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Ева Дуартэ де Перон. Смысл моей жизни. Eva Duarte de Perón. LA RAZÓN DE MI VIDA


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Por eso nosotras, mujeres de toda la tierra, tenemos, además de nuestra vocación creadora, otra, de conservación instintiva: la sublime vocación de la paz.
No quiero decir con esto que debamos preferir la paz a todo.
No. Sabemos que hay causas mayores que la paz, pero son menos para nosotras que para los hombres.
No entendemos que pueda hacerse la guerra por un imperialismo, menos por un predominio económico, no comprendemos la guerra en son de conquista.
Aunque sabemos, sí, que hay guerras de justicia, pensamos que hasta hoy en el mundo todavía los hombres no han peleado sino muy poco por aquella justicia.
Cuando el hombre nos dé un lugar en sus decisiones trascendentales habrá llegado la hora de hacer valer nuestra opinión tal vez menos del cerebro que del corazón.
Pero ¿acaso no es nuestro corazón el que debe sufrir las consecuencias de los errores “cerebrales” del hombre?
Yo no desprecio al hombre ni desprecio su inteligencia, pero si en muchos lugares del mundo hemos creados juntos hogares felices, ¿por qué no podemos hacer juntos una humanidad feliz?
Ese debe ser nuestro objetivo.
Nada más que ganar el derecho de crear, junto al hombre, una humanidad mejor.

EL PARTIDO PERONISTA FEMENINO

El partido femenino que yo dirijo en mi país está vinculado lógicamente al movimiento Peronista pero es independiente como partido del que integran los hombres.
Esto lo he dispuesto precisamente para que las mujeres no se masculinicen en su afán político.
Así como los obreros sólo pudieron salvarse por sí mismos y así como siempre he dicho, repitiéndolo a Perón, que “solamente los humildes salvarán a los humildes”, también pienso que únicamente las mujeres serán la salvación de las mujeres.
Allí está la causa de mi decisión de organizar el partido femenino fuera de la organización política de los hombres peronistas.
Nos une totalmente el Líder, único e indiscutido para todos.
Nos unen los grandes objetivos de la doctrina y del movimiento Peronista.
Pero nos separa una sola cosa: nosotras tenemos un objetivo nuestro que es redimir a la mujer.
Este objetivo está en la doctrina justicialista de Perón pero nos toca a nosotras, mujeres, alcanzarlo.
Para ello incluso deberemos ganar previamente la colaboración efectiva de los hombres.
En esto soy optimista. Los hombres del peronismo que nos dieron el derecho de votar, no han de quedarse ahora atrás…
La organización del partido femenino ha sido para mí una de las empresas más difíciles que me ha tocado realizar.
Sin ningún precedente en el país -creo que ésta ha sido mi suerte- y sin otro recurso que mucho corazón puesto al servicio de una gran cause, llamé un día a un grupo pequeño de mujeres.
Eran apenas treinta.
Todas muy jóvenes. Yo las había conocido como colaboradoras mías infatigables en l ayuda social, como fervientes peronistas de todas las horas, como fanáticas de la causa de Perón.
Tenía que exigirles grandes sacrificios: abandonar al hogar, el trabajo, dejar prácticamente una vida para empezar otra distinta, intensa y dura.
Para eso necesitaba mujeres así, infatigables, fervientes fanáticas.
Era indispensable ante todo “censar” a todas las mujeres que a lo largo y a lo ancho del país sentían nuestra fe peronista.
Esa empresa requería mujeres intrépidas dispuestas a trabajar día y noche.
De aquellas treinta mujeres sin otra ambición que la de servir a la causa justicialista sólo muy pocas me fallaron…
Quiere decir que eligiéndolas por su amor a la causa más que por otras razones, elegí bien.
Todas están hoy todavía trabajando como el primer día.
Me encanta seguir desde cerca la marcha de todo el movimiento. Lo importante es que conservan intacto el sello femenino que yo quise infundirles.
Esto me acarreó algunas dificultades iniciales.
En zonas apartadas del país hubo algunos “caudillos” políticos -muy pocos felizmente quedan ya en el Movimiento Peronista; la mayoría está en los viejos partidos opositores- que creyeron hacer del movimiento femenino cosa propia que debía responder a sus directivas e insinuaciones.
Mis “muchachas” se portaron magníficamente cuidando la independencia de criterio y de acción.
En eso me di cuenta de que mis largas conversaciones con aquel grupo inicial habían sido bien aprendidas.
Y que el movimiento femenino en su actividad política nacía bien y empezaba a marchar solo.
Hoy, en todo el país, miles y miles de mujeres trabajan activamente en la organización.
Con la plenipotencia que me otorgó la Primera Asamblea Nacional, yo puedo dirigir libremente todos los trabajos de la organización.
Eso me cuesta muchas horas de paciente trabajo, de reuniones, de conversaciones personales con las delegadas censistas, algunos disgustos, muchas dificultades pero… todo se compensa con la alegría que tengo cuando, en las fechas nuestras, puede llegar al Líder con mis mujeres para darle cuenta de nuestros progresos y de nuestras victorias.
Los centros políticos del partido femenino se llaman “unidades básicas”.
En esto hemos querido imitar a los hombres.
Pero mucho me temo que nuestras unidades básicas estén más cerca de lo que Perón soñó que fueran cuando las aconsejó como elementos fundamentales de la organización política de los hombres.
El General quiso que los hombres de su partido político no constituyesen ya los antiguos y desprestigiados “comités” que, en las organizaciones políticas oligárquicas que soportó el país, eran antros del vicio que cada elección abría en todos los barrios y en todos los pueblos.
Perón quiso que los nuestros -los centros políticos del peronismo- fuesen focos de cultura y de acción útil para los argentinos.
Mis centros, mis unidades básicas cumplen aquel deseo de Perón.
En las unidades se organizan bibliotecas, se dan conferencias culturales, y sin que yo lo haya establecido expresamente pronto se han convertido en centros de ayuda y de acción social.
Los “descamisados” no distinguen todavía lo que es la organización política que yo presido de lo que es mi Fundación…
Las unidades básicas son para ellos algo de “Evita”. Y allí van buscando lo que esperan que pueda darles Evita.
Ellos mismos, mis descamisados, son los que han creado en mis unidades básicas una nueva función: informar a la Fundación acerca de las necesidades de los humildes de todo el país. La Fundación atiende estos pedidos haciéndoles llegar directamente su ayuda.
Esto me ha sido duramente criticado. Mis eternos supercríticos consideran que así yo utilizo mi Fundación con finalidades políticas…
¡Y… tal vez tengan razón! Lo que al final aparece como consecuencia de mi trabajo es de repercusión política… la gente ve, en mi obra, la mano de Perón que llega hasta el último rincón de mi Patria… y eso no le puede gustar a sus enemigos…
Pero… ¿puedo yo desoír el clamor de los humildes, cualquiera sea el conducto por el cual me llegue?
Si alguna vez los partidos que se oponen a Perón me enviasen algún pedido de algún descamisado también la Fundación acudiría allí donde fuese necesario.
¿Acaso alguna vez la Fundación ha preguntado el nombre, la raza, la religión y el partido de alguien para ayudarlo?
Pero estoy segura que ningún oligarca me hará jamás un pedido semejante.
¡Ellos no nacieron para pedir…!
¡Y menos para pedir por el dolor de los humildes!
Para ellos eso es melodrama… melodrama de la “chusma” que ellos despreciaron “desde sus balcones” con el insulto que es nuestra gloria: “¡descamisados!”.

NO IMPORTAN QUE LADREN

No importa que ladren.
Cada vez que ellos ladran nosotros triunfamos.
¡Lo malo sería que nos aplaudiesen! En esto muchas veces se ve todavía que algunos de los nuestros conservan viejos prejuicios.
Suelen decir por ejemplo:
- ¡Hasta la “oposición” estuvo de acuerdo!
No se dan cuenta de que aquí, en nuestro país, decir “oposición” significa todavía decir “oligarquía”… Y eso vale como si dijésemos “enemigos del pueblo”.
Desearía que cada peronista se grabase este concepto en lo más íntimo del alma; porque eso es fundamental para el movimiento.
¡Nada de la oligarquía puede ser bueno!
No digo que pueda haber algún oligarca que haga alguna cosa buena… Es difícil que eso ocurra, pero si ocurriera creo que sería por equivocación. ¡Convendría avisarle que se está haciendo peronista!
Y conste que cuando hablo de oligarquía me refiero a todos los que en 1946 se opusieron a Perón: conservadores, radicales, socialistas y comunistas. Todos votaron por la del viejo régimen oligárquico, entregador y vende patria.
De ese pecado no se redimirán jamás.
Mucha gente del extranjero no entiende a veces que Perón sea tan absoluto en su decisión irrevocable de trabajar con su propio partido y que ataque siempre y aun a veces duramente a sus adversarios.
Acostumbrados a la política de “colaboración” (¿) que en otros países es casi una costumbre, no se entiende nuestra división rotunda y terminante.

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