la ciudad de Los Reyes, para que supieran dél qué fue la causa de su hecho endemoniado y si por ventura había otros como él en el reino; empero en semejante caso ¿qué católico puede tener reportación?
Otras 25 leguas adelante entramos en el valle, muy espacioso y abundante, llamado Tumipampa, donde ningunos naturales dejó el Inga, porque cuando iba conquistando estos reinos, llegando aquí le hicieron mucha resistencia, pero, vencidos a los que dejó con la vida, que fueron pocos, los trasportó por acá arriba. En el valle de Jauja, que dista déste más de 300 leguas, puso algunos pocos, descendientes27 déstos; llámanse cañares, y este valle está casi en medio de la provincia. Corren por él dos ríos en tiempo de aguas, grandes, y no distando mucho el uno del otro; en el uno se crían peces, en el otro ninguno.
Antes de llegar a este valle, una jornada o dos, vivía, con un apacible asiento, el señor desta provincia de los cañares, en su pueblo formado, el cual, cuando Guainacapac, que fue el más poderoso señor destos reinos y penúltimo dél, conquistaba la tierra, llegando aquí los cañares le vencieron en batalla campal y prendieron, e preso lo pusieron en un pozo poco hondo; yo he visto el lugar; de donde, sacándole una mujer suya con una faja que las indias se ceñían, llamada chumbi, de noche, los cañares, borrachos, le puso en libertad; volvió a rehacerse y vino con tan poderoso ejército sobre esta provincia, que, no se hallando los cañares, poderosos para resistirle, le inviaron 15000 niños con ramos en las manos, pidiendo paz; el cual a todos los mandó matar, y haciendo grandes crueldades y muertes a los cañares despobló este valle Tumipampa, y al pueblo del gran señor de los cañares, que era el principal, donde le tuvieron preso, le dejó con tan pocos indios, que, agora 43 años, no eran ochocientos los vecinos, y al presente tienen muchos menos.
Son estos cañares hombres muy belicosos y muy gentiles hombres, bien proporcionados, y lo mismo las mujeres; los rostros aguileños y blancos; son muy temidos de todos los indios del Perú, grandes enemigos de los Ingas; sucedió así: que cuando se alzó toda la tierra contra los españoles, a pocos años después de conquistada, y muerto el señor della, Atabalipa, tuvieron los indios serranos y Ingas cercada la ciudad de Los Reyes, y en no poco estrecho, y en el valle de Jauja mataron más de treinta españoles, y en otras partes los que podían haber, y al Cuzco también cercaron. Un vecino, de Quito (conocilo), llamado el capitán Sandoval, encomendero, si no de toda esta provincia, de la mayor parte della, sabiendo el aprieto en que estaban los nuestros, juntó cuatro o cinco mil indios cañares y vino en favor de los españoles. Púsose en camino con ellos, y prosiguiéndolo, sabido por los indios cercadores que venían los cañares contra ellos, alzaron el cerco, y los cercados, saliendo contra ellos, les hicieron volver a sus tierras, y desde entonces hasta hoy no se han atrevido a se rebelar, aunque lo han procurado.
El día de hoy, donde hay fuera de sus tierras cañares, las justicias se sirven dellos así para prender indios fugitivos como españoles facinorosos; sácanlos de rastro, aunque se metan en el vientre (como dicen) de la ballena.
En este valle Tumipampa, comenzaron a hacer sus estancias algunos españoles de todo género de ganado, el cual ha crecido y multiplicádose tanto, que él solo es poderoso a dar carnes a lodo el Perú, lo cual he visto; se fundó en él un pueblo de españoles, y bueno, rico destos ganados, donde muchos millares de novillos se sacan y vienen a Los Reyes para el sustento desta ciudad; pues la abundancia de ganado ovejuno, porcuno y caballuno parece no tener número, y los caballos e yeguas valen tan poco, que se compran a cuatro o cinco pesos, escogidos, que son a 32 ó 40 reales; llámase la ciudad Cuenca; el temple es bueno, donde se dan las fructas nuestras, si no son uvas. Sustenta tres conventos, no de muchos frailes: Santo Domingo, San Francisco y San Augustín, habrá que se fundó treinta años.

Capítulo LXXII
De la ciudad llamada Loja

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