Esto no es falta de ánimo, sino falta de ejercicio marítimo; lean los gobernadores a Platón en los libros de sus Leyes, y en los de la República, y deprendan de allí en qué han de ejercitar los muchachos para que puedan y sepan defender su república. Que los nacidos en puerto a la lengua del agua no sepan ni conozcan la mar, notable descuido es; y desto no más. De las mujeres nacidas en esta ciudad, como en las demás de todo el reino, Tucumán y Chile, no tengo que decir sino que hacen mucha ventaja a los varones; perdónenme por escribirlo, y no lo escribiera si no fuera notísimo.
Capítulo LVI
Del puerto y pueblo del Callao
Dos leguas desta ciudad a la parte del Poniente demora (hablemos como marineros) el puerto desta ciudad, llamado el Callao, poblado de muchos españoles y otras naciones, con su jurisdicción. Ha crecido mucho y crecería más, por ser temple más fresco y más sano que la ciudad de Los Reyes, a causa de ser fundado a la orilla o costa de la mar; solamente le falta agua y tierra para los edificios, porque lo uno y lo otro se trae más de media legua, porque el suelo todo es cascajo, y si alguna tierra hay es salitrosa, y de leña no tiene sino mucha falta. Tiene su iglesia mayor, sustenta cuatro conventos; Santo Domingo, llamado por otro nombre Nuestra Señora de Buena Guía, el cual fundó, con autoridad de la Orden, el venerable fray Melchor de Villagómez; después se ha augmentado, de suerte que es priorato. San Francisco, San Agustín, los padres de la Compañía, la Merced: todos se sustentan razonablemente, aunque con pocos religiosos; los más son los nuestros, que son de seis para arriba, y fue necesario fundarlos porque los religiosos que se embarcan y desembarcan se vayan a sus conventos, y no a casa de seglares, que es inconveniente.
También es castigado de temblores de tierra, y de tarde en tarde en inundaciones de la mar, porque cuanto ha que le conosco, que son más de 50 años a esta parte, sola una ha subcedido, que fue gobernando el conde del Villar, de la cual cuando dél tractaremos diremos lo que le subcedió. Sólo una cosa quiero decir, por ser cosa tocante a nuestro convento. Antes de la inundación, o juntamente con ella, vino un temblor de tierra muy grande, que derribó y arruinó muchos edificios; en el altar mayor de nuestro convento está la caja del Santísimo Sacramento, y encima desta caja, en un tabernáculo, una imagen de Nuestra Señora de bulto grande; con el temblor cayó la imagen saliendo de su lugar, y fue la Majestad de Dios servido que, habiendo de caer la imagen la cabeza las gradas abajo, y los pies en las gradas altas, que son tres o cuatro, la hallaron los religiosos, pasado el temblor, acudiendo luego a la iglesia, la cabeza y rostro en la última grada del altar mayor, y los pies en la última grada junto al suelo, como postrada, pidiendo a su hijo benedictísimo misericordia por aquel pueblo, sin que se le hallase ninguna lesión; solamente el pico de la nariz tanto cuanto como desollado; en el encaje de la caja del Sanctísimo Sacramento ni en la caja no se halló cosa alguna más que si no hobiera pasado temblor alguno, ni la caja se movió de su lugar.
Todos los hombres de la mar tienen singular devoción a esta imagen y convento; los navíos que salen llevan sus alcancías señaladas para pedir limosna para Nuestra Señora, y cuando vuelven acuden con la recogida, con mucho amor. Tiene el puerto abundancia de pescado al verano, que es de Noviembre hasta fin de Abril; luego entran las garúas y hace un poco de frío, y entonces hácense los peces a la mar a buscar abrigo.
Capítulo LVII
De los valles que se siguen
Siguiendo la costa adelante al Sur, llegamos luego al valle nombrado Pachacámac, no muy ancho, aunque en partes tiene dos leguas y más de fértil suelo; hay en él muy pocos naturales; las borracheras los han consumido el día de hoy. A la entrada del valle vemos aquel famoso adoratorio o guaca, que es un edificio poco menor que el de la guaca de Trujillo, dedicado por los indios al demonio, que les hacía creer era el criador de la tierra, y así llamaron Pachacámac, que quiere decir criador de la tierra. Es fama en esta guaca haber gran suma de tesoro aquí enterrado y ofrecido al demonio. Han algunos cavado en ella, empero no han dado en él, sino sacado plata de la bolsa; es necesaria mucha suma de plata y muchos años para atravesarla. Hoy la vemos casi cubierta de arena que los aires sobre ella han amontonado. A este valle, cinco leguas adelante, se sigue el valle de Chilca, que son unas hoyas naturalmente cercadas de arena, en las cuales se da mucho maíz y demás mantenimientos de la tierra; de nuestras fructas, uvas, higos, ranadas, membrillos y melones, los mejores del mundo, y las demás fructas muy sabrosas, porque la tierra pica en salitre. Este valle ni hoyas tienen agua con que se rieguen, ni del cielo ni de la tierra, pero tiene bastante humedad con el agua que por debajo de la tierra se trasmina, la cual es poderosa para que las comidas crezcan, se multipliquen y lleguen a sazón; hállanse en estas hoyas jagüeyes, que son unos pozos poco fondos, con la mano alcanzamos a ellos, de agita salobre; otros, y éstos pocos, de agua un poco mejor que se puede beber y con ella se sustentan los indios y los españoles que por aquí caminan. Para sembrar el maíz usan los indios una cosa extraña: el grano de maíz lo meten en una cabeza de sardina, y así lo ponen debajo de la tierra; es mucha la que da en la costa (donde muy cerca están estas hoyas) huyendo de los peces mayores, si no dan en la costa, tienen cuidado de pescarlas. La costa es abundantísima de pescado, lizas, corbinas, lenguados, tollos y otros. Los indios usan sus balsas de junco como los demás desta costa y valles; puerto ninguno tiene. Los naturales se van consumiendo por la razón en el otro capítulo dicha.
Luego a cuatro leguas se sigue el valle llamado Mara, a quien corrompiendo la r en 1 llamamos Mala; de mucha y muy buena tierra, con un río de la mejor agua destos llanos; es río de oro, de aquí se sacaba cinco o seis leguas más arriba para el Inga. Dos leguas el río arriba de la costa está un pueblo pequeño de cien indios casados, poco menos, nombrado Calango, que lo doctrina nuestra Orden. Doctrinándolo un religioso nuestro, llegó a él un indio con una piedra de metal, que la mayor parte era plata, y díjole que él le enseñaría la mina; sábenlo los caciques; este fue indio que hasta hoy no ha parecido, mas entiéndese lo mataron porque no descubriese aquel cerro, y así se ha quedado. El valle es fertilísimo de maíz, trigo y demás mantenimientos, todo acequiado; cultívase poco, respecto de haberse consumido los indios por las borracheras dichas. Dos leguas adelante, poco más, se sigue el de Acia, o por mejor decir el de Coaillo; tiene pocos indios, consumidos por lo dicho, y malas aguas. El río se sume más de seis leguas antes de la mar, y junto a ella revienta en poca agua en una laguna pequeña que se hace cerca del tambo llamado Acia.
Tiene buenas tierras, aunque es angosto de riego. Fueron los indios deste valle ricos de oro, y ellos entre los naturales destos Llanos, los más nobles de condición; fue muy poblado; ya son pocos.
Capítulo LVIII
Del valle de Cañete




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