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Ева Дуартэ де Перон. Смысл моей жизни. Eva Duarte de Perón. LA RAZÓN DE MI VIDA


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Y en el barco que me traía pensé muchas veces en los ideales de Perón… sobre todo en aquel principio inicial de su doctrina que dice: “nuestra doctrina es profundamente cristiana y humanista”.
Incluso desde el mar escribí al General esas meditaciones de las cuales me permito transcribir algunos párrafos:
“Nuestra doctrina tiene que ser cristiana y humanista pero de un modo nuevo; de una manera que todavía no creo haya conocido el mundo. El Cristianismo de nuestro movimiento, tal como sueñas realizarlo, no es el que yo vi en los países de Europa que visité”.
“Yo te ayudaré con mis obras. Desde ya reclamo tu ayuda…”
Más adelante le decía:
“En Europa todo parece , nosotros en la vemos todo como si estuviese por venir. Los europeos en cambio no miran ya para adelante, sino para atrás”.
“Mientras ellos me decían por ejemplo: -Vea esta Catedral del siglo X- yo pensaba en los hogares-escuela que iniciaré en cuanto llegue a Buenos Aires. Mientras ellos me mostraban un viejo tomo de , yo pensaba que nosotros estamos en el principio de otro tomo que empieza en nuestra Patria… y con tu nombre”.
A tres años de aquellas cartas, me admiro yo misma viendo como lo que entonces soñaba se ha venido realizando.
Sobre todo en las obras construidas, yo veo claramente que aprendí bien la lección de Europa.
En cada una de ellas, yo he querido hacer ver, a los que vengan detrás nuestro, que era verdad luminosa el cristianismo humanista de la doctrina de Perón.
Por eso cada hogar, sea de “tránsito”, de niños, o de ancianos, está hecho como si fuese para el más rico y exigentes de los hombres.
¿Acaso aquí pueda verse todavía aquella ingenua idea de mi infancia, cuando yo creía que todos eran ricos en el mundo?
Yo creo que al dolor de los que sufren es inhumano agregar otro dolor, por pequeño que sea. Por eso mis hospitales quieren ser alegres: sus paredes decoradas con arte, sin camas blancas, sus ventanales son amplios y sus cortinados hogareños…. ¡Como para que ningún enfermo se sienta en un hospital!
Cuando una obra se proyecta y se construye siempre elijo un dormitorio cualquiera para mí.
¿Quién podrá afirmar que nunca me veré obligada a alojarme en un hogar de tránsito, o de ancianos, o en un hospital?
Si el lugar me satisface entonces me quedo contenta; la obra podrá habilitarse y nadie se sentirá humillado, ni ofendido en su dignidad.
Mientras escribía estas líneas le he preguntado al General:
- ¿Cumplí con la promesa que te hice al regreso de Europa, cuando te ofrecí ayudarte para que se realizase en la obra social, el cristianismo de tu doctrina?
Su respuesta ha sido demasiado generosa:
- Sin tu ayuda no hubiese podido hacer nada, ¡nos has enseñado a construir con amor!
Esto para mí ya no es un premio sino la misma gloria.

LA MEDIDA DE MIS OBRAS

Yo no podré quizás describir cómo son las obras de la Fundación en sus formas exteriores, en la arquitectura, en la disposición interna de sus secciones, ni siquiera en el orden de su funcionamiento.
Pero quiero referirme a los detalles que pueden hacer conocer el “espíritu” que he querido darle.
Son detalles tal vez sin importancia aparente.
Se necesita haber sufrido el problema de los pobres para darles importancia.
En mis “hogares” ningún descamisado debe sentirse pobre.
Por eso no hay uniformes denigrantes. Todo debe ser familiar, hogareño, amable: los patios, los comedores, los dormitorios…
He suprimido las mesas corridas y largas, las paredes frías y desnudas, la vajilla de mendigos… todas estas cosas tienen el mismo color y la misma forma que en una casa de familia que vive cómodamente.
Las mesas del comedor tienen manteles alegres y cordiales, y no pueden faltar las flores; que nunca faltan en cualquier hogar donde hay una madre, o una esposa más o menos cariñosa con los suyos.
Las paredes deben ser también así, familiares y alegres: pinturas agradables y evocadoras, cuadros luminosos…
La vajilla es digna…
Así mis descamisados pueden decirme cuando los visito en mis hogares, lo que tantas veces yo les he oído:
- Evita: me siento mejor que en mi casa.
Los niños de mis hogares no usan ninguna clase de uniformes.
Cada uno tiene su ropa del color que le gusta, aunque solamente puede elegir de lo bueno… ¡no vaya a ser que acostumbrados a su pobreza elijan lo peor! Aunque esto es muy raro… ¡El buen gusto es lo último que se pierde en la pobreza!

No he querido que los pibes de los hogares se aíslen dentro del mundo. Por eso los chicos van a las escuelas oficiales, como todos los demás; y mezclados con los niños que tienen padres y hogar, nadie podrá ya distinguirlos. ¡A no ser que se los distinga por estar mejor vestidos y alimentados que los otros!
Dentro del hogar-escuela los chicos viven con la mayor libertad posible; y más todavía, los ancianos en sus hogares respectivos.
Pueden tener, y si no tienen, les damos algún dinero; que así se sienten más libres.
Cultivamos las inclinaciones naturales de cada uno, sobre todo en lo que se refiere al arte y al trabajo.
En fin, todo es más hogar que escuela.
Los dormitorios son lo menos amplios que se puede… a fin de que los internados no se sientan como en un cuartel.
Y en todas las dependencias de la casa cortinados alegres y amables que invitan a la felicidad.
Muchos otros detalles dejo de lado porque sería interminable mencionarlos.
Lo mejor será que quienes puedan, vengan y vean…
Todo está abierto a la mirada de los amigos. ¡Y aun de los que no comprenden!
Es mejor que vean. Yo sé que aun así habrá quienes no comprendan. Pero quienes vean con los ojos limpios, sin prejuicios personales, no se irán sin creer que la obra social que realizamos es pura, tiene buena intención, y señala tal vez un nuevo rumbo a la generosidad de los hombres.
Por supuesto que toda mi obra no está hecha según la medida de los hombres comunes…cuya mediocridad es como una telaraña para los ojos.
No es posible olvidar que yo he tratado siempre de pensar y de sentir como piensa y siente Perón.
Y su alma es demasiado grande para ser comprendida por los mediocres.
En mi obra ha quedado sin duda un poco de la grandeza maravillosa de su alma y eso solamente se comprende con generosidad y no con mediocres egoísmos.

UNA SEMANA DE AMARGURA

También el papel de Evita es a veces amargo. Toda esta semana pasada, por ejemplo, me ha resultado amarga.
Ha habido una huelga y ésta tuvo que ser declarado ilegal por injusta.
Yo sé que malos dirigentes -los viejos dirigentes del anarco sindicalismo y del socialismo y los infiltrados comunistas- han dirigido todo esto.
Sé que la mayor parte del gremio, y que todo el pueblo ha repudiado el proceder de esos ingratos, indignos de vivir en esta Nueva de Perón.
Sé todo eso y sin embargo toda la semana he vivido amargada. Solamente me consolé cuando decidí salir a recorrer los lugares de trabajo y conversar con los mismos obreros en huelga.
Quise hacer esta salida sin guardias ni escoltas que nunca uso y menos en esta ocasión en que iba a ver qué ocurría con los obreros en huelga.
Iba pues como amiga, y como amiga no podía presentarme ante ellos con miedo. ¡Ni siquiera con precaución!
Además creo que el miedo se me ha ido ya definitivamente.
En cada lugar hablé con los obreros. Ellos nunca se imaginaron por supuesto verme llegar, y menos a la hora que llegué: el recorrido duró desde las 12 de la noche hasta las 4 y media de la mañana.
Así pude comprobar que la huelga era inconsulta e injusta desde que los mismos obraros no sabían cuáles eran las razones del paro.
Así pude informarle al Presidente toda la verdad, la verdad de la calle que para un gobernante es fundamental si quiere llamarse democrático, es decir gobierno del pueblo y para el pueblo.
No niego que mi emoción fue muy grande, al encontrarme en cada sitio de trabajo, con hombres leales y abnegados que estaban dispuestos a todo, antes que hacer lo que ellos presentían como una traición al Líder, único e indiscutido de las masas obreras argentinas.
Pero esa emoción no me pudo quitar la amargura del alma.
Es que yo no concibo que pueda haber en mi país, un solo obrero que no haya comprendido ya, lo que es Perón, y todo lo que ha hecho Perón por los trabajadores argentinos.
Aunque los huelguistas sean muy pocos me duele lo mismo que si fueran todos…
¡No lo puedo entender!
Por eso salí antes de ayer a la calle.
Quería saber si los obreros “sabían” lo que estaban haciendo.
Pero cuando me di cuenta de que no sabían, tampoco me alegré: pensé que aun quedaba mucho por hacer, hasta que la masa obrera tenga plena conciencia de la responsabilidad de su misión histórica, que es nada menos que enseñarle al mundo a vivir feliz; a la sombra del Justicialismo de Perón.
Este capítulo no es un reproche.
Si este libro estuviera dirigido a hacer propaganda tal vez no debiera haber escrito estas páginas un poco tristes.
Pero nosotros -dice siempre Perón- venceremos con la verdad.
No diremos nunca, que vivimos sin problemas ni preocupaciones. Eso sería mentira y nadie nos creería.
No. Tenemos problemas. Tenemos preocupaciones. Sufrimos también nuestras amarguras.

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