Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15


Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...
| 68 views

;ndose la frente.)
BLAS.-Ya se conoce.
MARCELO.-¡Mentecato!
BLAS.-Gracias.
MARCELO.-Siempre fuiste estúpido.
BLAS.-Edúcame como a Pacorra.
MARCELO.-Que te eduque el diablo.
BLAS.-Ya lo hizo.
MARCELO.-Y puede estar orgulloso de su discípulo.
BLAS.-Lo está.
MARCELO.-Conque ya estás enterado. Educo, a Paquita y me caso después.
BLAS.-¿Conque la educas?
MARCELO.-Sí.
BLAS.-Tú mismo.
MARCELO.-Hombre, yo, no. Yo soy ilustrado, por más que tú digas, pero no puedo servir de maestro. Además, desde que la proclamé oficialmente como mi futura esposa, no puedo vivir con ella. Y, por, otra parte, necesito ir a Nueva York, para redondear mis negocios, uno o dos años. Aquí se queda Paquita con su abuela.
BLAS.-¿Con la tía Maruja?
MARCELO.-Con doña María.
BLAS.-¿Vas a educar también a la abuela?
MARCELO.-Tiene la mejor de las educaciones: honradez. Y el mejor de los maestros: un corazón sano.
BLAS.-Y yo, ¿qué hago?
MARCELO.-Te quedas aquí, al frente de todo esto. Pues iba diciendo que en cuanto haga conocer mi decisión a doña María…
BLAS.-A Maruja.
MARCELO.-Cuando Pacorra se llame Paquita, Maruja se llamará doña María.
BLAS.-Y yo, ¿cómo me llamaré?
MARCELO.-Como te llamas: Blas. ¿Tú sabes lo que en griego quiere decir Blas?
BLAS.-No.
MARCELO.-Quiere decir tonto.
BLAS.-Sigue tú, sabio.
MARCELO.-¿Y sabes lo que quiere decir en griego sigue?
BLAS.-Tampoco.
MARCELO.-Pues quiere decir calla. De modo que yo soy el que dice: Sigue, Blas.
BLAS.-Un calamar helénico por aproximación.
MARCELO.-Para uso de los Blases sin aproximación.
BLAS.-¿Vas a enseñar griego a Paquita?
MARCELO.-Voy a tomarle maestros de todo lo divino y de todo lo humano para que sea un portento y tengamos que arrodillarnos ante ella.
BLAS.-¿Y cuándo empiezas?
MARCELO.-Hoy mismo. Hice llamar hace poco a Maruja; viene; le explico mis proyectos; los aprueba. Tengo una conferencia con Paquita; le digo que quiero casarme con ella, y corno ella me quiere muchísimo, dice que sí. Llegan los maestros…
BLAS.-¡Hola, hola!
MARCELO.-Llegan los maestros; lo dejo todo corriente; me despido; le doy un beso a Paquita; se queda llorando; me voy a Liverpool; lo arreglo todo; vuelvo; veo a Paquita; me asombro y me caso.
BLAS.-Y te asombras más.
MARCELO.-Y te muelo a palos.
BLAS.-Sigue, Blas.

Escena II
Don Marcelo, Don Blas y Maruja.
MARUJA.-¿Me llamaba el señor?… ¡Ay Jesús!… Ahora me lo han dicho. ¿Le hice esperar?
MARCELO.-Sí, la llamaba a usted; pero tranquilícese, que no esperé mucho.
MARUJA.-¡Hacer esperar al señor! ¡Válgame Dios!
MARCELO.-Si digo que no.
MARUJA.-Es que si el señor me dice: «Tú y tu nieta os vais a tirar al remanso de la presa…», ¡ya estamos allá! ¡Conque figúrese!
MARCELO.-Ya lo sé. Vamos, siéntate aquí y escúchame con mucha atención.
MARUJA.-Sí, señor; sí, señor.
MARCELO.-Hay que empezar por el principio. Y como éste, que es para mí como un hermano, llegó hace poco y no sabe nada…, es preciso que usted le cuente su a don Blas.
MARUJA.-¿Dice usted mi ?
MARCELO.-Su vida de usted… y la vida de Paquita.
MARUJA.-¡Mi vida!… ¡Qué cosas dice el señor!… ¡La vida de Pacorra!… Pero ¡si no tenemos nada de eso!
MARCELO.-Sí, mujer; todo el que vive tiene vida, y le han pasado cosas, y ha tenido penas y alegrías.
MARUJA.-Penas, sí, señor. Alegrías…. sí, una muy grande: mi Pacorra… ¡Y las alegrías de ahora…. las que debernos. al señor don Marcelo!
BLAS.-¿Se casó usted?
MARUJA.-Naturalmente…, pues si tengo una nieta…, ¿qué remedio? Y también tuve una hija; y también se casó; y por eso tengo a Pacorra, ¿comprende usted?
BLAS.-Me parece que sí.
MARUJA.-Y mire usted: el marido de mi hija era un buen hombre…, y todos decían que hubiera sido algo: tenía de aquí… (Tocándose la frente.), pero no pasó de capataz.
BLAS.-¿Se murió?
MARUJA.-¡Le mataron esas malditas ruinas!… Malditas, no, que son de don Marcelo. Benditas de Dios, que dan de comer a mucha gente. ¡Qué pena…. qué lástima!… ¡Ay, si aquél viviera, otra sería nuestra suerte!… Pero mejor que ésta que tenemos…. ¡ay, eso no!… Mejor que servir a don Marcelo, no cabe. ¡Pues si estamos más contentas y más agradecidas!… Pues ¿y Pacorra?…, ¡ay señor don Marcelo!…
MARCELO.-¡Me quiere mucho!
MARUJA.-¡Si le quiere!… Mire: ha puesto su retrato de usted en un marco dorado, y todas las mañanas y todas las noches le reza: de rodillas, le reza; créame: como le digo, que el de allá arriba sabe si digo la verdad. De rodillas le reza, como si fuera usted un santo: ¡corno que lo es usted! Santos conozco yo que no valen tanto.
MARCELO.-(A Don Blas, en voz baja.) ¿Qué tal?
BLAS.-Muy bien.
MARCELO.-¿Y qué reza?
MARUJA.-¡Toma!…. oraciones que yo le enseñé. Y oraciones que ella compone allá a su modo. Pacorra tiene mucho de aquí. (Tocándose la frente.) Como su padre y como toda la familia.
MARCELO.-(Como antes.) ¿Qué tal?
BLAS.-Perfectamente.
MARUJA.-¡Ay!, si su padre viviese no estaría la chica como está: hecha una zafia, una bestia, con perdón sea dicho. Su padre, de día a trabajar y de noche a dar lección a la zagala. Pero, en fin, aquel pedrusco negro de la galería pudo más que el pobre.
BLAS.-¿Y su hija de usted?
MARUJA.-Dió en llorar y en enflaquecer…, y luego la miseria y el hambre… Pues se la llevó Dios con el otro Y yo me quedé con Pacorra de seis años… y sola en el mundo.
BLAS.-Bueno.
MARUJA.-¡Ay!, no, señor; eso no es bueno…. no es bueno.
BLAS.-Quise decir malo.
MARUJA.-Si no hubiera sido por Pacorra ya estaba yo, con aquéllos. arriba, en la gloria, que Su Divina Majestad me la tiene prometida.
BLAS.-¿Y después?
MARUJA.-Después me pasé a servir a una señora viuda, muy buena, muy buena, mejorando lo presente. ¿Sabe usted? En aquella casa que se ve al bajar la cuesta. Y sirviendo he vivido estos doce años, y Pacorra conmigo.
BLAS.-¿Hecha un salvaje?
MARUJA.-¿Qué quería usted que fuese? El sol, el viento, la lluvia y el monte, ¿qué han de criar? Matorrales, zarzas y chicas como Pacorra. Ahí tiene usted. Pero en lo tocante a estar bien cuidada…, ¡oh, eso…, la señora y yo no la descuidábamos!
MARCELO.-(Como antes.) ¿Qué tal?
BLAS.-Para servirte, ¿y tú?
MARCELO.-¡Imbécil!
BLAS.-Y al fin; ¿qué?
MARUJA.-¡Ay señor don Blas! Una noche la pobre señora se puso muy mala…, y no hubo remedio: se la llevó Dios, como a mi marido, como a mi hija, corno a aquel pobre hombre, como a todos. El sabrá por qué. ¡Ay mi señora! También tengo su retrato y también le rezo todas las noches. ¡Si es lo que tiene que ver! Yo reza que reza al retrato de mi señora y Pacorra al de don Marcelo.
MARCELO.-(Aparte.) ¡Es un ángel…, y cómo me quiere!
BLAS.-¿Y ustedes?
MARUJA.-Nos echaron a los dos días de muerta la señora…
BLAS.-¿A la calle?
MARUJA.-No, señor; ahí no hay calles: al campo.
BLAS.-Eso es.
MARUJA.-¡Yo y Pacorra!… Yo tan vieja como usted me ve y Pacorra tan chiquilla como es todavía. Claro, el ángel de Dios no sirve para nada.
BLAS.-(A Marcelo.) ¿Qué tal?
MARCELO.-Quiere decir que la pobrecilla no sabe hacer nada.
BLAS.-Pues eso.
MARUJA.-No, señor; no, señor. Sabe hacer quesos, y muy retebién.
BLAS.-¿De veras?
MARUJA.-Sí, señor ¡Y sabe tejer y adornar palmas con unas flores, y unos lazos, un entretejido! Como el señor cura siempre te daba este encargo para el Domingo de Ramos…
BLAS.-Pues con los quesos y las palmas…
MARCELO.-¡Hay que llevarla en palmitas!
BLAS.-Prefiero los quesos.
MARCELO.-Acabe usted la , María.
MARUJA.-Sí que acabaré, que falta lo mejor: lo más triste y lo más alegre. Nos echaron de la casa, como dije, y nos encontramos Pacorra y yo ¡desamparadas! Pasaron días… Vamos, no quiero acordarme. Quise pedir limosna; Pacorra no quiso. Le rogué que se pusiera a servir y que me dejase a la gracia de Dios: no quiso tampoco. Y al anochecer del cuarto día estábamos en la cuneta de la carretera: yo echada y llorando; Pacorra sosteniendo mi cabeza en su falda y llorando también; cuando pasó un coche con un señor dentro: era don Marcelo; venía a estar unos meses al cuidado de sus minas. ¿Y ya qué falta, señor? (Mirando a Don Marcelo y levantando las manos.) ¡No es nada! ¡Ay señor, que Dios lo bendiga! ¡Eso es caridad!, ¡eso es buen corazón!, ¡eso es saberse la doctrina! ¡Compadecerse, yendo en coche, de unas pobres mujeres, que lloran en la cuneta! Y decirle al cochero: «¡Para, bestia!» Y bajarse como si fuese un cualquiera… ¡Pacorra y yo sí que debíamos bajarnos a besárle sus reales pies…, y si no loconsiente, sus reales… manos, y declararnos de por vida sus esclavas!
MARCELO.-Basta, hasta; no quiero esclav

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
Tags: , , , , , , , , , ,

Related posts

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15


  • Los señales de los incos - tocapu y ticcisimis en el libro “Exsul Immeritus Blas Valera Populo Suo”. Знаки инков - токапу и ключевые слова в книге “Невиновный Изганник Блас Валера Своему Народу”
  • El verdadero nombre de Fray Martín de Murúa. Настоящее имя Брата Мартина де Муруа
  • Блас Валера 1545-1618 - биография историка. Blas Valera - biografía
  • Хосе Эчегарай-и-Эйсагирре. Злая порода. José Echegaray. De mala raza
  • Рубен Дарио. Уитцилопоцтли. Мексеканская легенда. Rubén Darío. Huitzilopoxtli. Leyenda mexicana

  • Leave a Comment

    You must be logged in to post a comment.


    Copyright by Blok.NOT 2005 - 2008

    XML-Sitemap