Хосе Эчегарай. Sic vos non vobis или Последнее подаяние. José Echegaray. Sic vos non vobis o La última limosna
Uncategorized June 19th, 2006
Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
Email This Post
|
Print It
|
| 66 views
olida de veras.
SILVIO.-¡Molida! ¡Otro término!
DAMIÁN.-Como usted disponga; pero desde mañana.
PAQUITA.-Desde pasado mañana, a estudiar.
DAMIÁN.-Mañana hemos dicho.
PAQUITA.-Bueno, pues mañana. Pero ahora…
DAMIÁN.-Ahora nos retiramos.
SILVIO.-¡Adiós, Paquita!
GABINO.-¡Paquita, adiós!
PAQUITA.-¡Adiós!… ¡Adiós!… ¡Adiós!… (Aparte.) Un adiós para cada uno, que si no dicen que no tengo buena educación.
SILVIO.-(A los otros.) Corno llegue don Marcelo de pronto, nos hemos lucido.
DAMIÁN.-Me parece que de todas maneras.
GABINO.-Me parece que sí. (Salen.)
Escena V
Paquita, sola.
PAQUITA.-Pues me han puesto triste. Que me porto muy mal con don Marcelo… Es verdad: muy mal. Te dijo: «A pulirte, Pacorra». Y tú…. ya…. ya…, tan bestia como cuando él se marchó. ¡Después que se casa contigo… y que te quiere tanto!… Pero no te quiere así: tosca, mal educada, rústica. Porque es claro, si te quisiese así, se hubiera casado antes de marcharse. Te quiere fina, muy fina: como las de su clase. Se presenta de pronto, ¿y qué haces? Dar un aullido y dos brincos y abrazarle: ¡bonito recibimiento! ¡Buen pago le das, a él, que te recogió como a un perro hambriento…. a él que quería hacerte feliz!… ¡Sí, Pacorra, feliz!… ¡Siéndolo él, lo serás, ingratona! ¡Quisiera yo ver cómo te quejas estando él contento!… Lo que tú merecías ya lo sé yo: que él te plantase y que te casaras con el bestia de Juan… ¡Pobrecillo!… ¡Pues por poco se mata por mí!… Vamos, ¡a que voy a llorar!
Escena VI
Paquita y Juan.
JUAN.-¿Qué tienes? ¿Por qué lloras? ¿Quién te hizo llorar?
PAQUITA.-¡Ah!…, eres tú… Bueno; pues lloro porque me da la gana. Cada uno llora cuando llora y cuando le apetece. ¡Vaya con el hombre! ¡Tomándome a mí cuentas! ¿Y no estás tú triste y engollipado desde que el ingeniero te desasna? Pues yo estoy como estoy.
JUAN.-Es que nunca has estado así.
PAQUITA.-Ni tú. Antes eras muy burro, pero muy divertido. Y desde hace un año, desde que das lecciones con ese señor de las minas…, ¡Dios mío, cómo estás! Y es que te entró la envidia, ¡porque eras más envidioso!… Viste que a mí me iban a enseñar todas esas cosas…. ¡y te recomiste!…. y se te metió en la cabeza aprender para que te contaran entre los veinticuatro sabios de Grecia… No, los sabios eran siete. Los veinticuatro eran los de Sevilla. Bueno; lo mismo da: el caso es que eres malo, malo y retemalo, y que estás…
JUAN.-Yo estoy como estoy, y tú estás como estás, que tampoco eres tan divertida como antes…, ni tan guapa…, ¡ni tan guapa!…; no te rías, vanidosa…. ¡ni yo te quiero tanto como antes!
PAQUITA.-¡No (Con burla.) ¡Qué pena! ¡Mira que voy a llorar otra vez! Mucha falta me hace tu cariño, ni el de Lorenza, ni el de nadie.
JUAN.-¡Claro! ¡Queriéndote tu esposo don Marcelo!
PAQUITA.-Cabal. ¡Y de don Marcelo cuidadito con lo que hablas! Te digo que ese hombre ¡es sagrado!
JUAN.-¡Sagrado…. sagrado!… Pues que le pongan en un altar y a ti en otro…. y ya iremos a rezaros…
PAQUITA.-Buena falta te hace rezar, ¡que te has vuelto más hereje desde que te han instruído!
JUAN.-Más herejes son los que han comerciado con carne humana.
PAQUITA.-¡Mentira… mentira!… Don Marcelo no ha hecho eso.
JUAN.-¿Quién habla de don Marcelo? Yo hablo de los que han ganado mucho oro con sangre de hombre y luego se lo ofrecen a cualquier buena moza para que vaya en coche con ellos…. y las hay tan tontas que hasta se engríen; y tan ingratas…, más vale callar.
PAQUITA.-Oye, Juanito, ya otra vez me saliste con el mismo cantar y no lo sufro. Yo no soy ingrata con nadie, que a nadie le debo nada, más que a don Marcelo; y a ése le pagaré con mi vida, con mi alma, con mi felicidad…; y aunque me muriese de pena, me casaría, y me moriría riendo para darle gusto.
JUAN.-¿De modo que sólo te casas por pagarle lo que le debes, y vas a ser infeliz, y vas a llorar mucho, y te vas a morir? ¡Ay, qué gusto, Pacorra!… ¡Si yo le decia a Lorenza que eres muy buena!… ¡Claro…, claro…, siempre lo fuiste!… ¡Pacorra!…
Pacorra.-Y tú, ¡qué bestia eres! ¡Pues no te da alegría que yo me muera de pena! ¡El muy zángano!
JUAN.-Claro, ¿a qué estamos? ¿No tengo yo penas? ¡Pues tenlas tú! ¡Y que llores, que libres hasta que se te sequen los manantiales! ¡Y que se te pongan los ojos con ribetes encarnados! ¡Y que se te chupe la cara! ¡Y que te quede tan poco pelo que se te vea el casco de vieja! ¡Y que cuando te abrace don Marcelo abrace a una bruja o una tarasca! ¡Al negrero, la tarasca! ¡Como Dios me permita ver eso…. voy a pegar un estallido de alegría!
PAQUITA.-¡Malas entrañas! ¡Mucho me has querido tú! Por ser la primera vez que me lo dices, ¡lo dices con gracia!
JUAN.-Yo no digo nada. Lo que digo es que no te puedo aguantar.
PAQUITA.-Mejor. Pero dejemos esto. Oye, estúpido, mala lengua: don Marcelo no fué negrero nunca. Heredó esclavos y les dió libertad. Libertad de balde, ¿entiendes? ¡Porque tiene un corazón más grande que tu cabeza! Y como vuelvas a mentarlo, ni para bien ni para mal, te juro por estas cinco (Haciendo las cruces.) que no me vuelves a ver en esta vida. Te lo juro, y mira que yo también soy cabezuda. Ni tú tienes cariño, ni conciencia, ni ley, ni nada. Vamos, Juan, que yo creo que eres otro hombre.
JUAN.-¡Yo por ti soy capaz de hacer cien veces más que ese hombre! ¡Si yo fuera rico!… ¡A que si no te casases con él, te echaba otra vez a la cuneta!… Di tú que lo que hace es comprarte.
PAQUITA.-¡Falso…, falso!… Atiende, renegado. Poco antes de marcharse le dió unos papeles a la abuela, y dijo: «Ya es rica Pacorra: que se case conmigo, o no quiera casarse, o que yo me muera en América, decía el pobre, Pacorra es rica». De manera que ni me compra ni me vendo. ¿Lo has comprendido? Y en cuanto a si me pondré fea…. puede ser…, pero por hoy…. ¡qué sé yo!…. me parece que todavía hay para rato. (Riendo y coqueteando un poco.)
JUAN.-Perdóname: te quiero mucho. No hablaré más de don Marcelo, ¡palabra! Pero no me eches ni creas que soy malo. Eso, sí: ¡si cogiera a don Marcelo entre el yunque y mi martillo…!
PAQUITA.-¡Vete!
JUAN.-Ha sido la última vez: la despedida. Pero ¡pensar que tú no vas a ser lo que eras antes: mi Pacorra, mi compañera!… (Evocando recuerdos.) «¿Que adónde vamos esta tarde?, que al río. ¿Que adónde vamos mañana?, que al picacho. ¿Qué adónde iremos el domingo?, que a merendar juntos». ¿Y cuándo te enfadabas conmigo y me pegabas? ¿Te acuerdas? Mira, cuando me sacudiste por lo de Canelo…, ya sabes, cuando lo tiré ad remanso…, me hiciste en el brazo un rasguño muy regular… ¡Pues estuve rascándolo más y más para que no se cerrase! Y cuando supe lo de la boda, me encarnicé de modo que se me armó una cantera, ¡que ya, ya! Y decía yo, clavando las, uñas: «¡Aquí para toda la vida el sello de sangre que me puso esa maldita!» Pero tengo una encarnadura tan perra, que se me cerró la herida. La cicatriz, ésa no se borra.
PAQUITA.-¡A ver, Juanito!
JUAN.-Mira, mira…
PAQUITA.-No, quita, quita… (Llorando.) ¡Pobrecillo! ¡Vamos, que hoy todos me hacen llorar! Los maestros…, y ése…, y don Marcelo, que vuelve… Señor, en la cuneta lloraba, pero no de este modo.
JUAN.-¿Qué vuelve don Marcelo has dicho?
PAQUITA.-¿Pues había de quedarse allí siempre?
JUAN.-(Brutalmente.) ¡Entonces, llora!
PAQUITA.-¡Pues llora tú también!
JUAN.-No me falta mucho. (Se tira en un banco.)
Escena VII
Paquita y Juan; Don Blas, con una carta.
BLAS.-(Reparando en ellos.) Bueno…, bueno…. hola…
JUAN.-(Se sienta.) Buenos días.
BLAS.-(Haciendo levantar a Juan.) Haz el favor…, estoy cansado.
JUAN.-Pues descanse.
BLAS.-¿Conque sabes, Paquita…?
PAQUITA.-¿El qué?
BLAS.-La noticia.
PAQUITA.-¿Qué noticia?
BLAS.-(Enseñando una carta.) Esta: la trajo un propio.
PAQUITA.-¿Y qué es eso?
BLAS.-Una carta.
PAQUITA.-¿De él?
JUAN.-¿De don Marcelo?
BLAS.-Sí.
PAQUITA.-¿Está bueno?
BLAS.-Sí.
PAQUITA.-¿Y qué dice?
JUAN.-¿Qué te importa? La carta es para don Blas. ¡Buena educación te enseñó doña Gertrudis!
PAQUITA.-¿Es para usted?
BLAS.-Sí.
PAQUITA.-Y para mí, ¿no dice nada?
BLAS.-Sí.
PAQUITA.-¿Y qué dice?
JUAN.-¡Otra!
BLAS.-Si lo iba a decir.
PAQUITA.-Léala usted.
JUAN.-¡Dale!
PAQUITA.-Digo…, si puede leerse.
BLAS.-Sí.
PAQUITA.-(Acercándose a Don Blas, como para leer con él.) Pues a ver…
BLAS.-(Mirando con terror la carta.) «Acabo de llegar…» ¡Qué larga!…
Escena VIII
Paquita, Juan, Don Blas, Doña Gertrudis y Maruja.
GERTRUDIS.-¡Paquita!¡Paquita!
MARUJA.-¡










About



Leave a Comment
You must be logged in to post a comment.