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Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание. Fray Reginaldo de Lizárraga. Descripción colonial (libro primero)


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Aunque dije arriba que desde Xayanca a Copiapo no llueve, añadí que a lo menos desde el Puerto de Santa, lo cual es así, porque de cuando en cuando suele llover en estos valles y arenales que hay desde Xayanca y aun más abajo hasta Trujillo y un poco más arriba; y tan recio, y con sus truenos, y en tanta abundancia, que saliendo los ríos de madre destruyen los valles, pastos y heredades, como subcedió agora 16 años, poco más, que llovió tanto desde Trujillo para abajo, que se destruyeron muchas haciendas y hobo mucha hambre; oí certificar en Trujillo, donde llegué acabada de pasar esta inundación, que se temió mucho no se llevase el río la ciudad; hicieron los reparos posibles, pero como eran sobre arena, permanecían poco tiempo; llegó a tanto, que ya se había apregonado que, oída la campana, cada uno se pusiese en cobro como mejor pudiese. Proveyó nuestro Señor con su misericordia que el río divertió por otra parte. Perdiose, mucha cantidad de vestidos; arruinárense muchas casas, porque como no se cubren con tejas, ni son a dos aguas, sino terrados y estos muy leves, llovíanse todas y no había donde guarecer la ropa y comida. Los ornamentos de las iglesias, con dificultad se guardaron. Oí decir a personas que se hallaron en Trujillo en aquella sazón, y a los que en ella había, que desde el valle de Chicama a Trujillo, que dijimos poner cinco leguas, corrían tres ríos que no se podían vadear. Las madres dellos de muy antiguo se ven y se conocen haber por allí corrido ríos; los nuestros decían haber quedado desde el diluvio. Los indios afirmaban haber oído a sus viejos que de muchos en muchos años acontecían semejantes aguas e inundaciones, y ahora un año subcedió tal azote, aunque no tan pesado.
Viviendo yo agora 15 años en Trujillo en nuestro convento (celebramos allí la fiesta de Nuestra Señora de la Visitación, con toda la solemnidad posible), cuando salíamos con la procesión ya se había revuelto el cielo; tronó, relampagueó, llovió, y si las cubiertas de las casas fueran de tejas, corrieran las canales por un poco de tiempo.
Empero estos aguaceros no llegan al valle de Santa. Pasadas estas aguas, son tantos los grillos que se crían en los campos y tierras de pan, y en las casas, que es otro azote y plaga no menor; cómense lo sembrado lo no sembrado, y en las casas hacen no poco daño. Demás desto, con la putrefacción de la tierra con las aguas, críanse muchos ratones, que es otra peor plaga. Llueve también en esta costa más continuamente que por estos llanos de Trujillo para abajo, en un asiento llamado, mejor diré en unas lomas llamadas de Ariquipa; pero esto es porque la mar, haciendo un grande ensenada, se mete casi a las faldas de la tierra, donde alcanzan muchos aguaceros, por lo cual los indios que aquí habitan más son más serranos que yungas. Visten como serranos. Lo uno y lo otro he visto muchas veces.
Es esta ciudad, como las demás de los Llanos, combatida de terremotos, aunque no tan recios como desde ella para arriba.

Capítulo XVIII
De la[s] guaca[s] de Trujillo

Hállanse en estos reinos, y particularmente en los Llanos, unos enterramientos, comúnmente llamados Guacas, que son unos como cerros de tierra amontonada a manos, debajo de la cual los señores destos Llanos se enterraban, con ellos, según es fama, y aun experiencia, ponían gran suma de tesoros de oro e plata y la mayor cantidad de plata, tinajas grandes y otras vasijas y tazas para beber, que llamamos cocos. La guaca más famosa era una que estaba poco más de media legua de la ciudad de Trujillo, de la otra banda del río, de un edificio en partes terrapleno, en partes de ladrillos grandes, o por mejor decir de adobes pequeños.
Este edificio era muy alto, y en circuito o de box (si como marineros nos es lícito hablar) debía tener poco menos de media legua.
Quien lo edificase no hay memoria, ni los indios tal oyeron decir a sus antepasados. Para edificarlo es imposible, sino que se pasaron muchos años y labraban en él suma de indios. Si no se ve no se puede creer. Siempre se entendió era enterramiento, y aun enterramientos o sepultura de muchos señores, cuales fueron los de aquel valle de Trujillo, que se entiende fueron mucho antes que los Ingas, y poderosísimos así en riquezas como en ánimos para subjetar mucha parte deste reino, —74→ porque a cuatro leguas de la ciudad de Guamanga se ha hallado otro edificio, aunque diferente, pero figuras de indios como las de los deste valle de Trujillo, de donde se colige hasta allí haber llegado el señorío destos señores, y aun pasado hasta el Collao. Porque en un pueblo deste Collao, Tiaguanueo, se ve otro edificio de cantería, y piedras muy grandes, muy bien labradas, semejantes a éste cerca de Guamanga, que los que allí hacen noche lo iban a ver a maravilla; la primera vez que por allí pasé, habrá 29 años, con otros dos religiosos, lo vimos y nos admiramos, porque no habiendo tenido estos indios picos ni escodas, ni escuadras, para labrar aquellas piedras, verlas labradas como si canteros muy finos las hobieran labrado, causaba admiración; había puertas de tres piedras y grandes: las dos que servían a los lados, la otra de umbral alto. Vimos allí una figura de sola una piedra que parecía de gigante, según era grande, corona en la cabeza y talabarte como los anchos nuestros, con su hebilla.
Preguntar qué noticia se tiene desta gente no hay quien la dé, y porque este edificio es semejante al de junto a Guamanga, se cree haberlo hecho un mismo señor, y que este era señor de Trujillo, que para memoria suya donde le parecía lo mandaba edificar. Cosa cierta no hay.
Los señores principales deste valle de Trujillo se llamaban, como propio nombre, Chimo, y de uno hasta el día de hoy hay memoria déste nombre, añadiéndole otro como por sobrenombre, Capac, que junto se nombraba Chimopacac, que quiere decir chimo riquísimo. Lo que se colige es que —75→ destos Chimos era la guaca de Trujillo enterramiento. Los vecinos de Trujillo, viendo aquel famoso edificio y teniendo noticia haber allí gran tesoro enterrado, sin que hobiese rastro ni memoria quien allí lo puso, ni a qué herederos les hobiese de venir, juntárose algunos vecinos de indios y no vecinos, y hecha compañía determinaron de cavar a la ventura como dicen; dieron en algunos aposentos debajo de tierra, y finalmente, dieron en mucho tesoro; y no en el principal como se tiene por cierto. Cúpoles a más de 160000 pesos, pagados quintos, pero no sé qué se tenía aquella plata, que ninguno la gozó; fuéseles como en humo. Verdad sea que gastaban a su albedrío y sin orden alguna; otros cavarían en otras partes, sacaron alguna plata, no tanta como los desta compañía. Comenzando a sacar plata desta guaca, todos los valles de los Llanos se hundían cavando guacas, y registrando sacaron plata de la bolsa pagando jornaleros cavadores y mucha tierra; nunca, empero, hallaron lo que deseaban. Hobo en este tiempo en el valle de Lima un famoso hereje, creo inglés, que junto al pueblo de Surco él sólo cavaba una guaca, que llaman de Surco, y por lo que después, cuando preso y descubierto ser hereje se entendió, aguardaba otros de su herejía que habían de venir; allí se estaba de día y de noche cavando y sacando la tierra él propio, mal vestido; venía a la ciudad, que dista de la guaca una legua, pedía por amor de Dios y llevaba poco que comer, hasta que se descubrió ser hereje, preso por el Santo Oficio justísimamente. Le quemaron en el primer aucto que los señores inquisidores hicieron.

—76→
Capítulo XIX
Del valle de Sancta

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