PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.


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Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.
PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO.

RELACIÓN
DE TODO
LO QUE SUCEDIÓ EN LA JORNADA
DE
OMAGUA Y DORADO
HECHA POR EL GOBERNADOR
PEDRO DE ORSÚA

MADRID
MDCCCLXXXI

ADVERTENCIA PRELIMINAR.

I.

CUANDO la Providencia quiere atraer la civiliza-
ción á otras regiones, oculta siempre en ellas
el tesoro de un nuevo y anhelado vellocino. El
eterno argonauta de la historia busca sin cesar las co-
diciadas manzanas de oro, que guarda en su recinto el
maravilloso jardin de las Hespéridas. España fué en
otro tiempo, para los fenicios y los griegos, la tenta-
dora Hespérida que atraía la civilización hacia Occi-
dente, como la virgen América fué más tarde para los
españoles el soñado paraíso de inefables venturas y ri-
quezas. El oro, cuando ñola gloria, es el único aliciente
bastante poderoso para incitar al heroico aventurero
de los descubrimientos, á que abandone su patria pol-
los peligros de lejanas conquistas.
Misteriosas concausas, sorprendentes profecías,
extrañas ilusiones y fantásticas leyendas suelen con-
currir á la formación de opiniones populares, alguna
vez infundadas, otras veces muy razonables, pero que
siempre ejercen un influjo activo y eficaz en la con-

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ducta de los hombres y en la realización de los hechos
más importantes de la historia. Tales son las maravi-
llosas relaciones respecto á la antigua Atlántida de
Platón, á la isla de San Brandan y á la de las Siete
Ciudades; relaciones que, unidas á los famosos ver-
sos de Séneca en su Medéa, fueron como otros tantos
proféticos anuncios del descubrimiento del Nuevo
Mundo.
En el siglo xvi hubo aventureros que acometian
empresas tales, como las de buscar la mágica fuente
de la Salud, el templo de oro de Doboyba, los sepul-
cros también de oro de Zenú y aquel fabuloso rio, que
llamaban El Dorado, cuyas arenas eran piedras precio-
sas, y de cuyo fondo se sacaban pesados tejos de lu-
ciente oro.
Bajo el influjo de tan seductores ensueños, la
región más pobre y malsana del istmo de Panamá fué
denominada Castilla del Oro, y al poderoso incentivo
del preciado metal se debió el descubrimiento del mar
del Sur por Vasco Nuñez de Balboa; la conquista del
Perú por Francisco Pizarro, y la famosa jornada de
Pedro de Orsúa á Omagua y al Dorado, cuya intere-
sante RELACIÓN hoy damos á la estampa.
Ya desde muchos años atrás corrían por el Perú
estupendas noticias acerca de las auríferas regiones
que el capitán Orellana y sus compañeros aseguraban
haber visto cuando bajaron en un tosco bergantín por
el Marañon ó rio de las Amazonas, que éste nom-
bre le dieron sus primeros exploradores. Confirmaron
más tarde aquellas incitantes nuevas ciertos indios
brasileños que arribaron al Perú, cuando allí se hallaba
el insigne presidente Pedro de la Gasea, es decir,

- VII -

por los años de 1548. Los referidos indios afirmaron
que habian salido de sus tierras como unos doce mil,
con sus mujeres é hijos, y embarcándose en muchas
canoas subieron por el gran rio Marañon, y tardaron
más de diez años en llegar al Perú, en número de
trescientos con algunas mujeres, porque los demás
habian perecido en las guerras y trabajos que sufrie-
ron. Contaban maravillas de su prolongada excursión;
y, sobre todo, se hacian lenguas de una famosa pro-
vincia, llamada Omagua, ponderando sus grandes ri-
quezas.
Tales fueron los antecedentes que motivaron la re-
solución de D. Andrés Hurtado de Mendoza, tercer
marqués de Cañete, virey del Perú, disponiendo la
jornada de Pedro de Orsúa para la conquista de los
omeguas en aquellas apartadas y desconocidas regio-
nes. La presente RELACIÓN contiene los descubri-
mientos que hicieron aquellos revoltosos y fieros expe-
dicionarios, que asesinaron á su jefe Orsúa y desistie-
ron de buscar la tierra de Omagua, proponiéndose
regresar al Perú y mover allí guerra en rebelión con-
tra el rey de España. Contiene además este manuscrito
las inauditas crueldades que llevó á cabo el feroz Lope
de Aguirre, quien se hizo caudillo de aquella gente,
asesinó á muchos de sus secuaces y á D. Fernando
de Guzman, á quien habian proclamado por su Prín-
cipe; arribó á la isla Margarita, y allí dio muerte
á su gobernador, D. Juan de Villandrando \ y á otros

1 Era gobernadora perpetua de la isla Margarita, Doña Aldonza Man-
rique, y en nombre suyo desempeñaba este cargo su yerno, el referido
Villandrando.

- VIII —

cuatro más, entre ellos al regidor Cáceres, que era un
viejo manco y tullido, y después de robar á los veci-
nos, matando hasta once de éstos, dos frailes y dos
mujeres, y quitando además la vida á catorce de sus
mismos compañeros, el sanguinario Jefe determinó
embarcarse con su gente para la Burburata, situada en
Tierra-Firme, llevando el intento de atravesar todo
el territorio de Venezuela y de Nueva-Granada, á fin
de pasarse desde allí al Perú, adonde con particular
empeño deseaba llegar, pensando apoderarse de aquel
país y sustraerlo en su provecho á la dominación de la
Corona de Castilla.
La singularidad del carácter de Lope de Aguirre,
mezcla rarísima y extraña de encontradas calidades,
así como también el objeto principal que nos hemos
propuesto en la presente ADVERTENCIA, nos obligan
á entrar en algunos pormenores referentes á la historia
de este feroz caudillo. Era Lope de Aguirre natural
de la villa de Oñate, y en su mocedad embarcóse para
el Nuevo Mundo, como tantos otros aventureros, y
arribó al Perú en busca de fortuna y por valer más
con la lanza en la mano, según él mismo dice en su
atrevida y singularísima carta al rey Felipe II. Al prin-
cipio siguió el estandarte Real á las órdenes de Diego
de Rojas, y después sirvió con el capitán Pedro Al-
varez de Holguin, bajo el mando del gobernador
Vaca de Castro; pero más tarde fué uno de los parti-
darios de Gonzalo Pizarro, cuando éste se sublevó
contra el virey Blasco Nuñez de Vela, el cual pereció
miserablemente en la batalla de Añaquito.
Vencido á su vez Pizarro por la prudencia y ha-
bilidad del presidente la Gasea, que le condenó á mo-

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rir decapitado, Lope de Aguirre, que á la sazón se
hallaba en Nicaragua, logró escaparse de la persecu-
ción de las autoridades; mas con otros de sus turbulen-
tos compañeros no desistió de urdir asonadas y moti-
nes que no tuvieron efecto, hasta que al cabo de dos
años tomó parte en la rebelión promovida por D. Se-
bastian de Castilla, y entonces fué uno de los que ma-
taron al general Hinojosa, corregidor de las Charcas.
Deshecha la rebelión y muerto su jefe Castilla, fué
perseguido Aguirre como una de las principales cabe-
zas del motin, y anduvo mucho tiempo fugitivo y
oculto para sustraerse á las tenaces pesquisas del ma-
riscal Alonso de Alvarado, que con gran diligencia le
buscaba á él y á otros muchos de sus cómplices en la
sedición referida.
Por fortuna para el bullicioso Aguirre y sus cama-
radas, ocurrió el alzamiento de Francisco Hernández
Girón, y á fin de evitar que la insurrección tomase
mayores proporciones, la Audiencia del Perú, en nom-
bre del Rey, publicó un indulto general para cuantos
se hubiesen hallado en otras asonadas; pero con la pre-
cisa condición de que todos los agraciados habian de
seguir el estandarte Real, sirviendo en la guerra con-
tra el dicho Hernández Girón. Aprovechóse Lope de
aquella inesperada y feliz coyuntura, y á trueco del
perdón ofrecido, asistió á la indicada guerra bajo las
órdenes del mismo Alvarado que antes le perséguia,
y en la batalla de Chuquinga fué mal herido en la
pierna derecha.
Después de la derrota y último suplicio del rebelde
Hernández, el inquieto Aguirre, lejos de escarmentar
en cabeza agena y vivir tranquilo y seguro á la sombra

de la reciente amnistía, volvió de nuevo á sus antiguas
mañas, tramando conspiraciones de acuerdo con otros
revoltosos, y particularmente con un tal Lorenzo Sal-
duendo, uno de sus amigos, á quien él más adelante
dio muerte; y habiéndose cundido por entonces que el
domador de caballos, que tal era el oficio de Lope,
concertaba un motin contra la autoridad del Rey, fué
preso en el Cuzco y estuvo á pique de ser ahorcado;
pero aunque logró escaparse de aquel peligro, no pudo
evitar que lo desterrasen; y viéndose vigilado, perse-
guido y mal quisto de todos, resolvió concurrir á la
jornada del gobernador Pedro de Orsúa, que á la sa-
zón levantaba gente para la expedición que el Virey
habia confiado á su valor y pericia.
Era Orsúa mancebo de hasta treinta y cinco años,

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