Хосе Эчегарай. Sic vos non vobis или Последнее подаяние. José Echegaray. Sic vos non vobis o La última limosna
Uncategorized June 19th, 2006
Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
Email This Post
|
Print It
|
| 67 views
7;.
MARCELO.-¿Estáis enojados?… Lo pregunto, porque como estáis tan lejos uno de otro. ¡Dos buenos compañeros! ¡Dos buenos amigos! Eso no está bien.
PAQUITA.-No, señor; no estamos enojados.
JUAN.-Sí, señor; lo estamos.
PAQUITA.-(¡Más imprudente!)
MARCELO.-¿A quien creo?
PAQUITA.-A mí, don Marcelo; ése no dice ni pizca de verdad.
JUAN.-Usted verá a quién cree; eso no es cuenta mía.
MARCELO.-Yo te creo a ti, Juan. Porque ya me han dicho…. ya me han dicho… He hablado con don Damián, con don Silvio, con don Gabino, con doña Gertrudis y con el director que te da lecciones.
JUAN.-Sí, vamos; habló usted con todo el mundo. Me alegro; así estará usted instruido de todo.
PAQUITA.-(¡Nada, que no le deja!) No haga usted caso de ese zángano, don Marcelo. Vete a la herrería.
JUAN.-No me voy hasta que no me lo mande don Marcelo.
MARCELO.-No te vayas. Tenemos que hablar.
PAQUITA.-(¡Se nos cayó la casa!)
MARCELO.-¿Conque os habéis divertido tanto y os habéis paseado tanto mientras yo estuve en Madrid?
PAQUITA.-Sí, señor; algunas veces.
JUAN.-Todos los días.
PAQUITA.-Como usted mandó que le obedeciese…, como usted dijo: «El amo es Juan…», por eso.
MARCELO.-¿Por eso le obedeciste?
PAQUITA.-Claro.
MARCELO.-Bien hecho; es natural.
PAQUITA.-(Observándole.) (Pues parece muy tranquilo.)
MARCELO.-¿Y os ibais los dos?
PAQUITA.-Con don Blas y con Lorenza, siempre.
MARCELO.-(A Juan.) ¿Siempre?
JUAN.-Sí, señor; siempre llevábamos esos pegotes.
MARCELO.-Te creo. Todos me dicen que eres un hombre honrado y no tan bestia como yo, torpemente, imaginé, no sé por qué causa…, por habérselo oído a Paquita. Me engañaste, Paquita.
PAQUITA.-Yo no le engañé, ni le engañaré nunca; se lo juro por el alma de mi madre que está en gloria. ¡Antes me aplaste la muela del molino!
JUAN.-(¡Si ha de ser como antes decíamos!)
PAQUITA.-(¡Ya está aquél pensando algo!)
MARCELO.-Te creo, Paquita; también te creo.
JUAN.-Sí, vamos, usted cree a todo el mundo.
MARCELO.-(Con los dientes apretados y avanzando descompuesto.) ¡Yo no creo a nadie!
PAQUITA.-(Cerrándole el paso.) ¡Don Marcelo!
JUAN.-Pues yo no miento.
MARCELO.-¡Tú mientes como todos!
PAQUITA.-Sí, señor; ¡miente a todas horas!
JUAN.-Digo que no, que no…. y si no, póngame usted a prueba.
MARCELO.-Sí que te pondré. A ver: ¿No es verdad que tú me respetas mucho y me quieres mucho?
JUAN.-Respetarle, sí, señor. Porque ésa dice que es usted muy bueno, y por lo que ha hecho usted por doña Maruja y por Pacorra. Pero quererle, ¡ni esto! (Hace chasquear la uña con los dientes.)
PAQUITA.-(¡Ay, qué bruto!) ¡Don Marcelo!
MARCELO.-(A Paquita.) ¡Silencio! (A Juan.) ¿Por qué no me quieres?
JUAN.-Porque así son las cosas del mundo.
MARCELO.-¿Nada más?
JUAN.-Nada más.
PAQUITA.-(¡Gracias a Dios!)
MARCELO.-¿Ves cómo al cabo mientes?
JUAN.-¡Pues no miento! No le quiero a usted y casi le odio y siento impulsos de hacerle pedazos.
MARCELO.-¿Por qué? ¡Dilo si te atreves!
PAQUITA.-¡Juan!
MARCELO.-¡Dilo, cobarde!
JUAN.-Porquese casa usted con Pacorra.
PAQUITA.-¡Ya la soltó! ¡Virgen Santísima!
MARCELO.-Eres un hombre; venga esa mano.
JUAN.-Perdone usted, pero no puedo dársela.
PAQUITA.-¡No lo haga usted caso, don Marcelo!
MARCELO.-¡Silencio!
PAQUITA.-(Lloriqueando.) ¡Ya está enojado conmigo!
MARCELO.-¿Desde cuándo quieres a Paquita?
JUAN.-Yo creo que la quise siempre. Pero no lo conocí hasta que supe que se casaba usted con ella.
MARCELO.-(A Paquita.) Bueno. Y tú. ¿le quieres también? La verdad.
PAQUITA.-¡Por Dios, don Marcelo! ¡Qué cosas dice usted! ¿Pues no vamos a casarnos?
MARCELO.-¡La verdad!
PAQUITA.-¡Pero, señor!
MARCELO.-¡La exijo por la gratitud que me debes, por tu lealtad de mujer honrada!
PAQUITA.-¡Don Marcelo!
MARCELO.-¡La verdad!
PAQUITA.-¿Tendrá usted mucha pena?
MARCELO.-Mucha mayor si me engañas.
PAQUITA.-Entonces, lo diré: le quiero.
MARCELO.-¿Desde cuándo?
PAQUITA.-No lo sé. Ha debido ser desde que supe que iba a casarme con usted.
MARCELO.-Es decir, lo mismo que Juan.
PAQUITA.-Me parece que lo mismo, pero Juan podrá decirlo.
JUAN.-Lo mismo, sí, señor; lo mismo. (Pausa.)
PAQUITA.-¿Se ha enfadado usted?
MARCELO.-No; ya ves que no hay motivo.
PAQUITA.-Claro que no; porque yo, ¿qué culpa tengo?
MARCELO.-Ninguna. Son cosas del mundo. Pero ahora es preciso que tú decidas.
PAQUITA.-Yo, no, señor. Usted dispone, y yo le obedeceré. Se lo juro por la Santísima Virgen. Dice usted: «A casarse conmigo»; me caso, y tan agradecida. Dice usted: «A casarse con Juan»; me caso, y tan contenta.
MARCELO.-No; decidirás tú. Aquí nos tienes a los dos: escoge.
PAQUITA.-¡Ay, no; no es eso! No, no… ¡Que no va usted a quererme! ¡Va usted a despreciarme, va usted a pensar: «Chiquilla ingratata» ¡No soy ingrata, don Marcelo! (Se abraza a él, llorando.)
MARCELO.-No, Paquita. No diré eso.
PAQUITA.-Si digo: «Con Juan…», tan fijo como ésa es luz que me pierde usted el cariño.
MARCELO.-No; oye. La ilusión es más hermosa que la realidad, y a la ilusión se la quiere más que a la realidad; mucho más. Grande sería mi cariño si fueses mía; pero ¡si fueses de otro! ¡Oh, entonces, qué hermoso el bien perdido! ¡Qué apetitos devoradores por el bien ajeno! ¡Mi pasión crecería hasta el delirio! ¡Con ansias de naufrago, con sed rabiosa, con amor desesperado! Conque por eso no lo dejes.
PAQUITA.-Entonces, si ha de quererme usted más, cada vez más, como eso es lo que yo quiero, entonces ¡me casaré con Juan! Es por usted, don Marcelo, créame usted; por eso que me ha dicho.
MARCELO.-Conque ¿te casarás con Juan?
PAQUITA.-Si usted lo manda…
JUAN.-(Cogiéndola con ansia.) ¡Claro que lo manda, mujer!
MARCELO.-¡Pues no lo mando! ¡Qué diablos he de mandar, mentecato! ¿Crees tú que yo renuncio a lo que es mío, a lo que me he ganado por mi cariño, por mi honradez? Por mi honradez, sí. ¡Pude hacerla mi querida y voy a hacerla mi esposa!
JUAN.-¿Su querida de usted? No hubiera usted podido, que estaba yo aquí.
PAQUITA.-Eso no, aunque él no estuviese.
MARCELO.-Bueno, pues se acabó. Quise probaros; os probé. Esos amores son chiquilladas que pasan. El hierro se carcome, el granito se deshace, el amor se gasta.
JUAN.-Pues gaste usted el suyo. ¿No ha oído usted que me quiere?
MARCELO.-Note querrá tanto cuando se resigna a ser mi mujer.
JUAN.-Eso sí que es verdad.
MARCELO.-Sois dos chicos: yo soy un hombre. Di ya mis órdenes y está dispuesto el viaje. Allá dentro está todo arreglado. Te cojo y te llevo a Madrid; nos acompañan tus preceptores, y en llegando estarás en casa de mi hermana hasta que nos casemos.
PAQUITA.-Sí, Señor.
MARCELO.-Conque en marcha. No cambias de traje; un abrigo y un sombrero, y vuelve, que ya están los coches esperando.
JUAN.-(Aparte, con ademán desesperado.) ¡Al fin, negrero! ¡Y al fin, mujer!
MARCELO.-Anda.
PAQUITA.-(Camina lentamente.) Sí, señor.
MARCELO.-¿No vas contenta?
PAQUITA.-¡Sí, Señor!
MARCELO.-¡Es para que sea yo feliz!
PAQUITA.-Pues, voy contenta, don Marcelo! (Sale resueltamente.)
Escena X
Dichos, Don Blas y Lorenza, que se cruzan en la puerta con Paquita.
MARCELO.-(A Juan.) Tú puedes quedarte para despedirte de ella.
JUAN.-Me quedaré.
BLAS.-(Entrando con Lorenza.) Te digo que se va.
LORENZA.-¿Con Paquita?
BLAS.-Con Paquita.
LORENZA.-(Acercándose a su hermano.) ¡Pobre Juan!
MARCELO.-(A Don Blas.) Tú, ¿vienes conmigo?
BLAS.-No.
MARCELO.-¿Es decir, que te quedas?
BLAS.-Sí.
MARCELO.-Pues ven al pueblo.
BLAS.-Iré.
MARCELO.-¿Conque hago un disparate en casarme?
BLAS.-¡Qué sé yo! (Buscando con la vista.) ¿Adónde se fué esa Lorenza?
MARCELO.-Pero ¿no viene Paquita?
BLAS.-(Viendo a Lorenza.) Allí está.
MARCELO.-¿Quién?
BLAS.-Lorenza. (Se va junto a ella.)
Escena XI
Don Marcelo, Juan, Don Blas y Lorenza; Paquita y Maruja; con ellas, Gertrudis.
MARUJA.-¡Ay, hija mía de mi alma! (Todo esto sin abrazarse.)
PAQUITA.-Abuelita mía, ¡ay qué pena! ¡Mejor estábamos en la cuneta!
MARUJA.-¡Eso sí que no!
MARCELO.-Vamos Paquita. Es muy tarde.
PAQUITA.-Sí, señor; ya estoy dispuesta.
MARUJA.-Sí, don Marcelo, ya está dispuesta.
Escena XII
Don Blas, sentado en toda esta escena, fumando y mirando a lorenza. Juan y Lorenza, aparte y juntos. Formando otro grupo, Doña Gertrudis y Maruja; Paquita, separada tristemente; Don Marcelo la contempla.
MARCELO.-(Acercándose.) Adiós, doña María.
MARUJA.-Hágala usted muy feliz, don Marcelo. Usted es muy rico, pero ella es muy buena.
MARCELO.-Por eso me la llevo, porque es muy buena. (Separando a Maruja.) Una palabra; perdone usted, doña Gertrudis. Usted sabe que hice donación a Paquita de una cantidad de bastante importancia.
MARUJA.-¡Ay, señor, usted nos ha colmado de be










About



Leave a Comment
You must be logged in to post a comment.