Хосе Эчегарай. Sic vos non vobis или Последнее подаяние. José Echegaray. Sic vos non vobis o La última limosna
Uncategorized June 19th, 2006
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;Pacorra!
GERTRUDIS.-¿No sabes?¡Ay Virgen Santísima!
MARUJA.-¿No sabes? ¡Qué alegría!
GERTRUDIS.-¡Don Marcelo vuelve!
MARUJA.-Sí, hija; ¡vuelve!
BLAS.-Se lo estaba diciendo.
JUAN.-Pero ¿cuándo vuelve?
PAQUITA.-Pero ¿será pronto?
MARUJA.-¡En seguida…, en seguida!
GERTRUDIS.-Ahora mismo.
PAQUITA.-¿De veras? ¡Qué gusto!
GERTRUDIS.-Ha escrito a tu abuela y creo que también a don Blas.
JUAN.-¿Desde dónde?
GERTRUDIS.-Desde el pueblo.
PAQUITA.-¡Ay Dios mío!
JUAN.-¡Entonces está aquí dentro de diez minutos!
BLAS.-Sí, lo estaba diciendo.
PAQUITA.-(Acercándose otra vez a Don Blas.) Lea usted… Lea usted….
BLAS.-«Acabo de llegar…»
Escena IX
Paquita, Juan, Don Blas, Doña Gertrudis, Maruja y Don Silvio.
SILVIO.-Pero ¿es verdad lo que acaban de decirme?
BLAS.-¿Qué?
SILVIO.-¡Que va a llegar don Marcelo!
BLAS.-Sí.
PAQUITA.-Es verdad, sí, señor; es verdad. El tiempo preciso para que vaya a buscarle el coche al pueblo, donde le ha dejado el carruaje de la posta. ¡Cuánto deseaba verle!
SILVIO.-¡Don Marcelo llega! ¿De modo que llega?
BLAS.-Llega. (Presentando la carta.)
SILVIO.-¿Qué dice?
BLAS.-Es larguita.
SILVIO.-Pero ¿qué dice?
BLAS.-Léanla ustedes.
SILVIO.-¡A ver!
PAQUITA.-¡A ver! (Se agrupan los tres y leen en voz baja.)
GERTRUDIS.-¡Ay doña María!, ¿qué va a pasar aquí?
MARUJA.-Nada, hija: que vendrá don Marcelo, y que se casarán, y que seremos muy felices.
SILVIO.-¡Se nos echó la casa encima! ¡Paquita, Paquita! ¿Y ahora?
PAQUITA.-¿Ahora, qué? ¡Mucha alegría! Saltarle al cuello y darle un abrazo y un beso.
GERTRUDIS.-¡Un abrazo!
JUAN.-¡Un beso!
SILVIO.-Pero, ¿qué dirá don Marcelo?
PAQUITA.-¿Por qué? ¿Por el abrazo y el beso? Pues alegrarse mucho.
MARUJA.-Pues yo tampoco sé por qué está eso mal.
PAQUITA.-Al despedirse y al volver todo el mundo se abraza y se besa.
JUAN.-¡Nadie! ¡Eso es no tener vergüenza!
PAQUITA.-Pero ¿le parecerá mal a don Marcelo?
MARUJA.-Tú haz lo que te salga del corazón.
PAQUITA.-(A Don Blas.) ¿A usted quo le parece: le recibo por lo basto o por lo fino?
BLAS.-¿Qué más da?
GERTRUDIS.-Mira, Paquita: las demostraciones de afecto están bien, pero sin estrépito, sin descomponerse: nada de besar; ¡besar una señorita a un señor!
JUAN.-¿Lo estás oyendo?
SILVIO.-(A parte.) ¡Esta chica hará alguna barrabasada!
PAQUITA.-Pero ¡si yo no le beso, como aquí todos le tienen tanto respeto, no le abrazará ni le besará nadie, y será un recibimiento muy frío para el buen señor!
JUAN.-Por eso no te apures: yo le abrazaré por todos. ¡Como yo le apriete!
SILVIO.-(A parte.) ¡Qué bestia es este hombre!
GERTRUDIS.-¡Por Dios, hija, no hagas ninguna ordinariez!
SILVIO.-Muy contenida, Paquita, muy contenida.
PAQUITA.-Bien está.
MARUJA.-Pues yo no sé, yo no sé… ¡Un buen abrazo!
GERTRUDIS.-¡Y yo creo que debía cambiar de traje!
SILVIO.-Ya lo creo; esa vestimenta campestre no es propia de una desposada de su categoría.
PAQUITA.-¿También eso? Pues yo creía que así estaba bien.
GERTRUDIS.-No, hija; no.
PAQUITA.-Bueno. Si ha de ser para dar gusto a don Marcelo, vamos allá. Pero venga usted, doña Gertrudis; porque juego cualquier cosa que me ponga les ha de parecer a ustedes mal.
GERTRUDIS.-Sí, hija, vamos.
MARUJA.-Yo también voy.
PAQUITA.-¡Qué sé yo…; qué sé yo!… Rebajaríamos el beso; pero un abrazo…, a una persona que se quiere, y si es fina, mejor que mejor. A Juan…. a ése, nunca, porque es muy bruto, y una vez que me abrazó por poco me troncha por la cintura. Como que yo le dije: «Hijo, cruz y raya». Pero a don Marcelo, ¿que importa? (Todo esto se lo dice a las dos mujeres al retirarse las tres.)
GERTRUDIS.-¡Jesús, qué chica!
MARUJA.-¡Qué chica!
PAQUITA.-Vamos pronto, que puede llegar. (Salen las tres.)
Escena X
Don Blas, Don Silvio y Juan; después, Don Damián y Don Gabino.
JUAN.-Anda, anda a ponerte guapa para recibirle. Pues yo no me muevo de aquí hasta que venga ese hombre.
SILVIO.-Lo que yo temía. Don Marcelo es así. ¡Allá voy, y se nos cae encima como una bomba! ¡Bien estamos! Conque don Marcelo…
DAMIÁN.-¿Y qué? Hemos hecho lo que hemos podido.
SILVIO.-Usted es buen testigo, don Blas, de que por falta de celo no hemos pecado.
DAMIÁN.-No, señor; no hemos pecado.
GABINO.-Yo, por mi parte.
SILVIO.-¡Yo, tres horas de lección!
DAMIÁN.-Yo, otras tres.
GABINO.-Y otras tres yo.
DAMIÁN.-Yo, nociones de Física, nociones de Química, nociones de Botánica…
SILVIO.-Yo, Historia; yo, Geografía; yo, Retórica; yo, Poética; yo, algunas frases latinas para acostumbrar al oído, algunas frases griegas para acostumbrar la garganta.
GABINO.-Dispensen ustedes…, dispensen ustedes… El oído y la garganta de Paquita han corrido de mi cuenta! Yo, solfeo; yo, canto; yo, el piano; yo, el arpa…
SILVIO.-Y doña Gertrudis, ¡bien ha trabajado! ¡Ella, francés; ella, inglés; ella, italiano; ella, alemán…
DAMIÁN.-¡Y en año y medio!
GABINO.-¡En catorce meses!
SILVIO.-(A Don Blas.) ¡Usted lo ha visto!
BLAS.- Sí.
DAMIÁN.-¿Se puede hacer más?
BLAS.-No.
DAMIÁN.-¿Hay alguien que pudiera hacer siquiera tanto?
BLAS.-¡Qué sé yo!
SILVIO.-Pues verán ustedes qué lucidos nos deja esa criatura encantadora.
GABINO.-(Mirando al reloj.) Pronto lo veremos.
DAMIÁN.-¿Desde el pueblo aquí?
BLAS.-Minutos.
GABINO.-¿Y qué dice la carta?
SILVIO.-La tiene don Blas.
DAMIÁN.-¿Qué dice?
BLAS.-Lea usted. (Se la da.)
SILVIO.-«Acabo de llegar. Mándame el coche. Me detendré media hora: sólo quiero dar un abrazo a Paquita. Prepara un bocado».
DAMIÁN.-¿Qué bocado es ése? (Con asombro.) ¡Cómo viene ese hombre que necesita que le pongan un bocado!
BLAS.-Bocado es almuerzo.
DAMIÁN.-Ya.
SILVIO.-(Sigue leyendo.) «Salgo en seguida para Madrid a fin de arreglar algunos asuntos y de preparar la boda. ¡Con mil diablos, que no me hagan esperar!».
DAMIÁN.-¡Bueno viene!
GABINO.-Sí que viene. Ahí está: ¡el coche echa chispas!
SILVIO.-¡Disparado!
JUAN.-(Aparte.) ¡Una buena carga de pólvora le pondría yo!
Escena XI
Don Blas, Don Marcelo, Don Silvio, Don Damián, Don Gabino y Juan.
BLAS.-¡Vaya, vaya! (Se acerca a la verja lentamente.)
SILVIO.-Ya le tenemos.
MARCELO.-(Desde dentro.) No desenganches, espera: antes de media hora volvemos al pueblo.
BLAS.-¡Ea!
MARCELO.-Ya estoy aquí.
BLAS.-¿Qué tal?
MARCELO.-¡Dame los brazos, soso!
BLAS.-Pues toma…. aguarda. (Poniéndole la pipa en la boca para tener libres los brazos. Se abrazan)
MARCELO.-Quita esa pipa de los demonios, que por poco me abrasas.
SILVIO.-Don Marcelo, bien venido.
MARCELO.-Don Silvio, siempre a sus órdenes. (Se dan la mano.)
DAMIÁN.-Señor don Marcelo…
MARCELO.-Don Damián….
GABINO.-Muy fatigado del viajé, ¿eh?
MARCELO.-No mucho. ¿Y Paquita?
SILVIO.-Aquí estaba hace un momento.
MARCELO.-Pero ¿dónde está? ¿Por qué no sale a recibirme? ¿No llegó mi carta?
BLAS.-Llegó.
MARCELO.-¿Y no se ha enterado Paquita?
BLAS.-Se enteró.
MARCELO.-¿Pues por qué no viene…, ni ella, ni su abuela, ni doña Gertrudis?
BLAS.-Te diré…
MARCELO.-Pues di,¡pero pronto! ¿Qué pasa? ¿Está enferma Paquita?
BLAS.-No.
MARCELO.-¡Pues habla! ¡Hablen ustedes, por todos los diablos!
BLAS.-Si no me dejas.
DAMIÁN.-(A Don Gabino.) ¡Cómo viene!
GABINO.-Ya, ya.
MARCELO.-¿Se explican ustedes? ¿Sí o no?
SILVIO.-Don Marcelo, Paquita estuvo toda la mañana en el campo.
DAMIÁN.-¡Una expedición científica!…
BLAS.-Cogiendo flores con…
DAMIÁN.-Herborizando.
MARCELO.-¿Y qué?
DAMIÁN.-Que estaba en traje de campo, con el desorden y el desaliño propio de estas excursiones, y para recibir a usted dignamente fué a cambiar de vestido.
Silvio.-Eso, a cambiar de traje: coqueterías femeniles.
MARCELO.-Para recibirme a mí cambiar de traje! ¡Qué ocurrencia!
SILVIO.-Fué de doña Gertrudis la ocurrencia.
DAMIÁN.-Nosotros dijimos: ¡para recibir a don Marcelo, cambiar de traje!
GABINO.-Yo observé que me parecía inútil.
MARCELO.-Que venga como esté, aunque sea en enaguas.
BLAS.-Vienes peor que te fuiste.
MARCELO.-Es que me desesperan estas tardanzas y estas etiquetas. (A Juan.) Oye tú, zángano, que venga Paquita y que me traigan el almuerzo; pero a escape. (Juan no se mueve.) ¿No me oyes?… ¡Avisa! ¿Qué haces ahí clavado como un poste?… ¡Vamos!…
JUAN.-No soy criado de la casa.
MARCELO.-¿Pues qué eres?
JUAN.-Oficial de la herrería.
MARCELO.-Lo mismo da: a mis órdenes te tengo.
JUAN.-En la herrería; aquí, no.
MARCELO.-En todas partes. ¡Obedece!
JUAN.-Cuando ruegue usted, no cuando mande.
MARCELO.-¿Qué? ¿Cómo? ¿Quién es el ins










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