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Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание. Fray Reginaldo de Lizárraga. Descripción colonial (libro primero)


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Prosiguiendo la costa adelante, a siete leguas andadas entramos en el valle ancho y fertilísimo, llamado Guarco, de los indios, y de nosotros Cañete, por un pueblo que en él se fundó llamado Cañete, de españoles, respecto del marqués de Cañete el viejo, de laudable memoria, que fue quien le mandó poblar; tiene puerto, aunque no muy seguro. Las tierras deste valle son muy apropiadas a trigo, maíz, y es cosa no acreedera lo que acude por hanega. Son bonísimos para viñas, olivares y para los demás árboles frutales y mantenimientos, así de la tierra como nuestros; no tiene río que por medio del corra; riégase con dos acequias sacadas desde el tiempo de los Ingas, grandes, del río de Lunaguaná, y el agua es buena; es abundante de ganados nuestros y de crías de mulas muy buenas; aquí no hay uno ni algún indio natural; tiene una fortaleza que guarda el puerto fácilmente. El pan de aquí es de lo bueno del orbe, por lo cual ya es proverbio: en Cañete toma pan y vete, porque como no hay servicio de indios en el mesón y muy poco recado para los caminantes, no se puede parar mucho en el pueblo. Parte términos con este valle otro (yo lo he atravesado) de más de tres leguas de ancho y siete de largo, todo acequiado, de fertilísimo suelo, si lo hay en el mundo: el cual no se labra por se haber perdido una acequia, con que todo se regaba, que hizo sacar el Inga a los naturales, del río de Lunaguaná. Derrumbose un pedazo de una sierra sobre ella y cojó la toma, y nunca más se ha abierto, que si se abriese, sólo aqueste valle era poderoso a sustentar la ciudad de Los Reyes de trigo e maíz; y aunque algunos Virreyes han pretendido desmontar la toma, no se atreven por ser necesarios más de 50000 pesos. Yo conozco quien daba orden cómo se sacase el acequia, limpiase y desmontase, sin que a Su Majestad, ni a indio, ni a español le costase blanca, aunque se gastaran 100000 pesos, y era ésta que el Virrey, la renta de los indios que vacasen y se habían de encomendar en beneméritos, como su Majestad lo manda, que encomendase a los indios, pero que la renta de un año o dos la aplicase para esta obra, y desta suerte juntara la cantidad de plata necesaria, y al encomendero no se le hiciera muy pesado, porque como había estado años sin encomienda, teniéndola ya cierta, y la posesión, de muy buena gana, la tomara, y dos años en breve se pasan, y cuando esto se quisiese moderar, para que el encomendero tuviese con qué comer, le diesen el tercio o cuarto de la renta; lo demás, se aplicase para la dicha acequia. Tratose este medio con el ilustrísimo señor arzobispo destos reinos, y pareciole bien; tratolo con don Martín Enríquez, a la sazón Visorrey, y aunque no le pareció mal, respondió que las mercedes que había de hacer en nombre de Su Majestad no las quería aguar con aquella carga, y fue respuesta de ánimo generoso, y correspondiente a la magnanimidad de nuestro católico rey, y así se quedó hasta hoy, y se quedará si este medio no se toma, porque no hay hombre a quien, aunque le den todo el valle por suyo, se atreva a gastar tanta plata, y desta suerte se desmontaba y abría la acequia, y sacada, cuando su Majestad quisiera vender aquellas tierras, sacara mucha más plata, lo cual es necesario hacerse, porque la gente se va multiplicando, y todos nos habemos de ocupar en cavar y arar, y que a los que se les hiciese merced, con esta carga la tomarían. Es cierto yo conocí un pretensor y benemérito en este reino que vacando un repartimiento lo pidió con esta condición: que por cinco años los tributos se cobrasen para Su Majestad, y pasados fuesen suyos; dióselo el conde de Nieva, pasáronse los cinco años y él vivió gozando su renta más de otros quince, y a muchos pareció disparate; pues con esta condición pidió estos indios, mejor los aceptara el que se los diera por un año o dos con esta carga, y es así que, desde este tiempo acá, digo desde que se trató deste medio, han vacado muchos y muy buenos repartimientos, con que se hobiera sacado la acequia aunque se gastaran en ella ducientos mil pesos; a dicho de los oficiales no son necesarios 60000.
El valle de Lunaguaná, por donde pasa este río, dista un poco más la tierra adentro cuatro leguas deste valle; es angosto pero abundante de mucho y muy buen vino, y frutas nuestras y de la tierra; aquí se han conservado los indios un poco más que en los otros valles; con todo eso se van apocando.

Capítulo LIX
Del valle de Chincha

Síguesele a este valle de Lunaguaná el de Chincha a pocas leguas, muy ancho y espacioso, sino que le falta agua. Cuando los españoles entraron en este reino había en él 30000 indios tributarios; agora no hay seiscientos, y porque no tiene agua suficiente para que todos pudiesen labrar la tierra, el Inga, señor déstos los tenía repartidos desta suerte: los 10000 eran labradores, los diez mil pescadores, los 10000 mercaderes. Los pescadores no habían de labrar un palmo de tierra: con el pescado compraban todo lo que les era necesario para sustentar la vida. Los labradores no habían de entrar a pescar: con los mantenimientos compraban el pescado, y entre estos labradores había algunos oficiales buenos plateros, y el día de hoy han quedado algunos. Los mercaderes tenían licencia de discurrir por este reino con sus mercadurías, que las principales eran mates para beber, muy pintados y tenidos en mucho, hasta la provincia de Chucuito, que en el Collao no se había de entremeter el uno en el oficio del otro, no debajo de menor pena que de la vida. Con este concierto se sustentaban en el valle tanta cantidad de indios varones con sus casas, que por lo menos, chicos e grandes, habían de ser más de 100000; el día de hoy no se hallan en él 600 indios casados, lo cual causa mucha compasión; la disminución han traído las borracheras; son dados mucho a ellas, las cuales les abrasan las entrañas; particularmente hacen la chicha de maíz entallecido, que es puro fuego, y no se contentan con ella, sino águanla con vino nuevo: añaden fuego a fuego, y borrachos caen en el suelo; pasa el fervor del sol por ello, calor en el cuerpo exterior; fuego en las entrañas, interior, háceselas ceniza; mueren los más súpitamente, y desta suerte se han acabado y consumido y los pocos que quedan se consumirán. Acuérdome que tratando con un Oidor de Su Majestad que se pusiese algún remedio y castigo en esto, respondió que no había leyes de emperadores, ni de los Virreyes de España, que a los borrachos diesen castigo, ni se señalase. Fundados los que gobiernan en esto, no se ha puesto remedio en cosa que tanto convenía, y es de tal manera el menoscabo de los indios en todos los valles de los Llanos, que de aquí a pocos años no habrá algunos, ni se caminará por ellos.

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