ncillos del pueblo
que, en número de decenas de miles, están en los campos de concentración
creados por el fascismo.
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Y todos estos hechos: fusilamientos de obreros, disolución de partidos,
quemas de libros, violaciones de las leyes internacionales, ataques
a embajadas, ataques a barcos indefensos, campos de concentración,
son expresión pura de fascismo.
Pero entre la década del treinta y la del setenta han transcurrido
cuarenta años, y no estamos como en los tiempos en que Hitler y
Mussolini comenzaron sus andanzas por el mundo, porque hoy hay
una conciencia universal, mucho más profunda, una humanidad mucho
más avanzada y mucho más progresista, que repudia con toda su
alma estos hechos vandálicos.
Y los únicos que se creen que estamos todavía en la década del
treinta son esos estúpidos, ignorantes, cretinos, militarotes chilenos
que escenificaron el golpe de Estado. Ellos no saben todavía siquiera
el mundo en que vivimos.
Cuando nosotros estuvimos en Chile pudimos ya vislumbrar el
ascenso del espíritu fascista frente al movimiento revolucionario en
el seno de la sociedad chilena. Y al despedirnos, el 2 de diciembre de
1971, del pueblo chileno, le decíamos:
Hemos aprendido una cosa, hemos apreciado una comprobación
más de la ley de la historia: hemos visto el fascismo en acción; y
hemos podido comprobar un principio contemporáneo: que la
desesperación de los reaccionarios, la desesperación de los explotadores
en el mundo de hoy —como ya se ha conocido nítidamente
por experiencia histórica— tiende hacia las formas más
brutales y más bárbaras de violencia y de reacción.
Y todos conocen la historia del fascismo en diversos países, en
los países que fueron la cuna de ese movimiento; cómo surgieron,
y cómo los privilegiados, los explotadores, cuando aún sus
propias instituciones inventadas y creadas por ellos para mantener
el dominio de clase no les sirven, las destruyen ellos mismos.
Inventan una legalidad, inventan una constitución, inventan
un parlamento. Cuando digo ‘inventan una constitución’ digo:
inventan una constitución burguesa, porque las revoluciones
socialistas establecen sus propias constituciones y sus propias
formas de democracia.
Pero, ¿qué hacen los explotadores cuando sus propias instituciones
ya no les garantizan el dominio? ¿Cuál es su reacción
cuando los mecanismos con que han contado históricamente
para mantener su dominio les fracasan, les fallan? Sencillamen200
te los destruyen. No hay nada más anticonstitucional, más antilegal,
más antiparlamentario y más represivo y más violento y
más criminal que el fascismo.
El fascismo en su violencia liquida todo, arremete contra las universidades,
las clausura y las aplasta; arremete contra los intelectuales,
los reprime y los persigue; arremete contra los partidos
políticos; arremete contra las organizaciones sindicales; arremete
contra todas las organizaciones de masas y las organizaciones
culturales. De manera que nada hay más violento ni más retrógrado
ni más ilegal que el fascismo.
Y eso que dijimos entonces, desgraciadamente, es lo que sabemos
que en estos días ha estado ocurriendo en Chile.
Destacados artistas populares han sido asesinados. Y uno de los
cables trae la noticia de que un grupo folklórico completo fue fusilado
por los fascistas.
El imperialismo trata de rehuir su complicidad y su responsabilidad
en el golpe fascista. El imperialismo es todo un sistema económico,
social, político y cultural, destinado a la opresión de los pueblos,
y el imperialismo ha tratado de crear en la América Latina todas las
condiciones para impedir el advenimiento del movimiento popular,
y en Chile conspiró desde antes del triunfo de la Unidad Popular,
movilizó millones de dólares, entregándoselos a los partidos burgueses,
para tratar de aplastar a la Unidad Popular. Y más de una
elección la ganó mediante el soborno, mediante el empleo de sumas
masivas de dinero, mediante mentiras, mediante campañas de terror
y de calumnias.
El imperialismo trató de corromper al pueblo chileno. Los monopolios
trataron de corromper a los obreros de sus minas; apoyándose en
los altos precios del cobre y sus enormes ganancia, abonaban salarios
incomparablemente superiores al resto de los obreros chilenos. El imperialismo
no cesó de conspirar un solo instante contra el gobierno de
la Unidad Popular. Y está bien claro que mientras bloqueaba a Chile
todos los créditos económicos, el Pentágono mantenía magníficas relaciones
con las Fuerzas Armadas chilenas. Una gran parte de esos oficiales
de las Fuerzas Armadas chilenas ha sido educada en academias
imperialistas. Y mientras se le negaba a Chile todo crédito, algunas
semanas antes del golpe de Estado, el señor Nixon concedió un crédito
de diez millones de dólares a las Fuerzas Armadas chilenas para adquirir
armas.
201
El imperialismo mantenía un juego descarado, separando al gobierno
de las Fuerzas Armadas, bloqueando a aquél y apoyando a
éstas.
El imperialismo ha creado instrumentos como la DEA, la Junta
Interamericana de Defensa, las maniobras navales conjuntas. Todas
estas instituciones ha creado el imperialismo para conspirar y para
realizar la contrarrevolución en este continente.
Y el gobierno de la Unidad Popular no pudo siquiera impedir, no
pudo siquiera prohibir que la Marina chilena siguiera realizando
maniobras conjuntas con la Marina de Estados Unidos.
Y el día del golpe, precisamente el 11 de septiembre, los barcos de
guerra norteamericanos estaban frente a Valparaíso. Ese día comenzaban
maniobras entre la escuadra chilena y la escuadra yanqui. Y
los barcos de la escuadra chilena se hicieron a la mar aparentemente,
y a las pocas horas volvieron a Valparaíso para encabezar el alzamiento.
El golpe de Estado, de hecho, se venía desarrollando desde hacía
muchos días.
Como señalaba Beatriz que le dijo el presidente, al amparo de la
llamada Ley de Control de Armas las Fuerzas Armadas venían realizando
grandes despliegues de tropas contra las fábricas, contra los
centros obreros, contra las oficinas de los partidos populares. En las
últimas semanas del gobierno de Allende los grupos fascistas de Patria
y Libertad realizaban decenas de atentados terroristas diariamente,
y cometían crímenes de todos tipos; la prensa reaccionaria, el Partido
Nacional y el Partido Demócrata Cristiano —que tiene una gran responsabilidad
histórica en los hechos que acaban de suceder— alentaban
incesantemente el golpe de Estado.
Cuando se escriba la historia de estos acontecimientos, habrá que
señalar nítidamente la responsabilidad que tienen Frei y comparsa,
Frei y toda la camarilla derechista de la dirigencia Demócrata Cristiana;
la responsabilidad que tiene la prensa reaccionaria en todos
estos hechos; la responsabilidad que tienen el Partido Nacional, el
Poder Judicial y el parlamento, en los sucesos que han tenido lugar
en Chile, porque ellos tendrán que saldar esa responsabilidad con el
pueblo chileno.
De los hechos ocurridos, los revolucionarios tenemos que sacar
nuestras conclusiones. Está claro que el imperialismo se mueve, que
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el imperialismo lleva a cabo una ofensiva estratégica en América
Latina, en complicidad con Brasil. Primero fue el golpe de Estado
en Bolivia, después fue el golpe de Estado en Uruguay, y ahora el
golpe de Estado en Chile.
Hace diez años, al menos las burguesías y el imperialismo se defendían
con otros procedimientos: se defendían con el Parlamento,
se defendían con las constituciones burguesas. Uruguay y Chile eran
considerados como modelos de países legalistas, modelos de países
constitucionalistas. Y las propias burguesías, el propio imperialismo,
han echado abajo las constituciones y las formas democráticas
burguesas en Uruguay y en Chile, y esos países hoy —junto con
Brasil— constituyen el conglomerado de países reaccionarios al servicio
del imperialismo en América del Sur.
Ese movimiento, esa ofensiva se dirige contra el movimiento popular
en Argentina, para intimidarlo en primer lugar y para aplastarlo
en segundo lugar. Pero ese movimiento se dirige también, muy
especialmente, contra el gobierno de la Fuerza Armada de Perú.
El imperialismo, al tomar el poder en Chile en forma desembozada,
con un régimen fascista, amenaza por el oeste a la Argentina y amenaza
por el sur a Perú. Pero, sobre todo, con el golpe militar de Chile el
imperialismo pretende crear el antídoto del movimiento de la Fuerza
Armada en Perú.
El Ejército peruano, al revés que el Ejército chileno, viabilizó el
ingreso en las escuelas militares de hombres procedentes de las filas
humildes del pueblo, y la composición clasista del Ejército peruano es
diferente a la composición del Ejército chileno. Estas circunstancias
facilitaron la tarea de algunos jefes y oficiales prominentes que, encabezados
por el general Velasco Alvarado, condujeron a las Fuerzas
Armadas peruanas a la unión con el pueblo, las llevaron a posiciones
progresistas, a posiciones antioligárquicas, a posiciones populares. Y
no hay duda de que el ejemplo de Perú repercutió ampliamente en la
América Latina.
Y el imperialismo, frente al ejemplo de las Fuerzas Armadas pe
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