Фидель Кастро Рус. Собрание выступлений 1990-2000-ых годов. Fidel Castro Rus. Palabra de Fidel. Selección de discursos
Uncategorized August 2nd, 2006
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disminuir sus méritos o hacer daño a la ayuda que su Fundación ofrece a
tantas personas pobres, necesitadas y abandonadas que existen hoy en el mundo.
¡Muchas gracias!
Discurso del Presidente de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz,
con motivo de la visita del expresidente norteamericano, James
Carter, a la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, el día 13
de mayo del 2002.
Distinguido expresidente de Estados Unidos, James Carter, su esposa y dem
ás acompañantes;
Saludo, igualmente, a los demás invitados, y a los queridos estudiantes de esta
escuela de medicina:
Yo no estaba seguro de si debía hablar, entre otras cosas, para no arriesgarlos
a ustedes aquí (Risas) a un discurso que se extienda un poquito más de la
cuenta; pero, bueno, se hizo un silencio total y de esa forma me sentí obligado
(Risas), óiganme bien, a ocupar unos minutos esta tribuna.
Por ahí había un programa que decía: “Finalmente, anuncian las palabras
centrales”, así suele decirse en los actos públicos, en las tribunas abiertas, etcétera,
y yo digo, en todo caso, si digo algo serán las palabras finales, puesto que las
palabras centrales correspondían al presidente Carter, para que comprendan esto
de expresidente y de presidente, es que por una cuestión de cortesía, en Estados
Unidos, de forma familiar, a los que han sido presidentes, aun cuando hayan
dejado de serlo, se les sigue llamando presidentes, y a él lo estamos tratando
familiarmente en la tarde de hoy.
Yo meditaba, realmente, ¿qué es lo que estamos haciendo, si esto es una escuela
de medicina o esto es otra cosa? Uno piensa en números, porcentajes, etcé-
tera. Yo también calculaba, por ejemplo, cuántos médicos teníamos al triunfar la
Revolución y los que están hoy estudiando en esta escuela son más que todos los
médicos que tenía Cuba, y en dos o tres años quedaron la mitad de aquellos médicos.
También quedó solo el 40% de nuestros profesores de medicina.
Los resultados que hoy pudiera presentar -no digo exhibir, porque nosotros no
exhibimos nada, presentamos-, son el resultado de un gran esfuerzo, de un esfuerzo
de 43 años.
Con aquellos médicos que quedaron en nuestro país, es que pudo crearse lo
que hoy tenemos y hoy tenemos 22 médicos por cada uno de los que nos dejaron,
un poquito más de 22, y cursan estudios en nuestras universidades dos veces y
media el total de médicos que quedaron.
Sí, nos vimos ante la situación de un gran desafío, nos quedábamos sin médicos
o hacíamos el esfuerzo requerido para disponer de todos los médicos necesarios.
Entre nuestras grandes esperanzas, cuando pensábamos en el futuro, cuando
soñábamos en ese futuro, estaba que nuestro país dispusiera de un buen sistema
médico.
A mí no se me puede olvidar que cuando era un alumno de quinto o sexto
grado de la escuela primaria y viajaba allá, donde yo vivía, en un latifundio, me
encontraba a veces con que la tercera parte de los niños había muerto; de aquello
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no se enteraba nadie, y aquello no salía en los periódicos, ¿y de qué morían?, de
acidosis. A esto hay que sumarle, desde luego, los que morían habitualmente de
tétanos, o de cualquier otra de las muchas enfermedades habituales que azotaban
nuestros campos.
Soñábamos también con las escuelas, porque observábamos lo que veíamos
en todo lo que nos rodeaba, casi todos los jóvenes y adultos eran analfabetos.
Recuerdo que algunos de los pocos que sabían leer y escribir se ganaban la vida
escribiendo cartas para los que querían escribirle a una novia o a una enamorada
o a una joven que pretendieran conquistar; pero no es que le dictaran una carta,
sino que le pedían también que elaborara el contenido de la carta, le pedían que
dijera lo que el que la escribía creyera lo que tenía que decir para conquistar a la
muchacha, porque, en aquella época, los muchachos conquistaban a las muchachas
(Risas y aplausos), no había tanta igualdad (Risas).
Aquellos eran dos pilares por los que luchábamos, pero no eran los dos pilares
fundamentales, había un pilar fundamental: la justicia, la igualdad de posibilidades,
la verdadera hermandad entre los seres humanos. ¿Y qué es una sociedad
sin justicia? ¿Qué es una sociedad de analfabetos? ¿Qué es una sociedad donde
unos pocos tienen todo y los demás no tienen nada? ¿Qué libertad puede nacer de
la desigualdad y la incultura? ¿Qué democracia? ¿Qué derechos humanos?
Hay cosas muy profundas que mueven los sentimientos de nuestro pueblo.
Albergamos la más firme convicción de que hay muchas palabras y muchos conceptos
que tienen que ser redefinidos, si es que queremos, realmente, marchar
hacia un futuro digno. El futuro no puede ser el pasado, y concebir una sociedad
futura requiere, realmente, repensar muchos conceptos que son prehistóricos.
Todos sabemos, o muchos de nosotros, que cuando surgió por vez primera la
palabra democracia fue allá en Grecia, y cuando éramos jóvenes nos decían: “Allá
está el ejemplo de la democracia, los ciudadanos reunidos en un parque público,
que debe haber sido bien pequeño, gobiernan.” En aquella época Atenas, por
ejemplo, tenía 20 000 ciudadanos libres -deben haber sido un poquito menos,
porque si se reunían en la plaza y no existían ni siquiera los micrófonos, en realidad,
cabían en un pequeño parque; sin estos micrófonos yo no podría hacerme
escuchar allá, en el fondo de este conjunto de personas aquí reunidas-, y al lado
de los 15 000 ó 20 000 ciudadanos libres, había 50 000 ó 60 000 que no gozaban
de derecho alguno y alrededor de 80 000 seres humanos que eran esclavos.
Cuando pasamos la vista por el mundo que hoy conocemos y sabemos que hay
miles de millones de seres humanos que viven en inconcebible pobreza, miles y
miles de millones de seres humanos que pueblan ese Tercer Mundo, nos podemos
preguntar en qué mundo estamos viviendo; cuando sabemos que hay países donde
el 90% son analfabetos y no tienen escuelas y vemos que su número crece cada
año; cuando llegan noticias de que solamente niños que podrían salvarse mueren
antes de cumplir el primer año de vida, y se compara países donde mueren 5, 6, 7,
8 por cada 1 000 nacidos vivos y donde la cifra se eleva a más de 150, nos preguntamos,
en qué mundo estamos viviendo.
Muchas veces nos preguntamos cuál será el siglo, cuál será el milenio en que
podamos decir que todos los seres humanos que vienen a este mundo, vengan,
realmente, con una igualdad de posibilidades ante la vida.
Nosotros hemos hecho un gran esfuerzo para que, al menos, en esta isla, existiera
esa igualdad de posibilidades para todos los seres humanos y aun todavía no
lo hemos alcanzado totalmente. Podrán imaginarse cuán difícil es y cuánto más
difícil aún, si se parte de la pobreza, como ha tenido que partir nuestro país, y de
la cual parten hoy más de 140 países en mayor o menor grado. Y si algo puede
satisfacer, como premio al esfuerzo de tantos compatriotas como lucharon y muchos
de ellos cayeron o dieron todas las energías de su vida a una idea justa, a un
sueño noble, es que nuestro país se va acercando hacia una sociedad donde todos
los seres humanos tengan iguales posibilidades, pero no en teoría, porque solo en
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teoría se podría hablar de igualdad en este mundo. Solo en teoría, si se sabe que,
por ejemplo, un país como Mozambique tiene un per cápita del Producto Interno
Bruto equivalente a 80 dólares al año y hay otros que tienen 45 000 dólares per
cápita anualmente, y no me refiero solo a la diferencia entre las naciones, sino a
las diferencias entre los individuos dentro de las naciones, y en eso nuestros paí-
ses latinoamericanos son campeones olímpicos.
Procedemos todos nosotros de una región donde existe la mayor diferencia
entre ricos y pobres; es sabido que en muchas el 10% más rico de la población
posee más del 50% de las riquezas y bienes que se crean en esas naciones y el 10%
de los más pobres apenas dispone del 4% o el 5%, a veces, incluso, menos, del
Producto Interno Bruto.
Se camina por las calles y se les ve llenas de niños limpiando parabrisas, limpiando
zapatos o trabajando por miserables sueldos para ayudar a su familia, o
sin ir a la escuela porque no hay escuelas, o sin graduarse ni de quinto grado
porque solo el 52%, si mal no recuerdo, alcanza el quinto grado, mucho menos el
sexto y mucho menos el noveno. Podríamos preguntarnos por qué, qué grado de
justicia hay, a qué están destinados unos y a qué están destinados otros.
Es por ello, que si bien es cierto que muchos reconocen a nuestro país grandes
avances en salud, educación, deportes, cual si esos fueran los únicos objetivos, o
los objetivos finales de nuestras luchas o de nuestras vidas, habría que decir:
Nosotros buscamos algo mucho más noble, buscamos justicia para todos.
Cómo puede haber justicia sin saber leer y escribir. Cómo puede haber libertad
sin justicia ni igualdad. Cómo puede haber democracia al estilo de aquella
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