Muchos ignoran cuántas veces Perón invitó a sus enemigos a colaborar honradamente.
Yo sé que los llamó sinceramente.
Pero yo también sé que los llamó sin ninguna esperanza.
Él los conoce antes que yo y aun más que yo.
Son incapaces para la generosidad. No piensan más que en sí mismos.
La Patria para ellos fue siempre un nombre ¡el nombre de una mercadería que se vende al que pague más!
Por eso el General gobierna como si ellos no existiesen. Si se acuerda de ellos y los ataca es solamente para que el pueblo no se olvide de que siempre son los mismos que en 1946 se entregaron a un embajador extranjero.
Por suerte para los argentinos pertenecen a una raza de hombres que se acabará en este siglo… con la generación que ellos componen.
¡No los querrán recordar ni siquiera sus hijos!
LAS MUJERES Y LA ACCIÓN
Yo creo firmemente que la mujer -al revés de lo que es opinión común entre los hombres- vive mejor en la acción que en la inactividad.
Lo veo todos los días en mi trabajo de acción política y de acción social.
La razón en muy simple: el hombre puede vivir exclusivamente para sí mismo. La mujer no.
Si una mujer vive para sí misma, yo creo que no es mujer o no puede decirse viva… Por eso le tengo miedo a la “masculinización” de las mujeres.
Cuando llegan a eso, entonces se hacen egoístas aun más que los hombres, porque las mujeres llevamos las cosas más a la tremenda que los hombres.
Un hombre de acción es el que triunfa sobre los demás. Una mujer de acción es la que triunfa para los demás… ¿no es ésta una gran diferencia?
La felicidad de una mujer no es su felicidad sino la de otros.
Por eso cuando yo pensé en mi movimiento femenino no quise sacar a la mujer de lo que es tan suyo. En política, los hombres buscan su propio triunfo.
Las mujeres, si hiciesen eso, dejarían de ser mujeres.
Yo he querido que, en el partido femenino, las mujeres no se buscase a sí mismas…, que allí mismo sirviesen a los demás en alguna forma fraternal y generosa.
El problema de la mujer es siempre en todas partes el hondo y fundamental problema del hogar.
Es su gran destino. Su irremediable destino.
Necesita tener un hogar, cuando no pueda construirlo con su carne lo hará con su alma ¡o no es mujer!
Bueno, por eso mismo yo he querido que mi partido sea un hogar… que cada unidad básica sea algo así como una familia… con sus grandes amores y sus pequeñas desavenencias, con su fecundidad excelsa y su laboriosidad interminable.
Sé que en muchas partes lo he conseguido ya.
¡Sobre todo donde las mujeres que he designado sin más mujeres…!
Más que una acción política, el movimiento femenino tiene que desenvolver una acción social. ¡Precisamente porque la acción social es algo que las mujeres llevamos en la sangre!
Servir a todos en nuestro destino y nuestra vocación y eso es acción social…
No aquello otro de “vida social”… ¡que eso es todo lo contrario de la acción…!
LA VIDA SOCIAL
¿Puedo decir dos palabras sobre la “vida social”?
¡Peores cosas he dicho ya en mi vida!
Creo, como que hay sol, que la “vida social”, así como la sociedad aristocrática y burguesa que la vive son dos cosas que se van… ¡Este siglo acabará con ellos!
Nunca entendí a las mujeres de esa clase de vivir vacío y fácil… ni creo que ellas entiendan jamás lo que es otra clase de vida.
Ellas pertenecen a otra raza de mujeres. Decir que se acercan a los hombres sería un insulto que los hombres no se merecen.
El hombre y la mujer, aun siendo distintos, viven para algo… Tienen un objetivo en sus vidas y, a su manera, cada uno lo cumple como mejor le parece.
La “mujer de sociedad” no es así, porque la vida social no tiene objetivos… Llena de apariencias, de pequeñeces, de mediocridades y de mentiras, todo consiste en representar bien un papel tonto y ridículo.
En el teatro, por lo menos, se representa algo que existió alguna vez… o que puede existir. En el teatro, el artista sabe que es alguien… En la vida social, las mujeres son artistas representando ¿qué?, ¡nada, absolutamente nada! Nunca envidié ni quise a “esa” clase de artistas.
Pero las comprendo: lo que ocurre es muy fácil de entender. Es muy difícil de entender. Es muy difícil llenar una vida cuando no se tiene un objetivo. Entonces hay que acortar los días y las noches con ese conjunto de cosas menores y sin importancia que componen la “vida social”.
Y una vez que se acostumbran a eso todo lo demás les parece incluso ridículo y extravagante.
¡A los gorriones les debe parecer así el vuelo de los cóndores!
A esa clase de mujeres no se les puede hablar de nada más grande y distinto. El hogar es, para ellas, lo secundario: el sacrificio de todo eso que es la “vida social” con sus fiestas y sus reuniones, el bridge, el hipódromo, etc. Es como si hubiesen nacido para todas estas cosas y no para servir de puente a la humanidad. No saben que la humanidad pasa de un siglo a otro a través de nuestro cuerpo y de nuestra alma, y que para eso es necesario que nosotras construyamos cada una un hogar.
¡Ah, no! Eso ellas no lo entienden.
Tampoco entienden el dolor de los humildes.
Cuando les llega alguna noticia de ese gran dolor humano, suelen lagrimear un poco… ¡pero el lagrimeo termina en una fiesta de beneficencia! Esta clase de mujeres sabe, sin embargo, en lo íntimo de su corazón, que esa vida que viven no es real… ¡No es la verdadera vida!
Dicen que en la “vida social” se aprecia la cultura de un pueblo. Yo me rebelo y me indigno ante esa afirmación estúpida.
Sí, yo sé que es muy de gente “bien” decirse culta… y es muy de “buena sociedad” recibir en su seno a intelectuales, pensadores, escritores, poetas, artistas, etc.
Esta es una función hospitalaria, protectora y atrayente… y es muy comprensible que los intelectuales se sientan atraídos y halagados por el lujo material y las atenciones de la “buena sociedad”.
No se dan cuenta que por lo general ellos representan allí un papel tonto y ridículo: son “animadores” de una pieza teatral que en sí misma no tiene recursos para divertir a nadie.
Y en eso reside la cultura de la “vida social”.
LA MUJER QUE NO FUE ELOGIADA
Por eso tal vez, escritores y poetas han hablado mucho de las mujeres bellas y elegantes… y han cantado a las mujeres viendo solamente a esa clase de mujeres cuya feminidad es indiscutible.
A esa “mujer” han visto solamente. Por eso escritores y poetas no han dicho la auténtica verdad respecto a la mujer.
La mujer no es eso. No es vacía, ligera, superficial y vanidosa. No es lo que ellos han escrito: egoísta, fatal y romántica.
No. No es como ellos la pintaron: charlatana y envidiosa.
Ellos la vieron así porque no supieron ver nunca a la mujer auténtica que, por ser precisamente auténtica, se refugia silenciosa en los hogares del pueblo, donde la humanidad se hace eterna.
Esa mujer no ha sido aclamada por los intelectuales.
No tiene historia. No ofrece recepciones. No juega al bridge. No fuma. No va a al hipódromo.
Es la heroína que nadie conoce. Ni siquiera su marido. ¡Ni siquiera sus hijos!
De ella no se dirá nunca nada elegante, nada ingenioso.
A lo sumo, después de muerta, sus hijos dirán:
- Ahora nos damos cuenta de lo que ella era para nosotros.
Y ese lamento tardío será su único elogio.
Por eso he querido decir todas esas cosas. Así, yo le rindo mi homenaje ¡el mejor homenaje de mi corazón! A la mujer auténtica que vive en el pueblo y que va creando, todos los días, un poco de pueblo.
Es ella la que constituye el gran objetivo de mis afanes.
Yo sé que ella, solamente ella, tiene en sus manos el porvenir del pueblo. No será tanto en las escuelas sino en los hogares donde se ha de formar la nueva humanidad que quiere el Justicialismo de Perón.
Por eso me preocupa que la mujer auténtica del pueblo se capacite en todo sentido… porque la escuela es como esos talleres que pintan cuadros en serie… pero el hogar es un taller de artista donde cada cuadro es un poco de su alma y de su vida.
Allí se forman los hombres y mujeres excepcionales.
La nueva edad justicialista que nosotros iniciamos necesita muchos hombres y mujeres así.
Y por más esfuerzos que hagamos no los podremos ofrecer a la humanidad si no los crean, para nosotros, mujeres del auténtico pueblo, enamoradas de la causa de Perón; pero fervorosamente instruidas y capacitadas.
Por eso yo creo que vale más capacitar, instruir y educar a una mujer que a un hombre. ¡Ha llegado el momento de dar más jerarquía al milagro por el cual todos los días las mujeres creamos en cierto modo el destino del mundo!
Y con más razón ahora, que los hombres han perdido la fe… Nosotras nunca perdemos la fe. Y bien sabemos que, cuando todo se pierde, todo puede salvarse si se conserva un poco, aunque sea un poco de fe.
COMO CUALQUIER OTRA MUJER
Lo que quise decir todo está dicho ya.
Soy nada más que una humilde mujer de un pueblo grande… ¡como son todos los pueblos de la tierra!
Una mujer como hay millones y millones en el mundo. Dios me eligió a mí de entre tantas y me puso en este lugar, junto al Líder de un nuevo mundo: Perón.
¿Por qué fui yo la elegida y no otra?
No lo sé.


















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