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Gracias. (Ovación)
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Palabra de Fidel
¡NO AL ALCA! (aparecido en P/L@414)
Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro
Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de
y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, con
motivo del Día Internacional de los Trabajadores, en la Plaza de la
Revolución, 1º de mayo del 2001.
Distinguidos invitados;
Queridos trabajadores;
Compatriotas:
Hace un año exactamente, nos reunimos aquí en histórica concentración. Ese
día, después de 41 años se cambió el desfile tradicional del Primero de Mayo por
Tribuna Abierta. Aquel fue un inolvidable acto de una inolvidable lucha.
Las imágenes fílmicas de aquel memorable día deberán preservarse con esmero
para que las futuras generaciones conozcan cómo sus padres forjaron la victoria,
y puedan vivir en parte las emociones de aquella jornada.
No hubo tregua cuando el padre regresó con el niño. Entonces la lucha apenas
comenzaba. Tomamos conciencia de que la causa que originaba aquellas y otras
tragedias permanecería indemne y no nos detendríamos, como juramos en Baraguá,
hasta que fuesen erradicadas todas.
Después de heroica resistencia, a 42 años de bloqueo genocida y cruel, entrá-
bamos al nuevo milenio con energías renovadas y multiplicadas fuerzas.
Una nueva era de lucha estaba comenzando. El imperio, mucho más poderoso,
había devenido superpotencia única; pero nuestro pueblo, recién salido de la
neocolonia, saturado de mentiras y propaganda macartista, poco instruido y casi
analfabeto políticamente, había dado un colosal salto en la : había erradicado
el analfabetismo y graduado cientos de miles de profesionales universitarios
que poseían una cultura política muy superior a la de su adversario histórico; un
pueblo que alcanza ya el más alto grado de unidad que había tenido jamás, que
acumula gran experiencia política y colosal fuerza moral, patriótica e internacionalista;
un pueblo que había soportado inconmovible la invasión de Girón, la Crisis
de Octubre, la guerra sucia, un bloqueo económico cada vez más riguroso, la
desaparición de la URSS y del campo socialista, los pronósticos de una imposible
supervivencia y un derrumbe seguro.
Hoy estamos frente a un adversario poderoso en todo menos en ética e ideas,
sin mensaje ni respuesta a los graves problemas políticos, económicos y sociales
que agobian al mundo actual.
Nunca hubo tanta confusión, descontento e inseguridad en la esfera internacional.
Al borde de una profunda crisis política y económica, el imperialismo no
puede escapar de su propia sombra. Está condenado a saquear cada vez más al
mundo y a promover el descontento y la rebelión universales, incluidos sus propios
aliados.
La población autóctona y los pueblos de América Latina y el Caribe han sido
víctimas, durante casi dos siglos, de la política expansionista de Estados Unidos
hacia el oeste y el sur del territorio original de las 13 Colonias, que se declararon
independientes del dominio inglés en 1776. Primero, casi exterminó a los indígenas
en su avance hacia el oeste. Más tarde, en 1835, promovió la independencia
de Texas, en la que numerosos colonos norteamericanos previamente se habían
asentado. En 1847 invadió y desató una brutal guerra contra México, como resultado
de la cual, en febrero de 1848, se apoderó del 55 por ciento de su territorio.
Así, exterminando indios y desalojándolos de las tierras donde habían vivido quién
sabe cuántos siglos, comprando territorios de antiguas metrópolis europeas,
anexándolos como hizo con Texas y conquistándolos como los que arrebató a
79
Selección de discursos
México, Estados Unidos, nutrido con grandes migraciones procedentes de Europa
en la segunda mitad del siglo XIX, se había convertido ya en poderosa y próspera
nación, mientras los Estados que surgieron del imperio colonial español desde la
Patagonia hasta las fronteras de Canadá tras las luchas iniciadas por
en 1810, permanecían divididos y aislados.
El 20 de junio de 1898, Estados Unidos interviene militarmente en que,
tras heroica y prolongada lucha de sus mejores hijos, estaba a punto de alcanzar
su independencia frente a una exhausta y arruinada España. Nuestro país es
ocupado por Estados Unidos durante casi cuatro años.
En 1902, sus tropas abandonan la Isla, tras dejar implantada una neocolonia
cuyos recursos naturales, tierras y servicios quedaron en sus manos, garantizados
por una Enmienda impuesta a nuestra Constitución que le daba derecho legal
a intervenir militarmente en el país. El glorioso Partido creado por Martí había
sido disuelto; el Ejército Libertador, que luchó durante treinta años, fue desarmado.
Su lugar lo ocupó una institución militar organizada y entrenada por Estados
Unidos a imagen y semejanza de su propio ejército. El arbitrario derecho a intervenir
con cualquier pretexto fue más de una vez utilizado.
Puerto Rico, hermana gemela de en el empeño libertador como «de un
pájaro las dos alas», fue convertida en colonia de Estados Unidos, triste condición
que ha perdurado hasta hoy. Haití, República Dominicana, Guatemala,
y otras naciones de Centroamérica, e incluso México, fueron más de una vez militarmente
intervenidas directa o indirectamente por Estados Unidos. El istmo de
Panamá fue ocupado para concluir y garantizar el estratégico Canal que administr
ó durante casi un siglo. La penetración en el resto de las naciones de Sudamérica
se produjo mediante grandes inversiones, golpes de Estado, gobiernos militares y
creciente injerencia política, ideológica y cultural. Después de la Segunda Guerra
Mundial, las manejó todas a su antojo.
El primer gran freno al expansionismo y al dominio político y económico de
América Latina se produjo en con la Revolución del Primero de Enero de
1959. De ella surgió una nueva etapa en la de este hemisferio. El precio
pagado por nuestra Patria hasta hoy es conocido. Incluso, por ello estuvo a punto
de verse envuelta en una guerra nuclear.
Todo cuanto hicieron los gobiernos de Estados Unidos en este hemisferio hasta
el momento actual estuvo fuertemente influido por su obsesión y temor ante la
presencia desconcertante de la Revolución Cubana, desde los días de la invasión
mercenaria de Playa Girón y la Alianza para el Progreso hasta la declaración de
Bush en el búnker de Quebec, en la que invoca el nombre de José Martí, al que
atribuye una frase equivocada sobre la libertad. Mas, si el triunfo de la Revolución
Cubana los desconcertó, su admirable resistencia durante más de cuatro décadas
a veces da la impresión de haberlos desquiciado.
Con una abyección repugnante que pasará a la como ejemplo sin precedentes
de infamia, todos los gobiernos latinoamericanos, con excepción de México,
se sumaron con mayor o menor resistencia al aislamiento y al bloqueo a . La
OEA fue herida de tal forma, que no pudo restablecerse otra vez. Cuando se está
fraguando ya una gigantesca anexión de los países de América Latina a Estados
Unidos, nadie sabe por qué existe todavía y se gasta dinero en esa repugnante
institución, invalidada moralmente para siempre por el entreguismo y la traición.
Lo que la OEA hizo entonces como instrumento de Estados Unidos, es lo que el
imperio quiere hacer hoy con el ALCA; pero no para aislar a , sino para liquidar
la soberanía, impedir la integración, devorar los recursos y frustrar el destino
de un conjunto de pueblos que suman, sin incluir a los anglófonos, más de 500
millones de habitantes con lengua latina, cultura e comunes.
Si un día la OEA entregó su alma al diablo, traicionó y vendió a recibiendo
los países latinoamericanos, como premio, la cuota azucarera cubana, ascendente
a varios millones de toneladas de azúcar en el mercado norteamericano y
80
Palabra de Fidel
otras mercedes, ¿qué se puede esperar hoy de unos cuantos gobiernos burgueses
y oligárquicos, sin principios políticos ni éticos, que votaron junto a Estados Unidos
en Ginebra, por oportunismo o cobardía, para servirle en bandeja de plata
pretextos y justificaciones a un gobierno de extrema derecha de Estados Unidos,
con el objetivo de mantener su bloqueo genocida, e incluso podrían servir como
excusa para agredir al pueblo de ?
Arrastrados por esa nefasta corriente anexionista, nada de extraño tiene que
otros muchos, en la desesperación de enormes e impagables deudas y de una total
dependencia económica, sean conducidos al suicidio del ALCA.
Hay políticos latinoamericanos que edulcoran sus almas cuando oyen hablar
de libre comercio, cual si vivieran todavía a mediados del siglo pasado cuando sólo
dependían de las exportaciones de productos básicos y clamaban por la supresión
de las trabas arancelarias de Estados Unidos. No se dan cuenta de que el mundo
ha cambiado, que muchos de aquellos productos como las fibras, el caucho y
otros materiales han sido sustituidos por productos sintéticos, o un alimento com

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