Skip to content

Хосе Эчегарай. Sic vos non vobis или Последнее подаяние. José Echegaray. Sic vos non vobis o La última limosna


| Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...



os.
MARUJA.-Pues agradecidas hasta la muerte… A usted y a toda su raza. ¡Qué lástima que el señor no esté casado y no tenga hijos, para que pudiéramos servir de algo Pacorra y yo, que ella también se da muy buena maña con los chiquituelos!
MARCELO.-¿Oyes?
MARUJA.-Mire que lo digo de corazón. Que no son pamemas. Cásese, cásese y ya verá.
MARCELO.-¡A eso vamos!
MARUJA.-¿Se casa el señor? ¡Qué alegría! Digo si es para bien del señor, que Dios quiera que lo sea. Porque me parece que la señora no nos echará. (Con cierto temor.)
MARCELO.-Me parece que no. Y para hablar de este asunto la llamé a usted y llamé a Paquita. Se trata de algo muy serio.
MARUJA.-¡Ay Dios mío! ¿Bueno o malo?
MARCELO.-(A Blas.) Yo creo que bueno, ¿eh?
BLAS.-Ello dirá.
MARCELO.-Pero ¿no viene Paquita?
MARUJA.-Mandé a buscarla. Está corriendo por ahí con el zopenco dé Juan y la bestia de su hermana Lorenza. Me dijeron que estaban en el remanso de la presa pon el perro. Pero, calle…, ya los oigo…. ya vienen… ¡Qué ruído meten! (Se oyen voces.)
MARCELO.-Ella es…. pero ¿vienen riñendo?
MARUJA.-(Asomándose a la verja.) ¡Ea, no reñir!… ¡A callarse!
MARCELO.-Déjelos usted: me hacen gracia.
MARUJA.-¡A callarse os digo!… ¡Qué chicos!

Escena III
Don Marcelo, Don Blas, Maruja, Paquita, Juan y Lorenza. Don Blas, siempre sentado y fumando. Don Marcelo se retira al fondo para observar. Juan, en traje de mozo de fragua y algo tiznado, y Lorenza, en traje de campesina, entran corriendo; detrás, Paquita con una rama de hojas, pegándoles a los dos; viste traje de aldeana, pero de mejor clase que Lorenza, y viene descompuesta, algo desgreñada y muy colérica y llorosa.
PAQUITA.-¡Bestiazas…. bestiazas…. malas entrañas! (Pegándoles.) ¡Os he de descuartizar!
JUAN.-(Parando los golpes.) ¡Pero si yo…
LORENZA.-(Lo mismo.) ¡Si fué ése!…
JUAN.-Si no lo hice a mal hacer…, si ésa me lo dijo…
PAQUITA.-Tú, ésa…. pues a los dos.
MARUJA.-¡Muchacha! ¡Muchacha!
PAQUITA.-Déjeme, abuela, déjeme. ¡Si lo merecen! ¡Si yo tuviera más fuerza!…
MARUJA.-Tú no reparas…
PAQUITA.-¡Yo no reparo sino en que me hacen llorar y en que por poco se me ahoga Canelo! ¡Pues si se ahoga mi perro, a la presa vais los dos de cabeza, borricotes! ¡Mala sangre tenéis! (Se acercan a ella Juan y Lorenza.)
JUAN.-¡Pacorra!
LORENZA.-¡Vamos, mujer!
PAQUITA.-¡Quita allá! ¡Quita allá! ¡Pobre Canelo! (Lloriqueando.)
MARUJA.-¿Por qué le habéis hecho llorar?
JUAN.-¿Pues por qué nos pega?
PAQUITA.-Les pegué después.
LORENZA.-¡Si era una broma!
JUAN.-Déjala, que como es la señorita!… ¡Desde que es señorita!.., ¡Desde que don Marcelo le da alas!… Claro, le enseñó don Marcelo a tratar esclavos…. digo, eso dicen… Pero ¡aunque estoy de negro, no soy negro!.., ¡sábelo tú!
LORENZA.-¡Eso!… ¡Eso!
MARUJA.-¡Silencio, mal educado!
PAQUITA.-(Yendo sobre él y amenazándole.) Si dices de don Marcelo, ¡tanto así!…. hago contigo lo que hiciste con el perro, ¿sabes tú? Al señor no se le toca, ¿sabes tú? ¡Ni hay que mentarlo para nada…. como no sea para adorarlo de rodillas!
MARCELO.-(En voz baja a Don Blas, al cual se ha acercado poco antes.) ¿Y ahora?
BLAS.-Ahora no digo nada…; luego…, veremos.
PAQUITA.-Conque tú te arrodillas para hablar de este asunto, o no me acuerdo del santo de tu nombre en jamás.
JUAN.-Yo me arrodillo ante ti cuando quieras…, pero no está bien como nos tratas.
LORENZA.-¡No está bien!
PAQUITA.-¡Lo está! ¡Lo está! ¡Y lo está!
MARCELO.-(Avanzando.) ¡Ea! No hay que incomodarse.
PAQUITA.-¡Ay señor…, qué vergüenza! ¡Estaba usted ahí! ¡Lo veis! ¡Por vosotros!
LORENZA.-(A Juan.) Te ha oído.
JUAN.-(A Lorenza.) Mejor.
MARCELO.-Vosotros os vais. (A Juan.) Tú, a la fragua. (A Lorenza.) Tú, a donde quieras. Ya me contará Paquita lo que habéis hecho.
JUAN.-(Con burla.) ¡Paquita! Me parece a mí…, me parece a mí… (Aparte.)
LORENZA.-(A Juan.) Vente.
PAQUITA.-¡Idos! ¡Ea! ¡Afuera!
JUAN.-(Acercándose muy humilde a Paquita.) No hice con mala intención lo del perro… No lo hice, Pacorra… (Mirando a Don Marcelo.) ¡Toma Paquita!
PAQUITA.-Bueno, bueno.
MARCELO.-Al trabajo.
JUAN.-Ya vamos; anda tú. (A su hermana.) El hierro que coja yo ahora contra el yunque… ¡me parece que ni en el laminador! Anda tú para alante. (A Lorenza. Salen los dos.)

Escena IV
Paquita, Maruja, don Marcelo y Don Blas.
MARCELO.-Si te incómoda ése, le echo a la calle.
PAQUITA.-No, señor, no. Es un borricote, pero es bueno. Pero como es tan borricote y tan tosco…, siempre machacando hierro…, y como no cavila…, a lo mejor, sin querer, hace una barbaridad.
MARUJA.-¿Y qué hizo?…. vamos, ¿qué hizo?
PAQUITA.-Pues verá usted, abuela; verá usted, don Marcelo. Estábamos junto al remanso de la presa los tres, jugando con el Canelo.
BLAS.-¿El perro?
PAQUITA.-Sí, señor; el perro. Es feo, pero yo le quiero mucho. Se puede querer a un animal, aunque sea feo, ¿verdad, don Marcelo?
BLAS.-(A Marcelo.) Apunta eso, que te sirve.
MARCELO.-Tienes razón, Paquita. Tienes razón.
PAQUITA.-(Riendo.) ¡Se ha empeñado usted en llamarme Paquita!
MARCELO.-(Con entusiasmo.) ¡Porque eres Paquita!… ¡Porque eres…!
BLAS.-(Conteniéndole.) ¡Vamos!
MARUJA.-Don Marcelo te llama como quiera.
PAQUITA.-Ya lo sé…. ya lo sé… Pero luego me hacen burla ésos; todo el santo día están: «¡Paquita! ¡Paquita!»
MARCELO.-Pues al que se burle de ti…
PAQUITA.-No lo hacen con mala intención; pero como siempre me llamaban Pacorra…. y resulta que soy Paquita…
MARUJA.-Bueno, sigue.
PAQUITA.-Pues estábamos jugando, jugando, como digo…. y va Juan y tira una piedra al remanso…, y va y dice: «Cógela, Canelo.» Conque yo le grito: «No hagas eso, que estamos cerca del sumidero del molino y el agua tira mucho. Que no hagas eso, que se va a ahogar el perro.» Y él, sin hacerme caso: «¡Anda, Canelo!» Y yo: «¡Quieto, Canelo!» Y él: «¡Anda!» Y yo: «¡Aquí!» El perro, quieto. El perro a nadie obedece más que a mí. Todos los perros son así conmigo.
BLAS.-(Mirando a Don Marcelo.) Todos. ¿Verdad?
MARCELO.-(Aparte.) Imbécil. (Alto.) ¿Y qué?
PAQUITA.-Que como Juan es tan duro de mollera, va y coge al perro y lo tira al remanso, diciendo: «¡Anda por la piedra, Canelo!» ¡Mire usted, se me pone el corazón así! (Enseñando el puño cerrado.) Porque ya veía yo lo que iba a suceder. El perro, nada que nada…, y el agua, tira que tira…. y yo gritando: «¡Aquí, Canelo, aquí!» «¡Ven, hermoso!» «¡Ven!» Y el animalito, manotazo y manotazo…. y con las patitas, dale y dale…. y yo metida en el agua: «¡Canelo, Canelo!», y la corriente, chupa que chupa. ¡Y se lo llevaba! Todo el cuerpo hundido y aquel hociquito tan mono, que yo he besado tantas veces, apenas si salía del agua. Y lo volvía a donde yo estaba, diciendo…. sí, señor, lo decía claramente: «¡Mira que me ahogo!» Yo me iba a tirar…, que me tiro, sí, señor… Por Canelo me tiro yo…, ¡y por usted también!
MARCELO.-(Cogiéndole una mano con entusiasmo.) ¡Gracias, Paquita!
BLAS.-(A Don Marcelo.) También se tiraba por el perro.
MARCELO.-Déjame. Acaba, Paquita.
PAQUITA.-Juan me sujetó con sus manazas. Lorenza tendió una rama a Canelo, el pobrecillo mordió: y tira, y tira hacia fuera… lo sacamos. ¡Mire usted, me lo comí a besos! Y luego cogí la rama y a los otros les sacudí de firme: usted lo ha visto. Pero tenía razón. Diga usted si no tenía razón: ¡Ea, que tenía razón! (Como una niña, entre enojo y lloriqueo.) ¡Cómo besé yo aquel hociquito!
MARCELO.-Ya lo creo: eres muy buena: tienes un corazón muy hermoso. ¡Hacer daño a un ser débil! Eso es infame y repugnante.
PAQUITA.-¡Qué bueno es don Marcelo!
MARCELO.-Oye, Paquita: quiero que hablemos los tres. No, los dos. Pero antes los tres.
BLAS.-Entonces, sobro.
MARCELO.-No: todavía los cuatro. Luego os echaré para quedarme solo con Paquita.
PAQUITA.-¡Conmigo!
MARCELO.-(A Paquita.) Sí; ahora, siéntate. (A Maruja.) Y siéntese usted. Y tú… haces lo que quieras.
MARUJA.-(Sentándose.) Si el señor lo manda.
MARCELO.-Tu abuela me contó vuestra .
PAQUITA.-¡La de Pacorra!
MARCELO.-Y yo voy a contaros la mía.
PAQUITA.-¡La de usted!… ¡Abuela, nos va a cantar su ! ¡Tiene gracia! ¡Ay, qué divertida será! Cuente, cuente.
MARUJA.-La vida de un santo.
MARCELO.-No; santo, no. Por eso quiero contaros mi , y después de unas palabras que le he oído a Juan, es preciso. Quiero que me conozca Paquita… y luego que decida.
PAQUITA.-(A Maruja.) ¿Qué ha dicho? Que yo… Don Marcelo tiene

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
  • MySpace
Tags: , , , , , , , , , ,

Related posts

Post a Comment

You must be logged in to post a comment.