Фидель Кастро Рус. Собрание выступлений 1990-2000-ых годов. Fidel Castro Rus. Palabra de Fidel. Selección de discursos
Uncategorized August 2nd, 2006
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ro de horas
cada día en la televisión a los programas escolares y de Universidad para Todos e
invierte recursos en la ampliación a todo el país de un Canal Educativo que cuenta
con creciente prestigio y apoyo en el pueblo, el gobierno de Estados Unidos, aparte
de la ofensa de utilizar el nombre de nuestra más sagrada figura histórica, promete
invertir más dinero en la modernización de emisoras radiales y televisivas para
agredir nuestra cultura y sembrar desinformación, mentiras, veneno y subversión
en nuestro país.
En un rapto que pareciera delirante, se confiesa atónito por haber leído -sin
que nadie sepa dónde lo leyó- que en esta era moderna el régimen cubano prohíbe
la venta de computadoras al público. Nos trata como si fuésemos un país desarrollado
y rico. A nadie se le ha ocurrido decirle que, sin embargo, Cuba es en este
momento el único país de este hemisferio, incluido posiblemente Estados Unidos,
en que el ciento por ciento de las escuelas y centros de enseñanza, desde preescolar
hasta el último curso universitario, cuentan con laboratorios y profesores de
computación, a pesar del férreo y cruel bloqueo económico y tecnológico impuesto
a nuestro pueblo para impedirle cualquier tipo de avance en cualquier terreno.
El señor Bush podría quedar justificadamente atónito si fuese capaz de creer
que nuestro país es hoy posiblemente el único del planeta que lucha por una
cultura general integral, donde quien posea sólo los conocimientos de una carrera
universitaria será considerado dentro de breves años analfabeto funcional. Entonces
podremos competir con los ciudadanos de Estados Unidos y otros países desarrollados
no sólo en posibilidades de comunicarse por Internet en varios idiomas,
sino también en niveles de educación y cultura. Más le valdría preparar a los
niños y jóvenes de su país para ese futuro no lejano, y sobre todo protegerlos del
efecto destructor y enajenante de la publicidad comercial y consumista.
Algo más vergonzoso e inadmisible: el señor Bush afirmó que «si Cuba comienza
a adoptar reformas básicas importantes orientadas al mercado» (es decir, al capitalismo),
«entonces y sólo entonces trabajaría con el Congreso de Estados Unidos
para flexibilizar las restricciones a los viajes y al comercio entre nuestros dos
países.»
«Seguiremos prohibiendo el financiamiento norteamericano a las compras cubanas
de productos agrícolas norteamericanos porque eso no sería más que un
programa de ayuda extranjera disfrazada, que beneficiaría sólo al régimen actual.»
«Si el señor Castro rechaza nuestro ofrecimiento, estará protegiendo a sus secuaces
a expensas de su pueblo y al final pese a todos esos instrumentos de opresi
ón, tendrá que responder ante su pueblo.» Eso es precisamente lo que estoy
haciendo, señor Bush: respondiendo ante el pueblo, dándole cuenta de mi vida y
mi conducta revolucionaria, para elaborar junto a él la respuesta que debemos
dar a las exigencias y amenazas que usted no debió ni tiene derecho a plantear a
un pueblo con la dignidad y el decoro del pueblo cubano.
Con ingenua o insolente osadía, el presidente Bush declara que «ofrecerá becas
en ese país a estudiantes y profesionales cubanos que intentan crear instituciones
civiles independientes dentro de Cuba, y a los familiares de los presos polí-
ticos».
En Cuba nuestros adolescentes y jóvenes disfrutan de casi medio millón de
becas para todas las enseñanzas. Esas becas se otorgan por rendimiento acadé-
mico o por necesidades de nuestros estudiantes, de acuerdo a las instituciones de
que se trate. Ninguno de los niños y jóvenes es discriminado. La idea de que tal
cosa pueda hacerse por razones de carácter político es insultante e inadmisible.
El señor Bush ofrece becas que el país no necesita en absoluto, y lo hace con
otros fines. No debe imaginarse que vamos a cooperar con un plan tendiente a
crear algo parecido a un tipo de Escuela de las Américas para formar agentes subversivos
y desestabilizadores al servicio de sus planes injerencistas e imperiales.
Palabra de Fidel
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En Cuba, adicionalmente, se otorgan cada año miles de becas a jóvenes extranjeros
y no discriminamos a nadie por razones étnicas o ideológicas. Sería preferible
que el señor Bush concediera esas becas a jóvenes negros, indios o de
origen latinoamericano en Estados Unidos que no pueden estudiar.
Comete igualmente un error el Gobierno de Estados Unidos si cuenta de antemano
con la impunidad de ciudadanos que trabajen a sueldo de una potencia
extranjera (un delito que es castigado severamente por las leyes norteamericanas),
o cree que recibirán facilidades los que visiten Cuba disfrazados de cualquier forma
para transportar fondos y conspirar abiertamente contra la Revolución, o que
los funcionarios de su Oficina de Intereses tengan derecho a recorrer el país a su
antojo organizando redes y conspiraciones, violando normas que rigen la conducta
de los diplomáticos, con el pretexto de verificar la situación de los emigrantes
ilegales que son devueltos a Cuba. No estamos dispuestos a permitir violaciones
de nuestra soberanía, ni humillantes desacatos a las normas que rigen las conductas
de los diplomáticos. Tampoco es admisible el contrabando de mercancías a
través de las valijas diplomáticas. Será responsabilidad del Gobierno de Estados
Unidos si la insistencia en tales prácticas conduce a la anulación del acuerdo
migratorio, e incluso la retirada de la Oficina de Intereses en La Habana. Es algo
que no deseamos, ya que significaría un lamentable retroceso en las pocas cosas
en que se han logrado avances en las relaciones entre ambos países.
Pero estamos dispuestos a prescindir de cualquier cosa, incluso la vida, menos
la dignidad y la soberanía de nuestro país. No somos nosotros los que agredimos,
hostilizamos o bloqueamos a Estados Unidos. No exigimos que su constitución y
su sistema económico y político sean cambiados. Respetamos rigurosamente los
derechos de los demás países. Los nuestros deben ser también respetados.
Hemos dado sobradas pruebas de un sincero espíritu de cooperación en cuestiones
de interés común. De nuestra parte surgieron tres proyectos de acuerdos
bilaterales para la lucha contra el tráfico de drogas, el tráfico de personas y el
terrorismo.
Otro ejemplo: frente a la ilegal utilización de la Base Naval de Guantánamo
para convertirla en campamento de prisioneros extranjeros, adoptamos las medidas
pertinentes y ofrecimos facilidades en aquel terreno irregular y montañoso
para evitar accidentes que afectaran tanto al personal militar norteamericano como
a los prisioneros.
En su discurso el señor Bush habla de presos políticos en Cuba, pero no menciona
para nada a los héroes cubanos prisioneros del imperio condenados injustamente
en Estados Unidos a decenas de años de cárcel y varias cadenas perpetuas.
De este modo, ellos hablan de espías allá y de presos políticos aquí; nosotros
hablamos de presos políticos allá y de presos contrarrevolucionarios y espías aquí.
Finalmente, un punto que no podemos omitir: el insulto y la ofensa cuando
afirmó en Miami que «el comercio con Cuba no haría otra cosa que llenar los bolsillos
de Fidel Castro y sus secuaces».
Señor Bush, yo no me parezco absolutamente en nada a los corruptos personajes
que usted honra con su amistad en el mundo, o a aquellos que, siguiendo
recetas capitalistas y neoliberales, confiscaron al Estado y trasladaron al exterior
cientos de miles de millones de dólares, lavados gran parte de ellos por prestigiosos
e influyentes bancos norteamericanos. Usted, tan apegado a las grandes fortunas
como millonario e hijo de millonario, tal vez no pueda comprender jamás que
existan personas insobornables e indiferentes al dinero.
No nací totalmente pobre. Mi padre poseía miles de hectáreas de tierra. Al
triunfo de la Revolución, esas tierras fueron entregadas a obreros y campesinos.
Tengo el honor de poder decir que no poseo ni cuento en mi haber con un solo
dólar. Toda mi fortuna, señor Bush, cabe en el bolsillo de su camisa. Si algún día
lo necesitara para guardarla en un lugar bien protegido de ataques preventivos y
Selección de discursos
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sorpresivos, le rogaría que me lo prestase, y si es mucha se la dono de antemano
como pago de alquiler.
Es curioso observar que en el ambidiestro discurso del Presidente Bush el 20
de mayo, pronunciado dos veces el mismo día, hay una sutil diferencia. El de la
Casa Blanca no menciona la palabra tortura ni la frase grosera sobre los bolsillos
de Castro y sus secuaces. Estas las incluyó en el del Centro «James L. Knight»
para el pleno disfrute de sus amiguitos de Miami, los mismos que, al regreso de
Elián a su hogar y su familia, pisotearon con furia e incendiaron banderas norteamericanas,
algo que jamás ha ocurrido en Cuba desde el triunfo de la Revoluci
ón.
De su discurso en West Point ya hablé en Santiago de Cuba. Hoy no son pocos
en el mundo, e incluso en su propio país, los que comparten la preocupación por
la filosofía que usted expresó allí. No añadiré más en esta ocasión. Sól
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