El segundo se llama Santa Ana, donde solamente se curan indios; fundolo a su costa, así la iglesia como la capilla mayor de bóveda, y lo demás de buenos edificios, el ilustrísimo y reverendísimo, fray Jerónimo de Loaysa, primer arzobispo desta ciudad y reino, de felice recordación, dejándole bastantísima renta, donde murió y está enterrado. El día de su advocación se gana una y muchas más veces indulgencia plenísima, mejor diré jubileo plenísimo; cúranse aquí los indios de todo el reino que caen enfermos, con todo el regalo y cuidado posible, donde ha habido grandes siervos de Dios, seglares, que se han venido por esclavos ellos mismos, y dedicado al servicio de los indios, y entre ellos floreció en nuestros tiempos el padre Machín, sacerdote vizcaíno, y otro gran siervo de Dios, que todo el día se ocupaba en pedir limosna a pie por la ciudad, y de noche velaba su cuarto a los enfermos, como si no hobiera trabajado nada entre día, sin que nadie fuese parte a que descansase. Acabó loablemente; llamábase fulano Ruiz.
El tercero es nombrado el Spíritu Santo; aquí se curan solamente los marineros, porque ellos a su costa le han fundado, y han hecho una buena iglesia; los edificios van labrándose; cada navío le acude con una soldada, fuera de las limosnas que piden en los viajes y otras que marineros e pilotos les dejan al tiempo de su muerte.
Hase fundado otro, que es el cuarto, llamado San Diego, de convalescientes; éste es muy moderno; aquí se da bastante recaudo a los tales, hasta que enteramente han recuperado la salud y puedan trabajar.
Hay otro, llamado San Lázaro, pasado el río; es el más pobre; comenzole a fundar a su costa, muy poco a poco, un buen hombre, muy conocido en esta ciudad, e yo le conocí mucho, Antón Sánchez, espadero de oficio y muy enfermo de grandes dolores. Murió este buen hombre, después del cual se entró a servir allí el padre Cristóbal López Bote, sacerdote muy conocido en este reino, y de mí muy en particular tractado, a quien Nuestro Señor hizo admirables mercedes, porque habiendo por cierta ocasión muchos años tenido una enemistad que le inquietó mucho y desasosegó, y en lo demás de su sacerdocio hombre muy concertado y muy buen eclesiástico, le tocó la mano del Señor y se consagró allí a servir a los pobres, no sólo españoles, sino negros esclavos e pobres indios, de tales enfermedades que en los demás hospitales no los querían recibir, e los curaba (yo lo vi, y otros muchos) de aquellas enfermedades contagiosas y asquerosas, tan sin asco y con tanto amor y caridad como si fueran sus hijos o hermanos. Después le dio Nuestro Señor una enfermedad muy larga y trabajosa, la cual sufría con tanta paciencia cuanta el Señor que se la dio sabía era necesaria para llevarla; su cama, una tabla, murió loablemente en el Señor.
Capítulo XLIX
De la iglesia Mayor
Hasta agora la iglesia Mayor desta ciudad era pobre de edificios; solamente la capilla mayor era de bóveda, del marqués don Francisco Pizarro, dotada por él con una rica capellanía, y al lado del Evangelio, en la pared, tiene su sepultura. Agora se ha hecho una muy buena, de cal y ladrillo, de tres naves, donde se celebran los divinos oficios con mucha puntualidad y canto de órgano; en esta santa iglesia está fundada la cofradía de las ánimas del Purgatorio, en su capilla, con altar previlegiado, donde cada misa que en él se dice se saca un ánima de Purgatorio, y son tantas las que cada día se dicen, que al cabo del año pasan de cuatro mil, y al sacerdote que la dice se le da luego su limosna acostumbrada; de suerte que se sustentan sacerdotes pobres, porque allí tienen la limosna cierta. Otras capillas de vecinos particulares hay en ella, como es, al lado del Evangelio, la de Nicolás de Rivera, el Viejo, de quien dijimos arriba, con la advocación de Santa Ana, con buena renta, y al de la Epístola, la de Francisco de Talavera, de quien también hicimos breve mención, con invocación del Crucifijo.
Los carpinteros tienen aquí su cofradía con la invocación de San José, y celebran su fiesta con mucha solemnidad. Los zapateros tienen también su cofradía, con invocación de San Crispino y Crispiniano, que los celebraban como mejor pueden. Los negros tienen también su cofradía, como ya dijimos.
Capítulo L
De los edificios
Los edificios desta ciudad son de adobe, pero buenos, y como no llueve, los techos de las casas son chatos. Las casas principales tienen sus azoteas; desde fuera no parece ciudad, sino un bosque, por las muchas huertas que la cercan, y no ha muchos años que casi todas las casas tenían sus huertas con naranjos, parras grandes y otros árboles frutales de la tierra, por las acequias que por las cuadras pasan; pero agora, como se ha poblado tanto, por maravilla hay casa que tenga dentro de sí árbol ni parra.
La plaza es muy buena y cuadrada, porque toda la ciudad es de cuadras; tiene la plaza las dos frentes cercadas de arcos de ladrillo y sus corredores encima, o por mejor decir doblados en los portales; arriba mucho ventanaje y muy bueno, de donde se ven los regocijos que en ella se hacen. Estos por tales y arquería adornan mucho la plaza y defienden el sol a los tractantes, el cual a su tiempo es muy caluroso; debajo destos portales hay muchos oficiales de todo género que en la plaza se sufre haya.
Capítulo LI
De los vestidos de las mujeres
Lo que en esta ciudad admira mucho y aun lo que se había de refrenar, es los vestidos e trajes de las mujeres; son en esto tan costosas, que casi no se sabe cómo lo pueden sufrir sus maridos. La soberbia dellas es demasiada, y no sabemos en lo que ha de venir a parar; plegue a Dios y no sea en lo que pararon aquellas de quien dice Nuestro Señor: Porque las hijas de Sión se ensoberbecieron (esto es, las ciudadanas); cuando salían de su casa llevaban las gargantas extendidas, los ojos altos a una y a otra parte, guiñándolos, los pasos muy compuestos; el Señor las volverá calvas y les raerá los cabellos de sus cabezas, les quitará sus chapines y jerbillas bordadas, las medias lunas, rodetes, las cadenas y collares de oro, las ajorcas, los tocados costosos, los punzones de oro para partir las crenchas, los zarcillos y los olores, los anillos e piedras preciosas, etc., y por los olores se les dará muy pestilencial olor, y por las cintas de oro, sogas de esparto, etc.
No creo yo hay en lo descubierto del mundo ciudad en su tanto, ni cuatro veces mayor, que a tanta soberbia, en este particular, como esta nuestra ciudad en su tanto, ni cuatro veces mayor, que a tanta soberbia, en este particular, como esta nuestra ciudad llegue; acuérdome de los años pasados, más ha de 38, que llegando un religioso nuestro de España, nacido y criado en Toledo, a nuestro convento desta ciudad, cerca de la fiesta del Corpus Christi, tratando della y de la sumptuosidad, majestad y riqueza que aquel día en Toledo, en calles y ventanas, se mostraba, le decíamos que no nos espantase, porque en nuestra ciudad vería como no le hacía mucha ventaja Toledo. Llegó la fiesta, vio la riqueza que se mostró en los vestidos de las mujeres, adornos de ventanas, altares y calles; dijo que la riqueza de Toledo, en este día mostrada, no haría muchas ventajas a la de esta ciudad. Pues es cierto que hay tanta diferencia de entonces agora, en lo que vamos tratando, como de vestidos de aldea a vestidos de corte, con justo título se podría moderar por los virreyes esta soberbia, pero no sé por qué no se modera; y sí sé, porque ni los maridos no tienen ánimo para moderarlo, ni los gobernadores tampoco.
Capítulo LII
Del acompañamiento del Santísimo Sacramento
Había en esta ciudad una costumbre muy loable, mas ya se va cayendo por la mucha cobdicia, y era que, en tocando la campana del Sanctísimo Sacramento para se dar a los enfermos, por maravilla quedaba hombre en su casa que no acudiese a la iglesia Mayor; las tiendas de los mercaderes se cerraban, y ellos y sus criados, con gran fervor, iban a acompañar al Señor del cielo y de la tierra, y realmente era cosa de ver tanta gente como se llegaba, sin que se viese una capa parda ni de color, sino todos vestidos de negro, y para todos había cera de media libra, que es gran excelencia, sin reparar si eran cofrades o no.
Vi esto, siendo seglar, día del Santísimo Sacramento en la iglesia Mayor. Los mayordomos de las cofradías sacaron su cera; llegose a ellos uno de los mayordomos del Santísimo Sacramento y díjoles: Volved, señores, vuestra cera a vuestras casas, porque la cofradía no tiene necesidad de cera de otra, y no les consintió dar ni una vela. ¿Adónde, en todo el mundo en la cristiandad, hay ciudad cristiana que haya sucedido tanta grandeza? en aquel tiempo, los oficiales sacaban sus pendones; agora saca cada género de oficio imágenes de bulto en sus andas, en hombres, muy bien labradas y guarnecidas, acompañadas de muchas hachas y cera de media libra, que es no menos grandeza, porque se trae la cera de España.
No conocemos ciudad en ningún reino cristiano que tal tenga.
Hasta las cofradías de los indios y de los negros llevan sus imágenes de bulto, en andas y con sus hachas de cera.




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