Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15


Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...
| 66 views

a pena.
PAQUITA.-Que le dé.
LORENZA.-Si fuese a don Marcelo, no querrías tú darle penas…, pero a Juan… ¡Juan que se muera! ¿Qué importa?
PAQUITA.-¡Lorenza!…, ¡mira, Lorenza, que va de muchas!
LORENZA.-Pues mi hermano también sabe querer; y si tuviera cien veces más que don Marcelo, ¡todo te lo daría! ¿Es mentira acaso?
PAQUITA.-Es verdad.
LORENZA.-Y para sufrir tiene corazón como don Marcelo. Y más blando, porque es más joven.
PAQUITA.-Pero, atiende, ¡cabeza de pedernal! ¿Cómo nos encontró don Marcelo, y qué ha hecho de nosotras, de mi abuela y de mí? Vamos, dilo. ¿Cómo nos receló de la cuneta? ¡Asco daba tocarnos!
LORENZA.-Cuando hace años te morías de la viruela, ¡Juan se echó a ti y te comió a besos! ¡Que yo no quise ni acercarme! Y don Marcelo lo que es entonces no se casa contigo. Hoy te quiere porque eres guapa.
PAQUITA.-Pero ¿qué quieres que haga?
LORENZA.-Nada, hija; nada. Allá tú. Conque ¿lo digo que no quieres verle?… ¡Que madama no está, de manifiesto! ¿Se dice así?
PAQUITA.-Así mismo se dice.
LORENZA.-Bueno…, allá voy. Se lo diré con tiento…, porque está…
PAQUITA.-(Con ansia.) ¿Está malo?
LORENZA.-No me parece que está muy bueno. Tomó mucho sol esta mañana.
PAQUITA.-Y ¿por qué le dejaste?… Yo no le dejo nunca… o le pongo mi pañuelo blanco… (Evocando recuerdos.) ¡Qué cara tenía tan chusca con mi pañuelo blanco por la cabeza! ¡La tez tan oscura!…, ¡los dientes tan limpios!…, ¡los ojazos tan abiertos!…, ¡y por debajo del pañuelo blanco le salían unos mechones de pelo negro!… ¡Yo siempre le pegaba algún tirón!… ¡Pobre Juan! ¡Pobre Juan!… Bueno…, pues, oye, dile que venga… Yo veré si tiene calentura. No es más que para ver si tiene calentura. Y si no tiene calentura… se va. Se lo dices así. Pero que venga.
LORENZA.-Bueno…, bueno… Se lo diré así mismo.
PAQUITA.-Y vuelve tú con él.
LORENZA.-Ya…, ya…, ya volveré… las espaldas.

Escena VIII
Paquita; después, Juan.
PAQUITA.-Bien estamos, bien. Don Marcelo con aquella cara de santo, saltándosele las lágrimas; y Juan con aquella cara de moro y con calentura. ¿Y qué hago yo? ¡Señor, yo no puedo dividirme en dos pedazos! ¡Válgame Dios, qué hombres! No debía haber más que un hombre en el mundo y mejor para una; así no se vería una en estos apuros. ¡Vamos, que yo no sé qué hacer!… Sí lo sé: ¡Cumplir con don Marcelo! El otro es joven y fuerte, y don Marcelo viene muy quebrantado; si le doy una pena, ¡se acabó! Nada; se atiende al más débil; eso es lo que manda Dios. Juan tiene mucha vida y ya se consolará, ¡ya lo creo! Y se irá por ahí… y para que no le dé el sol, le pondrá el pañuelo blanco Casilda; bonito pañuelo, ¡más sucio!, el mío era blanco como la nieve; ¡y lo planchaba yo para él, por la mañanita temprano! No; si Juan consiente eso, ¡será un mal hombre! ¿No dice que me quiere tanto? ¡Pues que se muera de pena! ¡Eso es lo que hace una persona decente!… ¡Ea!, ¡que no sé lo que quiero!…, ¡que no puede ser una feliz nunca!… ¡Ya está ahí!… ¡Buen rato vamos a tener!
JUAN.-Paquita…
PAQUITA.-Juanillo…, ¿quieres algo?
JUAN.-Pedirte perdón.
PAQUITA.-¿Por qué?
JUAN.-Por lo que dije esta mañana.
PAQUITA.-Ya no me acuerdo.
JUAN.-Tú nunca te acuerdas de lo que te dice Juan.
PAQUITA.-(¡Ya empieza!) Cuando es malo se me olvida.
JUAN.-¿Y cuando es bueno?
PAQUITA.-¿Si es bueno?… Dices, ¿si es bueno?… Lo bueno de toda la verdad, no se olvida nunca.
JUAN.-Yo hablo siempre con verdad, no soy como otras personas.
PAQUITA.-(¡Ya aprieta!) No sé quiénes son esas personas.
JUAN.-Pues yo te lo diré.
PAQUITA.-Pues no me hace falta saberlo.
JUAN.-Pues te hace falta, porque eres tú.
PAQUITA.-(¡Ya la soltó!) Quedamos en que soy yo. Y si no querías decirme más que eso, hemos concluído.
JUAN.-¿Es decir, que me echas?
PAQUITA.-(Algo llorosa.) Yo no echo a nadie; para echar a alguien, me echaría a mí misma de cabeza en el remanso del molino.
JUAN.-¡Te sacaría yo, como te saqué otra vez!
PAQUITA.-(Casi llorando, o como crea la actriz que debe decirse.) ¡No, no me sacabas! Me abrazaría yo a ti muy fuerte para que no me sacaras, y nos llevara el agua y nos moliera a los dos juntos la piedra del molino.
JUAN.-¡Molernos a los dos juntos! ¡Moler y mezclar la piedra nuestros cuerpos y nuestra sangre! ¡Y entonces no separarnos nunca! ¡Ah, entonces que buscase don Marcelo en la masa jirones de Juan y jirones de Pacorra! ¡Eso…, eso…, buena idea has tenido, Pacorra, vamos allá!
PAQUITA.-No seas loco, ¡que tienes calentura!
JUAN.-¡Y tú muy fresca!
PAQUITA.-¿Muy fresca?… ¡Sí!… (Dándole la mano.) ¡Toca!
JUAN.-¡No, pues calorcillo… también lo tienes!… ¿Vamos al molino?
PAQUITA.-(Riendo con risa forzada.) ¿A matarnos? Tú no estás bueno; matarse es pecado, y no puede pecarse, que mata Dios.
JUAN.-¡Toma!, si nos matábamos antes, a ver cómo nos mataba El después.
PAQUITA.-Pues nos mataría las almas, torpe.
JUAN.-Si las mataba juntas…
PAQUITA.-¡Como que El está para hacer lo que a ti te convenga! Mandaría a uno a la quinta sima del infierno y al otro… allá…, más bajo…, más bajo…, a la última cueva del propio infierno. Mira, Juanillo, éstas son penas muy grandes, ya lo sé. Pero ya nos reuniremos en el cielo, en paz y gracia de Dios, y estaremos juntitos; tú y yo y don Marcelo.
JUAN.-¡Sólo contigo!… Con él, ni allá.
PAQUITA.-Pero, hombre, si allá todos son buenos amigos.
JUAN.-Bueno; pues que cada dos o tres siglos nos hiciese una visita de etiqueta.
PAQUITA.-En fin, Juanillo; ahora no hay más que conformarse con lo que Dios manda.
JUAN.-Dios manda que tú me quieras.
PAQUITA.-Manda que Pacorra haga feliz a ese santo varón.
JUAN.-Y de mí, ¿qué te manda que hagas?
PAQUITA.-¡Que te quiera mucho!… Y más de lo que te quiero, no puedo quererte.
JUAN.-¡Y te casas con el otro!
PAQUITA.-¡Ay, pero qué mollera tan dura tienes! Pero ¿no te lo he explicado, hombre? A ti te quiero como a Juan y a él como a un padre.
JUAN.-Pues con los padres está prohibido casarse.
PAQUITA.-¡Pues que me lo prohiban!… Pero que salga de él, que no salga de mí.
JUAN.-Pues dile esto que me has dicho y que disponga él. Y yo te juro que no digo ni palabra y que me voy para siempre.
PAQUITA.-¡Eso no!…, yo quiero verte de cuando en cuando.
JUAN.-Sí, de visita de etiqueta, como las de allá arriba que decías antes.
PAQUITA.-No, hombre, no. No serán de etiqueta.
JUAN.-Pues yo se lo digo a don Marcelo.
PAQUITA.-¿El qué?
JUAN.-Eso que has dicho: que me quieres como a Juan y a él como a «papá», y a que resuelva el «papá».
PAQUITA.-Si hicieses eso, te odiaba. ¡Mal corazón! ¡Eso era clavarle, un puñal al pobre hombre!
JUAN.-El que tengo aquí clavado, que lo lleve él un rato.
PAQUITA.-Tú no dices ni palabra.
JUAN.-La verdad hay que decirla y no hay que engañar a ese hombre.
PAQUITA.-Es que yo…, ¡entiéndelo, animal!…, ni le he engañado, ni le engañaré nunca, ¡en jamás de Dios!
JUAN.-Ni yo tampoco; por eso hay que hablar claro, ahora que es cuando hay tiempo.
PAQUITA.-¡Mira, Juan, no me vuelvas loca! Mira que ya tengo más calentura que tú.
JUAN.-(Se acerca y le coge la mano.) ¿A ver?
PAQUITA.-¡Sí…, toca…, toca!… ¡A ver si no abraso!
JUAN.-¡Sí, abrasas!… ¡Y los ojos los tienes muy encendidos! ¡No los apartes!
PAQUITA.-Es que tus ojazos me dan miedo.
JUAN.-¿Por qué, si te quieren tanto?
PAQUITA.-Por eso.
JUAN.-¡El que quiere tanto como yo… no hace daño!
PAQUITA.-Si tanto me quieres, no me apures y ayúdame a llevar estas penas, ¡que pesan mucho, Juanillo, y no puedo más!
JUAN.-(Ciñéndole la cintura.) Sí que te ayudaré, ¡pobre Pacorra!
PAQUITA.-Déjame.
JUAN.-Como dices que te ayude y que te pesan tanto las penas… ¡te las sostengo!
PAQUITA.-Sostenme el alma, que el cuerpo ya me lo sostendré yo.
JUAN.-¿Ayudándote don Marcelo? ¡Mira que me dan tentaciones de ahogarte!
PAQUITA.-¡Quita, quita…, que creo que viene!
JUAN.-Mejor.
PAQUITA.-¡Vete!
JUAN.-¡Tapujos!…, eso sí que no.
PAQUITA.-¡Pues lejos!
JUAN.-(Separándose.) Eso, bueno.
PAQUITA.-(Limpiándose.) ¡Va a conocer ese hombre que he llorado!
JUAN.-¿Y qué importa? ¿Ya quieres engañarle?
PAQUITA.-¡No es engañarle!… ¡Es no darle penas!
JUAN.-Ya habrá para todos.

Escena IX
Paquita, Juan y Don Marcelo.
MARCELO.-(Después de contemplarlos un momento.) Adiós, Juan.
JUAN.-Bien venido…, y para bien sea.
MARCELO.-He dicho Juan, porque me parece que tú eres Juan.
JUAN.-Creo que s

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
Tags: , , , , , , , , , ,

Related posts

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15


  • Los señales de los incos - tocapu y ticcisimis en el libro “Exsul Immeritus Blas Valera Populo Suo”. Знаки инков - токапу и ключевые слова в книге “Невиновный Изганник Блас Валера Своему Народу”
  • El verdadero nombre de Fray Martín de Murúa. Настоящее имя Брата Мартина де Муруа
  • Блас Валера 1545-1618 - биография историка. Blas Valera - biografía
  • Хосе Эчегарай-и-Эйсагирре. Злая порода. José Echegaray. De mala raza
  • Рубен Дарио. Уитцилопоцтли. Мексеканская легенда. Rubén Darío. Huitzilopoxtli. Leyenda mexicana

  • Leave a Comment

    You must be logged in to post a comment.


    Copyright by Blok.NOT 2005 - 2008

    XML-Sitemap