La cofradía del Sanctísimo Sacramento es muy rica y acompáñese, en esta ciudad cuando sale fuera con mucha cera y mucho concurso de gente, tanto como en cualquier parte del mundo. Las varas del palio llevan sacerdotes con sus sobrepellices, y el guión asimismo, y dos maceros con dos mazas grandes de plata, delante del Sanctísimo Sacramento. A los sacerdotes que llevan las varas y al del guión y a los maceros les da la cofradía por cada vez a cada uno cuatro reales de limosna. Esta cofradía está fundada en nuestro convento, con las gracias de la de la Minerva de Roma.
La cofradía de la Vera Cruz asimismo está fundada en nuestra casa. Tiene bastantemente lo que ha menester, con su capilla por sí, detrás de la capilla, del capitán Diego de Agüero, bien adornada, donde los días de la Cruz se saca en procesión un pedacito del lígnum crucis en que Cristo Nuestro Señor murió, con gran veneración y concurso de todo el pueblo, y muchas hachas de cera y de más de a media libra, para todos los cofrades. En otros monasterios hay otras, como en San Francisco, la de la Concepción de Nuestra Señora, muy rica; en San Agustín, la de Santa Lucia y del Crucifijo, que tienen los plateros, y todas tienen sus cofrades que, llaman veinticuatros, los cuales en los días señalados que hacen sus procesiones llevan cirios encendidos, y cuando alguno destos veinticuatro muere, los demás han de acompañar el cuerpo con sus cirios, y le han de mandar decir, cada uno, una misa rezada, y acaece ser uno veinticuatro en tres o cuatro cofradías, y todos lo han de acompañar con sus cirios.
Los negros tienen sus cofradías aparte, y veinticuatros; es cosa de ver qué cirio sacan muriendo algún veinticuatro; yo vi un acompañamiento de una negra que me admiró; es cierto que acompañaban el cuerpo más de treinta cirios, sin la cera menuda; esta cofradía tienen los negros fundada en la iglesia mayor; en San Diego tienen los negros otra capilla y cofradía; demás desto, en San Francisco otra.
En nuestra casa tienen los indios cofradía y capilla y veinticuatros, y lo mismo en San Francisco, y en la Compañía otra del niño Jesús, todas con sus veinticuatros, y es cosa de ver los solemnes enterramientos que se hacen con cera, cirios y posas.
Capítulo XLIV
De la capilla de la cárcel
La capilla que llaman de la cárcel, donde los presos, así de la cárcel de corte como los de la ciudad, oyen cada día misa, es una de las buenas cosas que en provecho de los pobres presos se ha fundado en el mundo, y tuvo su principio desta suerte: Habrá 47 años que los mercaderes se juntaron y determinaron entre pocos, no creo fueron diez, de pedir limosna cada semana, o cada mes (los presos pobres no eran tantos como agora), dos dellos, y de las limosnas tener cuidado de proveerlos de comer, y cuando las limosnas no alcanzasen, ellos de sus haciendas suplirlo; consultáronlo con el señor Arzobispo don Jerónimo de Loaysa, de felice recordación; aprobó su intento, dioles licencia para que pidiesen limosna, y señaloles un tanto que su mayordomo les daría sin ninguna falta; los segundos que pidieron para esta obra sanctísima fueron dos mercaderes que yo conocí mucho y traté: el uno se llamaba Juan Vázquez y el otro Juan Baz; andando pidiendo, determinaron de entrar a pedir limosna al marqués de Cañete, de buena memoria, y para hablarle no fue necesario aguardar mucho, luego les mandó entrar; bésanle las manos, suplícanle les mande dar limosna para los pobres de la cárcel, dícenle lo que entre sí habían determinado; alaboles la obra, y de primera instancia mandoles dar cien pesos, y que para cada mes, dende en adelante, tuviesen cuidado de pedir a su mayordomo cincuenta pesos, que luego se les darían, como así fue. Desta suerte comenzaron a pedir y a tener cuidado de los pobres. Nuestro Señor ha favorecido tanto esta obra de caridad, que la capilla tiene capellán señalado con muy buena prebenda, y el capellán ha de ser graduado, docto, para confesar a los presos, y predicarles, y para que los que han de justiciar, animarlos y salir con ellos.
Agora hay señalados mayordomos y oficiales y tiénese por mucha honra ser de los principales desta cofradía. La advocación de la capilla es de San Pedro; celébrase la fiesta el día de su Cátedra con mucha solemnidad, y porque en la capilla no cabe el pueblo, cúbrese la plaza buena parte con velas de navíos y el púlpito pónese a la puerta de la capilla, de suerte que en la capilla y plaza cubierta entra toda la gente que concurre.
Capítulo XLV
De la Universidad
Su Majestad del Rey Felipo 2.º, de inmortal memoria, celoso del bien deste reino como lo es de todos los que gobierna con tanta justicia y cristiandad cuanta ningún Rey ha gobernado hasta agora, mandó se fundase una Universidad donde se leyesen las sciencias, y a los que en ella se graduasen les concedía las exemptiones que gozan los graduados en Salamanca. Por orden de Su Majestad la instituyó y fundó el Visorrey don Francisco de Toledo, donde se lee, por muy doctos maestros y doctores, Latinidad, Artes, Lógica, Filosofía, Cánones, Leyes, con suficientes salarios, y Escritura divina. Medicina hasta hoy no se ha leído, ni Retórica, ni Astrología; corren a estudiar de Quito a Chile, nacidos en estas tierras, buenas habilidades. Con esta Universidad ha hecho gran bien y merced Su Majestad a estos reinos, halos ennoblecido y ha descargado mucho su conciencia real, gratificando y haciendo hombres a los hijos, nietos y tataranietos de los conquistadores y pobladores, a cuyos antecesores no se les había hecho merced, y si hecho, no tanta cuanta sus servicios merecían. De los nacidos acá se han graduado, y con rigurosísimo examen, algunos doctores y maestros en las facultades dichas, y se graduarán muchos más, e van graduando, por lo cual, cuando hay doctoramiento, es de ver en tan breve tiempo muchos doctores y maestros; ni los graduados en otras Universidades se desdeñan de incorporarse en ésta.
Capítulo XLVI
De los colegios
También por orden de Su Majestad se fundó un colegio, llamado El Real, donde sustenta cierto número de colegiales a costas de Su Majestad, para descargo de su real conciencia, bien y merced de sus vasallos; llámase San Felipe; dáseles lo que se suele dar en otros colegios.
El arzobispo don Toribio Mogrobejo fundó otro, que es el seminario que manda el concilio Tridentino; hay pocos colegiales.
Los padres de la Compañía tienen otro colegillo a las espaldas de su casa, donde enseñan solamente latín, nombrado San Martín a devoción del Virrey don Martín Enríquez. Por cada muchacho que allí entra paga 120 pesos cada año.
Capítulo XLVII
De la capilla de Nuestra Señora de Copacabana
En la provincia del Collao (como en su lugar diremos) hay un pueblo de indios llamado Copacabana. Aquí hay una imagen de Nuestra Señora que ha hecho no pocos milagros agora en nuestros días. A devoción desta imagen, en todos los pueblos casi de españoles y en muchos de indios, se han puesto imágenes de Nuestra Señora con la misma advocación; en esta ciudad se hizo una capilla junto a la puerta del Perdón de la iglesia mayor, con una imagen nombrada así: Nuestra Señora de Copacabana, la cual debe haber veinte años poco más que se puso, donde con gran devoción concurre el pueblo, la cual tiene muy adornada, y un capellán que sirve en es la capilla y sustenta muy abundantemente con las limosnas.
Capítulo XLVIII
De los hospitales
Sustenta esta ciudad cuatro hospitales; uno de españoles, llamado San Andrés por respeto del marqués de Cañete, don Andrés Hurtado de Mendoza, de buena memoria, a quien de su hacienda dio muchas limosnas y crecidas, pasadas de 30000 pesos, como diremos cuando tractáremos de su gobierno y virtudes.
Aquí se curan solamente españoles y negros, de todas las enfermedades, con mucho cuidado y regalo; la enfermería de las enfermedades cotidianas es a modo de cruz; el un brazo más cercano a la puerta sirve de cuerpo de iglesia; los otros tres para enfermos, en las paredes hechos sus encajes, donde está la cama del enfermo con su cortina delante y de donde se puede ver misa. El altar se colocó en medio destos brazos. Después acá no sé qué Virrey la haya hecho tantas limosnas, ni con mucho que llegue a ellas. Fueras destas enfermeras hay otros apartamientos para curar otras enfermedades contagiosas.
Quien con más cuidado comenzó a tenerlo de los pobres hasta que la edad no lo permitió, fue el padre Molina, sacerdote, gran celador del bien de los enfermos, y augmentador de las haciendas del hospital, con notable ejemplo de vida y cristiandad con la cual acabó el Señor.
Su hermano el secretario Molina se metió a servir a los pobres, donde acabó también.




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