Фидель Кастро Рус. Собрание выступлений 1990-2000-ых годов. Fidel Castro Rus. Palabra de Fidel. Selección de discursos
Uncategorized August 2nd, 2006
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que se habló de cómo reducir el costo de la atención para una persona
infectada de SIDA a fin de que sobreviva. Todos sabemos que el costo es de 10.000
dólares por persona infectada. Allí se afirmó por representantes de países occidentales,
países europeos en general, que había que buscar fórmulas para reducir los
costos. Cualquiera conoce que producir esos medicamentos cuesta alrededor de
1.000 dólares por enfermo, y eso, a partir de una fórmula perfecta y un coctel
perfecto, se puede resolver con mucho menos dinero. Y unos cuantos representantes
africanos expresaron una realidad: que aunque les regalasen los medicamentos,
no tenían infraestructura para distribuirlos y aplicarlos.
He escuchado también, por otro lado, a representantes de países
industrializados como Francia, Suecia, Alemania y otros aquí presentes, la disposici
ón de ayudar a estos países del Tercer Mundo.
Esta es una cuestión de vida o muerte. Yo pensaba, ¿qué podríamos hacer?
Recordarles que Cuba es un país pequeño, pobre. Algo más: hostigado y bloqueado.
Pero no es eso de lo que quiero hablarles. Gracias a los profundos programas
de educación que se han llevado a cabo durante muchos años, Cuba dispone hoy
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Palabra de Fidel
de un importante capital humano, y el capital humano es decisivo; yo diría que es
más importante aún que el capital financiero. Y nuestro país dispone de suficiente
personal médico, si las Naciones Unidas lo decide, para cooperar con la Organizaci
ón Mundial de la Salud y con los pueblos del África subsahariana, que son los
que están padeciendo en mayor grado este flagelo destructor, para organizar, de
manera emergente, la infraestructura necesaria para poder aplicar esos medicamentos
en África. No estoy exagerando. Esto puede significar 1.000 médicos, 2.000,
3.000 trabajadores de la salud, entre los que están paramédicos, los necesarios
para llevar a cabo ese programa en conjunto.
No h abría que esperar a que murieran millones de niños; se podría lograr que
sobreviviera una buena parte de los 25 millones de personas infectadas, evitar
que siguiera creciendo el número de huérfanos, que ya son 12 millones, y que
dentro de algunos años serán alrededor de 40, ¡una tragedia dantesca!
No hay país que pueda desarrollarse, cualesquiera que sean los recursos, si
tiene un 25%, un 30% de personas infectadas, millones y millones de huérfanos. A
mi juicio, eso significaría, realmente, el exterminio de naciones enteras de África,
y es posible que de una gran parte del continente africano. Esa es la realidad.
Por eso yo, que tal vez no iba a hablar, llegué después de iniciada la reunión
porque estaba en el plenario, al escucharlos a ustedes decidí plantear esto, así, en
concreto: Cuba ofrece a las Naciones Unidas, a la Organización Mundial de Salud
y a los países africanos, el personal necesario para hacer programas no solo de
SIDA, sino incluso para otros problemas de salud, y también para formar personal
allí sobre la marcha: técnicos, enfermeras.
En los lugares adonde vamos lo primero que hacemos es crear una facultad de
medicina. África necesita cientos de miles de médicos para disponer de un médico
cada 5.000 habitantes; nuestro país dispone hoy de 1 cada 168 habitantes. Tenemos
experiencia en salud, actualmente alrededor de 2.000 están trabajando y
prestando excelentes servicios en el exterior. Es lo que quiero plantear aquí en
concreto, con espíritu de cooperación. Y ojalá que los países europeos, países
industrializados que están aquí presentes, tomen en cuenta esto que estoy planteando,
y se pueda hacer un esfuerzo por contribuir a buscar los medicamentos,
por abaratar esos medicamentos.
Eso es peor que las guerras que están teniendo lugar en el mundo. En África
mueren –en este momento se están muriendo- un millón de personas cada año
por la malaria, se infectan de 300 a 500 millones; además, están muriendo 2
millones de personas de SIDA, y por cada dos que mueren, de cuatro a cinco se
infectan —conocemos que no se ha avanzado lo suficiente por una vacuna, y no se
sabe cuándo va a aparecer—, y mueren 3 millones de tuberculosis.
Estamos proponiendo, en concreto, un programa para África. No estoy exagerando
en lo más mínimo, y no estamos buscando nada. Nuestros médicos adonde
van no hablan ni de religión, ni de política, ni de filosofía, llevan años cumpliendo
misiones y han adquirido un gran respeto y un gran reconocimiento por parte de
la población.
Dejo esta proposición en manos de esta mesa redonda de las Naciones Unidas,
y más nada.
Muchas gracias, señor Presidente.
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Selección de discursos
Intervención en la Mesa Redonda No. 3 de la Cumbre del Milenio,
“El papel de las Naciones Unidas en el Siglo XXI”, Naciones Unidas,
Nueva York, 7 de septiembre de 2000.
Colegas:
Quedamos unos pocos leales aquí al término de este fascinante tema. Los dem
ás son también leales al tema, pero comprendo perfectamente que compromisos
previos no les han permitido estar todo el tiempo. Yo casi por una cuestión de
conciencia voy a decir unas pocas palabras, a partir de las más íntimas convicciones
sobre lo que se ha estado discutiendo.
Tú hablabas (se refiere al Presidente Chávez) de que mañana tienes que pronunciar
un breve discurso. No sé cuánto tiempo te den.
Presidente Chávez.- Cinco minutos.
Cmdte.- ¿Cinco minutos para todo esto? (Risas) Bueno, está bien, tú has logrado
dirigir una mesa redonda… interesante. Yo estuve en la de esta mañana, pero
les aseguro que he experimentado un gran sentimiento de satisfacción al escuchar
las cosas que se han dicho aquí.
Si en vez de las personas que aquí estamos, incluso representantes de algunos
países desarrollados, hubiesen estado 100 países del Tercer Mundo, además de
los aquí presentes habrían expresado más o menos los mismos puntos de vista
que se han expresado aquí.
De modo que cuando tú hables, lo que puedas decir durante algunos minutos
estoy seguro que recogerá este sentimiento que se ha manifestado en la tarde de
hoy, y nosotros gustosamente —yo por lo menos, y estoy seguro de que todos los
demás— te concedemos un voto de confianza para que, como Presidente de la
Mesa, expreses de alguna forma lo más elegante posible, pero ajustada a la verdad,
y puedas hablar en nuestro nombre de las preocupaciones que hemos expresado.
Tengo presente el recuerdo del momento en que se fundaron las Naciones Unidas:
inmediatamente después de una guerra terrible contra el nazismo, en que se
produjeron inusitadas alianzas entre fuerzas de distintas corrientes ideológicas
para luchar contra aquel terrible mal que amenazaba a la humanidad.
Aquella guerra costó 50 millones de vidas. Emergieron victoriosos un grupo de
los principales países beligerantes, que en unión de otros de menor peso fundaron
esta institución. Hasta Cuba estaba allí; Cuba no tenía nada de independencia,
Cuba era una semicolonia, y a decir verdad casi todos los demás países latinoamericanos
eran semicolonias, y la mayor parte de los países aquí presentes no
eran entonces independientes.
Estamos viviendo una situación completamente nueva, realmente hoy no se
puede hablar de un sistema de Naciones Unidas; no existe un sistema de Naciones
Unidas, lo que existe realmente en la actualidad es un sistema de dominación de
casi todos los países del mundo por un reducido grupo de potencias que, bajo la
égida de Estados Unidos, la más poderosa de todas, determinan todos los asuntos
de nuestro mundo.
Yo veía ayer una imagen de lo que son las Naciones Unidas en la actualidad.
En el almuerzo, donde había un gran número de mesas, en unas mesas estábamos
los plebeyos, y en otra —la observaba atentamente— estaban los poderosos
que gobiernan este mundo. Digamos los que lo gobiernan en un sentido político,
no puedo decir que todos en un sentido económico; estaba también allí en esa
mesa un subgrupo que domina al mundo no sólo política sino también económicamente.
Presidiendo la mesa, como es lógico, estaba nuestro ilustre amigo, el
Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que debía pronunciar un
discurso; junto a él, es igualmente lógico, estaba el Presidente de Estados Unidos;
a su izquierda estaba nuestro amigo el Presidente de Malí, porque hacía falta colorear
aquello de alguna forma; a la derecha del Presidente Clinton estaba el Presi-
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Palabra de Fidel
dente de Francia; y de inmediato, dándole también un cierto color, una ilustre
personalidad, que es nuestro amigo Obasanjo. A la izquierda del Presidente de
Malí estaba Jiang Zemin, gran país, que no domina económicamente al mundo,
pero sí tiene una gran cuota de poder político; a la izquierda de Jiang Zemin, el
Primer Ministro de Gran Bretaña, y un poco más acá, de espalda al punto de
observación mío, estaba el Presidente de Rusia, que no es una gran potencia econ
ómica, pero sí una gran potencia política, y especialmente una gran potencia
militar. Yo distingo entre una superpotencia que puede destruir a la gran potencia
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