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Atenas que mencionábamos. Cómo puede hablarse de derechos humanos y en
qué mundo vivimos, si al país que en esta época y enfrentando dificultades inimaginables
se está acercando y se acerca cada vez más aceleradamente a ese nivel, a
ese sueño de justicia, de verdadera libertad, de verdadera democracia, de verdaderos
derechos humanos, se le condena en Ginebra como violador de esos derechos.
No puedo en una reunión como esta, en la que no quería hablar, abordar tan
espinoso tema, pero ya que me obligaron… Cuando uno habla debe ser para decir
algo. Le añado que quizás este sea hoy el país más unido del mundo y más preparado
políticamente, quizás sea este hoy el país más entusiasta y el más lleno de
esperanzas cuando mira hacia el futuro.
Ustedes saben que hace solo unos días, allá, en la Plaza de la Revolución, un
millón de habaneros se reunió. Sí, a los pocos días de la condena, indignado por
aquella colosal ofensa, y lo increíble es que los que nos condenaron no podrían
mostrar otro cuadro que el cuadro del infierno, porque esos países -y me estoy
refiriendo en este caso concreto a los de América Latina- son la negación total de
los derechos que mencionábamos. No hay, por eso, que afligirse. Habrá un juez
inapelable, y ese juez será la (Aplausos).
Es por ello que les contaba que al mirarlos así, me preguntaba: ¿Es esto una
escuela de medicina? Y para qué serviría si ustedes regresaran a sus países para
incorporarse a instituciones permeadas, desgraciadamente, por el economicismo,
el mercantilismo y el egoísmo, y ninguno quisiera viajar a una montaña, a una
meseta, a un rincón de los campos, o a barrios marginales para ejercer allí la noble
profesión de médico. Más que escuela de medicina, nuestro más ferviente deseo
es que esta sea una escuela de solidaridad, de hermandad y de justicia.
Tengo la convicción de que así será, que no en balde los estudiantes de esta
escuela y las otras constituyen una representación de todas las etnias y de todos
los sectores más humildes de sus países, 66 etnias, según nos dijeron.
Qué hermoso espectáculo ver aquí unidos, estudiando juntos, a estudiantes
de toda América Latina y a estudiantes norteamericanos. Con qué placer y satisfacci
ón escuchamos a esa joven que habló aquí, o a la que allí cantó, y cuántas
esperanzas de amistad y de hermandad pudieran concebirse si nos unimos todos
bajo ideales de justicia, bajo ideales de igualdad, los que expresaba aquí el presi-
Palabra de Fidel
20
dente Carter, los ejemplos que citaba, impresionantes, cuando nos contaba cómo
con una pastilla, una pastilla, o tal vez dos, se podía contribuir a que terribles
enfermedades desaparecieran; con un esfuerzo noble, dirigido a resolver algunas
de las tragedias que padecen los seres humanos en este mundo, se podían resolver
mediante procedimientos sencillísimos. Y mi pregunta era, la que me surgía
de la mente, ¿cuánto habrá costado todo eso?, y es evidente que los recursos
invertidos son mínimos. Pensaba que hay miles de millones de personas sobre la
tierra con esos mismos problemas o riesgos de sufrirlos.
No se mencionó, puesto que no era posible -él se concretaba a los casos que
han estado atendiendo en el terreno de la medicina, ya que mencionó otros terrenos
en los que la Fundación o Centro Carter está contribuyendo-, por ejemplo, el
paludismo, las decenas de millones de personas que enferman de paludismo y los
millones de personas que mueren del paludismo, o la tifoidea.
No se mencionó el espanto, era demasiado bella la tarde para hablar del espanto,
y el espanto se llama SIDA, y cuando se menciona el Africa es imposible
dejar de tener en la mente 26 ó 28 millones de personas infectadas de SIDA; 13 ó
14 millones de niños huérfanos; millones de niños que nacen ya con el virus adquirido
en el vientre de la madre. Una de las más grandes tragedias que ha conocido
la humanidad y que amenaza con el exterminio de naciones enteras, e incluso
de regiones enteras.
A cualquiera de estas cifras habría que añadirles los millones de analfabetos,
el número creciente que hay en el mundo; los millones de desempleados; el 60% o
el 70% de los ciudadanos latinoamericanos que viven del trabajo informal, sin seguridad,
sin protección social alguna, sin ningún derecho, porque no solo se han
estado erradicando el movimiento obrero y los sindicatos, sino, incluso, los derechos
más elementales de los trabajadores. ¡Cuántas calamidades pudieran sumarse!
El presidente Carter nos hablaba del noble esfuerzo de su esposa en el estudio,
la investigación y la lucha contra los fenómenos de retraso mental, y ahí se abordaba
un tema tremendo. Nosotros lo sabemos, porque vamos conociendo los datos
exactos de personas que padecen de alguna incapacidad por retraso mental,
que en la capital de la república solamente son más de 13 000, y a cada uno de
ellos hay que estudiarlos, e incluso los estamos estudiando ya, preparando
genetistas a paso acelerado, equipando laboratorios adecuados, sobre todo al conocer
-y no estudiamos solo los casos de atraso mental, sino los casos de incapacidad
por alguna otra causa- que alcanzan la cifra de 48 000 en nuestra capital
con alguna incapacidad; y partiendo del conocimiento de que más de 80 enfermedades
de diversos tipos tienen origen genético, nos estamos dando a la tarea del
estudio genético de todos los casos de retraso mental y de algunas otras enfermedades
genéticas con las cuales no nace el niño y que puede padecer después como
consecuencia, por ejemplo, del hipotiroidismo o de algo ya afortunadamente abolido
hace rato, en este y otros países, como es la poliomielitis. Pero hay muchos
casos de origen genético o de origen ambiental o de origen accidental.
Cuando se menciona eso y se conocen las cifras, se empieza a acercar alguien
a la cantidad de tragedias que sufre la sociedad humana y muchas veces aquellos
seres la sufren en solitario, porque muchos ni saben lo que les está ocurriendo.
Un motivo más de satisfacción para la visita que hemos tenido hoy, cuando vemos
el esfuerzo de ellos en pro de la lucha por evitar, en primer lugar, y ayudar en lo
que sea posible, a los que sufren algunos de estos padecimientos.
No quiero, sin embargo, extenderme, porque este es un tema que daría hasta el
amanecer.
Me faltaría fundamentalmente expresar las razones por las cuales hemos recibido,
con respeto, con gran hospitalidad y agrado, al expresidente Jimmy Carter, a
su esposa y a su delegación.
No piensen que es una delegación numerosísima, la más numerosa delegación
Selección de discursos
21
que ha visitado el país junto con ellos es la delegación de reporteros y periodistas,
cosa, desde luego, lógica.
Ayer en el aeropuerto explicamos sus esfuerzos por mejorar las relaciones entre
Estados Unidos y , en medio de aparentemente insalvables dificultades;
por esas dificultades que no voy a enumerar no se avanzó más en aquel entonces.
Pero nos parecía de elemental justicia histórica hacer ese reconocimiento, así como
reconocer el valor de visitar nuestro país.
Fue valiente al intentar mejorar las relaciones; nadie piense que eso era fácil.
Fue valiente al visitar a , a pesar de que siempre surgieron los que se opusieran,
a pesar de que se exponía a críticas y calumnias.
El programa de su visita no lo escogimos nosotros, lo escogió él, y se interesaba
fundamentalmente en el terreno de la educación, ocupando este prácticamente el
número uno; se interesaba por esta Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas
de manera especial, algo que se explica por lo que nos contó del esfuerzo que
realizan en muchos países por la salud, en la medida de sus recursos. Es grande
la experiencia que deben haber adquirido sobre muchos de esos temas.
En el esfuerzo inteligente, debo decir aquí sin ánimo de halagos personales, es
claramente perceptible el grado de inteligencia del expresidente Carter, a lo cual
se une, en grado aún más alto, su ética personal y familiar. Esa fue, realmente,
una de las primeras cosas que captamos, desde que empezaron a escucharse sus
discursos cuando aspiró a la presidencia de Estados Unidos; han sido dos factores
que han estado unidos a su y a su personalidad, y se explica muy bien
su interés en conocer esta escuela, en conocer también la escuela de trabajadores
sociales, conocer instituciones dedicadas a la educación especial y reunir informaci
ón sobre los esfuerzos que, en este sentido, ha estado realizando nuestro país
en las esferas de la salud, la educación, la cultura y las investigaciones médicas.
Cuando él hablaba de lo que había hecho, y seguramente con muy pocos recursos,
ya que es un hombre austero -cuando estaba en el aeropuerto, yo esperaba
que viniera en un Boeing grande de esos, y de repente veo un pequeño avión de
dos motores que pasa sobre la pista, voltea, aterriza y se acerca a nosotros, es por
eso que le dije, y creo que salió por los micrófonos, no sabía que estaban tantos
micrófonos por allí: “Yo creía que usted iba a venir en un Boeing de esos de último

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