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Ева Дуартэ де Перон. Смысл моей жизни. Eva Duarte de Perón. LA RAZÓN DE MI VIDA


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¡por el contrario! Hasta llegar al lugar que ocupo el Movimiento Peronista yo no le debía más que “atenciones”. Incluso algún grupo representativo de damas oligarcas me invitó a integrar sus altos círculos.
Mi “resentimiento social” no me viene de ningún odio. Sino del amor: del amor por mi pueblo cuyo dolor ha abierto para siempre las puertas de mi corazón.
Pero en todo lo demás las obras de la Fundación son “nuestras”. Y llamándolas nuestras entiendo decir mejor la verdad que llamándolas mías.
Porque la inspiración y el aliento me lo dio y me lo sigue dando el alma gigantesca de Perón.
Porque el pueblo, todo el pueblo trabajador de mi Patria me ayuda con su aporte moral y material para construir todo lo que la Fundación construye.
Y porque todos los argentinos tenemos derecho a gozar de sus beneficios.
Mi ambición sería por ejemplo pasar los últimos años de mi vida en cualquiera de mis “Hogares para Ancianos”, y cada vez que los visito me alegro pensando que en ellos me sentiría cómoda y feliz.
Muchas veces el general me ha dicho lo mismo.
¡Es el mejor elogio que he oído decir de mis obras!
NOCHEBUENA Y NAVIDAD

Hoy es Navidad. Navidad de 1950.
Anoche, en cinco millones de hogares argentinos se brindó con la sidra y se comió el pan dulce de “Perón y Evita”.
También esto han criticado violentamente nuestros adversarios.
Nos han dicho que tirábamos migajas sobre la mesa de los argentinos y que comprábamos así la voluntad del pueblo.
Nosotros seguimos haciendo lo mismo de la misma manera, todos los años.
“¿Ladran? ¡Señal que cabalgamos!”
Pero no son migajas. Yo sé que en vez de una botella de sidra sería mejor una docena de botellas de “champagne”… y en vez de un pan dulce, un canasto lleno de regalos.
No se dan cuenta los mediocres que nuestra sidra y nuestro pan dulce son nada más que un símbolo de nuestra unión con el pueblo.
Es nuestro corazón (el de Perón y el mío) que quiere reunir en la nochebuena a todos los corazones descamisados de la Patria, en un abrazo inmenso, fraternal y cariñoso.
De alguna manera queremos estar en la mesa familiar de los argentinos.
Hemos elegido esa manera porque nos ha parecido la más cordial y la más digna.
Un regalo, por más rico que sea, a veces ofende.
Pero un recuerdo cuando más sencillo parece que lleva más amor.
Esto es lo que queremos llevar a cada hogar argentino con nuestra sidra y nuestro pan dulce.
Anoche, como todos los años, al promediar la nochebuena, hablé a los descamisados en un mensaje radial.
Les dije que para mí la nochebuena les pertenece con derecho de propiedad exclusivo.
La nochebuena es de los pobres, de los humildes, de los descamisados desde que Cristo, despreciado por los ricos que le cerraron todas las puertas, fue a nacer en un estable… y ¿acaso los ángeles no llamaron a los pastores, a los hombres más humildes y pobres de Belén… y únicamente, a ellos le comunicaron la buena nueva que venía a alegrar el mundo?
Únicamente a los pastores, a los humildes, a los pobres les fue anunciada la “paz de buena voluntad…”.
¿Qué tiene de raro que Perón sólo luche por la felicidad de los descamisados?
¡Los otros, los demás, ya tienen la felicidad que ellos mismos se pueden construir!
El tema y el día me hacen seguir hablando de Dios y de los pobres.
Muchas veces cuando pienso en mi destino, en la misión que debo cumplir, en la lucha que esa misión me exige, me siento débil.
¡Es tan grande la lucha y son tan pocas mis fuerzas!
En “esos momentos” creo que siento necesidad de Dios…
Yo no lo invoco a Dios a cada rato.
Recuerdo que un día alguien me rogó que fuese más “cristiana”, y que invocase más frecuentemente a Dios en mis discursos y en mi actividad pública.
- Quiero dejar aquí en estos apuntes la respuesta que le di, porque me he prometido ser sincera en todo… también en esto:
Es cierto lo que Ud. dice. Yo no invoco a Dios muy frecuentemente. La verdad es que no lo quiero complicar a Dios en el bochinche “de mis cosas”. Además, casi nunca lo molesto a Dios pidiéndole que me recuerde, y nunca reclamo nada para mí. Pero lo quiero a Cristo mucho más de lo que Ud. cree: yo lo quiero en los descamisados. ¿Acaso no dijo Él que estaría en los pobres, en los enfermos, en los que tuviesen hambre y en los que tuviesen sed?
Yo no creo que Dios necesite que lo tengamos siempre en los labios. Perón me ha enseñado que más vale llevarlo en el corazón. Yo soy cristiana por ser católica, practico mi religión como puedo y creo firmemente que el primer mandamiento es el del amor. El mismo Cristo dijo que… “nadie ama más que el que da la vida por sus amigos”.
Si alguna vez lo molesto a Dios con algún pedido mío es para eso: para que me ayude a dar la vida por mis descamisados.

MIS OBRAS Y LA POLÍTICA

Cuando yo concebí mi obra de ayuda social no pensé ni remotamente que tendría necesidad de hacer todo lo que después me he visto obligada a realizar.
A mí me obligó la necesidad de los pobres.
En esto se diferencia mi obra de la que realizaron las decadentes sociedades de “damas de beneficencia”.
Ellas construyeron por necesidad propia: lo que necesitaban eran reconciliarse con la propia conciencia cuyo borroso cristianismo les solía recordar, de vez en cuando, que las puertas del cielo son muy estrechas para todos los ricos. ¡Estrechas como el ojo de una aguja!
Las obras de la Fundación en cambio surgen de la necesidad de los descamisados de mi Patria.
Las obras de asistencia social que las “damas” construyeron en la vieja estaban pensadas por gentes que ignoraron siempre lo que es la necesidad de los pobres.
En la Nueva nuestras obras nacen del conocimiento cada vez más profundo de esa necesidad.
Además el dinero de nuestras obras viene del mismo pueblo… no es dinero que sobra en el bolsillo de nadie ¡muchas veces es dinero que llega a mis manos gracias al sacrificio de muchos obreros juntos!
“Aquel” era dinero sobrante, tal vez dinero “robado”, porque todo dinero que sobra en un bolsillo siempre es en cierto modo dinero de los demás.
El dinero de mis obras es sagrado, porque es de los mismos descamisados que me lo dan para que lo distribuya lo más equitativamente que pueda.
Por eso, dice Perón que eso es “un milagro único en el mundo”.
Yo pienso que ese milagro solamente es posible cuando un pueblo tiene la generosidad de los trabajadores argentinos.
Por eso las obras de la Fundación están distribuidas por todo el país. Un hogar-escuela para niños no sirve para nada si no se completa la obra encadenando a los otros hogares que ahora se levantan en todas las provincias y territorios argentinos.
Lo mismo los hogares de ancianos, los hospitales.
Tampoco la obra de ayuda social puede tener intenciones políticas.
Yo no niego que mis obras ayuden a consolidar el enorme prestigio político del General, pero nunca he subordinado el amor al interés… y menos tratándose del amor de mi pueblo.
Y de esto tengo mil pruebas, muchas de mis obras se levantan en sitios casi desolados donde no hay “votos que ganar”.
¿Qué interés político puede tener construir un Hogar en Tierra del Fuego?
Además, Perón ya no necesita más votos. Lo único que yo puedo buscar con mis obras es que sus votos por Perón tengan una razón más: ¡la del agradecimiento!
Y eso, claro está que si puedo conseguirlo, no dejaré de hacerlo.

LA LECCIÓN EUROPEA

Cuando decidí visitar Europa me llevaba un afán: ver lo que Europa había realizado en materia de obras sociales.
Yo todavía no me había lanzado sino tímidamente a construir. Quería aprender de la experiencia de las viejas naciones de la tierra.
Cada vez que se me presentó la ocasión o aun buscándola secreta o públicamente, visité cuanta obra social me fue posible. Hoy, a tres años de ese viaje cuyas crónicas dejaré para otra vez, puedo ya decir que, salvo algunas excepciones, en aquellas visitas de aprendizaje conocí todo lo que no debía ser en nuestra tierra una obra de ayuda social. Los pueblos y gobiernos que visité me perdonarán esta franqueza mía tan clara, pero tan honrada.
Por otra parte ellos -pueblo y gobierno- no tienen la culpa. El siglo que precedió a Perón en la es el mismo siglo que los precedió a ellos.
La única ventaja nuestra es que aquí no hemos tenido la desgracia de sufrir los horrores de dos guerras desastrosas, y en cambio hemos tenido el privilegio de que Dios nos haya dado un conductor de los quilates de Perón.
Aquí ya estamos en pleno día; allá recién empieza a irse la noche.
Las obras sociales de Europa son, en su inmensa mayoría, frías y pobres. Muchas obras han sido construidas con criterios de ricos… y el rico, cuando piensa para el pobre, piensa en pobre. Otras han sido hechas con criterio de Estado; y el Estado sólo construye burocráticamente, vale decir con frialdad en la que el gran ausente es el amor.
Volviendo de Europa vine pensando que el cristianismo había pasado ya por ella, y que dejaba en toda su extensión grandes y numerosos recuerdos. ¡Pero solamente recuerdos!

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