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Фидель Кастро Рус. Собрание выступлений 1990-2000-ых годов. Fidel Castro Rus. Palabra de Fidel. Selección de discursos


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o
el azúcar de caña por la fructosa procedente del maíz, con más poder edulcorante
y menos calorías, preferida por muchas personas, o sabores artificiales como el de
la vainilla, la fresa y otros muchos que imitan los de frutas tropicales y
semitropicales. Sus mentes están congeladas en las demandas de hace medio siglo.
El veneno neoliberal y otras falsedades los ciega incurablemente, e incluso
engañan todavía a importantes sectores de la población que no comprenden la
esencia de los problemas que sufren, a los cuales no se les explica nada, o les
ocultan la información.
No cabe la menor duda de que al menos los gobiernos de dos países de los más
importantes de América Latina, como la bolivariana y , la mayor y
más poblada nación latinoamericana, comprenden estas realidades y encabezan
la resistencia.
Para , es absolutamente claro que el llamado Acuerdo de Libre Comercio
de las Américas en las condiciones, plazo, estrategia, objetivos y procedimientos
impuestos por Estados Unidos, conducen inexorablemente a la anexión de América
Latina a Estados Unidos. Tal tipo de asociación entre una gigantesca potencia
industrial, tecnológica y financiera, con países que padecen un alto grado de pobreza,
subdesarrollo y dependencia financiera respecto a instituciones que están
bajo la égida de Estados Unidos, que controla, rige y decide en el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otras,
impone tales condiciones de desigualdad, que sólo implicará la absorción total de
la de los demás países de América Latina y el Caribe por la de
Estados Unidos.
Todos los bancos, compañías de seguros, las telecomunicaciones, los servicios
navieros y las líneas aéreas serán norteamericanos. El comercio pasará a manos
norteamericanas, desde las grandes cadenas de comercialización hasta las ventas
de pizzas y McDonalds.
La industria química, la automotriz, la de producción de maquinarias y equipos
y otras que son fundamentales, pasarán a ser industrias norteamericanas.
Los grandes centros de investigación, la biotecnología, la ingeniería genética y
las grandes empresas farmacéuticas serán propiedad de las transnacionales de
Estados Unidos. Las patentes y tecnologías, casi sin excepción, serán norteamericanas.
Los mejores científicos latinoamericanos trabajarán en laboratorios norteamericanos.
Las grandes cadenas de hoteles serán norteamericanas.
La llamada industria de recreación será monopolio casi total de Estados Unidos.
Hollywood producirá, como suministrador casi exclusivo, películas y seriales
para los cines, las emisoras de televisión y los video cassettes de América Latina;
nuestros países, que ya alcanzan un consumo de alrededor del 80 por ciento,
verán crecer aún más el uso de esos productos destructores de sus valores y sus
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Selección de discursos
culturas nacionales. ¡Y qué maravilloso: dos o tres Disneylandias serán con seguridad
construidas en Centro y Sudamérica!
Los pueblos latinoamericanos seguirían siendo fundamentalmente productores
de materias primas, creadores de bienes primarios y colosales ganancias para
el gran capital transnacional.
La agricultura norteamericana recibe subsidios que alcanzan 80 mil millones
de dólares, y seguirá recibiéndolos en el futuro de una u otra engañosa forma. Su
productividad por hombre y por hectárea, con empleo de grandes y sofisticadas
máquinas y abundantes niveles de fertilización, es mucho mayor. Cultivarán granos
genéticamente transformados, con rendimientos mucho mayores, independientemente
de que sean o no compatibles con la salud humana.
Como consecuencia, los cultivos de maíz, trigo, arroz, soya y otros granos casi
desaparecerán en muchos países latinoamericanos; no habrá para ellos ninguna
seguridad alimentaria.
Cuando una gran sequía u otras calamidades afecten la producción agrícola
en regiones enteras del mundo, grandes países como China, con abundantes reservas
en divisas convertibles, o la India, con menos reservas pero con determinados
recursos financieros, pueden verse obligados a comprar decenas de millones
de toneladas de granos. Si eso ocurre, los precios pueden adquirir niveles
inalcanzables para muchos países latinoamericanos, si sus producciones de granos
son liquidadas por el ALCA. Por grandes que sean las cosechas, Estados Unidos
sólo puede producir una pequeña parte de los alimentos que necesita una
población mundial creciente, que hoy alcanza más de 6 mil 100 millones de habitantes.
La disminución de la producción de los alimentos en América Latina puede
afectar no sólo a esos países, sino también al resto del mundo.
Latinoamérica seguirá desempeñando, en condiciones cada vez más difíciles e
insoportables, el triste papel de suministradora de materias primas y mano de
obra cada vez más barata, comparada con los salarios que se pagan en Estados
Unidos, 15 ó 20 veces mayores que los que las grandes transnacionales pagan en
las fábricas que instalan en la región, las que además emplean cada vez menos
personas por el nivel de automatización y la productividad que alcanzan. Es ilusoria,
por tanto, la idea de que traerían abundantes puestos de trabajo. La agricultura,
que suele ocupar en cambio un número de trabajadores más elevado, se vería
afectada por las razones señaladas. El desempleo, por tanto, crecería considerablemente.
En Alemania y otros países europeos padecen desempleos de hasta un
10 por ciento, a pesar de la enorme cantidad de industrias y servicios que poseen.
Las naciones latinoamericanas estarían llamadas a convertirse en enormes
zonas francas que no pagan impuestos, o sólo muy reducidos. Los países han sido
puestos a competir entre sí buscando a cualquier precio las inversiones extranjeras.
Se les invita a producir vegetales de estación y frutas tropicales, que podrían
suministrar a todo el mercado norteamericano con menos de un millón de hectá-
reas de tierras bien cultivadas.
Tal vez reciban un número mayor de turistas norteamericanos que viajarán
por el inmenso territorio de Centro y Sudamérica, que se alojarán en hoteles norteamericanos,
viajarán en líneas aéreas o en cruceros norteamericanos, utilizarán
servicios de comunicación norteamericanos, comerán en restaurantes norteamericanos,
comprarán en tiendas norteamericanas mercancías producidas en empresas
norteamericanas con petróleo y materias primas latinoamericanas; exportar
án combustible, cobre, bauxita, carne (si no hay fiebre aftosa), bananas y otras
frutas si no hay medidas proteccionistas no arancelarias, y quizás algunas
artesanías.
¿Qué irá quedando? La condición de trabajadores de las empresas norteamericanas
en los empleos por lo general peor remunerados y más duros, o como
sirvientes de las casas de los ejecutivos y jefes norteamericanos, los profesionales
de alta calificación, o de lo que quede de las burguesías locales. Sólo minorías de
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Palabra de Fidel
burgueses privilegiados y sectores o capas medias de aristocracia obrera tendrán
algo que ganar. Habrá grandes masas de fuerzas laborales excedentes, como ocurre
hoy en , cuyos índices de desempleo alcanzan entre el 15 y el 20 por
ciento y no tendrán subsidio alguno. En eso pueden apreciarse los frutos de la
globalización neoliberal, a pesar de las decenas de miles de millones de dólares de
capital extranjero invertidos, la privatización y venta a empresas foráneas de la
casi totalidad de las empresas estatales y la enorme deuda contraída por grandes
préstamos recibidos.
El ALCA significará más neoliberalismo, menos protección a la industria y a
los intereses nacionales, más desempleo y problemas sociales.
Es absolutamente seguro que las monedas nacionales desaparecerán. Ninguna
podrá sostenerse; serán sustituidas por el dólar. Aun sin ALCA, hay ya una
fuerte corriente en esa dirección, que involucra a varios países a partir de la decisi
ón adoptada por . La Reserva Federal de Estados Unidos dictará la polí-
tica monetaria de cada uno de ellos. El ALCA, que beneficia sólo al gran capital
transnacional, tampoco beneficiará a los trabajadores norteamericanos, muchos
de los cuales quedarán sin empleo. Por eso también sus representantes protestan
en Quebec con creciente fuerza, y protestaron antes con gran furia contra la OMC
en Seattle.
Si no hubiese sido soberana en política monetaria, no habría podido
jamás revalorizar siete veces el valor del peso entre 1994 y 1999, ni habría sido
posible vencer el período especial.
Dos factores fueron decisivos: no pertenecer al Fondo Monetario Internacional
y tener una política monetaria independiente.
A partir del instante en que lo dicho anteriormente sobre el ALCA ocurra, ya no
podría hablarse de independencia y la anexión comenzaría a ser una realidad. No
hay un ápice de exageración en lo que hasta aquí he afirmado.
Lo peor, lo más triste, cínico e hipócrita, es que este monstruoso paso se pretenda

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