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Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание. Fray Reginaldo de Lizárraga. Descripción colonial (libro primero)


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En medio deste gran despoblado de Atacama a Copiapó hay un cerro muy conocido, llamado morro Moreno de los marineros, al cual llegando por tierra parece ser el que divide los términos del Pirú de los de , y comenzar los de , otra nueva región.
Aquí casi fenecen los arenales y la tierra es ya dura, pero inhabitable por ser muy seca, sin aguas de leña, más de la que habemos dicho; desde este morro comienzan a ventar a su tiempo los Nortes, que es de mediado abril hasta noviembre, unas veces un poco más temprano, otras más tarde, y en este tiempo, no cada día, sino a veces, porque el Sur es el que más reina, y desde Payta hasta este morro en la mar, a lo menos en la costa, muchas, y la mar adentro no alcanzan Nortes.
En la sierra del Perú corren y muy recios desde este morro ya vientan, y mientras más nos vamos llegando al polo Antártico, más vehementes. Como diremos tractando del reino de , sucede una cosa, cuya causa no se alcanza, y la he visto dos veces que de por mar he bajado a la ciudad de Los Reyes, y es: que en llegando al paraje del morro Moreno, el vino que de se saca, aunque sea añejo, lo hay muy bueno, da vuelta y se pone turbio y de tal sabor que no se puede beber, y desta manera persevera más de seis meses; después vuelve a su natural.
Esto, a los que no lo han experimentado les parecerá fábula; no lo es, sino que es mera verdad. Por lo cual, aunque los navíos se hallen con alta mar, viendo vuelto el vino, conocen llegar al paraje de morro Moreno, y luego poco a poco van declinando a tierra, si han de hacer escala en Arica.
Este viaje por mar del puerto del Callao a , agora veinte años, solía ser muy tardío, porque no hacían cada día más que dar un bordo a la mar, otro a la tierra y surgir en la costa, y así están toda la noche, a cuya causa tardaban un año y más en llegar a ; conocí en aquel reino un español, que embarcándose sus padres, para aquel reino, se engendró y nació en la mar y tornó su madre a se hacer otra vez preñada, y no habían llegado al puerto de Coquimbo; agora se navega en veinticinco días y a lo más largo treinta, porque en saliendo el navío del puerto del Callao se arrimarán el bordo a la mar quince días y más, y luego vuelven sobre la tierra otros tantos, y se hallan en el puerto, algunas veces adelante del puerto en cuya demanda navegan. La primera vez que fuí a , agora 27 años, no tardamos en llegar al puerto de Coquimbo más que veintidós días en solo dos bordos, que fue el mejor y más breve que se ha hecho; y esto cuanto a la descripción25 de la costa del Pirú desde Puerto Viejo a Copiapó, en toda la cual costa hay muy pocos puertos, y esos no muy seguros, que es la fuerza, destos reinos. Agora volvamos a las ciudades deste nuestro Perú por el camino de la Sierra, y luego trataremos de la calidad de los indios della y sus costumbres.

Capítulo LXIX
De la ciudad de Quito

La ciudad de Quito es pueblo grande, cabeza de Obispado, y donde reside una Audiencia real; su comarca es fértil, así de trigo como de maíz y demás mantenimientos de la tierra y nuestros, abundantísima de todo género de ganados mayores o menores; dista de la línea Equinocial un tercio de grado, y con distar tan poco es muy fría y destemplada, lluviosa, que casi todos los meses poco o mucho llueve, y a su tiempo, que es desde diciembre a abril, es de muchas aguas, muchos truenos y rayos; oí decir a los conquistadores, que cuando venían conquistando la tierra desde Riobamba a Quito, que son veinticinco leguas, mataban los caballos y se metían dentro para guarecerse del frío, porque, desde Guayaquil se subieron a la sierra, a donde hay páramos bastantemente fríos y destemplados; agora parece se han moderado los tiempos.
Fundaron la ciudad entre cuatro cerros; los de la parte del Septentrión son altos, los otros pequeños; dentro del mismo pueblo se da maíz y legumbres, muchas y muy buenas, duraznos, membrillos y manzanas, que no se pensó tal se dieran en ella.
Hase augmentado mucho esta ciudad; reside en ella la Audiencia real; tiene muchos indios en su comarca, y las tierras muy abundantes, los campos llenos de ganados mayores y menores, de donde basta la ciudad de Los Reyes, que son más de trescientas leguas, traen ganado vacuno, y aun carneros.
Lo que han multiplicado yeguas y caballos parece no creedero. Hay fundados en esta ciudad conventos de todas órdenes y un monasterio de monjas.
Nuestros religiosos tienen provincial por sí, y los del glorioso San Francisco, divididos desta provincia del Perú; los padres de San Agustín y Teatinos subjetos a los provinciales de los Reyes. El convento seráfico de San Francisco fue el primero, y la ciudad se fundó en día de San Francisco de Quito. Esta sagrada religión, como más antigua, comenzó a doctrinar los naturales con mucha religión y cristiandad, donde yo conocí a algunos religiosos tales, y entre ellos al padre fray Francisco de Morales, fray Jodoco y fray Pedro Pintor. El sitio del convento es muy grande, con una plaza de una cuadra delante dél, a donde encorporado con el convento tenían agora cuarenta y cuatro años un colegio, así lo llamaban, do enseñaban la doctrina a muchos indios de diferentes repartimientos porque a la sazón no había tantos sacerdotes que en ellos pudiesen residir como agora; además de les enseñar la doctrina les enseñaban también a leer, escribir, cantar y tañer flautas; en este tiempo las voces de los muchachos indios, mestizos, y aun españoles, eran bonísimas; particularmente eran tiples admirables.
Conocí en este colegio un muchacho indio llamado Juan, y por ser bermejo de su nacimiento le llamaban Juan Bermejo, que podía ser tiple en la capilla del Sumo Pontífice; este muchacho salió tan diestro en el canto de órgano, flauta y tecla, que ya hombre lo sacaron para la iglesia mayor, donde sirve de maeso de capilla y organista; deste he oído decir (dese fe a los autores) que llegando a sus manos las obras de Guerrero, de canto de Órgano, maeso de capilla de Sevilla, famoso en nuestros tiempos, le enmendó algunas consonancias, las cuales venidas a manos de Guerrero conoció su falta. Esto no lo decimos sino por cosa rara, y porque no ha habido otro indio semejante en estos reinos.
Combaten a esta ciudad, y toda su comarca, grandes y violentos temblores de tierra, a causa de que la ciudad a la parte del Septentrión tiene uno o dos volcanes, y el uno dellos que casi siempre humea; toda aquella provincia tiene muchos, tantos, que en lo restante del Perú no se ven sino cual o cual allí a cada paso. Los años pasados, debe hacer 23 ó 24, salió tanta ceniza deste volcán cercano a la ciudad, que por algunos días no se vía al sol, y el pueblo, campos y pastos llenos de ceniza, por lo cual todos los ganados se venían a la ciudad a buscar comida bramando. Hiciéronse procesiones y de sangre; fue Nuestro Señor servido proveer de algunos aguaceros que limpiaron la ceniza, y se descubrió la yerba para el ganado. En este tiempo la ciudad era combatida de frecuentes temblores y muy recios, de tal manera que pensaban ser las señales últimas del día del Juicio; reventó este volcán, y declinó a la mar del Sur; arruinó algunos pueblos de indios y se los llevó el agua que salió dél, y porque por esta parte del Septentrión no dista muchas leguas el volcán, de la mar del Sur, hacia el paraje de Puerto Viejo, bahía de Caraques y de San Mateo, alcanzó parte desta ceniza, que el viento la llevaba, y en alta mar en el mismo paraje los navíos que en aquella sazón navegaban viniendo de Panamá a estos reinos, veían la claridad de la lumbre del volcán.
Oí decir a persona fidedigna que entonces se halló en Quito, que salieron muchas personas, y entre ellas ésta, a ver una laguna junto al volcán, que ardía como si fuera de tea.
El edificio de la iglesia mayor es de adobe, la cubierta de madera muy bien labrada; labrola un religioso nuestro, fraile lego, de los buenos oficiales que había en España. En medio de la plaza hay labrada una fuente muy buena y de muy buena agua, y en la plaza de San Francisco otra; las casas para sus huertas no tienen necesidad de acequias; el cielo les da abundantes pluvias, y a las veces no querrían tantas.

Capítulo LXX
De la provincia de los quijos

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